PLAZA MAYOR
----------------------------------------------------------------------------Embriones congelados
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Sigue siendo normal y natural que una
pareja que se casa, o que simplemente se ama y comparte su vida, quiera tener
descendencia, es decir, prolongar su amor a través de los hijos. Y para ello siempre se ha utilizado la unión
sexual como método natural. Pero cada
vez se están dando más casos en nuestra sociedad, en los que esta unión sexual
no produce los frutos apetecidos, es decir, no se llega al embarazo, por lo que
hay que recurrir a otros métodos, llamados técnicas de reproducción asistida.
Existen unas clínicas, llamadas de
Fecundación In Vitro (FIV) donde lo que no se puede conseguir de forma natural,
se alcanza de forma artificial. Los
médicos fecundan muchos óvulos para tener garantías de que esta fecundación in
vitro será un éxito. Así, se implantan
en el útero de la mujer dos o tres óvulos fecundados y el resto se congelan
para utilizarlos en posteriores embarazos.
La ciencia, como en muchos casos de
nuestra vida, viene en ayuda de lo que la naturaleza no puede conseguir por sí
sola. Pero de estas actuaciones surgen
preguntas y, ¿por qué no?, también problemas para quien tenga sensibilidad
ética. O, simplemente, para quien le
importe la vida humana, porque se calcula que en nuestro país hay alrededor de
30.000 embriones congelados.
Todo el problema gira alrededor del
embrión congelado, metido en un frigorífico.
Hay quienes se empeñan en afirmar que ese embrión no es vida humana. Incluso, astutamente, se llega a tratar ya de
"preembrión" al embrión preimplantado
y sugerir, de paso, que no es propiamente humano. De esta forma, se trata de apartar de la
mente de quien oye esto, la idea de que se trata de un ser humano.
Pero sólo se conoce una manera de
establecer la frontera a partir de la cual empieza a existir un individuo de la
especie humana: en el momento en que el ovocito
es fertilizado por el espermatozoide y empieza un desarrollo
completamente distinto al que había tenido hasta entonces. Si ese desarrollo no se interrumpe, ya sea
por causas naturales o artificiales, tendremos ante nosotros a una persona, un
ser humano nuevo.
La consecuencia principal es que nos
encontramos con, al menos, 30.000 embriones congelados, que llevan así varios
años y a los que se les ha denominado "embriones sobrantes", como si
cualquier ser humano fuera sobrante. El
gobierno propone reformar la ley para que los embriones humanos que lleven más
de cinco años congelados, puedan emplearse en investigaciones con buenos
fines. Se habla sobre las bondades de
estas investigaciones para tratar enfermedades incurables hoy día. Pero, en realidad, los avances científicos
están demostrando las enormes ventajas de las células madre de adulto que no
plantean ningún problema ético a diferencia de las células embrionarias.
No son ajenos los intereses económicos. ¿Qué hacer con tantos embriones humanos
almacenados en los congeladores de las clínicas de fecundación in vitro? Hay que sacarles un rendimiento porque el
almacenamiento sólo produce gastos y de vez en cuando, por alguna
descongelación, se pueden perder embriones.
Evidentemente, la forma de aprovecharlos es utilizarlos para la
experimentación científica, lo cual provoca su muerte.
Y aquí se unen los intereses de las
clínicas FIV, que son las que almacenan los embriones congelados, y presionan
en
Pero, claro, ese material no es una cosa,
sino una persona. Y aquí ya se plantean
serios problemas éticos (para quien dé importancia a la ética) porque hablamos
del respeto a la dignidad de la persona desde el comienzo de su
existencia. Congelar un embrión humano
es detener su ciclo vital y suspenderle la vida, tratándolo como un producto de
consumo. Un "producto" que
puede acabar diseccionado en una sala de experimentación.
La reforma del artículo 4 está redactada
de forma ambigua: "se fecundarán un máximo de tres ovocitos que puedan ser
transferidos a la mujer en el mismo ciclo, salvo en los casos en los que lo
impida la patología de base de los progenitores". Es decir, se establecen una serie de casos en
los que se permite fecundar un número mayor de ovocitos. ¿Quién establece esos casos? ¿Serán las
clínicas de FIV quienes lo hagan? Si
hay excepciones, nuevamente se empezarán a acumular embriones en los
congeladores de estas clínicas.
El negocio de la reproducción humana
asistida es muy sustancioso. Entre el
16% y el 20% de las parejas españolas en edad reproductiva, sufre problemas de
esterilidad. La sanidad pública se ha
ido saturando ante tantas peticiones recibidas.
Incluso hay listas de espera de más de dos años, mientras que el periodo
reproductivo de las mujeres va pasando.
Así, muchas parejas recurren al sector privado, donde un ciclo completo
de fecundación in vitro puede costar de
A esto, hay que añadir que, aunque hay
cifras oficiales de la cantidad de embriones congelados, es difícil saber el
número exacto porque nadie se ha molestado en hacer un censo. Las clínicas informan de lo que quieren,
y la ausencia de control puede suponer
una puerta abierta al mercado negro de embriones, sobre todo si se aprobara una
ley que permitiera experimentar con ellos.
Pero no hace falta sólo pensar en el
futuro. ¿Qué hacer ahora con los
alrededor de 30.000 embriones congelados que se almacenan en las clínicas de
FIV? La congelación ha llevado a un
callejón sin salida. Miles de embriones
esperando ¿qué? Tres pueden ser las
soluciones: a) aun siendo un proceso muy complejo, es el éticamente más
correcto, adoptarlos, es decir, devolverlos al útero para que sigan su normal
desarrollo; b) utilizarlos como cobayas humanas, así las clínicas FIV tendrán
material barato para la experimentación (pero sin olvidar que los tejidos
humanos que se pueden crear a partir de los embriones, pueden desarrollarse a
partir de cualquier célula madre);c)
simple y llanamente, quemarlos, como en el Reino Unido.
Espero
equivocarme, pero me temo que prevalecerá el negocio, como tantas veces
ocurre. ¿Dónde queda la ética, el
respeto a la persona, sobre todo cuando más débil es? Dentro de no mucho tiempo lo comprobaremos
con las decisiones de un Gobierno, temeroso de que le tachen de reaccionario y
antiprogresista, y el cumplimiento que de ellas hagan los directamente
implicados.
RAFAEL-ANTONIO FLETA
SORIANO
thalithaqumi
Zaragoza,
septiembre 2003