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PLAZA
MAYOR
---------------------------------------------------------------------------------La
religiosidad latino-americana
IV Jornada de Pastoral con Inmigrantes
23 Enero 2004
1. Ubicación de mi experiencia

De los cuatro países en los que he vivido, me limito a tres de
ellos: Perú, Cuba y Ecuador.
Perú, Lima: una parroquia de 80.000 hbs en un barrio popular y donde se daba
desde el origen mismo de esta parroquia una incidencia e interacción mutua
entre la problemática de la gente y la vida/pastoral de la comunidad cristiana.
Cuba, Ciego de
Ávila: capital de provincia, con 120.000 hbs
con una sola parroquia de la que yo era su único sacerdote. Anteriormente
estuve unos años en República Dominicana que me ayudó para introducirme en la
realidad y el temperamento de las gentes del Caribe, cosa que me fue muy útil
para mi experiencia cubana. Ésta es algo especial por sus características como
también por la crucial época eclesial cubana que me ha tocado vivir.
Ecuador,
Vicariato de Sucumbíos (hermanado con la diócesis de
Zaragoza): allí compartí mi vida cada mes su primera quincena en zona de sierra
(a unos 3.000 msnm, con 15 poblados) y
la segunda quincena en zona de selva de la amazonía ecuatoriana (a 250 msnm. en
18 comunidades).
Ese abanico de realidades ayuda a
tener una experiencia y una visión complementarias y enriquecidas sobre la
realidad que nos va a ocupar en este encuentro, la religiosidad
latinoamericana.
2. Rasgos
básicos comunes del pueblo latinoamericano
ü
Lo que más salta a la vista en lo
más cotidiano: es un pueblo que tiene que enfrentarse cada día con las
necesidades básicas más elementales. Es una lucha no por vivir mejor sino por
la supervivencia. Sin embargo, comparte con generosidad desde su pobreza.
ü
Una realidad tan inhumana en vez
de deshumanizar hace que sea un pueblo con mucho afecto, gente familiar,
fraterna y solidaria. Sobreviven gracias al afecto, a la alegría, a la
solidaridad mutua. Impacta la gratuidad impresionante de acogida.
ü
El pueblo latinoamericano es
religioso y necesita expresar su creencia personal y colectivamente a través de
prácticas, de gestos y símbolos. Es un pueblo que ora y mucho, que invoca con
confianza a Dios en la necesidad y hace de su angustia un clamor al Dios de la
vida. Un pueblo que necesita a María y a los santos, como mediadores más
humanos de un Dios cuya cercanía tantas veces se le oculta.
ü
Un pueblo con anhelo de sentido
de vida y de esperanza, tanto desde las situaciones límite (enfermedad,
catástrofes naturales y sociales) como desde la inseguridad cotidiana de la
supervivencia.
ü
Se trata de una esperanza activa:
ese pueblo tiene no sólo necesidades y valores de solidaridad y de fe, sino
también derechos. Hay toda una historia de organización popular y de lucha por
lograr esos derechos de una vida más digna, menos injusta y más humana para
todos.
3. El sentido
de Dios del pueblo latinoamericano
El sentido de fe (“sensus fidei
fidelium”)
La expresión sentido de
Dios es equivalente a la de el sentido de fe del pueblo de Dios.
Este sentido de Dios es una fe descomplicada, porque es una fe sencilla,
gozosa, humilde y agradecida. Precisamente el sentido de Dios se ha dado a los
humildes, a los pequeños. “En aquella ocasión, con el júbilo del Espíritu
Santo, dijo: -¡Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra! Porque,
ocultando estas cosas a los entendidos, se las has revelado a los ignorantes.
Sí, Padre, ésa ha sido tu elección” (Lc 10,21).
Así como podemos hacer este
cuestionamiento: ¿la teología está realmente atenta a esta sabiduría de fe del
pueblo de Dios?, de la misma manera me anticipo a hacer esta observación:
nuestra sociedad occidental, tan marcada por la racionalidad y la rentabilidad
con menoscabo de valores tan vitalizadores como la gratuidad y la cercanía
humana, ¿no estará padeciendo un trastoque preocupante de sentido de vida
porque adolece de valores de los que es precisamente portador el pueblo
latinoamericano?
Qué entraña
este sentido de Dios del pueblo pobre y creyente latinoamericano:
ü
Es un pueblo que vive ante Dios y
con Dios desde todos los ámbitos de su vida, y todo lo vive con calma,
sin prisas:
las celebraciones son
distendidas y participadas, y anteriormente preparadas al menos por una parte
de la comunidad;
el acompañamiento y la eficaz
solidaridad en el sufrimiento y en las pruebas de la vida es
conmovedora;
en el trabajo cotidiano, cuando
la tarea familiar o comunal lo requiere, se cuenta espontáneamente con la conjunción de
familias o de vecinos para sacar adelante lo que se pretende;
la defensa de la vida ante
atropellos concretos y la lucha por lograr una infraestructura básica para una
vida algo más digna, y de aquí brotan las diversas experiencias de organizaciones
populares como también de comunicadores populares.
la celebración de la vida por
medio de la fiesta: no hay dificultad para encontrar motivo sobre qué
celebrar.
ü
Este sentido de fe es toda
una espiritualidad y un conocimiento como integral. No es sin más un actitud
interior, sino que el pueblo de Dios capta el conjunto de la fe a través de
unos ejes:
La confianza en Dios y la
familiaridad con que trata con él.
En el pueblo se da más mariología
que cristología: la creatividad con que cada cultura expresa su devoción a
María de acuerdo a sus experiencias humanas básicas.
Con todo, tanto
La ética de la solidaridad, la
celebración de la vida, la fe comunitaria, la lucha por la justicia.
¡La entrega hasta dar la vida!
(las comunidades latinoamericanas tienen en el siglo XX más mártires que en los
primeros siglos del cristianismo).
ü
Hay modos concretos especiales
de acoger la presencia y la acción del Espíritu en el mundo popular
latinoamericano, en consonancia con lo que se sabe por
La fe en la otra vida y la
comunión de los santos mediante el intenso culto en torno a los seres
queridos y miembros significativos de la comunidad difuntos y la
arraigada veneración de los Santos.
La comunicación de testimonios:
el hecho de que la gente pueda contar ante los demás en la comunidad su
situación dolorosa, los atropellos, sus luchas,... y escuchar a otros que están
sufriendo lo mismo o más gravemente -y ser tomada en serio-, eso es ya un
alivio, una dignificación y es descubrir la presencia de Jesús vivo.
La comunidad donde cada uno/a se
siente acogido, tomado en cuenta, como lugar de encuentro, de cariño
recíproco y convivencia, de apoyo mutuo y de servicio común a los más
abandonados.
Al decir todo esto no es que esté
idealizando a este pueblo. No olvidemos que se trata de un pueblo en su mayoría
pobre, porque empobrecido y ahora no sólo oprimido sino excluido. Y entre los
pobres, donde se dan tantas carencias, problemas, sufrimientos y debilidades,
no todo es santo, ni mucho menos; sin embargo hay que completar el relato: un
pueblo capaz de vivir gestos como los que vengo diciendo, es para quitarse la
boina, creer en el Evangelio y acogerlo desde los pobres.
En el relato de la mujer que unge a Jesús durante el banquete con
el fariseo, y de la que Lucas dice que era una mujer pecadora pública, Jesús
hace en Mt y Mc el siguiente comentario: “Os aseguro que en cualquier parte
del mundo donde se proclame la buena noticia, se mencionará también lo que ella
ha hecho” (Mc 14,9=Mt 26,13).
4. Experiencias claves, e incluso históricas, que avalan esta realidad descrita
Lima (Perú): el mes de Octubre, mes del Señor de los Milagros o el
Cristo morado.
Ciego de Ávila
(Cuba): la preparación de la visita pastoral
del Papa a Cuba con el recorrido por toda la isla de
Sucumbíos
(Ecuador): Con ocasión de la visita de
Observaciones:
Cuando yo viví esos tiempos y
acontecimientos los agentes de pastoral estaban ya bien advertidos y
convertidos sobre la seriedad y hondura de esa expresión y vivencia religiosa.
Este rasgo religioso, de fe o de
creencia sencilla popular, es algo esencial en la identidad de la persona y del
pueblo. José Carlos Mariátegui, renombrado intelectual marxista peruano, al
analizar la realidad peruana, ve como un componente esencial de la misma el
factor religioso.
Es un cauce fundamental de
convocatoria, de crear acogida y de toda tarea que quiera hacerse de
evangelización.
5. La actitud de Jesús y de
Pablo
Jesús que ha sido enviado a
evangelizar a los pobres, él mismo evangeliza desde los pobres:
Ve, tu fe te ha salvado (Mc 10,52), dice al ciego de Jericó.
El envío de los 70 discípulos,
con el jubiloso reconocimiento de la elección del Padre (cf. Lc 10,17-24).
El compartir de los pobres,
fundamental para que se dé la acción de Jesús: da de comer a una multitud (cf.
Mc 6,30-43).
Os aseguro que esta pobre viuda
ha echado más que todos (cf. Lc 21,1-4).
Una fe semejante no la he
encontrado ni en Israel (cf. Lc 7,1-10): la fe de un
pagano.
Pablo es testigo de cómo personas y
pueblos que tienen culturas muy distintas a la del pueblo elegido acogen la
revelación de Dios en Jesucristo, el Evangelio: el misterio de la revelación a
los gentiles y propone a todos el testimonio de las comunidades pobres de
Macedonia: la gracia que Dios concedió a las iglesias de Macedonia. En medio
de una prueba grande desbordaban de alegría, en su extrema pobreza derrocharon
generosidad (2 Cor 8,1-2). Y como tenéis abundancia de todo, ... tened
también abundancia de generosidad (v.7). Y el testimonio de esas
comunidades humildes fue la ocasión para darnos Pablo una joya cristológica: Pues
conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, por
nosotros se hizo pobre para enriqueceros con su pobreza (v.9).
Es de suponer que esto que acabo
de insinuar respecto a Jesús y a Pablo algo nos quiere sugerir. Lo puedo
explicitar con el siguiente y último punto.
6. La providencial actuación de Bernabé en los comienzos de la expansión de
y la genialidad de
Bernabé. Cf. Hch 11,19-30: la fe
evangelizadora de unos emigrantes al llegar a Antioquia contó con el entusiasmo
y la iniciativa de Bernabé..
Guadalupe: nuestros antepasado llevaron la
fe al Nuevo Continente, lo que hoy llamamos América Latina o Hispanoamérica /
Iberoamérica. En la actualidad escuchamos esta afirmación: ahora necesitamos
ser evangelizados por ellos. Hay algo más genial: la primera evangelización del
Nuevo Continente necesitó ya en sus comienzos de la nueva evangelización: esto
es lo que ha sido y sigue significando el precioso relato de
Necesitados como estamos de una
nueva evangelización, vemos que irrumpen en nuestro tejido social tantos
emigrantes, no pocos de ellos portadores, quizás sin saberlo ellos mismos, de
valores como los que he querido explicitar arriba.
Mi cometido en esta Jornada era
presentar de manera testimonial y algo organizada la experiencia de esta
realidad de la religiosidad latino-americana de cara a su favorable acogida, si
bien se nos presenta a veces revestida de algunas ambivalencias. Ha estado
también salpicado con algún cuestionamiento sencillo y evangélico. Ahora bien,
¿creéis que para nuestras comunidades la irrupción de emigrantes
latinoamericanos con su sentido de Dios representa una oportunidad histórica de
dejarnos evangelizar y de buscar hacer junto con ellos
Rafael
Batalla
thalithaqumi
Zaragoza, octubre 2004