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PLAZA MAYOR
Relación del libro del Éxodo con el libro
del Apocalipsis.
Influencias de las plagas de Egipto en los
castigos del Apocalipsis
Juan, autor del Apocalipsis, hace suya la confesión
de fe judía: “El Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo poderoso, en
medio de gran temor, señales y prodigios; nos condujo a este lugar y nos dio
esta tierra, que mana leche y miel” (Dt 26,8-9). Juan comparte también este modo de entender
el éxodo. El creía, al igual que los
demás judíos, que el éxodo hizo realidad la salvación de Israel por Dios, el
juicio divino sobre los opresores y la concesión de una herencia a aquel
pueblo.
Pero Juan se aparta de los judíos en su manera de entender el éxodo al
proclamar que aquello más que un hecho histórico, fue una esperanza que se
cumplió en Cristo, una acción constante de Dios en beneficio de su pueblo. Así, en medio de las imágenes apocalípticas
de su libro que nos hablan de la lucha y el mal cósmicos, es posible detectar
su convicción acerca del significado permanente del éxodo: Dios es también
ahora redentor de su pueblo, el juez de los opresores y el garante de una
herencia eterna.
Juan se propone narrar en el Apocalipsis una teología de la
historia. Intenta confortar a una
Iglesia perseguida y exhortarla a permanecer en su fe y robustecerla. Esta
situación de la Iglesia perseguida tiene su paralelo con el pueblo perseguido y
oprimido en Egipto. Si Roma personifica
aquí una oposición radical a los planes salvadores de Dios en cuanto se opone a
los cristianos y los persigue, antes fue el faraón quien se opuso a Dios
negando la libertad a su pueblo. En la
consideración del autor, la historia universal le ofrece la perspectiva
siguiente: los hombres rehusan dar a
Dios el culto debido; se rinden ante los ídolos (Ap 9,20-21) y persiguen a la
comunidad cristiana. El contrapunto es
el juicio divino, expuesto en una serie de catástrofes o plagas, que culminará
en el juicio final definitivo. Se
diferencia con el libro del Exodo en que
éste no tiene un juicio final definitivo, pero coincide estrechamente con los
castigos divinos.
El uso del tema del Éxodo en el Apocalipsis es un ejemplo de
interpretación tipológica.[1] La tipología en la Biblia es una perspectiva
profética que se expresa en forma literaria cuando se emplean las concepciones,
episodios, descripciones y lenguaje acuñados por la tradición a propósito de
las antiguas acciones redentoras de Dios para describir su acción redentora
constante. El uso que el Apocalipsis
hace del tema del Éxodo pertenece a esta modalidad. Esta tradición le sirve a Juan no sólo como
esquema ordenador de sus visiones o como una mera fuente de detalles
ilustrativos para presentar su profecía.
Para Juan el Éxodo es el acontecimiento que ordena y configura su propia
esperanza. A fin de entender el
significado de la redención, las consecuencias de la opresión que sufre el
pueblo de Dios y el contenido de la herencia cristiana, Juan recurre a las
intenciones y a la actividad de Dios tal como se revelaron por vez primera en
el Éxodo. Todo esto, dice Juan, es “lo que tiene que suceder en breve” (Ap
22,6).
El Apocalipsis presenta tres series de siete plagas que se producen al
abrir los siete sellos, al hacer sonar siete trompetas y al derramar las siete
copas. Cada una de estas series aventaja
a la anterior en intensidad, pero aun dentro de cada serie, es evidente que se
da cierto progreso. Las tres series
están conectadas unas a otras, dado que la apertura del séptimo sello señala el
momento de tocar las trompetas, y el toque de la séptima trompeta es la señal
para empezar a derramar las copas de la ira de Dios. Estas plagas de las copas representan el
juicio de Dios sobre la naturaleza y la humanidad, y son a la vez una expresión
y reflejo de aquellas plagas del Éxodo con las que se intentaba ablandar el
corazón del faraón. Ahora, en el libro
del Apocalipsis, las plagas buscan mover a los hombres a la penitencia y
conversión (Ap 14, 7). Los castigos de
estas dos series, trompetas y copas, reproducen de cerca las diez plagas de
Egipto, las cuales atacaron sólo a los egipcios que oprimían al pueblo de Dios
hasta casi llegar a exterminarlo, pero ningún daño causaron a los israelitas[2]. De la misma forma, las plagas del Apocalipsis
hieren a los paganos sumidos en la idolatría, incluso la quinta y la sexta
trompeta alcanzan sólo a los hombres que no llevan en la frente el sello de
Dios. Los siervos de Dios, como los
israelitas en Egipto, quedan protegidos aquí por el sello antes de la segunda
serie de plagas.
El estudio del tema del Éxodo en el Apocalipsis puede arrojar una gran
luz para la exégesis de este libro, afirma Angelo Lancellotti[3]. Seguramente, la clave de las grandes visiones
joáneas proviene de los grandes profetas visionarios Isaías, Ezequiel, Daniel y
Zacarías. Pero Juan sigue de manera
libre sus modelos haciendo su propio diseño.
Después de ver todo el esquema del Apocalipsis, parece que Juan tiene
delante el tema del Éxodo y que éste es una llave para una lectura en
profundidad del Apocalipsis.
San Juan no se limita a tomar prestadas del Éxodo las nociones y las
imágenes. Para él, este libro juega una
parte muy importante. Sin desconocer la
influencia de las visiones de Daniel, de Ezequiel y de la apocalíptica judía,
se puede decir que el Éxodo le da los elementos fundamentales y
esenciales. Su influjo se hace sentir en
los pasos más importantes y en las situaciones más decisivas del
Apocalipsis. Desde el inicio san Juan
muestra la historia gobernada y dirigida por el mismo Dios. “Aquel que es, que era y que viene”, el Señor
de los siglos, que se ha revelado a Moisés, que ha escogido y revelado a Israel
para hacerle su pueblo, consagrado a su servicio, dedicado a su culto sobre la
montaña santa. La Iglesia es aquella que
ha heredado esta elección, esta redención y esta consagración. Es el pueblo real y sacerdotal rescatado por la sangre del Cordero “de toda
raza, pueblo, lengua y nación” (Ap 5,9) y marcado con su sello. Expuesta a los
ataques del Dragón y de los habitantes de la tierra, observa los mandamientos
de Dios y da testimonio de Jesús. Sus
miembros, perseguidos y fieles hasta la muerte, pasan de la gran tribulación a
la Jerusalén celeste lavados en la sangre del Cordero. San Juan los ve victoriosos sobre la Bestia,
en pie a la orilla del mar de cristal, réplica celeste del mar Rojo, mientras
cantan el cántico de Moisés, el cántico del Éxodo y el cántico del Cordero.
En
medio de los acontecimientos y castigos apocalípticos, la Iglesia, protegida
por la omnipotencia divina, continúa su camino con la mirada vuelta hacia su
propia historia: la gloria de su boda
eterna con el Cordero en la luz y la pureza de la Nueva Jerusalén. Esta meta hacia la que aspira y se pone en
camino, realiza de un modo trascendente el ideal del Éxodo: la entrada en la
Tierra Nueva retomada en la perfección de la nueva creación y su colocación
definitiva sobre la montaña de Dios, el cumplimiento perfecto de la Alianza con
el Dios Santo y la purificación del pueblo por la tribulación.
“Y el mar no existe ya” dice san Juan (Ap 21,1). Mejor que los días del Éxodo, esta vez de
modo definitivo, el mar, símbolo del mal, es rechazado por Dios. En la tierra nueva, la nueva Jerusalén viene
para establecerse, iluminada por la gloria de Dios y del Cordero.
Parece que con esta aproximación al Éxodo se tiene un elemento
importante para una justa y fecunda interpretación del Apocalipsis. San Ireneo parece haber leído en esta
perspectiva el Éxodo cristiano. Así, en
esta línea escribe: “ Universa quae ex Aegypto profectio fiebat populi a Deo,
typus et imago fuit profectionis ecclesiae, quae erat futura ex gentibus;
propter hoc et in fine educens eam hinc in suam hereditatem, quam non Moyses
quidem famulus Dei, sed Jesus Filius Dei in hereditatem dabit. Si quis autem diligentius intendebat his quae a prophetis dicuntur de fine
et quaecumque Joannes discipulus Domini vidit in Apocalypsi, inveniet easdem
plagas universaliter accipere gentes, quas tunc particulatim accepit Aegyptus”[4]
Prácticamente todos los autores que he podido
consultar, reconocen en mayor o menor medida la influencia del libro del Éxodo
en el del Apocalipsis. Corsini, en su
libro sobre el Apocalipsis[5], reconoce que domina en la estructura del
libro la visión mesiánica de Daniel del Hijo del hombre que viene sobre la nube
del cielo. Pero también hay otros
bloques importantes junto a éste, y uno de esos bloques es, en primer lugar el
éxodo hebraico con todos los sucesos admirables que le han precedido (las diez
plagas de Egipto) y seguido (el paso del mar Rojo, el viaje por el desierto y
la alianza del Sinaí).
Otros autores como Vanni[6] reconocen que entre Éxodo
y Apocalipsis hay contactos evidentes, pero al preguntarse en concreto si el
esquema de las trompetas sigue el de las plagas de Egipto, piensan que la mayor
parte del material que presenta Juan está tomado de otros libros y pasajes del
Antiguo Testamento y siempre reelaborado de manera autónoma.
Beasley - Murray[7] califican el libro del
Apocalipsis, o por lo menos la parte correspondiente como un segundo
éxodo. Pero los juicios y la figura
terrible del Faraón (el Anticristo) que resiste a Dios y oprime a su pueblo, es
desplazada. Como en el libro del Éxodo,
así en el libro del Apocalipsis, el suceso principal no son las plagas sino la
redención que conduce a un nuevo mundo.
Afirman estos autores que la tipología del Éxodo es apta respecto a los juicios y a la
liberación. El paralelo del Apocalipsis
con el éxodo narrativo en el Antiguo Testamento no es accidental sino conciso y deliberado, y en el caso y en
el caso de las cuatro primeras trompetas, explicitado con detalle. Las plagas han servido como modelos que Juan
ha reproducido a mayor escala, universalizado su dimensión y dado un sentido
cósmico. Esto corresponde con el cambio
de situación en la que un opresor egipcio de judíos ha sido reemplazado por un
emperador mundial que persigue a la Iglesia a través de todo el mundo y el
conflicto es visto como el enfrentamiento entre el poder del infierno y el
Señor del cielo. Así como en la
narración del Antiguo Testamento las plagas se van sucediendo contra el tirano
que no obedece a Dios y contra su pueblo, para entrar luego a la tierra
prometida, así el sonido de las siete trompetas sucede para la liberación y
conducción hacia el reino de Dios. Pero
el desarrollo de la tipología del éxodo para describir la salvación misma es
reservada a una parte posterior del Apocalipsis (15, 2ss.).
A través del Apocalipsis, se hace una
referencia directa o indirecta a temas tratados en el Éxodo. Vamos ahora a
tratar de relacionar estos libros según los temas de la redención, la
presentación del juicio y la presentación de la herencia.
Dos pasajes en que Juan presenta la redención cristiana reflejan el
influjo del Éxodo. El primero es el de
Ap 1,5-6, que utiliza el lenguaje del culto.
Esta breve cristología de Jesús como crucificado, resucitado y exaltado
se complementa con tres afirmaciones de alabanza, en que la muerte de Jesús se
presenta como un acto de redención en la línea de la liberación de los judíos
de Egipto, pero superior a ella. Juan
dirige la atención del lector hacia concepciones del Antiguo Testamento sobre
la eficacia y la fuerza de la sangre sacrificial. Jesús es sacrificado como un nuevo y mejor
cordero pascual cuya muerte redentora pone en marcha un nuevo y mayor éxodo.
Esta manera de presentar la redención se desarrolla en un segundo
pasaje, Ap 5,9-10. Que sea el Cordero el
único digno de ejecutar el juicio de Dios mediante la apertura el rollo sellado
depende únicamente de su sacrificio, que, a costa de su sangre, llevó a cabo el
rescate.
La cita de Ex 19,6 en el versículo siguiente revela de nuevo que la
imagen del cordero está matizada en Juan por la tradición del cordero pascual.
En Ap 1,5-6 se presenta la
redención en relación con el pecado personal y con la adquisición de la
dignidad y autoridad de reyes y sacerdotes.
En Ap 5,10 se insiste en una redención más amplia de toda la humanidad
que la lleva a reinar en el reino mesiánico.
En los dos casos, el rescate de un pueblo de entre la humanidad para
constituir el reino y los sacerdotes para Dios se realiza mediante el
sacrificio del cordero y se presenta conforme a un modelo forjado a partir de
la tradición del Éxodo sobre la redención.
Aunque trataré más adelante el
tema de las plagas de Egipto en relación con el juicio y los castigos
del Apocalipsis, ahora lo reflejaré brevemente.
Hay semejanzas estructurales y conceptuales entre las plagas del Éxodo y
los juicios de las trompetas del Apocalipsis.
El sonido de la primera trompeta tiene como consecuencia la lluvia de
granizo y fuego mezclados con sangre sobre la tierra y como consecuencia un
tercio de ésta es aniquilada. Semejantes
consecuencias tuvo la segunda plaga de Egipto.
Las siguientes trompetas van trayendo diversos castigos que siguen,
aunque no en orden , el resto de las plagas.
El uso que hace el libro de la Sabiduría de la tradición que arranca de
las plagas del Éxodo proporcionó a Juan materiales e ideas para una nueva
aplicación de aquellas tradiciones en su forma de presentar el juicio.
En todos estos casos se echa de ver la tendencia de Juan a lo largo de
toda su presentación del juicio (tanto en la serie de las trompetas como en la
de las copas) a aplicar escatológicamente las plagas de Egipto y a
enriquecerlas con los rasgos apocalípticos que les confieren un alcance
universal y una significación definitiva.
La promesa de una herencia es el más complejo de los tres elementos del
tema del Éxodo que Juan se ha apropiado y desarrollado en el Apocalipsis. En
tres pasajes que tienen como rasgo común su localización en el cielo (7,1-17;
14,1-5; 15,1-5), Juan recurre a las tradiciones del Éxodo para presentar el
significado de la herencia cristiana.
Luego, en tres pasajes adicionales (20,1-6; 21,1-8; 21,22-22-5), se
describe el contenido de esa herencia de manera más completa.
Comienza el pasaje con una visión del pueblo de Dios en la tierra, pero
concluye con la visión de una multitud en el cielo. Dos rasgos poseen especial interés. El
“sellado” de los siervos de Dios en la frente.
El modo en que Juan utiliza la tradición de las plagas de Egipto en la
presentación del juicio de Dios sobre los opresores de su pueblo sugiere que el
sellado de los siervos de Dios se inspira aquí en el relato del Éxodo sobre el
modo en que fue protegido Israel contra los efectos de las plagas de Egipto (Ex
9,4; 10,23). Merece notarse sobre todo
cómo Israel fue protegido del ángel de la muerte rociando con sangre del
cordero pascual las jambas de sus puertas (Ex 12,1ss.). El segundo rasgo sobresaliente de este pasaje
relaciona el sellado con una forma de redención que tiene sus precedentes en el
Éxodo, concretamente en el uso de las tribus de Israel como una analogía de la
Iglesia (Ap 7,5-8). En Ap 7,14ss, esta
misma multitud es descrita como integrada por los que fueron redimidos por el
cordero y que gozan de una herencia basada en las promesas del Éxodo.
En Ap 14,1-5, los ciento cuarenta y cuatro mil, que antes fueron
identificados como la Iglesia redimida por el Cordero y que le sirven en el
cielo (7,1-17), aparecen ahora al lado del Cordero, cabeza del pueblo de Dios,
sobre el Monte Sión. Este pasaje combina
las ideas de la vocación sacerdotal y la dignidad regia. Juan tomó estas imágenes de Ex 19,6 y las
utilizó en el Apocalipsis para describir la redención cristiana (1,5-6). Aquí añade una nueva perspectiva sobre el
significado de la herencia cristiana.
Este aspecto adicional de la herencia incluye el conocimiento otorgado a
los redimidos para entonar un “cántico nuevo” (14,3), que se encamina a una
familiaridad íntima y sin obstáculos del redimido con Dios.
En Ap 15,1-5 esta escena celeste de los vencedores que entonan alabanzas
a la orilla del mar está obviamente inspirada en la tradición de los cánticos
de alabanza que entona Israel junto al Mar Rojo (Ex 15). Incluso el orden de la visión sigue
estrechamente el texto del Éxodo. Este
nexo entre el cántico de Moisés y el cántico del Cordero demuestra también sin
lugar a dudas que Juan ve en el Éxodo un paradigma de la redención que ahora
queda ya realzada en Cristo.
En el pasaje de Ap 20,1-6 se describe el destino del creyente como el
cumplimiento de las promesas del Éxodo: “Serán sacerdotes de Dios y de Cristo y
reinarán con él mil años” (v. 6).
En la visión culminante del nuevo cielo y la nueva tierra junto con la
tradición de Jerusalén-Sión como ciudad escatológica de la salvación (Ap
21,1-8), constituye la realización concreta de las promesas que por primera vez
formuló el Éxodo. En Ap 21,3 la ciudad
celeste es descrita como “morada de Dios entre los hombres”. La expresión va más allá de la identificación
de la ciudad porque el hecho de que Dios “ponga su tienda” en medio del pueblo
representa la realidad de una familiaridad que por primera vez fue prometida en
la tradición del Éxodo (Ex 6,7).
Otra imagen basada en el Éxodo está en Ap 21,7, donde resume Juan todas
las promesas hasta ahora formuladas con la afirmación de que “quien salga
vencedor heredará esto (morar con Dios) y yo seré su Dios y él será mi
hijo”. Hasta aquí quedan expuestos de
forma resumida los temas generales relacionados entre los libros de Éxodo y
Apocalipsis.
|
1ª trompeta
Ap 8, 7 Lluvia de granizo y fuego 7ª plaga
Ex 9, 13-35 Tormenta de granizo |
5ª trompeta
Ap 9, 1-12 Plaga de los saltamontes (langostas) Influido por Joel 1,6-2,5 8ª plaga
Ex 10, 1-19 Plaga de langostas |
3ª copa
Ap 16, 4-7 Es la segunda copa desdoblada Ríos y fuentes se convierten en sangre 1ª plaga
Ex 7, 20-21 El río se convierte en sangre |
|
2ª trompeta
Ap 8, 8-9 La tercera parte del mar convertido en
sangre 1ª plaga
Ex 7, 14-24 El agua convertida en sangre |
Cántico de Moisés y Cántico del
Cordero Ap 15, 3-4 Cántico de Moisés Ex 15, 1-20 |
5ª copa
Ap 16, 10-11 El reino de la bestia sumido en tinieblas 9ª plaga
Ex 10, 21-29 Una densa niebla cubrió la tierra de Egipto |
|
3ª trompeta
Ap 8, 10-11 El agua se vuelve amarga (ajenjo). Parecida a la 2ª Se invierte el esquema de Ex 15, 25 donde
Moisés hace el agua potable |
1ª copa
Ap 16, 2 Los que llevan la marca de la bestia se
llenan de úlceras 6ª plaga
Ex 9, 8-12 Úlceras en hombres y animales |
6ª copa
Ap 16, 13 Tres espíritus inmundos que parecían ranas 2ª plaga
Ex 8, 1-11 Plaga de ranas |
|
4ª trompeta
Ap 8, 12 El día y la noche perdieron la tercera
parte de su luz 9ª plaga
Ex 10, 21-29 Una espesa niebla cubrió el país |
2ª copa
Ap 16, 3 El agua del mar se convierte en sangre 1ª plaga
Ex 7, 12-24 El agua convertida en sangre |
7ª copa
Ap 16, 17-21 Caen enormes granizos 7ª plaga
Ex 9, 13-35 Tormenta de granizo |
Uno de los actos del drama descrito en el
libro del Apocalipsis gira en torno a las siete trompetas. El sonido de las trompetas juega un papel
importante tanto en la tradición judía como en la cristiana. Indican el comienzo de un tiempo nuevo, por
ejemplo en la promulgación de la ley en el Sinaí (Ex 19, 16.19). De alguna manera, el sonido de las trompetas
anuncia el día de Yahvé, y en el Nuevo Testamento suenan las trompetas para
anunciar el juicio.
Teniendo
en cuenta que los últimos tiempos han comenzado ya con la venida de Cristo, el
toque de las trompetas por los arcángeles significa la iluminación del tiempo
en el que viven los cristianos, tiempo que no es de bonanza y dicha sino que
está lleno de adversidades. Lo ocurrido
al toque de cada trompeta se refiere a fenómenos naturales que obligan al
hombre a preguntarse por el origen y el sentido del mal. Juan, mediante estas descripciones patéticas,
pretende inculcar a los cristianos que dichos fenómenos naturales adversos son
algo así como los dignos de los tiempos.
Es importante tener en cuenta que Juan, para lograr estas descripciones,
ha tenido su fuente de inspiración en la destrucción de las ciudades de Sodoma
y Gomorra y en las plagas de Egipto.
Ellas han servido de clisé para contar y enfocar los fenómenos
naturales.
Ex 9,22-23 (7ª plaga)
“Dijo Yahvé a Moisés: “Extiende tu mano hacia
el cielo, y que caiga granizo en toda la tierra de Egipto, sobre los hombres,
sobre los ganados y sobre las hierbas del campo que hay en la tierra de
Egipto”. Extendió Moisés su cayado hacia
el cielo y Yahvé envió truenos y granizo: cayeron rayos sobre la tierra y Yahvé
hizo llover granizo sobre el país de Egipto”
Ap
8,7 (1ª trompeta)
“Tocó el primero. Hubo entonces pedrisco y fuego mezclados con
sangre, que fueron arrojados sobre la tierra:
la tercera parte de la tierra quedó abrasada, la tercera parte de los
árboles quedó abrasada, toda la hierba verde quedó abrasada”
Ex 7,17 (1ª plaga)
“Así dice Yahvé: En esto conocerás que soy
Yahvé: Mira que voy a golpear con el
cayado que tengo en la mano las aguas del Río, y se convertirán en sangre”
Ap 8,8
(2ª trompeta)
“Tocó el segundo Ángel ... Entonces fue arrojado al mar algo como una enorme montaña ardiendo, y la tercera parte del mar se convirtió en sangre”
Ex 10,21-22 (9ª plaga)
“Yahvé dijo a Moisés: Extiende tu mano hacia
el cielo, y haya sobre la tierra de Egipto tinieblas que puedan palparse. Extendió, pues, Moisés su mano hacia el
cielo, y hubo por tres días densas tinieblas en todo el país de Egipto”.
Ap
8,12 (4ª trompeta)
“Tocó el cuarto Angel... Entonces fue herida la tercera parte del sol, la tercera parte de la luna y la tercera parte de las estrellas: quedó en sombra la tercera parte de ellos; el día perdió una tercera parte de su claridad y lo mismo la noche”.
Si en el libro del Éxodo el Señor manda a Moisés y Aaron ejecutar los castigos (Ex 7,19), aquí serán los ángeles más próximos a Dios los encargados de ejecutar los designios de su justicia.
Como la salida de Egipto simboliza la salvación escatológica, como la fiesta de los tabernáculos simboliza la fiesta celestial en la gloria, las plagas de Egipto son tradicionalmente el tipo de los castigos que Dios inflige (Sabiduría 11,5-12,2). La visión de las trompetas podría tener como base principal los pasajes del Exodo que señalamos.
A la primera trompeta le corresponde la séptima plaga; al mismo tiempo se asiste a la trasposición en estilo apocalíptico. El milagro del Éxodo amplifica una tempestad: truenos, rayos, granizo; aunque el horror y la devastación sean de proporciones milagrosas se percibe todavía el trasfondo concreto de la descripción. El granizo y el fuego del Apocalipsis son abstracciones, realidades de pura visión apocalíptica, descarnadas, esqueléticas[8]. Esto será también verdad con la montaña ardiendo arrojada al mar (plaga de la sangre), de la estrella Ajenjo, que vuelve las aguas amargas (en recuerdo del episodio de Mara), y de la oscuridad que quita el tercio de la luz. Parece quedar esquematizada la narración pero amplificada la potencia de los castigos.
Al toque de la primera trompeta cae sobre la tierra fuego y granizo mezclado con sangre. Sus efectos son devastadores. Juan repite aquí la séptima plaga de las enviadas sobre Egipto. Y lo hace con la misma finalidad: así como las plagas fueron precursoras de la liberación de la esclavitud de Egipto, así se convierten en signos anunciadores de la liberación de los cristianos de la persecución de Roma.
Al son de la trompeta tocada por el segundo ángel cae sobre el mar un monte ardiendo. Juan combina la primera plaga de Egipto (Ex 7,20-21), en la que el agua se convierte en sangre, con un fenómeno astral en el que una gran estrella, semejante a un monte ardiendo, se lanza sobre el mar (Jer 51,25)
En el caso de la tercera trompeta, no se encuentra referencia a las plagas de Egipto, pero sí que puede tener relación con otro episodio del libro del Éxodo: Moisés hace potable el agua en Mará (Ex 15,23).
Con la cuarta trompeta, el sol, la luna y las estrellas pierden la tercera parte de su poder iluminador. La fuente de inspiración la tenemos en la plaga novena de Egipto (Ex 10, 21-22), que dejó el país entero envuelto en densísima niebla.
No se puede olvidar que estos relatos, si bien evocan un tanto la destrucción de Sodoma y Gomorra, están montados sobre el recuerdo de las diez plagas de Egipto, que sirvieron de advertencia al Faraón y de instrumento providencial para la liberación del pueblo oprimido de Israel. Como siempre, la Biblia no puede entenderse sin el constante trasfondo del Éxodo, sobre todo la parafernalia de la liturgia celestial a la que constantemente se refiere el Apocalipsis.
Ex 10,12-15 (8ª plaga)
“Yahvé dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre la tierra de Egipto para que venga la langosta; que suba sobre el país de Egipto y coma toda la hierba del país, todo lo que dejó del granizo. Moisés extendió su cayado sobre la tierra de Egipto... La langosta invadió todo el país de Egipto...”
Ap 9,3 (5ª trompeta)
“De la humarera salieron langostas sobre la tierra, y se les dio un poder como el que tienen los escorpiones de la tierra”
Ex 19,18
“Todo el monte Sinaí humeaba, porque Yahvé había descendido sobre él en el fuego. Subía el humo como de un horno y todo el monte retemblaba con violencia”
El capítulo 9 del Apocalipsis, que describe las plagas desencadenadas por las trompetas quinta y sexta, utiliza fundamentalmente el relato de la plaga de las langostas. Por tanto, las imágenes de la visión tienen su punto de partida en la breve narración de Ex 10,12-15): y están coloreadas también por la teofanía del Sinaí, relatada en Ex 19,18. No se puede olvidar que en el Antiguo Testamento existía ya en el profeta Joel una utilización apocalíptica de la plaga de las langostas (Joel 1,6-2,5).
En el trasfondo de la quinta trompeta, a la que se añadirá la sexta, está la plaga de Egipto de las langostas. Las tres primeras plagas tienen relación con las plagas referidas en el Éxodo; una plaga de langostas, que sigue inmediatamente, debe estar en relación con la correspondiente plaga de Egipto. Por lo tanto, la serie de las plagas de Egipto se prolonga en el escenario de las trompetas, proyectada sobre un telón de fondo apocalíptico. Pero también hay diferencias con el Éxodo: aquí las langostas se han convertido en unos seres monstruosos, en caballeros de un ejército infernal. Por otra parte, las langostas apocalípticas han sido liberadas del abismo y arrojadas en manadas sobre la tierra.
De todas formas, la descripción de esta nueva calamidad recuerda muy de cerca la octava plaga de Egipto. Según el Éxodo densas nubes de langostas se precipitaron sobre Egipto, devorando los productos del campo que habían escapado de la granizada. La que Juan contempla no es, sin embargo, una de aquellas temibles invasiones de langostas que de tiempo en tiempo se registran en Oriente; se trata de seres diabólicos en figura de langostas, que se lanzan sobre la tierra con gran ímpetu, semejantes a un poderoso ejército.
A diferencia de las anteriores, este castigo no tiene equivalente con las plagas de Egipto. El mayor parentesco lo ofrece la última, en que fueron sacrificados todos los primogénitos egipcios[9]. Allí, sin embargo, fue Dios mismo, o, más exactamente su “ángel exterminador” quien ejecutó el castigo, no un poderoso ejército extranjero.
La séptima trompeta no supone ningún castigo, más bien el cumplimiento del “Reinado sobre nuestro mundo de nuestro Señor y de su Cristo” (Ap 11,15). Además, el Santuario contiene el arca de la nueva alianza, arca que aparece en Ex 25.
La visión de las copas (Ap 16,1-21) se halla influenciada por las plagas de Egipto y también por la visión de las siete trompetas, con la que tiene gran semejanza. El simbolismo de ambas es paralelo. Las adversidades y castigos simbolizados en cada una de las copas sólo afectarán a los enemigos de Dios. Así se dice expresamente a propósito de la primera de ellas: “El primero fue y derramó su copa sobre la tierra; y sobrevino una úlcera maligna y perniciosa a los hombres que llevaban la marca de la Bestia y adoraban su imagen” (16,1). Esta precisión del texto hace pensar que las otras copas afectan también a los enemigos de Dios y solamente a ellos. ¿Algo así como las plagas de Egipto que afectaron a los egipcios y no tocaron para nada a los hebreos?. Se trata, por tanto, de algo de lo que se ven liberados los creyentes en razón de su fe.
Antes de comenzar los castigos de las siete copas, nos encontramos en Apocalipsis 15, 1-5 el cántico del Cordero. Esta escena celeste de los vencedores que entonan alabanzas a la orilla del mar está inspirada en al tradición de los cánticos de alabanza que entona Israel junto al Mar Rojo (Ex15). Se vuelve a encontrar aquí el esquema de los acontecimientos que, en el Éxodo preceden al cántico de Moisés. Israel es el testigo del poder de Dios y de su victoria sobre sus enemigos, los Egipcios, perseguidores del pueblo elegido. Moisés entonará un himno que celebra el poder y la gloria de Dios. “El cántico de Moisés” (Ex 15) en el Apocalipsis no es una reproducción del Éxodo, pero el sentido general es el mismo, aunque hay autores como Ugo Vanni que afirman que la relación más obvia de estos dos textos viene dada porque es la única vez en todo el Apocalipsis que un pasaje del Antiguo Testamento está indicado explícitamente y que uno de sus personajes es nombrado, lo que señala la importancia atribuida por nuestro autor al presente pasaje. Los que han triunfado sobre la Bestia están cerca de “un mar mezcla de fuego y de cristal”, similar al cuadro recitado en el Éxodo donde Moisés y los hijos de Israel cantan al salir del mar.
Los contactos de vocabulario entre los dos cánticos son numerosos[10]. Sin embargo, aunque las coincidencias de léxico son numerosas (sobre veintidós lexemas con que cuenta el cántico de Ap 15, dieciséis se encuentran en el de Ex 15) no podrían ellos solos ser una prueba absoluta de un contacto literario entre los dos cánticos: el cántico de Ex 15 es circunstancial, describiendo los sucesos del éxodo o haciendo más o menos una clara alusión, mientras que el cántico de Ap 15 es general.
El cántico de Ap 15 se sitúa en el mismo momento lógico que el cántico de Ex 15. Las dos expresiones de la frase de introducción, “el cántico de Moisés” y “el cántico del Cordero”, no se refieren a dos cánticos diferentes: el nuevo cántico es sustancialmente el mismo que el antiguo, o por decir las cosas con una expresión neotestamentaria frecuente, él “lo realiza”. El autor nombra “el cántico de Moisés y el cántico del Cordero” para marcar la unidad indisoluble de las dos alianzas, por las cuales se realiza la redención. Hay que decir que este cántico realiza la obra de salvación entera, tal como Dios la ha preparado por Moisés y realizado por Cristo[11].
Esta realización es de tipo apocalíptico o escatológico: una diferencia mayor entre el cántico nuevo y el del Éxodo es la ausencia de enemigos. Ellos son incluidos en todas las naciones que el Cordero, por su Pascua, ha reconciliado en la alabanza del Dios único y que “vendrán a postrarse” delante del Señor para reconocerle como su Rey.
Como podemos ver, este septenario, como el de los sellos y el de las trompetas, va precedido de una introducción consoladora y gratificante. El mar que aparece mezclado con el color rojo del fuego es una referencia al mar Rojo. Juan afirma mediante dicha imagen que como los antiguos hebreos escaparon y alcanzaron la seguridad al pasar el mar Rojo, así los cristianos escapan a la persecución y se sienten seguros en la presencia de Dios.
Los elegidos celebran su salvación en un acto litúrgico que es también una réplica de la liturgia celeste. Cantan el doble himno: el cántico de Moisés y el del Cordero. El primero festeja el inicio de la salvación, en la que actuó de forma determinante Moisés. El segundo canta la acción salvífica llevada a su plenitud por el Cordero.
En Ap 15, 1-8 Juan describe la tienda del testimonio o la tienda templo del desierto (Ex 40). ¿Pretende presentar la vida cristiana como un nuevo éxodo en el que va acompañada por la presencia de Dios?. También presenta el templo lleno del humo de la gloria y el poder de Dios, recordando la descripción del antiguo templo (Ex 40, 34-35).
Ex 9,10 (6ª plaga)
“ Tomaron, pues, hollín del horno y presentándose ante Faraón, lo lanzó Moisés hacia el cielo y hubo erupciones pustulosas en hombres y ganados”
Ap 16,2 (1ª copa)
“ El primero fue y derramó su copa sobre la tierra; y sobrevino una úlcera maligna y perniciosa a los hombres que llevaban la marca de la Bestia y adoraban su imagen”
Ex 7, 20-21 (1ª plaga)
“ ... Alzó el cayado y golpeó las aguas que hay en el río en presencia de Faraón y de sus servidores y todas las aguas se convirtieron en sangre. Los peces del Río murieron, el Río quedó apestado...”
Ap 16, 3 (2ª copa)
“ El segundo derramó su copa sobre el mar; y se convirtió en sangre como de muerto, y toda alma viviente murió en el mar”
Ap 16,4 (3ª copa – primera plaga desdoblada -)
“El tercero derramó su copa sobre los ríos y sobre los manantiales de agua; y se convirtieron en sangre”
Ex 10,21-22 (9ª plaga)
“ Yahvé dijo a Moisés: Extiende tu mano hacia el cielo, y haya sobre la tierra de Egipto tinieblas que puedan palparse. Extendió, pues, Moisés su mano hacia el cielo, y hubo por tres días densas tinieblas en todo el país de Egipto”
Ap 16, 10 (5ª copa)
“El quinto derramó su copa sobre el trono de la Bestia; y quedó su reino en tinieblas y los hombres se mordían la lengua de dolor”.
Ex 8,2 (2ª plaga)
“ Aarón extendió sus manos sobre las aguas de Egipto; subieron las ranas y cubrieron la tierra de Egipto”.
Ap 16, 13 (6ª copa)
“ Y vi que de la boca del Dragón, de la boca de la Bestia y de la boca del falso profeta, salían tres espíritus como ranas”
Ex 9, 23-24 ( 7ª plaga)
“ Extendió Moisés su cayado hacia el cielo, y Yahvé hizo llover granizo sobre el país de Egipto. El granizo y los rayos mezclados con el granizo cayeron con fuerza tan extraordinaria que nunca hubo semejante en toda la tierra de Egipto desde que comenzó a ser nación”
Ap 16, 17-21 ( 7ª copa)
“ ... Se produjeron relámpagos, fragor de truenos y un violento terremoto, como no lo hubo desde que existen hombres sobre la tierra... Y un gran pedrisco con piedras de casi un talento de peso, cayó del cielo sobre los hombres”
Este relato de las copas se puede presentar como una sinopsis de las plagas de Egipto. Juan traslada las plagas de Egipto y hace de ellas un drama escatológico. Lo mismo se puede repetir para la visión de las copas, que tiene el aire de ser una segunda edición de las trompetas, pero aplicada a una situación nueva aunque no son una mera repetición de ellas, sino castigos mucho más graves, que corresponden a una época ulterior en el desarrollo de los sucesos escatológicos.
La introducción a estos juicios en el capítulo 15 ha marcado ya el plan. Juan proporciona el camino de los juicios mesiánicos, con repeticiones y modificaciones de la serie de trompetas para enfatizar la convicción ya presente en las primeras descripciones de que la generación del Anticristo experimentará a gran escala los juicios del tiempo de Moisés.
Respecto a este tema, Juan refleja de una manera especial las meditaciones del libro de la Sabiduría relatando las plagas y bendiciones del éxodo. Encontramos un énfasis en que el Señor en sus juicios “Tomará su celo como armadura y armará la creación para castigar a sus enemigos” (Sabiduría 5, 17). La declaración del ángel después de cambiar el agua en sangre en la tercera copa es un eco claro de Sabiduría 15, 5ss. Contrastando con el agua que salía de la roca para los judíos en el desierto, el escritor comenta que los egipcios encontraron su río enturbiado por una mezcla de barro y sangre “en castigo por su decreto infanticida” (Sabiduría 11, 7). Así, los judíos entre su experiencia en Egipto y su experiencia en el desierto “aprendieron por las pruebas que sufrieron, aunque era una corrección hecha con amor, vinieron a conocer los tormentos que un castigo airado hacía padecer a los impíos” (Sabiduría 11, 9).
Un motivo adicional en el juicio de las copas es la continua negativa de los hombres a arrepentirse a pesar de la experiencia de los juicios divinos. El propósito de los juicios no es sólo el castigo divino, sino conseguir un respeto humano. Los seguidores del Anticristo son como el Faraón y su pueblo en el tiempo de Moisés. Sus corazones permanecen obstinados, así la ira de Dios llega de una generación a otra como hizo sobre el faraón y su generación.
La primera copa es un calco de la sexta plaga de Egipto. Afecta sólo a los que tenían la marca de la bestia y naturalmente no toca para nada a los cristianos. La segunda se halla inspirada, al igual que la segunda trompeta, en la primera plaga de Egipto. La tercera copa es una ampliación de la anterior. Procede de la misma fuente (Ex 7, 19) y es una variante de la segunda trompeta. La cuarta no tiene relación con las plagas de Egipto, sino que está en la línea de la apocalíptica judía. La quinta copa se halla inspirada en la novena plaga, donde el país fue sumido en tinieblas durante tres días, y es, a su vez, una concreción de la quinta trompeta. La sexta es el resultado de la segunda plaga de Egipto, cuyo peligro mortal aumentó en la transmisión oral y escrita, añadiendo tábanos a las ranas. En la última de las plagas se manifiesta la ira de Dios. Se esparce la copa sobre el aire, elemento más vasto que la tierra y las aguas, y produce efectos atmosféricos terribles: relámpagos, truenos, terremotos. Al autor le ha venido a la mente la séptima plaga de Egipto. Toda seguridad, estabilidad y grandeza se viene abajo.
La primera y más evidente conclusión es la relación, diría que muy estrecha, entre los libros del Éxodo y de Apocalipsis. Juan como buen conocedor de las Sagradas Escrituras, conocía el libro del Éxodo, y de él tomó parte de sus materiales para elaborar temas e imágenes que compusieron su obra apocalíptica. No sirve de base el Éxodo, pero sí contribuye a explicar muchas de las imágenes que aparecen en el Apocalipsis.
Es tan grande la influencia del libro del Éxodo, que no sólo influye directamente en el Apocalipsis, sino que indirectamente podemos comprobar también cómo llega hasta él a través del libro de la Sabiduría 11, 5-12, 2, mostrando cómo entiende la tradición los castigos de Dios; a través del profeta Joel 1,6-2,5 y la utilización apocalíptica de la plaga de langostas; por medio de los salmos (p. e. Sal 105 que relata las maravillas que dios hizo con Israel, incluyendo las plagas y la liberación de Egipto).
Leyendo los textos del Éxodo y del Apocalipsis comparativamente, se puede comprobar cómo los castigos de las plagas no son mera copia en el Apocalipsis, sino que su intensidad se ha ampliado. Han perdido extensión narrativa ( de los cuatro capítulos que recogemos de las plagas de Egipto se ha pasado a tres más breves formados por el toque de trompetas y el derramamiento de las copas) pero han ganado en potencia y fuerza. Las plagas de Egipto muestran un castigo tras otro, pero sin aumentar su intensidad. Podríamos decir que forman una serie de bloques iguales, aunque cambia el tipo de castigo. Se tiene que resolver todo con la décima plaga. En el Apocalipsis, va aumentando la intensidad de los castigos. Con las trompetas la parte afectada es “una tercera parte” de los árboles, de la hierba verde, de la tierra, del agua, del sol, de la luna, de las estrellas. Con las copas, ya quedan dañados todos los que llevan la marca de la Bestia, toda alma viviente que muere en el mar, todos ríos y manantiales se convierten en sangre, los hombres fueron abrasados con el calor del sol.
Al leer y comparar plagas y castigos, un detalle llama la atención, la similitud con que se acaban narrando algunas de ellas. “Pero no se convirtieron”, vendría a ser la idea principal. Al final de cada plaga del Éxodo se hace referencia al faraón diciendo: “Se volvió Faraón y entró en su casa sin hacer caso de ello” (Ex 7, 24), “Yahvé endureció el corazón del Faraón, que no quiso dejarles salir” (Ex 10, 27), “Pero Yahvé endureció el corazón de Faraón que no dejó salir a los israelitas” (Ex 10, 20), “Pero Yahvé endureció el corazón de Faraón, que no les escuchó, según Yahvé había dicho a Moisés” (Ex 9, 12), “Pero Faraón, viendo que tenía respiro, endureció su corazón y no les escuchó como había predicho Yahvé” (Ex 8, 11). El faraón, como representante de Egipto no cede, no deja salir a Moisés con su pueblo oponiéndose a los planes divinos. En el Apocalipsis también tenemos expresiones semejantes relacionadas con los castigos: “Pero los demás hombres, los no exterminados por estas plagas, no se convirtieron de las obras de sus manos... No se convirtieron de sus asesinatos ni de sus hechicerías ni de sus fornicaciones” (Ap 9, 20-21), “Y los hombres fueron abrasados con un calor abrasador. No obstante, blasfemaron del nombre de Dios que tiene poder sobre tales plagas, y no se arrepintieron dándole gloria” (Ap 19,9), “No obstante, blasfemaron del Dios del cielo por sus dolores y por sus llagas, y no se arrepintieron de sus obras”. Existe un cierto paralelismo entre estas dos conductas. Ante el castigo de Dios el resultado no es el arrepentimiento, sino el endurecimiento del corazón y la blasfemia.
Ya en la introducción he mencionado cómo si en el Apocalipsis es Roma quien persigue a los cristianos y se opone al plan de Dios, en el Apocalipsis es Egipto, con el faraón al frente, quien realiza la misma función. El faraón asumiría la función de la Bestia que aparece en el Apocalipsis. Así, el paralelo y la comparación podrían ser: Roma-Emperador en Apocalipsis y Egipto-Faraón en Éxodo como quienes se oponen a los designios de Dios y castigan a su pueblo con la persecución, la esclavitud y la muerte.
Hasta aquí, las conclusiones particulares sobre las plagas, las trompetas y las copas. Pero el libro del Apocalipsis tiene muchas más relaciones con el Éxodo, aunque no sean tan literales como en el caso de los castigos. Este es el caso del cántico en honor del Cordero (Ap 15). Se inspira en el himno con que los israelitas expresaron su gratitud por la liberación de Egipto, guiados por Moisés. Para los judíos del tiempo de Cristo, el paso del mar Rojo era tipo y prefiguración de la redención mesiánica; Moisés era tenido por el primer libertador, el Mesías por el segundo.
Otro aspecto relacionado entre estos dos libros viene dado por las manifestaciones cósmicas, terremotos, que son siempre signo de la revelación divina y de la manifestación divina. En el Apocalipsis dichas manifestaciones proceden del trono: “Del trono salen relámpagos y fragor y trueno” ( Ap 4, 5). Son el mejor eco y una alusión inconfundible a la revelación de Dios en el Sinaí. De allí procede esta imaginería, que es utilizada para expresar la revelación última, la que Dios nos comunicó en Cristo.
A través de toda la Biblia, la referencia que se hace del paso del mar Rojo es muy común. Este tema del Éxodo no es olvidado por el Apocalipsis, y bajo el nombre de mar de cristal se hace referencia a él: “ Y vi también como un mar de cristal mezclado con fuego, y a los que habían triunfado de la Bestia y de su imagen y de la cifra de su nombre, de pie junto al mar de cristal, llevando las cítaras de Dios” (Ap 15, 2). Así como los israelitas se sienten liberados después de pasar el mar Rojo, lo mártires han pasado “el mar rojo” de las persecuciones. Ahora cantan el cántico de la victoria y de la liberación.
Como última conclusión , hay que recordar que las plagas no son sólo cuestión del pasado, sino que se podría hacer una relectura actual. Siguiendo a Pablo Richard[12] podríamos afirmar que hoy en día existen innumerables plagas de carácter cósmico, biológico, económico, social, étnico, psicológico, religioso. Hay plagas provocadas por el sistema, a la luz del Éxodo (la décima plaga) y en el Apocalipsis (las seis primeras trompetas). En las plagas cósmicas se situarían los desastres ecológicos provocados por el sistema. En este contexto podemos releer las cuatro plagas cósmicas del Apocalipsis (cuatro primeras trompetas y cuatro primeras copas. Además de las plagas cósmicas tenemos las plagas humanas: económicas, sociales, políticas. Las plagas económicas que pesan sobre el tercer mundo. Las plagas sociales del racismo. La quinta y sexta trompeta del Apocalipsis y la quinta y sexta copa o la décima plaga del Éxodo son generadas por el sistema y se vuelven contra el sistema. Las víctimas de estas plagas son precisamente los pobres y oprimidos por el sistema. Es en este contexto de resistencia y lucha donde descubrimos el sentido de los textos bíblicos que hablan de “plagas” como los “signos y prodigios de Yahvé” (nueve primeras plagas de Egipto) y de las plagas que irrumpen con la llegada del Reino de Dios (la séptima trompeta y la séptima plaga del Apocalipsis). Todas las plagas de Egipto y los signos de la llegada del Reino en el Apocalipsis se realizan en los actos de resistencia de los pobres y oprimidos contra el sistema de dominación y por la liberación del pueblo de Dios.
L. Cerfaux- J. Cambier El Apocalipsis de san Juan leído a los cristianos Madrid 1972
A. Wilkenhauser El Apocalipsis de san Juan Barcelona 1981
J. M. González Ruiz Apocalipsis de san Juan Madrid 1987
Felipe F. Ramos Los enigmas del Apocalipsis UPS Salamanca 1993
G. R. Beasley-Murray The New Century Bible Comentary The book of Revelation London 1983
Como artículos, he consultado:
Concilium 1987 vol. 198 El Éxodo, paradigma permanente
Concilium 1997 vol. 273 El retorno de las plagas
Roland Meynet Le cantique de Moïse et le cantique de l´Agneau Gregorianum 73 (1992) 19-55
elcantarodesicar.com
Zaragoza, marzo 2006
[1] J. S. Casey Concilium 1987 vol. 198 p. 57
[2] Wikenhauser El Apocalipsis de Juan Herder Barcelona 1969 p. 104
[3] Angelo
Lancellotti L´apocalisse Associazione
Biblica Italiana Studici Bibici
Pastorali Paideia-Brescia 1967 p. 34
[4] Adversus Haereses, IV, 30,4
[5] Eugenio
Corsini Apocalisse prima e dopo Sozietá
Editrice Internazionale Torino 1982 p. 52
[6] Ugo
Vanni L´apocalipse. Ermeneutica. Esegesi.
Teologia EDB 1990
[7] G. R.
Beasley-Murray The New Century Bible
Comentary The Book of Revelation London 1983 p. 27
[8] L. Cerfaux-J. Cambier El Apocalipsis de san Juan leído a los cristianos Madrid 1972
[9]
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