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VIA CRUCIS
SEGÚN SAN JUAN
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Primera
estación: Jesús lava los pies a los discípulos en la última
cena (13, 3-15) Te
adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que
por tu santa cruz redimiste al mundo |
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Estaban
cenando (ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de
Simón, que lo entregara) y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en
sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita
el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y
se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que
se había ceñido. Llegó
a Simón Pedro y éste le dijo: -Señor,
¿lavarme los pies tú a mí? Jesús
le replicó: -Lo
que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde. Pedro
le dijo: -No
me lavarás los pies jamás. Jesús
le contestó: -Si
no te lavo, no tienes nada que ver conmigo. Simón
Pedro le dijo: -Señor,
no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza. Jesús
le dijo: -Uno
que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está
limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos. (Porque sabía quién
lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.») Cuando
acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: -¿Comprendéis lo
que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «El Maestro» y «El Señor», y
decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado
los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado
ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis. |
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El cuarto evangelio no trae un
relato de la institución de la Eucaristía. Se ha ocupado de ella y su
significado en el capítulo 6. De la cena, San Juan resalta el lavatorio de
los pies y los discursos de despedida. Preámbulo de su entrega en la cruz, la
acción de lavar los pies de los discípulos es signo del anonadamiento, de la
humillación voluntaria y por amor de Jesús. Abajarse es condición del
discípulo y de la entrega total. Lo que Jesús ha hecho es lo que quiere que
hagamos: ocupar el lugar de los que sirven, saber servirnos entre nosotros,
no situarnos por encima de nadie; y menos, por encima de los humildes. |
Oremos: Danos humildad, Señor, para hacer lo que tú hiciste.
Ayuda a tus hijos a rechazar la soberbia y la arrogancia. Que tu ejemplo de
abajamiento nos haga desear no estar más altos que los demás, sino ser mejor
imagen tuya en el servicio a ellos. Te lo pedimos a ti, que vives y reinas
por los siglos de los siglos. |
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Segunda estación: Jesús da a los discípulos el Mandamiento Nuevo (13, 33-35) Te
adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que
por tu santa cruz redimiste al mundo |
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-Hijos
míos, ya no estaré con vosotros por mucho tiempo. Me buscaréis, pero os digo
lo mismo que ya dije a los judíos: “Adonde yo voy vosotros no podéis venir”.
Os doy un mandamiento nuevo: Amaos los unos a los otros. Como yo os he amado,
así también amaos los unos a los otros. Por el amor que os tengáis los unos a
los otros, reconocerán todos que sois discípulos míos. |
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Tras
el ejemplo de servicio, el mandamiento del amor. El segundo como causa del
primero. Servir por amor y con amor. El signo de los discípulos será que se aman entre ellos.
El amor fraterno, en la cima, en la cúspide del estilo del discípulo. El
mandamiento de amar al prójimo ya se encontraba en la ley de Moisés. La
novedad del mandamiento de Jesús reside en el cómo: como yo os he amado.
Ya no es, como antes, a la manera en que uno se ama a sí mismo, sino a la
manera en como Jesús nos ama: sin condiciones, con la total renuncia de sí
mismo y en una entrega total. Como sucederá en Jesús después de la cena, así
deben amarse sus discípulos. Así debemos amar los cristianos. |
Oremos: Danos tu amor, Señor Jesús, para que nosotros podamos
comunicarlo. Que la rivalidad, que la enemistad, que el egoísmo y el deseo de
autoafirmación sobre los otros no apaguen el amor entre los que tú amas. Que
el amor entre nosotros sea signo de fe y de esperanza en nuestro mundo, tan
necesitado de amor. Te lo pedimos a ti, que vives y reinas por los siglos de
los siglos. |
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Tercera estación: Jesús promete a los suyos el Espíritu Santo (14, 25-26) Te
adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que
por tu santa cruz redimiste al mundo |
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Os
he dicho todo esto mientras estoy con vosotros; pero el Paráclito, el
Espíritu Santo a quien el Padre enviará en mi nombre, hará que recordéis lo
que yo os he enseñado y os lo explicará todo. |
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Jesús
prevé su salida, su ausencia, su muerte. Sin embargo, ahora, en la despedida,
promete el envío del Espíritu Santo por el Padre. El Espíritu continuará la
presencia de Jesús entre los suyos. El Espíritu hará comprender el
significado de lo que está a punto de
acontecer. El Espíritu recordará toda la enseñanza de Jesús. Lo que ahora no
comprenden, lo que ahora se les esconde, les será revelado por el Espíritu
Santo que Jesús promete. A través de Él, Jesús continuará presente entre los
suyos. El Espíritu Santo es don de Dios porque es el Padre quien lo envía. Es
el fruto, el regalo de la Pascua. Dios lo da a la comunidad, consecuencia de
la muerte y resurrección de Jesús. |
Oremos: Danos, Señor, sentido de la acogida y del
discernimiento, para saber reconocer tu Espíritu entre nosotros. Que él abra
nuestra mente y nuestro corazón hacia ti, que nos ayude a comprender el
sentido de tu entrega, que dé vida a tu Iglesia, que capacite a cada
cristiano para amar a Dios y para amar al prójimo. Que el Espíritu Santo nos
ayude a superar la violencia y la injusticia en el seno de nuestra sociedad.
Te lo pedimos a ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos. |
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Cuarta estación: Jesús anuncia su resurrección (16, 22-23a) Te
adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que
por tu santa cruz redimiste al mundo |
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-Pues
lo mismo vosotros: de momento estáis tristes, pero volveré a veros y de nuevo
os alegraréis con una alegría que nadie os podrá quitar. Cuando llegue ese
día, ya no tendréis necesidad de preguntarme nada. |
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La tristeza que Jesús anuncia
para los que le siguen viene marcada por el acontecimiento de su muerte, de
su separación; pero se tornará en alegría con el reencuentro. La expresión cuando
volváis a verme se refiere a su resurrección. De hecho, el propio
evangelista, en la aparición el día de Pascua, escribe: Los discípulos se
llenaron de alegría el ver al Señor (20, 20). La alegría de la Pascua
será lo que perdurará y lo que apagará la tristeza de la separación. Ésta
será sólo temporal. El reencuentro con el resucitado y la acción del
Espíritu, que les ayudará a comprender, hará ya innecesaria cualquier
pregunta por parte de los discípulos. |
Oremos: Señor Jesús, danos hoy esa alegría que prometiste a tus
amigos; la necesitamos para superar tanta tristeza y aflicción, tanto odio y
desamor, tanta confusión y desorientación, tanta violencia y tanto dolor. Que
la alegría de tu resurrección nos ayude a los cristianos a construir un mundo
más humano y más justo, un mundo de hijos de Dios, un mundo de hermanos. Te
lo pedimos a ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos. |
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Quinta estación: Jesús ora por la unidad de sus discípulos (17, 9-13) Te
adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que
por tu santa cruz redimiste al mundo |
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-Yo
te ruego por ellos. No ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado;
porque te pertenecen. Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío, y en ellos
he sido glorificado. Ya no estaré más en el mundo; ellos continúan en el
mundo mientras yo me voy a ti. Padre santo, guarda en tu nombre a los que me
has dado para que sean uno como tú y yo somos uno. Mientras yo estaba con ellos en el
mundo, yo mismo guardaba, en tu nombre, a los que me diste. Los he protegido
de tal manera, que ninguno de ellos se ha perdido, fuera del que tenía que
perderse para que se cumpliera lo que dice la Escritura. Ahora, en cambio, yo
me voy a ti. Si digo estas cosas mientras todavía estoy en el mundo, es para
que ellos puedan participar plenamente en mi alegría. |
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Con
verdadera ternura, que expresa su inmenso amor por ellos, Jesús dirige al Padre
esta plegaria preocupándose por la protección de sus discípulos, de su
comunidad y de la unidad entre ellos. Unidad es lo que Jesús le pide al
Padre. Si él, mientras estaba con ellos procuraba su cuidado, ahora pide al
Padre que lo haga por él. El Padre se los dio, Jesús los guardó y ahora Jesús
los vuelve a confiar al Padre. Sabe que el mundo tiene fortaleza y capacidad
de persuasión. El Padre los protegerá de él y los guardará. |
Oremos: Danos, Señor, la humildad necesaria para estar unidos.
Damos el espíritu de concordia para valorar más la comunidad de lo que
sabemos valorarnos a nosotros mismos. Que sepamos doblegar nuestras
voluntades rebeldes y podamos, así, guardar la unidad de tu Iglesia. Te lo
pedimos a ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos. |
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Sexta estación: Judas consuma la traición contra Jesús (18, 1-9) Te
adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que
por tu santa cruz redimiste al mundo |
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Jesús salió con sus discípulos al
otro lado del torrente Cedrón, donde
había un huerto, y entraron allí él y sus
discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque
Jesús se reunía a menudo allí con sus
discípulos. Judas entonces, tomando la
patrulla y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas.
Jesús, sabiendo todo lo que venía
sobre ÉL, se adelantó y les dijo: -¿A quién buscáis? Le contestaron: -A Jesús el Nazareno. Les dijo Jesús: -Yo soy. Estaba también con ellos Judas, el
traidor. Al decirles <<Yo soy»,
retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez: -¿A quién buscáis? Ellos dijeron: -A Jesús el Nazareno. Jesús contestó: -Os he dicho que soy yo. Si me
buscáis a mí, dejad marchar a éstos. Y así se cumplió lo que había
dicho: <<No he perdido a ninguno
de los que me diste.» |
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Al
comienzo de la última cena, en 13, 2, se dice que ya el diablo le había
metido a Judas en la cabeza entregarlo. En este pasaje se consuma la entrega.
Judas encabeza y lidera la patrulla que sale a detener a Jesús. San Juan
omite el detalle del beso en la entrega, pues Jesús aparece en todo momento
dominando la situación. La serenidad y el aplomo con que actúa Jesús
contrastan con la debilidad que muestran sus oponentes, que dan un paso atrás
y caen en tierra. En la entrega, Jesús pone a los suyos a resguardo. Durante
toda la pasión, Jesús muestra preocupación por los suyos. |
Oremos: Danos, Señor, la fuerza necesaria para no traicionarte,
para no traicionar a nadie, para no traicionar nuestra fe, nuestros valores,
nuestras convicciones, para no traicionar tu mensaje de Buena Noticia. Danos
la sabiduría y el aplomo necesarios para ser fieles. Que no haya más Judas
entre nosotros. Que ningún Judas lleve de nuevo a un hermano a la cruz. Te lo
pedimos a ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos. |
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Séptima estación: Jesús es apresado en el huerto (18, 12-14) Te
adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que
por tu santa cruz redimiste al mundo |
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La
patrulla, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a
Anás, porque era suegro de Caifás,
Sumo Sacerdote aquel año, el que había dado a los judíos este consejo: <<Conviene que muera un
solo hombre por el pueblo.» |
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El
huerto es símbolo de vida, donde se encuentran Jesús y sus discípulos. El
cuarto evangelio situará también la sepultura de Jesús en un huerto. Anás
había sido sumo sacerdote durante un largo período de años; ahora lo son, a turnos,
sus hijos. A Caifás no le presta atención San Juan; de hecho, no refiere nada
de lo que ocurre en su casa; el interrogatorio que nos trae es el de Anás.
Desde la escena del machete, Juan considera destituido al sumo sacerdote. Los
opositores de Jesús, las fuerzas de las tinieblas, han apresado al que es la
luz, que vino a los suyos pero no la recibieron (1, 9-11). A Jesús se
le apresa como a un malhechor a causa de la traición de uno de los suyos. A
pesar de ello, el evangelista lo dibuja lleno de dignidad en toda la escena.
El consejo de Caifás es fruto del miedo y del temor a la represión romana,
del miedo y del temor a perder el puesto. Él ha elegido la muerte de Jesús
para no provocar a los romanos y para asegurar la silla de su puesto. |
Oremos: Da a tus fieles, Señor Jesús, la valentía necesaria
para no sentirnos presos de nadie. Que nuestra voz sea en el mundo la voz de
la paz, la voz de la concordia y el entendimiento, la voz del servicio y del
amor. Y que esa voz, Señor, no sea nunca acallada. Que todo cristiano
defienda lo que tú nos enseñaste no en contra de nadie, sino como aportación
a la paz y a la concordia en el mundo. Te lo pedimos a ti, que vives y reinas
por los siglos de los siglos. |
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Octava estación: Pedro abandona y niega a Jesús (18, 25-27) Te
adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que
por tu santa cruz redimiste al mundo |
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Simón Pedro estaba de pie,
calentándose, y le dijeron: -¿No eres tú también de sus discípulos? El lo negó diciendo: -No lo soy. Uno de los criados del Sumo
Sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo: -¿No te he visto yo con él en el
huerto? Pedro volvió a
negar, y en seguida cantó un gallo. |
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Pedro ha
revocado su seguimiento de Jesús. Sus pasos no siguen ya los del Maestro. De
hecho, no entra donde Jesús. Necesitará de la comunidad (el otro discípulo)
para volver tras los pasos de su Señor. Sin embargo, vuelve a desvincularse
de él en cuanto se le presenta la ocasión. Su negativa por tres veces del
conocimiento de Jesús le aparta de él. Es la hora del poder del mal y de las
tinieblas. El poder de las tinieblas puede influir en los hijos de la luz y
hacerles abandonar. La traición no va a ser definitiva en el caso de Pedro,
pero a nosotros nos conviene estar alerta para no caer en las garras
devoradoras de los opositores de Jesús. |
Oremos: Da, Señor, a tus fieles capacidad para diferenciar el
bien del mal, lo que es voluntad de Dios de lo que no es; coraje para no
tener miedo de mostrar que somos discípulos tuyos, y constancia para
permanecer toda nuestra vida detrás de tus pasos. Te lo pedimos a ti, que
vives y reinas por los siglos de los siglos. |
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Novena estación: Jesús, interrogado por Anás (18, 19-23) Te
adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que
por tu santa cruz redimiste al mundo |
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El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús
acerca de sus discípulos y de la doctrina. Jesús le contestó: -Yo he hablado abiertamente al
mundo: yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se
reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me
interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, de qué les he hablado.
Ellos saben lo que he dicho yo. Apenas dijo esto, uno de los
guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo: -¿Así contestas al Sumo Sacerdote? Jesús respondió: -Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he
hablado como se debe, ¿por qué me pegas? |
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Caifás
es ninguneado por el evangelista en toda la pasión. Correspondería a él hacer
el interrogatorio a Jesús, pero el evangelio le aplica la función de sumo
sacerdote a su suegro Anás. En el diálogo se invierten los papeles. Jesús domina
la situación y acaba siendo él quien interroga. Jesús apela a su condición de
ser luz, pues nada ha dicho ni hecho a ocultas, sino a la luz de todos. Jesús
no va a dar testimonio de sí mismo, sino que lo refiere a lo que sus testigos
han podido ver y oír de él. Tampoco se defiende, sino sólo verbalmente, al
recibir la bofetada. Jesús se muestra respetuoso con quienes tiene ante él,
pero no se reconoce bajo la autoridad del “Sumo Sacerdote”. Más bien es Jesús
quien aparece revestido de autoridad. |
Oremos: Señor Jesús, danos la
caridad suficiente como para saber respetar a todas las personas que
entran en relación con nosotros, ya sea buscando nuestro bien o buscando
nuestro mal; pero danos, a la vez, la fortaleza necesaria para mantener
nuestra dignidad de cristianos y para saber dar un testimonio adecuado de ti.
Te lo pedimos a ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos. |
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Décima estación: Pilato condena a muerte a Jesús (19, 14-16) Te
adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que
por tu santa cruz redimiste al mundo |
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Era el día de la Preparación de la
Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos: -Aquí tenéis a vuestro Rey. Ellos gritaron: -¡Fuera, fuera; crucifícalo! Pilato les dijo: ¿A vuestro rey voy a crucificar? Contestaron los Sumos Sacerdotes: -No tenemos más rey que al César. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran. |
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En
otras versiones de la pasión, Jesús no habla con Pilato. En el cuarto evangelio
hay un extenso diálogo entre los dos que versa, sobre todo, acerca de la
realeza de Jesús. Pilato intenta soltarlo varias veces. Conforme va
aumentando la tensión, van cambiando las acusaciones. Hasta tres acusaciones
distintas se vierten sobre él según el momento: un malhechor (18, 30), pretendía ser hijo de Dios (19, 7)
y se declara contra el César (19, 12). Jesús muestra su identidad al
romano, pero éste no le reconoce, cede a las presiones y acaba haciendo no lo
que él hubiera hecho, sino lo que otros le dicen que haga. Más tarde, sin
embargo, será el gobernador quien reconozca a Jesús como rey y lo proclame a
todos, al escribir el letrero con la acusación: Jesús Nazareno, el Rey de los Judíos. |
Oremos: Danos, Señor, paciencia, comprensión y espíritu de
tolerancia para no condenar a nadie. Que sepamos soportar los ataques, las
calumnias, el desprestigio, la mentira y la violencia contra nosotros sin
condenar a nadie. Que comprendamos que defenderse no es condenar y que
fundamentemos nuestra defensa no en la agresividad ni en la violencia, sino
el diálogo, en el entendimiento, en la oración y la esperanza. Te lo pedimos
a ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos. |
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Undécima estación: Crucificado, Jesús aparece entronizado en el Gólgota (19, 17-18) Te
adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que
por tu santa cruz redimiste al mundo |
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Tomaron a
Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado <<de
la Calavera>> (que en hebreo se
dice Gólgota), donde lo crucificaron;
y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y
Pilato escribió un letrero y lo puso
encima de la cruz; en él estaba escrito:
JESÚS EL NAZARENO, EL REY DE LOS JUDÍOS. |
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El evangelio de San Juan interpreta la cruz como
el trono real de Jesús. Es el momento culminante del evangelio, de su vida,
de su enseñanza; es el momento en que es elevado, el momento en que atrae a
todos hacia sí, el momento en que se convierte en estandarte de salvación
para cuantos le contemplen (el diálogo con Nicodemo), es la hora a la que se
refería en Caná. El puesto a su derecha y a su izquierda se sabe ahora a
quiénes corresponde. Aparece entronizado en el centro, con uno a cada lado.
Es la hora de la plenitud de la luz. En su renuncia total, en su entrega
total, es donde Jesús manifiesta su realeza. Su muerte no es la consecuencia
de lo que otros han querido hacer de él, sino la consecuencia de su propia
elección: ha hecho lo que quería hacer. |
Oremos: Concede a tus fieles, Señor, el ser
consecuentes con su fe, con su pensamiento y con su conciencia. Que no
terminemos haciendo lo que otros quieren hacer de nosotros, sino que en todo
pensemos y nos comportemos en total
fidelidad a ti y a tu comunidad,
la Iglesia. Te lo pedimos a ti, que vives y reinas por los siglos de los
siglos. |
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Duodécima estación: La entrega de Jesús es el cumplimiento de las Escrituras (19, 28-29) Te
adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que
por tu santa cruz redimiste al mundo |
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Después de esto, sabiendo Jesús que
todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo: -Tengo sed. Había allí un jarro lleno de
vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo,
se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre dijo: -Está cumplido. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu. |
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El relato de la pasión en el evangelio según San Juan
rebosa de referencias escriturísticas, sobre todo de los profetas y de los
salmos. Puesto que Jesús es el Mesías prometido, se dan cumplimiento en él
todo lo que las Escrituras anunciaron. Jesús, por su propia voluntad, siguió
así un guión preestablecido en el que quedaba plasmada la voluntad del Padre
que Jesús aceptó, acató y siguió en fidelidad en todo momento. Y puesto que
Jesús es la Palabra del Padre, se cumple en él la Palabra anunciada por Dios. |
Oremos: Señor Jesús,
da a tus discípulos del siglo XXI espíritu religioso suficiente como paras
buscar hacer la voluntad de Dios y no otra. Otorga a tus hermanos el deseo
ferviente de pensar, de actuar y de vivir según la voluntad del Padre,
siguiendo así tu ejemplo. Que entendamos que el sentido de nuestra vida es la
búsqueda de la voluntad de Dios. Te lo pedimos a ti, que vives y reinas por
los siglos de los siglos. |
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Decimotercera estación: Jesús entrega su madre a la comunidad (19, 25-27) Te
adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que
por tu santa cruz redimiste al mundo |
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Junto a la cruz de Jesús estaban su
madre, la hermana de su madre María
la de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería,
dijo a su madre: -Mujer, ahí tienes a tu hijo.
Luego dijo al discípulo: -Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa. |
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En el cuarto evangelio, Jesús no está solo en su crucifixión.
Junto a la cruz, las mujeres y el discípulo amado (la comunidad de los que
siguen a Jesús). El evangelista muestra el papel relevante de María en las
primeras comunidades. La madre de Jesús es dada por él como madre a la
comunidad. Jesús seguirá presente ahora en su comunidad, por eso, su madre es
la madre de cada cristiano, de cada discípulo suyo. La madre de Jesús aparece
en la hora de Jesús como elemento de unificación y continuidad en la
comunidad cristiana. |
Oremos: Danos, Señor
Jesús, espíritu de agradecimiento por todo lo que de ti hemos recibido, por
tu encarnación, por tu entrega y fidelidad, por los dones de tu salvación,
por darnos la fe y el conocimiento de ti, por tu resurrección y por la vida
eterna. También porque nos has dado como madre a María, tu madre y por
habernos entregado a ella como hijos. Te lo pedimos a ti, que vives y reinas
por los siglos de los siglos. |
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Decimocuarta estación: Jesús consuma la ofrenda de su vida en la cruz (19, 30-37) Te
adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que
por tu santa cruz redimiste al mundo |
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Jesús, cuando tomó el vinagre dijo: -Está cumplido. E, inclinando la cabeza, entregó el
espíritu. Los judíos entonces, como era el día
de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado,
porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran
las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas
al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a
Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno
de los soldados con la lanza le traspasó el costado y al punto salió sangre y
agua. Él que lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero y él sabe que
dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se
cumpliera la Escritura: <<No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la
Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron.» |
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Fuera de la ciudad, expulsado de su pueblo,
entregado a los paganos, Jesús entrega ahora el espíritu. Es la nueva
creación, la nueva humanidad que Jesús comienza en fidelidad a Dios. Con su
misión cumplida, según la encomienda del Padre, Jesús es presentado como el
cordero sacrificado de la nueva Pascua. El agua viva de la que hablaba con la
samaritana, brota ahora de su costado abierto. El cuerpo muerto de Jesús es
fuente de vida y de salvación para quien cree en él. La cruz, estandarte de
salud. Se expone ante todos para aquellos que quieran creer y darle su
adhesión. |
Oremos: Señor
Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre por nosotros, entregado a la muerte
para nuestra salvación, fiel hasta el final, y resucitado para darnos la vida
eterna, ayúdanos a vivir para ti; a hacer de nuestra vida un seguimiento fiel
de tus pasos, un deseo permanente de seguir unidos a ti y de compartir
contigo la vida eterna que nos das, ahora y en la hora de nuestra muerte. Te
lo pedimos a ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos. |
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Textos: Juan Segura
Ilustraciones: J. Wladimir Trujillo
elcantarodesicar.com
Zaragoza, marzo 2006