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PLAZA MAYOR

 

 

------------------------------------------------ANTROPÓNIMOS DETOPONÍMICOS ARAGONESES[1]

 

 

             INTRODUCCIÓN:

Cuadro de texto: Rubén Gutiérrez Sanz es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Zaragoza, en la que trabajó como becario durante algunos años.

En el año 2000 presentó un trabajo sobre antroponimia aragonesa en Valencia, en el V Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española, que posteriormente fue publicado en las actas de dicho Congreso. Básicamente, es el trabajo que publicamos aquí, aunque retocado por el autor con el fin de actualizarlo y adaptarlo a las características de este espacio.

Rubén Gutiérrez se dedica en estos momentos a la tarea docente en un barrio de la ciudad de Zaragoza.

         En la antroponimia aragonesa se encuentran abundantes términos correspondientes a denominaciones de lugar. Los materiales expurgados y recopilados en el Centro PatRom de Zaragoza (Centro de Aragón), permiten comprobar la presencia de numerosos antropónimos detoponímicos dentro del conjunto de los apellidos aragoneses.

         Los materiales estudiados en este trabajo comprenden un intervalo de tiempo de casi ocho siglos (s. X-XVIII), lo que permite realizar un estudio de las primeras dataciones, conocer su vitalidad y difusión iniciales y su posterior evolución. Además, la documentación contemporánea ayuda a constatar su pervivencia, e incluso su distribución geográfica en la actualidad.

         En este estudio se analizan, entre otros, aspectos como:

         · productividad (nombres de lugar más destacados)

         · índices de frecuencia (factores determinantes)

         · procesos de formación: -morfológicos (formantes más frecuentes)

                                                    -sintácticos (incorporación y pérdida de preposiciones)

                                                    -gentilicios

         · pervivencia en la actualidad

         Todo ello ofrece una visión detallada de la formación, evolución y desarrollo de estos antropónimos de la provincia de Zaragoza, e invita al análisis y estudio de otros pertenecientes a ésta y a las otras dos provincias aragonesas, para completar así el panorama general de este conjunto de términos, que constituyen un número elevado dentro de los apellidos aragoneses.

 

 

v     ESTUDIO ANTROPONÍMICO.-

 

         En la antroponimia aragonesa, como se ha indicado anteriormente, se encuentran abundantes términos correspondientes a denominaciones de lugar, hecho que pone de manifiesto la relación existente entre las dos principales parcelas del estudio onomástico, la antroponimia y la toponimia.

         Los estudios antroponímicos sobre Aragón se encuentran en un momento de interés creciente como se demuestra en el estado de la cuestión preparado por Buesa-Lagüéns (1996-1997) que recoge la abundante bibliografía existente en este campo. En él destacan trabajos de filólogos como M. Alvar, T. Buesa o J.A. Frago, e historiadores como I. Falcón o C. Laliena, entre otros. En ese panorama de la investigación antroponímica se recogen también las líneas generales del proyecto panrománico PatRom y, asimismo, de la contribución particular del Centro de Zaragoza, donde se elabora un Diccionario Histórico de Antroponimia Aragonesa. La colaboración en este proyecto ha permitido el acceso a los datos que sirven de base para este trabajo, así como el conocimiento de numerosos materiales y estudios antroponímicos.

Todavía ha sido mayor el interés suscitado por la toponimia regional, pues,  en los últimos treinta años ha aparecido un buen número de estudios dedicados a distintos aspectos de la toponimia aragonesa, entre ellos destacan, además de trabajos de los profesores citados, otros como los de J. Vázquez Obrador[2].

         El presente trabajo pretende poner de manifiesto, una vez más, la relación entre la toponimia y la antroponimia, analizando la incidencia que algunos nombres de lugar de la provincia de Zaragoza han tenido en la formación de apellidos[3].

 

         Es conocida la frecuencia con la que el nombre del lugar de procedencia se utilizaba en los primeros siglos de la Reconquista para individualizar a una persona, pasando a formar parte de sus elementos de identificación. Así lo indica García Mouton (1980) quien atribuye a este uso en tierras aragonesas una procedencia galorrománica adoptada y propagada en tiempos de repoblación[4]. C. Laliena (1995), entre 1125-1200, constata como una tendencia creciente el uso de apellidos formados sobre designaciones toponímicas[5]. En la actualidad estas formas son bastante numerosas.

         La provincia de Zaragoza cuenta con 292 poblaciones cuyas denominaciones han tenido reflejo en la formación de apellidos. El criterio utilizado para realizar la selección de los aquí estudiados tiene un carácter político-administrativo y atiende a la comarcalización propuesta recientemente por el Gobierno de Aragón[6]; así los topónimos estudiados corresponden a las cabeceras de las comarcas que integran la provincia de Zaragoza, de las cuales se han elegido aquí una parte[7]. A continuación se van exponer los datos más representativos para poder extraer una primeras conclusiones que reflejen el comportamiento de estos elementos.

 

ALAGÓN:  Corominas (1989: s.v. Alaón) apunta para este topónimo una base etimológica *ALAGONE, *ALABONE o *ALAUONE. La primera variante *ALAGONE supondría una palabra emparentada con el vasco alago ‘dehesa, lugar de pasto’[8]. La documentación histórica es abundante: el primer registro[9] Artauz de Alagon (1135, DocReconquista,[10] p. 74), data del s. XII  donde encontramos otros ejemplos (Gilo de Alagon, 1164, CDConcejoZaragoza1, p. 101). Es frecuente que el topónimo aparezca en este período con la fórmula Nombre + Patronímico + Topónimo, p. ej. Lop Garcez de Alagone (1131, DocReconquista, p. 58); Enneco Galindiz de Alagon (1134, DocReconquista, p. 68). En el s. XIII se produce un gran incremento del uso antroponímico del topónimo: Blascus de Alagone (1226, DocMontalbán2, p. 239), Sancium de Alagon (1269, CDGrisén, p. 782); Ramón de Alagon (1292, DocRoda, p. 96). En el s. XIV es también frecuente: Blasio de Alagone (1326, DocCisterZaragoza2, p. 151), Francisci de Alagone (1398, p. 234) y desciende ya en los ss. XV y XVI: Pero Alagon (1495, PoblAragón1, p. 377) o Artal de Alagon (1577, DocTrabajoZaragoza1, p. 431).

El significante del topónimo presenta algunas variantes:

· forma romance (Ramon de Alagon, 1292, DocAltoAragón, p. 96)

· forma latinizada en genitivo (Iacobi de Alagonis, 1283, CDConcejoZaragoza2, p. 229)

· forma latinizada en ablativo (Blasco de Alagone, 1121, CDConcejoZaragoza1, p. 140)

· ensordecimiento de la consonante intervocálica por ultracorrección (Petrum de Alacon, 1326, DocCisterZaragoza2, p.163)

· pérdida de la sonora intervocálica (Artal de Alaon, 1180, CDHuesca, p. 349)

· -h- antietimológica (Lop Garcez in Alahon, 1130, DocJaca, p. 62)

· formación con diminutivo sin reducción del diptongo (Anthon d’Alagonziello, 1495, PoblAragón1, p. 315).

Excepto el caso de Johan Ferrer Alagon (1495, PoblAragón2, p. 151), el nombre del topónimo va siempre precedido de una preposición que funciona como elemento de enlace; la más frecuente es de que en los siglos XII y mitad del XIII alterna su presencia con in: Artal in Alagon (1147, DocReconquista, p. 621) / Artal de Alagon (1148?, DocReconquista,  p. 623). Sólo se ha encontrado un caso con la forma castellana de la preposición, que aparece después del patronímico: Goncaluo Petriz en Alagon (1134, DocReconquista, p. 69). En la documentación predominan los registros con la preposición  de, que, a pesar de que el topónimo comienza por vocal, mantiene su forma plena; no obstante no faltan formas apocopadas a medida que avanzan las fechas: Blasco d’Alagon (1284, DocCisterZaragoza2, p. 97), Pedro d’Alacon (1328, DocCisterZaragoza2,  p. 167);  Blasium d’Alagone (1398, DocCisterZaragoza2,  p. 236); en ocasiones la preposición se une gráficamente con el topónimo: Joan Dalagon (1495, PoblAragón2, p. 259).

En la actualidad la presencia del topónimo se encuentra repartida en dos de las provincias aragonesas, en las que aparece indistintamente como primer apellido o como segundo siempre bajo la forma Alagón (Huesca 72 registros, Zaragoza 24).

 

LA ALMUNIA DE DOÑA GODINA: Para la primera parte del formante, se acepta en general el étimo árabe AL-MUNYA ‘huerto, granja’ (Corominas 1991: s.v.). La documentación histórica es escasa y tardía, sólo encontramos veintiocho registros, algunos de ellos repetidos. Su atribución es dificultosa pues en Aragón han existido, al menos, cinco núcleos de población con este nombre, cuatro en la provincia de Huesca[11] y uno en la de Zaragoza. Ello obliga a excluir determinados ejemplos, considerando sólo aquellos recogidos en documentación de la provincia de Zaragoza[12]. El primer registro encontrado data de mediados del s. XIII: Iohanni de l’Almunia (1246, CDAlmunia, p.145), que junto con Petro d’Embit in l’Almunia (1259, CDAlmunia, p. 258) y Domingo de l’Almunia (1283, CDConcejoZaragoza2, p. 266) son los únicos en esta centuria. En el segundo caso (Petro d’Embit in l’Almunia) la posición del topónimo, precedido de otro que funciona como primer elemento identificador hace dudar de su función antroponímica. La escasez de datos es semejante en el s. XIV ya que sólo aparece un registro: Sancho Pereç del Almunia (1327, DocMontalbán1, p. 166). En el s. XV encontramos los ejemplos restantes.

         En todos los casos el significante del topónimo presenta las formas Almunia/Almunya con variante gráfica y, sin la especificación de Doña Godina debido a la tendencia existente en las lenguas a la simplificación, que en el caso de la antroponimia parece más necesaria.

         La preposición de aparece en la mayoría de los casos como elemento de unión con su forma plena (Pero de Almunya, 1495, PoblAragón2, p. 20), sin embargo, la forma del artículo, en principio femenino (Anthon de la Almunia, 1495, PoblAragón1, p. 69), sufre algunas modificaciones:

· pérdida de la vocal (Bernat de l’Almunya 1495, PoblAragón1, p. 7)

· contracción con la preposición (Miguel del Almunya, 1495, PoblAragón2, p. 21)

· desaparición (Miguel de Almunya, 1495, PoblAragón2, p. 21)

· cambio de género y pérdida de la preposición (Pero el Almunya, 1495, PoblAragón2,

 p. 21).

         La documentación contemporánea es muy abundante en la provincia de Huesca, pero las razones expuestas anteriormente aconsejan no considerarla. En la provincia de Zaragoza, los datos son escasos pues sólo se recogen cinco registros, en todos ellos el topónimo aparece bajo la forma Almunia.

 

BELCHITE: Madoz (1850: s. v.) relacionó este topónimo con la ciudad íbera o celtíbera de Bellia. La única propuesta etimológica encontrada hace proceder el término del lat. BELLA CIVITA ‘ciudad hermosa’[13]. La documentación recogida muestra que el uso antroponímico de este nombre de lugar posee una corta vitalidad ya que reduce su presencia a los ss. XII-XV y después desaparece. En la actualidad no existen apellidos formados sobre este topónimo.

 En los ss. XII-XIII el funcionamiento antroponímico presenta varias posibilidades: · primer elemento identificador con preposición (Galin de Belgit 1151,

 CDConcejoZaragoza1, p. 97; Guillen de Belchit, 1204, CDAlmunia, p. 283)

· sin preposición (Petro Belgit, 1190, CDGrisén, p. 721; Petro Belgit, 1204, CartAliaga,

 p. 69)

· segundo elemento precedido de patronímico (Galindo Sanz de Belgit, 1119, CDConcejoZaragoza1, p. 84;  Examinus Lopiz de Belxit, 1276, DocMontalbán2, p. 289).

Es destacable el uso del topónimo como nombre de bautismo que aparece en don Belgit (1220?, CartAliaga, p. 69)[14]. En el s. XIV el número de ejemplos desciende de forma considerable; la mayoría de los casos aparece sin preposición (Domingo Belchit, 1334, DocReconquista, p. 173), y se documenta ya aplicado a pobladores de origen musulmán (Çalema Belchit, 1334, DocReconquista, p. 173). En el s. XV aparecen solamente tres registros: Miguel de Belchit (1449, DocTrabajoZaragoza1, p. 16), Miguel de Belchite (1468, FalcónArchZaragoza, p. 226) y Jayme de la Belchita (1495, PoblAragón1,  p. 396).

Las vacilaciones gráficas en el significante del topónimo indican alternancia en las soluciones fónicas del fonema palatal. Como indica Alvar (1973: 33) ejemplificando con este mismo topónimo, la africada sonora se ensordeció en aragonés y produjo ch en aquellos casos en los que el castellano tiene hoy j, lo que explica la alternancia entre registros del tipo Galindo de Belgit (1179, CDGrisén, p. 77) / Guillelmo de Belchit (1196, CDAlmunia, p. 220) / Petrus de Belxit (1207, CartAliaga, p. 41), grafía x, que representa una pronunciación sorda de la g. Además aparece una grafía latinizante en Galin Xemenz de Belgith (1145, CDHuesca, p.185) y acumulación gráfica en Exemen Lopez de Bellchit (1327, DocMontalbán1, p. 149).

La preposición de como elemento relacionante desaparece en bastantes casos ya en los  ss. XII-XIII y en el s. XIV predomina la aposición del topónimo.

 

BORJA: R. Lapesa (1981: 141) propone en la etimología de este topónimo la raíz BURG ‘torre’ de procedencia árabe; Frago (1980: 50) considera el lexema vasco-ibérico BUR- ‘altura, cabezo’[15].

         La documentación histórica es abundantísima, se recogen más de ochenta registros[16]. Los primeros datos aparecen en el s. XII: Geraldus de Borga (1141, DocReconquista, p. 572);  Geraldus Bertrandus de Borga (1139, DocReconquista, p. 565); Orti Ortiz in Borga (1124, DocReconquista, p. 536). En el s. XIII se encuentran también numerosos ejemplos: Martín de Boria (1203, CDHuesca, p. 594), Iacobi de Burgia (1264, CDGrisén, p.772). En los ss. XIV y XV el número desciende paulatinamente: Matheo Borga (1384-1387, MorabedíTeruel, p. 67); Domingo Borja (1495, PoblAragón1, p. 387),  y en el s. XVI sólo se recoge un ejemplo dudoso: Bernat Borges (1562, DocTrabajoZaragoza1, p. 335).

         El significante del topónimo presenta numerosas variantes gráficas. La palatal africada sonora se representa:

· con grafia i latina (Garsia de Boria, 1179, DocAlmudévar, p.153)

· con y (Michael Lopis de Borya, 1259-1284, DocDiplAragón,  p. 240)

· con j (Martinus de Borja, 1175, CDConcejoZaragoza1, p. 104)

· con g (Geraldus de Borga, 1141, DocReconquista, p. 572)

· con grafía doble gi (Bartholomeum de Borgia, 1281, CDConcejoZaragoza2, p. 151).

Así mismo se produce vacilación vocálica en la raíz del topónimo (Eximeno de Borgia, 1193, CDGrisén, p. 726[17]; Martinus de Burgia, 1174-1175, DocCisterZaragoza1, p. 519).

         La preposición de está presente en la mayoría de los casos como elemento de unión entre el nombre de pila y el topónimo (Iacobi de Burgia,1264, CDGrisén, p.772) o entre el nombre y el patronímico (Petri Ximeniz de Borja, 1216, CDConcejoZaragoza2, p. 201). Determinados registros requieren algún comentario más detallado:

· Iohan de Pedriç de Boria (1193, CDGrisén, p.726) muestra la  duplicación de la preposición entre los dos elementos individualizadores.

· Stephanus de la Borja (1257, CDConcejoZaragoza1, p. 189) indica la incorporación de la forma femenina del artículo.

· Johan de las Borjas (1495, PoblAragón1, p.72) presenta la forma plural de artículo y topónimo.

· Maestre Borja (1495, PoblAragón1, p.75) es también destacable, donde el topónimo figura como nombre de bautismo[18].

         La documentación contemporánea muestra la existencia del topónimo en la actualidad (Huesca 28 registros, Teruel 11 y Zaragoza +100) y refleja la variedad gráfica  y formal señalada anteriormente; así se encuentran las formas: borja, boria, borgia, borgas, laboria, taborja, de borja o compuestos como borjabad, borjarad.

 

CALATAYUD: topónimo de procedencia árabe formado sobre el sustantivo QALAT, más el nombre de persona AYUB ‘castillo de Ayub’[19]. La documentación histórica es abundante y se reparte a lo largo de los ss. XII al XVI. Los primeros registros datan de 1128 (Abindinar de Calataiub, 1128?, DocReconquista, p. 547 y Dod de Calataiub, 1128, DocReconquista, p. 547), pero es a partir de mitad del s. XII cuando el topónimo comienza a aparecer como identificador con una frecuencia considerable (Gervas de Calataiub, 1151, CDHuesca, p. 214; Gaufred de Calataiub, 1164, CDConcejoZaragoza1, p.101)[20]. En el s. XIII su presencia es muy abundante, predominan los casos en los que aparece después del nombre de pila (Batholomeo de Calataiub, 1234, DocJaimeI, p. 338; Portolesium de Calatayud, 1281, CDConcejoZaragoza2, p. 165), aunque también se encuentran ejemplos después del patronímico (Iohan Perez de Calataiub, 1281, CDConcejoZaragoza2, p. 155). En el s. XIV los registros son menos abundantes, no obstante se encuentran algunos: Pedro de Calatayud (1337, DocCisterZaragoza2, p.182); Petro Sancii de Calataiub (1315, CDAlmunia, p. 273). De los ss. XV y XVI son muestra: Johan de Calatayud (1495, PoblAragón1, p. 135) y Luys de Calatayud (1571, DocTrabajoZaragoza1, p. 382).

         La etimología árabe del topónimo produce un amplio número de variantes gráficas. En la palatal africada sonora se documenta la alternancia de grafías i / y (Pere de Calataiub, 1279, CDConcejoZaragoza2, p.107 / Portolesium de Calatayub, 1281, CDConcejoZaragoza2, p.155). La dificultad articulatoria de la consonante final -b, poco frecuente en castellano, da lugar a la aparición de distintas formas:

· -f (Lario de Calatayuf, 1384-1387, MorabedíTeruel, p. 24)

· -d (Iohannes de Calatayud, 1263, DocCisterZaragoza2, p. 80)

· -t (Johan de Calatayut, 1495, PoblAragón1, p. 264)

· pérdida de la consonante (Petro de Calataiu, 1283, DocMontalbán2, p.228)

· paragoge vocálica:

-vocal –e  (Iofre de Calataiube, 1152?, CDHuesca, p. 219)

-vocal –o  (P. de Calataiubo, 1280, CDConcejoZaragoza2, p. 137)

-diptongo –io (Iohannis de Calataiubio, 1281, CDConcejoZaragoza2, p. 178)

· grafía latinizante ‑h- (Johan Calathayud, 1495, PoblAragón1, p. 21)

         En los primeros registros se documenta algún caso con la preposición  in como elemento de relación (Tarino in Calataiub, 1188, CDConcejoZaragoza1, p. 112), pero en la mayoría de los ejemplos predomina el uso de la preposición de, frente a la aposición que sólo se documenta en dos ocasiones y tardíamente (Domingo Calatayud, 1495, PoblAragón2, p. 119 y Mari Calatayud, 1495, PoblAragón2, p. 29).

         En la actualidad el topónimo se encuentra en las tres provincias aragonesas (Huesca 4 registros, Teruel 10 y Zaragoza 48) y aparece bajo la forma Calatayud.

 

CARIÑENA: Derivado del nombre latino de persona CARINIUS, seguido del sufijo vasco –eno, -en, -ena utilizado para formar derivados de apelativos o con valor posesivo; así Cariñena significaría ‘de Carinius’ (Lapesa 1981: 34-35).

         La documentación histórica es escasa y desigualmente repartida a lo largo de los siglos. El primer registro (Petrus de Carinena, 1197, CartAliaga, p. 30) data de finales del s. XII y es el único hasta el s. XIV donde recogemos de nuevo un sólo registro en el cual  el topónimo aparece después del patronímico (Oria Lopez de Caranyena, 1311, DocStClaraHuesca, p. 610). La gran mayoría de ejemplos corresponde al s. XV y en casi todos ellos aparece como primer elemento identificador (Bertol de Carinyena, 1495, PoblAragón2, p. 14; Miguel de Carinyena, 1495, PoblAragón2, p. 153). Sólo se encuentra un caso (Mossen Carinyena, 1495, PoblAragón1, p. 79) en el que aparece como nombre de pila[21]. El último registro encontrado (Maria Carinyena, 1554, DocTrabajoZaragoza1) corresponde al s. XVI.

         En el primer significante citado se atestigua para la palatal la grafía n sin tilde. El resto de ejemplos, mucho más tardíos, presentan uniformidad gráfica: en todos ellos se halla el dígrafo –ny- propio del oriente peninsular (Jaime de Carinyena, 1491, PoblAragón1, p. 340).

         El uso exclusivo de la preposición de como  elemento de relación, alterna con la aposición del topónimo (Alfonso de Carinyena, 1495, PoblAragón2, p. 15 / Domingo Carinyena, 1495, PoblAragón2, p. 147).

         En la actualidad, el topónimo aparece mayoritariamente en la provincia de Zaragoza (31 registros) frente a un único caso en Huesca y la ausencia de ejemplos en Teruel. Su forma es siempre Cariñena en aposición al nombre propio.

 

CASPE: Fort (1984: 566) se refiere a este topónimo de origen prerromano relacionándolo con el oscense Aspes que, según Hubschmid (1960: 457 y 478), se remonta al vasco aitz ‘peña’ unido a –pe ‘debajo de’, así su significado sería ‘debajo de la peña’.

La documentación histórica no es abundante. Salvo el primer registro, dudoso, de la primera mitad del s. XIII (Fortunio de Caspo, 1229, DocSigena, p. 193), el topónimo aparece en este período después del patronímico (Garcia Perez de Casp, 1283, CDConcejoZaragoza2, p.228; Pero Lope de Casp, 1275, DocMontalbán2, p. 286). Tras el paréntesis del s. XIV, el s. XV muestra abundancia y variedad de casos:

· primer elemento identificador (Jayme de Casp, 1495, PoblAragón1, p. 170)

· segundo elemento identificador con duplicación de la preposición (Pero de Fanlos de Casp, 1495, PoblAragón1, p.135)

· nombre de bautismo[22] (Casp, 1495, PoblAragón2, p. 50)

· posible apodo (El Casp, 1495, PoblAragón2, p.28)

En varias  ocasiones el topónimo se utiliza referido a habitantes musulmanes (Mahoma de Casp, 1495, PoblAragón1, p.101).

En el s. XVI solamente aparece un registro (Matheo de Caspe, 1581, DocTrabajoZaragoza1, p. 457).

         El significante del topónimo presenta algunas variantes: la más frecuente carece de vocal final -e (Domingo de Casp, 1495, PoblAragón1, p. 34); la forma actual sólo aparece en nuestras fuentes a partir del s. XV (Matheo de Caspe, 1581, DocTrabajoZaragoza1, p. 457). El artículo árabe unido al topónimo se encuentra en los ejemplos referidos a habitantes musulmanes (Brahen  Alcasp, 1495, PoblAragón1, p.  27) entre los que también aparece la forma con sufijo –INU con valor de gentilicio (Yuce el Caspino, 1495, PoblAragón2, p. 13).

La preposición está presente e invariable en todos los registros de habitantes cristianos (Johan de Casp,1495 PoblAragón2, p. 319), sin embargo en los antropónimos de la población árabe se observan variaciones:

· forma compuesta por preposición, artículo árabe y topónimo (Yuce d’Alcasp, 1495, PoblAragón1, p. 27)

· pérdida de la preposición en la misma forma compuesta (Brahen  Alcasp, 1495, PoblAragón1, p.  27)

· incorporación del artículo masculino castellano y contracción con la preposición (Mahoma del Casp, 1495, PoblAragón2, p. 298)

· uso del artículo en apodos y gentilicios (Brahen el Caspino, 1495, PoblAragón2, p. 13)

En la actualidad no existen apellidos formados sobre este topónimo.

 

DAROCA: Madoz (1850: s.v.) señaló el origen desconocido de este topónimo y le atribuyó dos etimologías posibles: la raíz oriental DAROK/DAREK ‘camino, senda, calle’, o bien procedente de DAR ‘casa’ seguido de un nombre de ciudad AUCA como ‘casa de Auca’.

         La documentación histórica es abundante y se reparte de forma regular entre los ss. XII al XV. Los primeros registros datan de mitad del s. XII (Guiralt de Darocha, 1166, CDHuesca, p. 255; Garsias Fortuniones de Daroca, 1147, DocReconquista, p.583) donde el topónimo aparece como primer elemento identificador o como segundo. En este siglo la abundante presencia de registros con la preposición in puede ser interpretada como una huella de usos anteriores ligada a cargos o posesiones; en ocasiones se da una clara  alternancia de las preposiciones in y de (Sancio Necones in Daroca, 1141, DocReconquista, p. 604 / Santio Necons de Daroca, 1148?, DocReconquista, p. 623). Aparece también  la aposición del topónimo al nombre de pila (F. Daroca, 1196, GargalloTeruel, p. 273). En el s. XIII los ejemplos son abundantes, todos ellos con preposición ya sea después del nombre (Ferrandum de Darocha, 1208, DocTeruel, p. 70) o del patronímico (Eximinus Petri de Daroca, 1237, DocJaimeI, p. 18). En el s. XIV desciende el número de registros, pero no faltan ejemplos: en aposición (Pero Daroqua, 1384-1387, MorabedíTeruel, p. 39) o con preposición después del patronímico (Ramon Perez de Daroqua, 1384-1387, MorabedíTeruel, p. 34). Se documenta también el uso del gentilicio después del nombre (Martín Daroquano, 1384-1387, MorabedíTeruel, p. 214). En el s. XV los ejemplos son abundantes: Miguel de Daroqua (1495, PoblAragón1, p. 238); Domingo Daroca (1495, PoblAragón1, p. 292) entre otros.

         El significante del topónimo presenta algunas variantes:

· tendencia latinizante en la grafía –ch- (Sango de Darocha, 1179, CDGrisén, p. 707)

· ultracorrección en la grafía –qu- (Paulo Daroqua, 1495, PoblAragón1, p. 100)

· grafía actual –c- (Egidio de Daroca, 1282, CDConcejoZaragoza2, p. 189)

Se recoge además, un ejemplo con forma latinizada en genitivo (Geraldus Daroce, 1211, DocCisterZaragoza2, p. 9) y una forma con sufijo ‑ANUS con valor de gentilicio (Martín Daroquano, 1384-1387, MorabedíTeruel, p. 16).

         Exceptuando los casos de preposición in, la aposición del topónimo y la presencia de preposición de alternan con predominio de ésta desde los primeros registros, no obstante el número de casos con preposición desciende en los ss.XIV-XV en favor de la aposición.

         En la actualidad se encuentra el apellido Daroca en las tres provincias aragonesas, con mayoría de ejemplos en la de Zaragoza (28 registros), Teruel (12) y Huesca (1).

 

 

v     CONCLUSIONES:

 

         De acuerdo con los datos de las poblaciones enumeradas, todos los significantes toponímicos estudiados han dejado huellas en la antroponimia aragonesa medieval que en su mayoría perduran hasta la actualidad.

         Cronológicamente se observa que este tipo de formaciones antroponímicas se documenta en Aragón desde principios del s. XII, aunque su uso se acrecentó considerablemente en la segunda mitad y especialmente en el s. XIII.

         El análisis de los datos muestra que, en general, los topónimos pueden formar parte de la designación bien sea como primer elemento identificador o como segundo después del patronímico. Más raramente se utilizan como nombre de pila y, asimismo, el uso del gentilicio es poco frecuente.

         En los aspectos formales, lo más reseñable, además de las alternancias gráficas  como las señaladas a propósito de Belchite o Borja, es el uso de la preposición, que muestra alternancia en los primeros tiempos, de / in. Ambas se emplean para indicar el lugar de origen o residencia, además la segunda parece utilizarse especialmente para la alusión al desempeño de cargos. Posteriormente se aprecia la presencia exclusiva de la preposición de que tiende a desaparecer después del s. XV.

 

                                                                                     Rubén Gutiérrez Sanz

                                                                              (Zaragoza, octubre de 2004)


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

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Ubieto (1972): A. Ubieto Arteta, Toponimia Aragonesa Medieval. Valencia, Anubar.

 

 

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thalithaqumi

Zaragoza, noviembre 2004

 



[1] La primera versión de este trabajo, en la que además se incluyen las fuentes de las que se han extraído los datos, fue presentada en el V Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española celebrado en Valencia en febrero de año 2000 y publicada por la editorial Gredos en las actas del mismo.

[2] Una  buena  recopilación se puede encontrar en los trabajos de V. Lagüéns Gracia, Rosa Castañer Martín,

J. M. Enguita Utrilla, y Mª Antonia Martín Zorraquino recogidos en Enguita (1999).

[3] Posibles enfoques del estudio de materiales antroponímicos se pueden encontrar en Frago (1976).

[4]A este respecto, por ejemplo, Fort (1992) en una colección diplomática de Obarra (siglos XI-XIII) documenta el uso del lugar de procedencia o residencia unido al nombre de bautismo; en sus datos esta forma de designación se aproxima al 6% de los registros.

[5]  Así mismo, Falcón (1997) señala el predominio de los apellidos derivados de topónimos en un análisis de nombres de bautismo sobre un corpus de s. XV extraído de archivos zaragozanos.

[6] En Ley 8/1996, del 2 de diciembre · (B.O.A. núm. 145, 11-12-96). Las localidades propuestas en dicha ley como cabecera deben ser refrendadas todavía por el resto de las que integran la comarca.

[7] Los términos seleccionados son los siguientes: Alagón, La Almunia de Doña Godina, Belchite, Borja, Calatayud, Cariñena, Caspe y Daroca, éste último no fue incluido en la primera versión por razones editorial.

[8] Además, Frago (1980: 22) apunta la posible presencia en esta voz de un lexema hidrónimo *AB (A), indoeuropeo o preindoeuropeo relacionado con la segunda base propuesta por Corominas. En la GEA (1982: 279-281) se indica el vasco ALAGUNE con el mismo significado que alago.

[9] El registro Oriulfo de Alaone (954-1031, DocRibagorza, p.133) corresponde muy probablemente al topónimo ribagorzano Alaón; quizá también Marie Alaonis (1105, CDPedroI, p. 418).

[10] Las siglas manejadas en los registros de este trabajo se reproducen en el anexo  y corresponden a las utilizadas en el citado proyecto PatRom.

[11] Almunia de Pedruel (p.j. Boltaña), Almunia de don Ferrando (p.j. Huesca), Almunia de San Juan (p.j. Tamarite de Litera) y Almunia de illa Regina (p.j. Sariñena) recogidos en Ubieto (1972: 29-30).

[12] Cuando un topónimo se repite en varias provincias, el criterio para determinar la procedencia del apellido es la proximidad geográfica, relacionando la documentación con el lugar más cercano. Vid. Díez Melcón (1957: 233). No obstante, no es posible descartar que alguno de los registros excluidos pudiera proceder del topónimo zaragozano.

[13] GEA (1982: 279-281). Existen dificultades fónicas importantes para aceptar esta procedencia.

[14] Fort (1992: 973) indica cómo algunos antropónimos godos documentados corresponden a los nombres de pueblos e indican el origen particular de un individuo, p. ej. Galindo natural de la región de Galinden en la Prusia Oriental.

[15] Además, Marco (1978: 159-164) lo incluye entre los topónimos preindoeuropeos. Corriente (1987: 78) recoge Alborge ‘la torre’ con la misma raíz BURG- entre los topónimos descriptivos que hacen referencia a un rasgo físico del lugar.

[16] El más antiguo es Almergarde de Burges (1135, DocReconquista, p. 579) que Alvar (1987: 153) relaciona con la ciudad francesa de Bourges en el departamento de Cher. El citado topónimo francés obliga a descartar algunos ejemplos y a dudar de otros como: Iohannis Burge (1158, DocReconquista, p. 640), Arnalt Burgera (1376, AlvarDocJaca, p. 230), Berengarii Burgeti (1225, DocJaimeI, p. 145) o Freminus Burgensis (1241, DocJaimeI, p. 101), forma simple, formas sufijadas y gentilicio respectivamente. No obstante BURGE y BORGES son variantes medievales para la denominación de la actual Borja recogidas por Ubieto (1972: 64).

[17] La secuencia Eximeno de Borgia filius de Iohan Pedriç de Boria indica que el detoponímico puede usurpar la función distintiva del patronímico convirtiéndose en el primer y único elemento identificador. Un proceso similar es señalado por Frago (1976: 84) respecto a los apodos.

[18] Ver nota nº 13.

[19] Cfr. Lapesa (1981: 141), Corriente (1987: 78).

[20] Son casos dudosos los ejemplos como segundo identificador, Garcia Sançiz Calata (1110, DocReconquista, p. 531) y Petro Habibi de Calatayud (1155, DocReconquista,  p. 593)  por la apócope y mezcla de elementos árabes y castellanos respectivamente.

[21] Ver nota  nº 13.

[22] Ver nota  nº 13.