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-------------------------------------------------------------------------------Una idea de ciudad

Juan José Morales Ruiz es periodista y profesor de Historia. Desarrolla su labor docente en la UNED, el Instituto de Ciencias de la Comunicación de Zaragoza y el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón. Además, dirige la edición digital del periódico “Noticias Jóvenes”

(noticias jovenes.com)

 
 

He dejado intencionadamente que transcurriera un cierto tiempo, y a que las aguas fueran volviendo a la normalidad, después del cambio del equipo de gobierno en el Ayuntamiento de Zaragoza, para hablar de un libro del historiador Joseph Rykwert que se titula “La idea de ciudad” y que he recomendado como lectura de verano a mis alumnos de la UNED.

 

Me parece que se trata de una obra suficientemente sugestiva como para que se hubiera confundido con los discursos electorales de los partidos que en la contienda del 25 de mayo, como  pasa en todas las campañas electorales, prometían “el oro y el moro”.

 

El libro de Rykwert  es un recorrido por las inquietudes urbanas del ser humano a través de la historia. Y como pasó hace treinta años, cuando fue publicado por primera vez  en Holanda, sigue siendo muy estimulante. Desde sus páginas se recordaba a los arquitectos algo muy sencillo y que habían parecido olvidar y que se puede resumir en que “la ciudad no es simplemente una solución racional de los problemas de producción, distribución, tráfico e higiene, - o una respuesta automática a la presión ejercida por fuerzas naturales o de mercado -, sino que también debía englobar las esperanzas y los temores de sus ciudadanos”

 

Se decía también que los teóricos urbanos favorecían la imagen de una ciudad que responde de forma instintiva  e irreflexiva a las presiones internas y externas. Que creían que al tratarse de un producto “natural”, con la simple obediencia a las leyes del crecimiento técnico, regirse por las fuerzas del mercado para fijar el valor del suelo, o resolver  los problemas de la fluidez del tráfico, se liberaba a urbanistas y arquitectos de toda responsabilidad a la hora de proyectar y de actuar.

 

Como nos pasa hoy, la gran preocupación que se tenía cuando se hablaba de ciudad era la vivienda. Y más concretamente cómo hacer más viviendas. Y por eso no se cuestionaban (como no se cuestiona tampoco ahora) el presupuesto de que construir era (y es) hacer viviendas, y que las viviendas conllevan inevitablemente bloques y bloques y bloques de cemento. Durante la gran euforia de los años 70, 80, e incluso en la actualidad, parecía que la ciudad debía de asemejarse a un motor, y que sus distintas funciones debían de ser ordenadas, clasificadas y divididas en zonas estancas, sin aparente relación entre ellas.

 

El libro se ha reeditado ahora cuando la moda de la planificación urbanista ha pasado afortunadamente a mejor vida, y volvemos la vista, y ponemos el interés en conocer, como ha evolucionado la idea de ciudad a través de la historia, cuando nos preguntamos, con todo derecho, qué es una ciudad, cómo debe de ser una ciudad, y cómo nos gustaría que fuera. En todo caso, me parece que la ciudad no puede ser simplemente un “negocio” inmobiliario especulativo, sino un espacio para vivir de una manera más humana. 

 

Juan José Morales Ruiz

 

 

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Zaragoza, agosto 2003