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PLAZA MAYOR

 

 

-----------------------------------------------------El hombre que abrazaba los árboles

 

Cuadro de texto: Daniel Gorgas Marco es un hombre joven, agricultor y padre de familia. Trabaja y vive en la localidad de Azuara, en Zaragoza, junto a su esposa y su hija. Es presidente de la Asociación Cultural “El Cabuchico” y escribe en  la revista de la asociación. Pero es, sobre todo, un enamorado de la naturaleza. A menudo estudia los árboles y las plantas, los animales y los minerales. Y vive en armonía consigo mismo, con los suyos y con la creación.

Os contaré un cuento o quizás sea un sueño, no lo sé bien.

 

Hace ya muchos años, en un pueblo muy pequeño, había unas pocas familias que vivían a las orillas de un río de montaña. Sus casas eran unas cuevas a los pies de unos grandes cortados. Vivían de cultivar la tierra y ésta les ofrecía toda clase de frutos y bienestar.

El tiempo iba pasando apacible, pero un día de verano, las fuerzas de la naturaleza se concentraron en aquellas montañas y se originó una gran tormenta. A las pocas horas, río abajo donde no había llovido ni una gota, empezó a oírse un gran ruido que puso en alerta a estos tranquilos campesinos. Varios hombres se apresuraron a subir a un montículo y quedaron perplejos viendo como hacia ellos venía una gran nube de polvo y un ruido atronador, corrieron estremecidos a avisar a sus familias y el resto de moradores de las cuevas pero no tuvieron el suficiente tiempo: una gran riada hasta entonces desconocida se les echó encima. Las gentes y  sus animales iban siendo arrastrados y engullidos por las aguas.

Pero entre tanto caos hubo un hombre que, junto a sus cinco hijos y su esposa, veía cómo un árbol, un gran latonero que antes daba sombra a todas sus vacas y bueyes, se resistía a ser arrancado y cedía centímetro a centímetro con sus poderosas raíces. Ese gigante acercó uno de sus largos brazos a este hombre y a su familia, al cual quedaron asidos durante dos días y una noche. Cuando vino la calma, este hombre era como si estuviese pegado a aquella gran rama, no podía soltarse. Este árbol, herido por las rocas y la fuerza de las aguas, les había salvado la vida a todos ellos. Miró al cielo y después descendió a tierra firme, su vida desde ese instante había cambiado.

Viendo a toda su familia bien, comenzó a cubrir las raíces de este gigante con tierra y a curar las heridas de su corteza con barro. Tiempo después plantó flores y yedras a su alrededor. Sentía algo por aquel árbol y no sabía qué, hasta que un día cansado de mirarlo lo descubrió; se abrazó a su gran tronco y habló con él en total silencio; su esposa lo entendía y se alegraba. Pasó el tiempo, sus hijos fueron creciendo y se acostumbraron a ver a su padre ir a visitar al gigante, se acostumbraron a ver a su padre sentado junto al tronco y también a verlo abrazado a él, hablando y mirando al cielo, a Dios. Desde entonces le llamaron el hombre que abrazaba los árboles. Y así fue; ya anciano murió abrazado, feliz, una mañana cualquiera de un agradable día.

Dicen que ese árbol aún existe, sólo hay que buscarlo. Está en todos los sitios y dicen también que en el musgo de su gran tronco está dibujada la silueta de aquel buen hombre.

Si abrazas a un árbol y hablas con él sentirás una sensación desconocida, amarás la naturaleza y quizás encuentres algo más.

Y esto escrito como un cuento, es casi seguro que antes, en algún momento sucedió.

 

 

DANIEL GORGAS MARCO

 

 

 

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Zaragoza, septiembre 2004