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CURAS EN LOS COMITÉS DE ÉTICA
ASISTENCIAL
Por Francisco
Puig Puigdengolas
Licenciado en Teología, máster en Gerontología y máster en Bioética,
responsable del Departamento de Formación en el Centro de Humanización de
De
Los Comités de Ética Asistencial (CEAs) son un órgano de carácter consultivo y
entre las funciones expresamente excluidas de su competencia está la toma de
decisiones vinculantes o el subrogarse en la responsabilidad de quien presenta
una consulta. Es decir, las decisiones de carácter clínico le corresponden al
médico siempre. El Comité tan solo emite informes no vinculantes a solicitud de
un profesional que desea consultarle sobre aspectos éticos. No puede tampoco
juzgar la corrección o incorrección ética de la actuación de un profesional.
Respecto a su composición, suele ser plural; es decir, médicos, enfermeras,
psicólogos, trabajadores sociales, juristas, expertos en bioética, miembros
“legos” ajenos a la institución, etc. En aquellas instituciones en las que se
cuenta con asistencia religiosa católica, los curas suelen pertenecer a los
CEAs. Entre otras cosas, porque no es fácil encontrar a personas disponibles
para participar en esos grupos, y los curas suelen estarlo.
En los hospitales públicos rige un Acuerdo Iglesia-Estado sobre Asistencia
Religiosa Católica en los Centros Hospitalarios Públicos de 1985, que se
enmarca en los acuerdos entre el Estado y
¿Deben los curas formar parte de los Comités? La tradición ha atribuido al
clero cierto halo de “expertía” en el manejo de los temas morales. De algún
modo, la sociedad reconocía a los sacerdotes el papel de “guía moral” o
depositarios de la verdad moral. Hoy, en
La pregunta sobre si deben los curas formar parte de los Comités podría
reformularse en estos términos: ¿qué curas en los Comités? Si son curas que se
sienten en posesión de la verdad moral, es mejor –mucho mejor- que no formen
parte de los CEAs. El sacerdote –el creyente, en definitiva- que quiera tener
cierta “autoridad” en temas de bioética y asistencia a la persona enferma,
deberá ser creíble por sus actos, por su formación seria y rigurosa en
bioética, por su talante abierto y dialogante, por su capacidad de reconocer en
el otro, en el que no piensa como él, su “pedazo” de verdad moral, por su
capacidad de trabajar en equipo como iguales. Si el cura es así, entonces
resultará evidente al resto de los miembros del Comité, que debe seguir
perteneciendo al mismo. Y lo será no en cuanto sacerdote, sino en cuanto
persona.
Porque, de hecho, los miembros del Comité lo son a título personal y no en
razón de su cargo; es decir, cuando un médico habla en un Comité no representa
a los médicos, ni cuando una enfermera habla lo hace en nombre del colectivo de
enfermería; no es así en los CEAs, sino que, al contrario, cada uno habla desde
su experiencia y opinión personalísima. Así, nadie puede pretender ver en la
opinión de un médico la opinión de
El problema es que, en general, pocos –muy pocos- sacerdotes tienen formación
en bioética, en habilidades de comunicación con el paciente, en enfermería, en
pastoral de la salud. La falta de preparación del clero español en estos temas
es alarmante. Y, en muchos casos, por esa posición del falso sabio para quien
no es necesario saber otras cosas si se sabe de una sola. Y como saben mucho de
“cosas de
Por tanto, el sacerdote en el Comité, sí y no. Sí, en cuanto experto en
bioética y no en cuanto representante de una confesión religiosa. Lo que los
CEAs necesitan son personas abiertas al diálogo, prudentes y con conocimientos
en bioética. Sean o no curas. A efectos del Comité, la condición de uno de sus
miembros (casado o soltero, hombre o mujer, cura o laico) debería ser
irrelevante. Porque además, otras confesiones religiosas tienen todo el derecho
a reclamar que, si hay curas en los Comités en calidad de representantes de una
confesión, también haya representantes de la suya.
En esta polémica que os ocupa, toca reconocer el importantísimo papel que la
institución eclesial ha jugado y juega en la asistencia sanitaria en nuestro
país. Y, desde esa valoración positiva, explorar caminos en pos de una sociedad
más democrática y participativa. Ello implica ir implementando el principio de
una sana e incluyente laicidad, que respete el hecho religioso como fuente de
valores e impulse el diálogo cívico en busca de puntos de acuerdo laicos en los
que todos, independientemente de nuestras creencias, podamos vernos reflejados.
Y la inclusión de sacerdotes en los Comités en virtud de un Convenio no camina
en esa dirección. Camina más bien en la dirección contraria.
Publicado en la revista “Humanizar”
en mayo de 2008
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