THALITHAQUMI

LITURGIA

 

------------------------------------------------------------------------------El evangelio de Lucas

 

3. Fuentes / 4. Composición / 5. Estructura / 6. Teología

 

Sigo en este trabajo a J. A. Fitzmyer en el volumen I de su obra “El Evangelio según Lucas”, que está editado en Cristiandad y que se compone de cuatro volúmenes, aunque el cuarto, que abarca el comentario entre 19, 28 y 24, 53, se encuentra aún a la espera de ser publicado en español.

 

1. LA OBRA DE LUCAS

         Lo primero que hay que tener en cuenta al acercase al tercer evangelio es que éste es la primera parte de la obra de un autor cuya segunda mitad lo constituye el libro de los Hechos de los Apóstoles. Así, las dos partes están interrelacionadas y habrá que tener en cuenta las dos al mismo tiempo para entender las claves del autor.

 

2. AUTOR, FECHA, LUGAR, DESTINATARIOS

         De su propia obra se deduce que el autor no fue testigo directo de lo que Jesús hizo y dijo, sino que depende de los que fueron testigos oculares (Lc 1, 2). De los escritos neotestamentarios se puede deducir que Lucas fue compañero de Pablo, que era médico, que escribió su obra para los paganos convertidos al cristianismo, después que se habían escrito los de Marcos y Mateo y que posee un estilo literario griego excelente. Estos datos ha venido transmitiendo la tradición durante siglos, aunque la aceptación de estos datos no está exenta de ciertos problemas y dudas que plantea. A Lucas no se le puede considerar originario de Palestina porque demuestra escasos conocimientos tanto de la geografía como de las costumbres locales. Es una persona culta, buen escritor, familiarizado con las tradiciones del Antiguo Testamento, sobre todo con la traducción de los LXX y con las técnicas literarias del helenismo. Entre sus principales objetivos destaca el de armonizar la vida de Jesús con la historia y la cultura contemporáneas y con el desarrollo expansivo de la Iglesia naciente.

 

         La referencia que nos da en 1, 1del conocimiento que tiene de otros que han intentado poner por escrito los acontecimientos vividos en torno a Cristo, lo sitúan ya con posterioridad al de Marcos, como así lo corroborará el análisis de los textos. Por otra parte, en Lc 21, 20 se anuncia una situación futura para Jerusalén “sitiada por ejércitos”, lo cual supone no sólo el conocimiento del anuncio de la destrucción del templo en Mc 13, 14, sino también la destrucción de la ciudad acaecida en el año 70. Lo que Marcos dice del templo, Lucas lo extiende a toda la ciudad. Según muchos autores, este pasaje es una “profecía después del acontecimiento”, lo cual sitúa la composición de la obra lucana más tarde de esa fecha. Las cartas de Pablo no dan pistas para datar el evangelio de Lucas, pues no hay constancia alguna de que Lucas llegase a tener conocimiento de esos documentos epistolares. Al final, Fitzmyer concluye, con la mayoría de autores, que lo correcto es situar la fecha de composición Lucas-Hechos entre los años 80 y 85.

 

         En cuanto al lugar de composición, hay diversas teorías que indican otras tantas propuestas. Lo único que es seguro, atendiendo a las referencias geográficas que nos da el autor es que su obra no se escribió en Palestina.

 

         El interés del autor por abrir la salvación al mundo de los paganos, el hecho de que las dos obras vayan dirigidas a un nombre griego (Teófilo), el gusto literario por las tradiciones literarias grecorromanas... han llevado a concluir que los destinatarios de la obra de Lucas son paganocristianos en su mayoría. Además, el sus escritos, los nombres o títulos judíos se sustituyen por sus correspondientes griegos (kyrios por “señor” o epistates por “maestro”, por ejemplo); tradiciones de Palestina son acomodadas a situaciones helenísticas no judías (Lc 5, 19 con respecto a Mc 2, 4, por ejemplo); la mayorías de las citas del AT están tomadas de la traducción griega de los LXX; en Lucas el término “Judea” abarca toda Palestina y el término “Israel” no abarca a la comunidad cristiana formada por judíos y paganos, sino que se refiere siempre al “pueblo judío”. Por fin, Fitzmyer concluye que los destinatarios de la obra de Lucas no eran paganocristianos que vivieran en un ambiente judío dominante, sino más bien que vivían en un mundo pagano dominante, y que Teófilo es uno de ellos.

 

 

3. FUENTES

         Este apartado resulta un tanto lioso, pero resumiendo, Fitzmyer reconoce en el evangelio de Lucas tres fuentes principales:

-         el evangelio de Marcos,

-         la fuente “Q”, que son materiales (230 versículos) comunes a Mt y LC que no están en Mc,

-         “L”; con esta letra, se designan los materiales de tradición oral que maneja Lc y que son ajenos a Mt y Mc.

 

En todos estos materiales, al incorporarlos en su evangelio, Lucas habría hecho adaptaciones, modificaciones o extensiones que

se denominarían elementos “redaccionales”. De 661 versículos que tiene el evangelio de Marcos, 350 son sustancialmente iguales en el de Lucas, y de las 8.485 palabras del evangelio de Marcos, Lucas reproduce 7.036; también el ordenamiento de los episodios en Lc coincide relativamente con el de Mc. Cuando Lc utiliza materiales de Q coincidentes con Mateo, lleva, sin embargo, un orden diverso. En el evangelio de Lucas el material procedente de Mc y de Q supone los dos tercios del evangelio; el tercio restante son tradiciones de L y composiciones del propio Lucas.

 

 

4. COMPOSICIÓN

         Existe la teoría del “Proto-Lucas”, según la cual, Lucas habría empezado por combinar los materiales de Q y L cuyo resultado sería el Proto-Lucas, un relato que comenzaría en lo que actualmente es Lc 3, 1. Más tarde conocería el evangelio de Marcos y habría añadido a su primer texto una serie de episodios de Marcos. Más tarde, le habría añadido las narraciones de la infancia (1, 5-2, 52). En último lugar, habría puesto un prólogo a toda la obra (Lc 1, 1-4). No es, sin embargo, más que una teoría o una hipótesis de trabajo.

 

         La similar composición de los evangelios de Mateo y Lucas denotan un interés de las primitivas comunidades cristianas del siglo primero en conseguir un relato de los hechos y dichos de Jesús más sistemático que el de Marcos. Ambos (Mt y Lc) comienzan con los relatos de la infancia, en los que incluyen una genealogía de Jesús, introducen un material idéntico en la estructura de su fuente común (Mc) y terminan la narración de los acontecimientos con las apariciones del Resucitado, en los que Él envía a sus discípulos a proclamar su mensaje y su persona a todos los pueblos de la tierra. Sin embargo, Mt y Lc son totalmente independientes en su reelaboración de los materiales comunes (Mc y Q).

 

         Lucas hace un verdadero trabajo literario que se aparta de lo que pudiera ser una simple compilación de las tradiciones de sus fuentes; esto se percibe en varios aspectos. Por ejemplo, Lucas mejora notablemente las construcciones lingüísticas y el estilo griego de Mc y Q. En el caso de los textos de Marcos, Lucas suele intervenir en ellos para abreviarlos. Lucas omite también textos de Marcos bien porque los considera duplicados de unos materiales ya incorporados, bien porque su temática no resulta relevante para los destinatarios de su obra (los pagano-cristianos). También Lucas elimina de los materiales de que dispone de todo aquello que no sirva para la organización literaria que él quiere dar de la actividad de Jesús, por ejemplo, las referencias geográficas en Cesarea de Filipos (Lc 9, 18-20) o en Galilea como escenario de las apariciones del Resucitado (Lc 24, 26), que se ha convertido sólo en un recuerdo. Además, Lucas suprime de los materiales que conoce cualquier referencia las emociones humanas de violencia, apasionamiento, emoción afectiva, compasión o ternura que aparecen en la persona de Jesús.

 

         Otro tema de estudio referente a la composición de la obra de Lucas lo constituyen los posibles paralelismos: la infancia de Juan Bautista y la infancia de Jesús, las dos partes en que se divide cada uno de los dos volúmenes de la obra de Lucas (Lc 1, 5-9.50 y 9, 51-24, 53 en el caso del evangelio, y Hch 1, 1-15, 35 y 15, 36-28, 31 en el caso del libro de los Hechos), la semejanza entre la actividad de Pedro y la actividad de Pablo en el libro de los Hechos, la muerte de Jesús en Lc y la muerte de Esteban en Hch, etc.

 

         En cuanto al lenguaje que utiliza Lucas, es de un estilo griego elegante y culto que se acerca al griego clásico, aunque deja traslucir interferencias provenientes de la Biblia de los LXX y la inclusión de fórmulas de origen hebreo y arameo, como lo demuestra una considerable presencia de semitismos en el texto lucano. Aun así, pueden distinguirse tres categorías en la calidad del lenguaje griego en Lucas: un estilo verdaderamente literario (en el prólogo de Lc 1, 1-4; en la solemne introducción al ministerio público de Jesús en Lc 3, 1-2 y en el prólogo al libro de los Hechos de los Apóstoles en Hch 1, 1-2), el griego semitizante de las narraciones de la infancia y el griego ordinario de todo el resto del evangelio y los Hechos.

 

 

5. ESTRUCTURA DEL EVANGELIO

         Casi todos los comentaristas actuales coinciden en descubrir ocho grandes partes en el Evangelio según Lucas:

1.     Lc 1, 1-4. Declaración de intenciones: un relato fidedigno; dedicatoria a Teófilo.

2.     Lc 1, 5-2, 52. Relatos de la infancia. Nacimiento e infancia de Juan Bautista y de Jesús en paralelismo.

3.     Lc 3,1 –4, 13. Preparación del ministerio público de Jesús. Presentación y detención de Juan como preludio del ministerio público de Jesús.

4.     Lc 4, 14-9, 50. Ministerio de Jesús en Galilea. Entrenamiento de los discípulos; punto de partida del gran “éxodo” de Jesús.

5.     Lc 9, 51-19, 27. Relato del viaje de Jesús a Jerusalén. Ocupa la sección central del evangelio; típica presentación lucana del “éxodo” de Jesús como un gran relato de viaje.

6.     Lc 19, 28-21, 38. Ministerio de Jesús en Jerusalén. Majestuosa entrada en la ciudad que inaugura su ministerio en el templo antes de los acontecimientos que van a poner fin a su vida terrena.

7.     Lc 22, 1-23, 56 a. Relato de la pasión. Clímax del “éxodo” de Jesús, en el que comienza su “ascensión” al Padre.

8.      Lc 23, 56b-24, 53. Relatos de resurrección. Exaltación y glorificación de Jesús; envío de los discípulos como testigos de su persona y de su carácter de Salvador, mientras sube hacia el Padre.

 

El estilo del prólogo marca las diferencias con todo el resto del relato; aunque muchos episodios lucanos siguen el orden

establecido por Marcos, a partir de Lc 9, 51 (comienzo del viaje a Jerusalén) se acentúan las diferencias; el bloque narrativo lucano se extiende hasta Lc 18, 14: de ahí en adelante, el orden de los episodios vuelve a reproducir la sucesión de Marcos.

 

         Atendiendo a su contenido, se descubre en la estructura del evangelio de Lucas:

-         Los evangelios de la Infancia. De origen prelucano, suponen un largo preámbulo a la narración de nuestro autor. Se estructura a base de escenas paralelas. En ellos expone los temas principales que va a tratar a lo largo de toda la obra (Lc y Hch): la figura de Juan como precursor de Jesús; los títulos de Salvador, Mesías, Señor; el destino de Jesús, marcado ya desde su infancia para causar la ruina o el resurgimiento de muchos en Israel y para ser bandera discutida y rechazada por el pueblo; la incorporación de Jesús como miembro oficial de la comunidad israelita, que prefigura la continuidad lógica entre el judaísmo –en su componente farisea- y el cristianismo, tema éste que Lucas desarrollará en la parte final del libro de los Hechos.

-         La transposición lucana de ciertos episodios de Marcos no se queda en simple alteración del orden narrativo, sino que adquiere deliberadamente un significado simbólico y apologético peculiares. La escena en la sinagoga de Nazaret tiene carácter programático para el subsiguiente ministerio público, simboliza el rechazo de Jesús por su propio pueblo, y prepara la aceptación de su mensaje y su persona por Pedro y los demás discípulos.

-         El capítulo 9 es fundamental para el equilibrio de la composición evangélica. En él se inserta el gran viaje de Jesús a Jerusalén y la pregunta de Herodes: “Quién es éste, de quien oigo semejantes cosas?” (Lc 9,9); el resto del capítulo no hace más que responder a esta pregunta desde los más variados puntos de vista y que contienen diversos títulos cristológicos.

-         La narración del viaje a Jerusalén es de corte lucano y de intención teológica, pero pone de manifiesto el interés del autor por orientar irrevocablemente los pasos de Jesús hacia Jerusalén, ciudad en la que va a consumar su destino.

-         El relieve que da Lucas a la actividad docente de Jesús en el templo de Jerusalén manifiesta una perspectiva teológica clara y definida: la sustitución del templo como lugar de la habitación de Dios por Jesús.

-         El momento culminante de la narración evangélica es el capítulo 24, el encuentro con los de Emaús. En él se contienen la referencia a los sufrimientos y muerte del Mesías, el testimonio de la Escritura, el envío formal de los testigos que tienen que aguardar el cumplimiento de la promesa del Padre: el Espíritu; este relato tiende también el puente hacia el libro de los Hechos de los Apóstoles.

-         Un buen número de elementos sembrados a lo largo de la narración evangélica se desarrollarán en la segunda parte de la obra de Lucas.

 

 

6. TEOLOGÍA DEL EVANGELIO DE LUCAS

         Las características de la concepción teológica de Lucas se pueden descubrir en una serie de rasgos específicos de su presentación literaria:

 

-         La forma típicamente lucana del kerigma. Siempre está presente en toda la obra lucana (evangelio y Hechos). Aparece en toda proclamación: la de Jesús, la de los discípulos y la del propio Lucas, y anuncia la totalidad salvífica realizada en el acontecimiento Cristo. 1: Jesús proclama la salvación escatológica como una actuación de Dios, como un acontecimiento que significa la decisiva intervención de Dios en la historia humana al ofrecer a Israel una salvación radicalmente nueva. Lucas presenta a Jesús como el mensajero, el profeta, el portavoz de la salvación. Lc 4, 16ss. presenta a Jesús iniciando el amanecer de una nueva era: proclama “el año de gracia del Señor”. La buena noticia es libertad, vista, liberación. Más adelante, Jesús irá “caminando de pueblo en pueblo y de aldea en aldea proclamando la buena noticia del reino de Dios” (Lc 8, 1). El “hoy” de Lucas se refiere al tiempo de la decisión: hay que tomar partido frente a la libertad, la luz (=vista), la liberación. El desafío kerigmático que Jesús lanza en el evangelio de Lucas está vinculado al “hoy” presente, porque significa el comienzo de una proclamación que es “escatológica”, aunque sin quedar limitada al período histórico de Jesús. El kerigma es un desafío de compromiso existencial, pues en el reino sólo se puede entrar mediante una acuciante e ineludible solicitación a tomar partido y a decidirse existencialmente por esa realidad. La acogida del mensaje es. en Lucas, una escucha abierta a la proclamación. De hecho, Lucas es el único evangelista que presenta a Jesús en su labor de iniciación y entrenamiento de los discípulos para que propaguen y sigan difundiendo el mensaje que él mismo proclama. 2. Los discípulos. Un aspecto particular de la obra de Lucas es la presencia de los discípulos como portadores de la palabra del Maestro; y no sólo de los Doce, enviados expresamente a “proclamar el reinado de Dios”, sino también de otros setenta y dos discípulos (Lc 10, 1-16). La seriedad de la misión de estos últimos y las exigencias de la palabra que tienen que transmitir quedan reflejadas en los detalles del discurso del envío: ligeros de equipaje, sin pararse a saludar a la gente... El final de la narración evangélica presenta a Cristo resucitado dando las últimas instrucciones a los discípulos sobre la misión que han de llevar a término. Hechos 4, 10. 12 es una muestra clara de la incisividad provocativa del estilo del lenguaje lucano. 3: Lucas ha presentado en su narración evangélica la persona de Jesús en su actividad de proclamación y enseñanza, y en libro de los Hechos describe la proclamación del acontecimiento Cristo, es decir, la actividad apostólica centrada en la predicación del significado salvífico de la persona de Jesús. La obra de Lucas es un mensaje en el que se pregona la gran actuación de Dios, que realiza la salvación escatológica. Su relato de la actividad de Jesús, el Mesías, y de la proclamación de sus discípulos revela el compromiso personal de Lucas, que supera cualitativamente la actitud neutra del historiador profano o la del mero apologeta.

-         La estructura del evangelio y la disposición de los materiales en Lucas responden a una intencionalidad teológica (ver en el apartado anterior lo referente a la estructura según su contenido).

-         La perspectiva geográfica de Lucas fija la realización del acontecimiento salvífico en la ciudad de Jerusalén, desde donde arranca la proclamación que llegará hasta “los últimos confines de la tierra”. El tercer evangelio comienza y termina en Jerusalén. El eje central que estructura el evangelio es el movimiento desde Galilea, Samaría, Judea y Jerusalén. Jesús inicia su ministerio en Galilea y todo él será un recorrido hacia Jerusalén, es decir, hacia el cumplimiento de su destino, que es muerte y ascensión o asunción (según la referencia que nos da en 9, 51); su éxodo o partida comprende, pues, el conjunto de su muerte y glorificación. La gran omisión que Lucas hace con respecto a Marcos es toda la actividad que Jesús realiza según el segundo evangelio en Fenicia, Tiro o Sidón (Mc 6, 45-8, 26); en Lucas, la actividad de Jesús se da desde Galilea hacia Jerusalén. El hecho de que omita también las apariciones del resucitado en Galilea favorece que el libro de los Hechos comience también en donde ha terminado el evangelio: en Jerusalén. Esta segunda parte de la obra lucana será el comienzo de la irradiación del mensaje de Jesús desde Jerusalén hasta “los últimos confines de la tierra”, en una obra continuadora de la suya y cuyos agentes serán los discípulos galileos.

-         Junto con la geográfica, la perspectiva histórica de Lucas configura la concepción universalista del autor en una clara intencionalidad teológica. En Lucas, el acontecimiento Cristo hunde sus raíces en la historia humana. No se trata de cualificar la historia como salvación, sino de concebir la salvación como una magnitud que entra en la historia y la configura desde dentro. Lucas centra su interés en esa invasión de la historia por parte de la actividad salvífica de Dios, que tuvo lugar en la venida de Jesús de Nazaret como individuo de la raza humana. Lucas se propone presentarnos el verdadero objetivo del plan de Dios: un designio salvífico que se realiza en la historia humana por medio de la actividad de Jesús. En toda la tradición sinóptica, Lucas es el único que da a Jesús el título de “Salvador”. La presencia de Jesús lleva consigo el cumplimiento de este plan del Padre. En Lucas se descubren tres etapas en la historia o fases en que se desarrolla esta salvación: 1: Tiempo de Israel; desde la creación del mundo hasta el nacimiento de Juan Bautista (la fase en que la salvación es una promesa); 2: Tiempo de Jesús; desde su bautismo hasta su ascensión (fase del cumplimiento en Jesús) y 3: Tiempo de la Iglesia perseguida; desde la ascensión de Jesús hasta la parusía (fase del cumplimiento en la Iglesia por acción del Espíritu). Lucas no considera que el pueblo de Israel deba ser suplantado por el nuevo pueblo de Dios, sino que lo considera dentro del plan salvífico universal en su primera fase; el pueblo que sigue a Jesús no es otro pueblo sino el mismo pueblo en la fase siguiente y al que se asocian los paganos como partícipes de esa promesa hecha realidad; los cristianos son, pues, un Israel reconstituido. Ese universalismo tiene además un nuevo aspecto: no distingue clases sociales, incluso Lucas muestra un particular interés por los más oprimidos y marginados, por las clases que constituyen el desecho de la sociedad.

-         La Cristología de Lucas. Jesucristo, según Lucas, es la figura central de la historia de la salvación, porque en él es donde verdaderamente se manifiesta la actividad de Dios en la historia humana. Jesús no es sólo el heraldo de la salvación, sino que es el objeto mismo de esa proclamación; es decir, la salvación proclamada. Para Lucas Jesús es el clímax de la actuación de Dios en Israel y el verdadero centro de la historia de la salvación. La auténtica concepción lucana del acontecimiento Cristo radica en la combinación de los aspectos trascendentes y los puramente humanos de la persona de Jesús. La cristología de Lucas contempla cuatro fases de la existencia de Cristo: desde su concepción virginal hasta el bautismo; desde el bautismo hasta su ascensión; el tiempo que va desde la ascensión y su venida en la parusía; y la cuarta es esa venida concreta, la parusía de Jesús. Lucas desconoce la idea de la preexistencia de Jesús y su encarnación. Entre los títulos cristológicos con que Lucas se refiere a Jesús se encuentran: Cristo, que indica que es el ungido, portador de una salvación nueva para toda la humanidad, a la vez que un mesías marcado por el sufrimiento; Señor, que se aplica a Dios en la versión de los LXX, con la que quiere expresar la equiparación de Jesús con Dios y que después de su resurrección recoge el concepto de “señorío” obtenido por su glorificación, pero que no le aplica en relación con la parusía; Salvador, que hace referencia al cumplimiento de las promesas salvíficas del Antiguo Testamento y que sólo emplea en el comienzo de la existencia de Jesús y como resucitado antes de su ascensión, pero no durante su ministerio público; Hijo de Dios, expresión contenida en el primitivo kerigma cristiano y que Lucas recoge para expresar una singular relación entre el Jesús histórico y el Dios de Israel y que según algunos autores contiene también la idea de la obediencia de Jesús al Padre; Hijo de hombre, puesta normalmente en labios del propio Jesús y que haría referencia a su condición mortal aquí en la tierra cuando a su condición trascendente en la parusía; Siervo, que parece hacer referencia a los cánticos de Isaías que tantas veces trae Lucas explícitamente a su textos y que indica una imagen de mesías sufriente y de sufrimiento expiatorio; Profeta, expresión que proviene de Marcos y que en Lucas se refiere a Jesús como profeta escatológico, como quien derrama el Espíritu de parte de Dios en los últimos días y que se lo aplica tan sólo durante el ejercicio de su ministerio, en la segunda fase; Rey, título que responde a la reflexión cristiana de las primera comunidades, que deriva del título de Mesías y que Lucas lo menciona sólo en el relato de la pasión; y otros títulos menos importantes u ocasionales como son Hijo de David, Jefe, Príncipe, Santo, Justo, Juez, o Maestro. Es fundamental en la cristología de Lucas el aspecto soteriológico y, dentro de él, su interpretación de la muerte de Jesús y los efectos del acontecimiento Cristo en toda su obra. Lucas no concibe la muerte de Jesús como sacrificio ni como expiación del pecado aunque conserve en sus expresiones algunas leves referencias a esos dos aspectos, pero lo que sí es la muerte de Jesús en la cruz es un acontecimiento escatológico con carácter salvífico. La muerte de Jesús es uno de los acontecimientos que se han cumplido entre nosotros y, en ese sentido, es un acontecimiento escatológico. En el episodio de Jesús en la cruz con el buen ladrón Lucas pone de relieve, simbólicamente, el efecto salvífico de la muerte de Jesús sobre el ser humano. En cuanto al acontecimiento Cristo, Lucas escribe en pleno “tiempo de la Iglesia” y desde ahí dirige su mirada al “tiempo de Jesús”, considerándolo el tiempo en que la salvación se ha hecho realidad. Esa mirada retrospectiva le lleva a sintetizar los efectos del acontecimiento Cristo bajo diversas imágenes y figuras; las más importantes son: salvación: cuando Lucas la menciona la concibe como algo ya realizado definitivamente y ratificada por su exaltación, generalmente denota una liberación de algún mal físico o de un mal interno como el pecado y su relación con la fe es, en muchos casos, explícita; perdón de los pecados: aunque el evangelio de Lucas describe una actividad de Jesús que consiste en perdonar pecados, lo formula en términos de la cancelación de una deuda contraída por el hombre con Dios cuando lo refiere al efecto de su actuación, y aunque la expresión es frecuente en Hch, sin embargo en el evangelio sólo se aplica a Jesús después de resucitado en Lc 24, 47; paz: puesta en labios de Jesús esta expresión tiene resonancias claramente salvíficas que tiene carácter figurativo de la abundancia de bienes que su persona y su mensaje traen a toda la humanidad, noción que llegó a considerarse propia de los tiempos mesiánicos inspirada en Is 52, 7; y vida: se refiere a la vida eterna que él posee en plenitud por su resurrección y que la ofrece incluso a los paganos porque él es el autor de la vida (Hch 3, 15).

-         El acento que pone Lucas en la actividad del Espíritu como impulsor de la historia salvífica. Los rasgos fundamentales del Espíritu en la obra de Lucas denotan las presencia activa, creadora y profética de Dios en el mundo de la naturaleza o en el ámbito de la comunidad. El Espíritu aparece sobre todo en los momentos fundamentales de la vida de Jesús, pero su presencia es arrolladora en el libro de los Hechos, que lo presenta como sustituto de Cristo resucitado, ausente en la comunidad y que es la fuerza que guía a los discípulos de Cristo en su misión de dar testimonio del Resucitado. El Espíritu es el principio de crecimiento de la comunidad y la garantía de la proclamación del kerigma. Como prueba de la importancia del Espíritu en los escritos lucanos, reseñar que éste aparece 17 ó 18 veces en el tercer evangelio y 57 veces en Hechos de los Apóstoles.

-         La escatología lucana se centra en el retraso de la parusía con mucha mayor intensidad que en los otros evangelios. En el libro de los Hechos, Lucas afirma expresamente la segunda venida de Cristo. Lucas se ha encontrado con una doble tradición que afirma por una parte la inminencia del retorno de Cristo pero que por otra parte la retrasa sine die. Lucas suprime o suaviza los materiales que incorpora de esa primera tradición. De hecho, el que escriba su obra con carácter tardío ya acabado el período fundacional, es un signo claro de que nuestro autor no consideraba el hecho de la parusía como algo inminente, pues quiso dar a conocer el valor de la palabra escrita y proclamada hasta la vuelta de Cristo a través de su evangelio y del libro de los Hechos de los Apóstoles.

-         La imagen del discípulo que acepta la palabra y el mensaje de Jesús se manifestará según Lucas en tres estadios o actitudes: fe, arrepentimiento-conversión y bautismo. Se trata de la respuesta al kerigma cristiano y de la exigencia de ser discípulo de Cristo. Ser discípulo de Jesús es acompañarle en su camino hacia Jerusalén, donde va a cumplirse su destino de muerte, su éxodo al Padre; una identificación con su estilo de vida y con su destino. Además, todo discípulo debe dar testimonio de Cristo resucitado. Especial importancia reviste para el discípulo la oración, como clima en el que se desarrolla la vida cristiana. La moderación en la posesión y el uso de los bienes materiales es otra característica propia del discípulo según Lucas, quien tiene una inclinación preferencial hacia los pobres y hacia aquellos que han renunciado a sus bienes. Lucas nos aporta también ciertos aspectos de las primitivas comunidades cristianas, como su aspecto corporativo, su compartir de los bienes, su oración común y su estructura según ministerios.

-         Por último, la imagen que Lucas nos da de Jesús se aleja de la rudeza con que lo presentan los otros evangelistas. Además de todo lo dicho en la parte de la cristología, Lucas nos dibuja a un Jesús humano con unas cualidades altamente valoradas como son misericordia, amor, atractivo, alegría, delicadeza y una extraordinaria sensibilidad.

 

Nota: En la obra de J. A. Fitzmyer se recoge una amplísima bibliografía de cada uno de los apartados y de la obra de Lucas en general.

 

volver a índice

thalithaqumi

Zaragoza, 2003