El cuarto evangelio es un libro de palabras sencillas, para meditar
todos los días, pero también un libro de estudio para especialistas por su
profundidad. Igual que los evangelios sinópticos,
relata la vida de Jesús y, sin embargo, es muy diferente a ellos.
Juan queda deslumbrado por Jesús.
Contempla cómo la muerte de Jesús es al mismo tiempo su exaltación. Cristo ha sido elevado sobre la cruz como
sobre un trono de gloria y desde ahí se derrama el Espíritu sobre el
mundo. Para que la riqueza de este
misterio no pierda sentido, Juan recoge y desarrolla este sentido en los
signos, palabras y acciones del evangelio.
Ante él, los testigos tendrán dos reacciones: creer y caminar hacia la vida o rechazar y elegir la
muerte
Comienza
el evangelio con el Prólogo (1,1-18),
antiguo himno cristiano que Juan adaptó y colocó en el pórtico del
evangelio. Anuncia ya algunos de los
temas del evangelio (relación entre el Padre y el Hijo, la preexistencia, la
encarnación de este último…)
Los signos anuncian
la vida que Dios da (1-6)
Los discípulos dan su testimonio: La comunidad (1,12-14); Juan
Bautista (1,19-44), los primeros discípulos (1,35-51). Una serie de episodios anuncian este don de
la vida: el signo de Caná manifiesta la gloria de Jesús (2,1-12); al expulsar a
los vendedores del Templo, Jesús da un signo: el verdadero Templo es su cuerpo
(2,13-25); explica a Nicodemo que la fe es un nuevo nacimiento (3,1-21), y Juan
da su último testimonio (3,22-36)
Con la samaritana, Jesús parte del símbolo del agua, que es la vida
(4,1-42). Después todo un conjunto versa
sobre la palabra que da la vida (4,43-5,47).
El pan de vida es ampliamente desarrollado (6). El final de este texto prepara las dos
secciones siguientes: algunos discípulos rechazan creer y se unen así a los
adversarios con quien Jesús va a enfrentarse en la segunda sección. Pedro proclama la fe del grupo fiel (lo que
constituye el equivalente de la confesión de Cesarea en los sinópticos); este
grupo fiel va a difuminarse ahora, dejando a Jesús solo frente a sus
adversarios; volverá a aparecer sobre todo en la última parte.
Jesús y los que
quieren su muerte (7-12)
En esta sección, Jesús está solo frente a sus adversarios, y Juan
hace que se perciba la importancia de la lucha: quieren su muerte; al
rechazarle, eligen su muerte.
Se percibe a lo largo de los grandes enfrentamientos durante la
fiesta de las Tiendas, donde Jesús se declara luz y fuente del Espíritu
(7,1-8,2). La curación del ciego de
nacimiento muestra el desacuerdo que se produce (9). Después Jesús se afirma como pastor que da la
vida por los suyos (10,1-21), él es el Hijo de Dios (10,22-42), la
“resurrección y la vida” (11,1-45).
Los últimos episodios nos conducen a los umbrales de la “hora”
(11,46-12,50).
La comunidad puede concluir entonces esta primera parte: ésta es la
fe verdadera (12, 37-50).
Juan presenta la última cena de Jesús sobre todo como el “discurso
de despedida” en el que Cristo se despide de sus discípulos y le deja sus
instrucciones: su amor fraterno será, de ahora en adelante, la forma en que
Jesús siga estando presente en el mundo.
El proceso muestra perfectamente el drama: se condena a Jesús a
muerte; de hecho es él quien juzga al “mundo”. Y su muerte se convierte en
fuente de vida: de su costado abierto brota la fuente anunciada por Ez 47,2 y
Zac 13,1, símbolo del bautismo y del Espíritu.
Sus apariciones (caps. 20-21) validan su mensaje de vida.
- La influencia de la
filosofía griega marcada por filósofos como Platón, Aristóteles y los
estoicos, de los cuales Filón intentaba hacer una síntesis con su fe
judía. La comunidad estaba influida,
como lo indican algunos temas y el hecho de designar a Jesús como “logos”,
palabra.
- La influencia del judaísmo:
Juan depende ante todo de la fe judía, pero una fe judía, meditada, reinterpretada
en función de Jesús. El éxodo, el
cordero pascual, el maná, el agua o la viña constituyen figuras anunciadoras de
la historia de Cristo. Jesús es el
pastor, la luz y, sobre todo, el que dice “yo soy”, igual que Dios.
- La influencia del gnosticismo:
el gnosticismo era una corriente difícil de definir por su amplio
carácter. El fondo común era que sus
seguidores pensaban adquirir la salvación mediante el conocimiento. Juan, que presenta a Cristo como el que
revela los secretos de Dios, contiene algunos rasgos gnósticos.
La peculiaridad de la teología del evangelio de Juan aparece
claramente cuando la comparamos con la de los evangelios sinópticos. Conceptos importantes en los sinópticos,
quedan en Juan relegados o, simplemente, faltan. En cambio, hay otros conceptos que desempeñan
una función mayor.
El concepto de reino de Dios, que en los sinópticos domina por
completo la predicación de Jesús, en Juan sólo aparece en la conversación de
Jesús con Nicodemo (Jn 3,3-5). Juan lo
sustituye por “vida eterna”.
El término “Hijo del hombre”, que es tan importante en la tradición
sinóptica, y que en ella aparece en enunciados de majestad y de humillación, no
falta en Juan, pero tiene en él un sentido distinto porque aquí designa al
enviado de Dios que camina por la tierra, que ha venido del cielo y que retorna
a la gloria celestial.
El concepto de “conversión” también es importante en los
sinópticos, pero falta en Juan. En el
evangelio de Juan, el lugar de la conversión lo ocupa la fe. En Juan no existe la oposición entre
pecadores y justos, sino entre creyentes e incrédulos. El verdadero pecado de los judíos, sobre todo
de los dirigentes, consiste en rechazar a Jesús, que está anunciando
constantemente su origen divino.
La representación de la salvación y de la perdición se explica
perfectamente por la idea central de
Juan de que con la venida del Hijo de Dios, ha llegado para los hombres la hora
de la decisión. Los hombres ejecutan en
sí mismos el juicio cuando rechazan creer en las palabras de Jesús. Sin embargo, el que escucha la palabra de
Jesús y cree en ella, ése tiene ya desde ahora la vida eterna y no va a juicio,
sino que ha pasado de la muerte a la vida (5,24).
Cuando Juan escribe, la primacía de los judíos en la historia de la
salvación ya no desempeñaba ningún papel.
Incluso las controversias en torno a la validez de la ley mosaica, tan
importantes en Pablo, eran cosas ya del pasado. Jesús sí que habla de los
“judíos”, pero no hace distinción entre sus diversos grupos. Para Juan, la lucha entre ellos y los
cristianos es cosa del presente. Esto
explica la constante polémica contra los judíos.
En el evangelio de Juan, parece que la ética, el guardar los
mandamientos, no ocupa un lugar importante.
Sin embargo, es evidente que Juan condensa toda su ética en el
mandamiento del amor, que llega a convertirse en la nota distintiva de los
discípulos, es decir, de los cristianos (13,35).
En Juan, Jesús revela su propia medianidad y su filiación divina,
su preexistencia junto al Padre y el haber sido enviado por el Padre, la misión
que tiene respecto al mundo, y su propio retorno al Padre. Jesús habla en primera persona (“Yo
soy”). Nadie llega al Padre si no es por
él. El mundo debe adoptar una decisión:
creer o no creer
En la cristología de Juan nos encontramos con que Jesús no es
simplemente el revelador que ha sido enviado por Dios, sino también el
“salvador del mundo” (4,42). Esta
salvación se realiza por medio de la palabra.
Cuando Jesús dice de sí mismo que es el pan que ha descendido del cielo,
y que este pan da vida eterna al que come de él (6,50s.), se está refiriendo a
su palabra.
Para Juan, la pasión no es el punto más bajo de la humillación y
debilidad de Jesús, sino que Jesús puede designar la hora de su muerte como la
hora de su glorificación (12,23). Y la
idea de Iglesia también tiene su importancia.
Los representantes de
Por último, es importante para la teología del cuarto evangelio lo
que en él se dice del Espíritu Santo.
Jesús lo enviará cuando haya regresado al Padre (16,7). La tarea del Espíritu Santo será la de
continuar la labor de Cristo. Lo que el
Jesús terreno es para los discípulos, eso será el Espíritu para
Juan tiene una forma muy personal de escribir, por lo que es
difícil confundir sus pasajes con los de los evangelios sinópticos.
Entre los relatos, hay algunos que se distinguen por su sobriedad,
como el de las bodas de Caná y la expulsión de los vendedores del templo: son
parecidos a los de los sinópticos. La originalidad de Juan está en los relatos
concebidos como auténticos dramas: diálogo con la samaritana, curación del
ciego de nacimiento, resurrección de Lázaro.
Juan posee el arte de hacer hablar a sus personajes, de disponer su
materia en escenas, de mantener vivo el interés hasta el desenlace. Sus discursos son más bien rítmicos, como si
estuviera escribiendo una prosa rítmica, aunque su pensamiento siempre tiene
primacía sobre su estilo.
La forma de escribir denota a un escritor semita. La sencillez del griego, la falta de períodos
largos y la lentitud en la marcha del pensamiento demuestran que la lengua
materna del autor no era el griego. Por
otra parte, el lenguaje de Juan está libre de faltas contra la gramática
griega. Así pues, el autor procede del
judaísmo, pero por haber vivido bastante tiempo en ambiente helenístico, ha
adquirido buenos conocimientos del griego.
A pesar de no utilizar un griego muy refinado, Juan es claro y solemne
en su expresión.
Si comparamos el evangelio de Juan con los evangelios sinópticos,
vemos en seguida las diferencias.
En primer lugar la diferencia está en el esquema cronológico y
geográfico. Según los sinópticos, cuya
base es Marcos, el escenario de la actividad pública de Jesús había sido casi
exclusivamente Galilea. Los sinópticos,
además, no hablan de un solo viaje de Jesús a Jerusalén, después del cual viene
la actuación de Jesús en esa ciudad, una
actuación que dura alrededor de una semana y que termina con el prendimiento de
Jesús y su crucifixión. En cambio, según
Juan, Jesús salió tres veces de Galilea para dirigirse a Jerusalén (2,13;5,1;7,10). Y su tercera estancia en esta ciudad duró
desde la fiesta de los tabernáculos (7,2) hasta la pascua de la pasión (11,55;
12,1; 18,28), es decir, aproximadamente medio año.
Para Juan, la actividad pública de Jesús duró más de dos años, de
los cuales el último medio año lo pasó en Jerusalén y en Judea. Por el contrario, según los datos
cronológicos que se ofrecen en Mc 2,23 y 14,13 no podemos deducir sino que la
actividad de Jesús no duró más que un año.
Además, en el evangelio de Juan los discursos de Jesús predominan
sobre los relatos. Estos discursos en
Juan se diferencian fundamentalmente de los discursos de los sinópticos en que
toman como punto de partida una narración precedente, mientras que en los sinópticos,
los discursos son agrupaciones de “logia” (dichos de Jesús) para constituir
cierta unidad temática.
También en la materia existe profunda diferencia entre Juan y los
sinópticos. Es verdad que Juan tiene en
común con los sinópticos algunos pocos fragmentos narrativos, pero ofrece
también varias narraciones que faltan en los sinópticos.
El evangelio de Juan lleva las huellas de varias redacciones
sucesivas. La redacción final debió de
tener lugar hacia los años 95-100. Según
la tradición, el evangelio fue compuesto por el apóstol Juan en la ciudad de
Éfeso. De todas formas, la cuestión acerca del autor del cuarto evangelio es
uno de los problemas que se han discutido con pasión en la investigación de
Nuevo Testamento.
Vida eterna:
Aunque su origen era judío, la comunidad de Juan rompió con el
judaísmo. Para esta comunidad, la salvación no procede la de Ley, sino del
propio Jesús. Éste se declara: “Yo soy
el camino, la verdad y la vida. Nadie
puede llegar hasta el Padre sino por mí” (14,6). Jesús es el paso obligado para la vida
eterna. Y la creencia en Jesús es el
camino para ganar la vida eterna (Jn 20,3031).
¿Cómo presenta Juan esta vida eterna? En un pasaje (5,28-29), menciona el juicio y la
resurrección de los cuerpos. En otra
parte, ve en la vida eterna una realidad ya poseída por el creyente (3,36).
La palabra “hora”
Aparece bastante a menudo. Jesús o Juan declaran que “esta hora” no
ha llegado todavía (2,4; 7,30). Por el
contrario, el domingo de Ramos, Jesús está angustiado porque la hora ha llegado
(12, 23.27). El capítulo 13 comienza:
“Jesús sabía que le había llegado la hora de dejar este mundo para ir al
Padre…” (13,1). Así, durante toda una
parte del evangelio, Jesús camina hacia su hora, y ésta llega la noche de
La oposición
arriba/abajo
Existe un universo de arriba, el de Dios, que es Espíritu,
libertad, amor, luz, y el mundo de abajo, que es carne, esclavitud, odio, tinieblas. Jesús pertenece desde siempre al universo de
arriba. Es Palabra de Dios y ha
descendido al mundo para revelarnos a Dios, dándonos el verdadero conocimiento. Su Pascua es la hora de su subida al Padre.
La vida de Jesús está enmarcada por dos grandes himnos: el himno a
Creer
En su conclusión, Juan expresa claramente su meta: “Estos signos se
han escrito para que creáis que Jesús es el cristo, el Hijo de Dios, y para
que, creyendo, tengáis vida en su nombre” (20,30-31). Por tanto, Juan quiere provocar la fe: ésta
consiste en reconocer a Jesús como Mesías e Hijo de Dios. Esta fe, que es adhesión, es en él otro
nombre del amor. Creer es tener la vida
del Hijo; rechazarla es elegir la muerte.
Los “judíos” y el
“mundo”
Hay que prestar mucha atención a la palabra “judío” en Juan. A veces tiene el sentido de “habitantes del
país”; a veces adquiere un sentido muy particular: “aquellos que no aceptan a
Cristo”.
Del mismo modo, la palabra “mundo” designa a la humanidad que Dios
ama tanto que le ha dado a su Hijo (3,16), pero frecuentemente es sinónimo de
enemigo de Cristo (12,31).
Paráclito
Para la comunidad de Juan, Jesús después de su muerte sigue estando
presente bajo la forma de Paráclito (que se identifica con el Espíritu
Santo). Esta palabra, procedente del
griego, significa “intercesor” o el “consolador”. Sostiene a la comunidad después de la partida
de Jesús (14,16-26) y la ayuda a continuar su enseñanza (14,25-26); permite a
RAFAEL A. FLETA
SORIANO
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