thalithaqumi
PLAZA MAYOR
-----------------------------------------------------El
hombre que abrazaba los árboles

Os contaré un cuento o
quizás sea un sueño, no lo sé bien.
Hace ya muchos años, en un
pueblo muy pequeño, había unas pocas familias que vivían a las orillas de un río
de montaña. Sus casas eran unas cuevas a los pies de unos grandes cortados.
Vivían de cultivar la tierra y ésta les ofrecía toda clase de frutos y
bienestar.
El tiempo iba pasando
apacible, pero un día de verano, las fuerzas de la naturaleza se concentraron
en aquellas montañas y se originó una gran tormenta. A las pocas horas, río
abajo donde no había llovido ni una gota, empezó a oírse un gran ruido que puso
en alerta a estos tranquilos campesinos. Varios hombres se apresuraron a subir
a un montículo y quedaron perplejos viendo como hacia ellos venía una gran nube
de polvo y un ruido atronador, corrieron estremecidos a avisar a sus familias y
el resto de moradores de las cuevas pero no tuvieron el suficiente tiempo: una
gran riada hasta entonces desconocida se les echó encima. Las gentes y sus animales iban siendo arrastrados y
engullidos por las aguas.
Pero entre tanto caos hubo
un hombre que, junto a sus cinco hijos y su esposa, veía cómo un árbol, un gran
latonero que antes daba sombra a todas sus vacas y bueyes, se resistía a ser
arrancado y cedía centímetro a centímetro con sus poderosas raíces. Ese gigante
acercó uno de sus largos brazos a este hombre y a su familia, al cual quedaron
asidos durante dos días y una noche. Cuando vino la calma, este hombre era como
si estuviese pegado a aquella gran rama, no podía soltarse. Este árbol, herido
por las rocas y la fuerza de las aguas, les había salvado la vida a todos
ellos. Miró al cielo y después descendió a tierra firme, su vida desde ese
instante había cambiado.
Viendo a toda su familia
bien, comenzó a cubrir las raíces de este gigante con tierra y a curar las
heridas de su corteza con barro. Tiempo después plantó flores y yedras a su
alrededor. Sentía algo por aquel árbol y no sabía qué, hasta que un día cansado
de mirarlo lo descubrió; se abrazó a su gran tronco y habló con él en total
silencio; su esposa lo entendía y se alegraba. Pasó el tiempo, sus hijos fueron
creciendo y se acostumbraron a ver a su padre ir a visitar al gigante, se
acostumbraron a ver a su padre sentado junto al tronco y también a verlo
abrazado a él, hablando y mirando al cielo, a Dios. Desde entonces le llamaron
el hombre que abrazaba los árboles. Y así fue; ya anciano murió abrazado,
feliz, una mañana cualquiera de un agradable día.
Dicen que ese árbol aún
existe, sólo hay que buscarlo. Está en todos los sitios y dicen también que en
el musgo de su gran tronco está dibujada la silueta de aquel buen hombre.
Si abrazas a un árbol y
hablas con él sentirás una sensación desconocida, amarás la naturaleza y quizás
encuentres algo más.
Y esto escrito como un
cuento, es casi seguro que antes, en algún momento sucedió.
thalithaqumi
Zaragoza,
septiembre 2004