THALITHAQUMI
LITURGIA
-------------------------------------------------------Las plegarias
eucarísticas V
A las cuatro
versiones de la
Plegaria Eucarística Quinta las podríamos llamar “las
plegarias de Pascua”. Todas ellas hacen referencia, tras el Sanctus, al
carácter pascual de la celebración eucarística y al encuentro del Resucitado
con los discípulos de Emaús, que explica las Escrituras y parte el pan; en los
cuatro casos con la misma fórmula, repetida y aplicada al momento actual en que
la Iglesia
celebra la
Eucaristía. Cuenta también con un núcleo común, después del
relato de la Cena,
en el que menciona, con las mismas palabras en los cuatro casos, la Resurrección de Jesús
a la vida nueva y su glorificación junto a Dios. Puesto que el prefacio es
inseparable del resto de la plegaria, ésta no puede usarse los días que tienen
prefacio propio, pero sí el resto de los días del tiempo pascual o de cualquier
otro tiempo litúrgico siempre que no tenga prefacio propio. No proponemos a
continuación un análisis a modo de los prefacios del capítulo anterior. Eso lo
haremos en otro momento con cada una de ellas. Aquí apuntamos solamente un
esbozo y un comentario sobre su contenido además de la recomendación de cuándo
y por qué usarlas.
PRIMERA
VERSIÓN (V/a)
Título:
“DIOS GUÍA A LA IGLESIA”.
El prefacio resume en muy pocas palabras la intervención de Dios en la
historia. Evocando la creación, reconoce su presencia continua a nuestro lado:
desde la guía y cuidado del Pueblo de Israel, sigue acompañando a la Iglesia por medio del
Espíritu. A través de Jesús, quiere llevarnos definitivamente al gozo del su
reino. Tras el relato de la institución de la Eucaristía, une al
memento por el Papa y los obispos la enumeración de los distintos ministerios
ordenados y el anhelo de evangelización como un gozo para el mundo. El uso de
esta plegaria es recomendable para toda la cincuentena pascual en general y en
las celebraciones donde quiera acentuarse la idea de que Dios nos ha acompañado
siempre, así como aquellas celebraciones orientadas a recalcar el planteamiento
eclesiológico.
SEGUNDA
VERSIÓN (V/b)
Título: “JESÚS,
NUESTRO CAMINO”. El prefacio arranca con la idea de la providencia orientada a
cuidar de cada uno de nosotros. Lo que viene a continuación es más denso en
ideas: invitación a escuchar su palabra; palabra que nos reúne en un solo
cuerpo; invitación a mantenernos firmes en el seguimiento de Jesús, que es para
nosotros Camino, Verdad y Vida. En el embolismo que añade al memento por los
pastores de la Iglesia
invoca al Padre para que esta Iglesia sea un recinto de verdad, amor, libertad,
justicia y paz y se convierta, así, en motivo de esperanza para todos. Con
palabras bellísimas y grandemente acertadas pide para los cristianos entrañas
de misericordia ante toda miseria humana, el gesto y la palabra oportuna frente
al hermano solo y desamparado y disponibilidad ante quien se siente explotado y
deprimido. Todo ello como servicio de la Iglesia ante quien pudiera haber perdido la
esperanza; hacer de la Iglesia
el refugio de los miserables y la esperanza de los abatidos. También esta
plegaria es muy válida en general para toda la Pascua y, en particular,
para aquellas celebraciones donde se quieran resaltar las actitudes compasivas
y misericordiosas del Señor, y asimismo en momentos en que quiera ponerse de
manifiesto el ejercicio de la caridad en la Iglesia como continuadora de la tarea emprendida
por Jesús.
TERCERA
VERSIÓN (V/c)
Título:
“JESÚS, MODELO DE CARIDAD”. En el comienzo del prefacio se parte de la acción
de gracias por habernos dado a Jesús, su Hijo, por amor al mundo. Pobres,
enfermos, pequeños, pecadores... son objeto del amor de Jesús. Resalta en Él
que nunca permaneció indiferente ante el sufrimiento humano. Por dos veces
menciona la palabra “ternura”. Igual que la siente un padre por sus hijos, la
siente Dios por nosotros, sus fieles. En esta ocasión, en el embolismo que une
al memento de los pastores de la
Iglesia, pide sabiduría para todos los cristianos en orden a
discernir los signos de los tiempos y a crecer en la fidelidad al Evangelio;
esos signos y esa fidelidad los concreta en compartir las angustias y las
tristezas, las alegrías y las esperanzas de los hombres desde el amor, de modo
que, de esta forma, les mostremos el camino de la salvación. Además de
cualquier día de la Pascua,
esta plegaria es apropiada para aquellas celebraciones que se tienen con o por
colectivos que sufren, especialmente con los enfermos; y también en las
celebraciones donde se quiere acentuar el cuidado, la misericordia y la ternura
divinas para con nosotros.
CUARTA
VERSIÓN (V/d)
Título: “LA IGLESIA, EN CAMINO HACIA LA UNIDAD”. Este prefacio
parte de la misión universal de la
Iglesia: convocar y acoger en su seno a gentes de toda raza y
cultura. Una Iglesia abierta que invita a través del Evangelio de Jesús. Tres
afirmaciones se suceden seguidamente como concreción de esta misión: La Iglesia resplandece como
signo de la unidad de todos los hombres, da testimonio del amor de Dios en el
mundo y abre a todos la puerta de la esperanza; todo ello como consecuencia de
la vida que da el Espíritu. Ello le hace ser signo de fidelidad a la alianza.
En el memento del Papa y los obispos eleva una súplica por la iglesia local
para que se renueve constantemente a la luz del Evangelio y pide para que sea signo de unidad, de concordia y de paz en
medio de tanta guerra discordia de nuestro mundo. Plegaria apropiada cuando se
celebra algún acontecimiento de la
Iglesia local, cuando se tiene alguna celebración que hace
referencia a la Iglesia
misionera o para pedir por la unidad interna de la Iglesia. Lógicamente,
es también apropiada para todo el tiempo de Pascua.
thalithaqumi
Zaragoza, 2003