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PLAZA MAYOR
--------------------------------------------------------Jonás,
algo más que un libro de aventuras
Después de leer el breve libro de Jonás,
la sensación que se tiene es la de estar delante de un relato de aventuras que,
por lo maravillosas que son, parecen un cuento.
Pero eso sólo es la forma. La
profundidad, la teología que contiene este libro es digna de tener en cuenta y
de ser estudiada. El humor y la aventura
que aquí se contienen son sólo la excusa para hablar de algo más serio: el
universalismo de la salvación. Así, para comenzar a entender este breve libro,
en este artículo expongo su división, el valor histórico de Jonás, la lucha de
este personaje contra el excesivo particularismo de Israel, su originalidad como
profeta y, finalmente, el sentido del humor que recorre todos estos capítulos y
que sirve como coartada para tratar un tema, la misericordia de Dios con los
paganos, poco digerible para los judíos de su tiempo.
1. El libro de Jonás
El libro de Jonás es una obra maestra
del arte narrativo hebreo. El autor
mezcla el humor y la sátira para hablar de la bondad de Dios. Es un libro muy
corto, tan solo tiene cuarenta y ocho versículos recogidos en cuatro capítulos. No aparecen grandes discursos ni un análisis
psicológico detallado de los personajes.
A éstos se les describe a través de sus acciones.
El libro está dividido en dos partes,
que corresponden a las dos llamadas que Dios hace a Jonás. En la primera de ellas, Jonás se niega a
aceptar la misión divina. En la segunda,
obedece.
1) Primera llamada (1, 1-2, 11)
a. Jonás huye (1, 1-3)
Dios llama a Jonás para que vaya a
Nínive, como ya antes había llamado a otros profetas (Oseas, Joel, Miqueas...)
para realizar diversas misiones. La
forma en que Jonás es llamado, se parece mucho a la de Elías (1Re 17, 8). Jonás es enviado a Nínive, pero algo
presiente pues hace justamente lo
contrario: embarcarse hacia Tarsis, justo en la dirección contraria. Pero no es tan fácil escaparse de Dios.
b. La tempestad (1, 4-16)
Esta huida de Jonás es frenada
rápidamente por una tempestad enviada por Dios.
Irónicamente, el autor señala el contraste entre los marineros paganos,
que invocan a sus dioses, y Jonás, que duerme plácidamente, sin darse cuenta de
que la tempestad ha sido desencadenada por su causa. Jonás se da cuenta de su culpa y está
dispuesto a que lo arrojen al mar para calmar la tempestad. Los marineros, más sensibles que Jonás, no quieren
en un primer momento, pero no hay más remedio, Jonás acaba en el mar.
c. El salvamento (2, 1-11)
Dios interviene de forma maravillosa,
demostrando su poder sobre criaturas y acontecimientos que utiliza como
instrumentos para su servicio. Nada más
caer al agua, Jonás es tragado por un gran pez, en cuyo vientre permanece durante
tres días. Incluso, en esta situación,
compone un salmo y no de lamentación, sino de acción de gracias. El gran pez, finalmente, lo vomita en tierra
firme. Hasta aquí llega la desastrosa
primera misión de Jonás.
2)
Segunda llamada (3, 1-4, 11)
a. Jonás es enviado de nuevo (3, 1-4)
El relato empieza con idénticas palabras
que el primer capítulo del libro: "Levántate y vete a Nínive, la gran
ciudad". Dios no recuerda la resistencia de Jonás a la primera
llamada. Éste no cambia de actitud, sino
que se limita a obedecer porque ha comprobado que es imposible huir. Entra en Nínive y toda su predicación
consiste en unas pocas palabras: "Dentro de cuarenta días, Nínive será
destruida". Cumple su misión profética a un nivel mínimo: tan sólo un día
habla, cuando hacían falta tres para cruzar la ciudad. Además, ni siquiera menciona a Dios en sus
palabras, sino sólo el desastre.
b. Conversión de Nínive (3, 5-10)
Es el episodio central. Los ninivitas perciben en seguida que Jonás
proclama un mensaje divino y sucede lo increible: la ciudad se convierte
llegando incluso a lo absurdo, pues hasta los animales hacen penitencia. Todos esperan que Dios retire su amenaza.
c. El enfado de Jonás (4, 1-11)
Las palabras con que Jonás expresa su
decepción (se lamenta porque Dios es compasivo y misericordioso) revelan
claramente su carácter y los motivos que le impulsan. Intentó evitar la misión y huyó porque sabía
que Dios se iba a apiadar de los ninivitas si éstos se arrepentían. Para Dios, la misión ha sido un éxito, para
Jonás un fracaso. Incluso quiere morir
porque su misión ha tenido éxito. Dios
no es vengativo con esta actitud de Jonás sino que acepta darle explicaciones,
pero como el profeta no acepta las palabras, una planta de ricino que en
seguida crece y se seca le puede servir de ejemplo. Si Jonás se apena por un ricino que se seca,
¿no va Dios a apiadarse por tantas personas como hay en la ciudad? La respuesta
queda en manos del lector.
2. ¿Quién es este Jonás?
La única persona que en el Antiguo
Testamento se conoce con este nombre es Jonás, hijo de Amitay, procedente de
Gat Jéfer, cinco kilómetros al noreste de Nazaret (2 Re 14,25-27). Anunció la conquista con que Jeroboam II de
Israel (783-
Se podría esperar que el Jonás del libro
de Jonás actuase igual que el Jonás de 2
Re, pero no sucede así. Mientras que el
Jonás histórico es un profeta de calamidades para los enemigos de Israel, ya
que perderán su territorio frente a Jeroboam II, el Jonás de nuestro libro no
es un profeta glorioso que proclama la salvación de Israel, sino que trata de
escapar de su misión profética, contraria al Jonás histórico: anunciar un
mensaje de salvación a un pueblo extranjero.
Según la mayor parte de los autores, la
relación entre los dos Jonás es literaria, no histórica, pues ni siquiera
pertenecen a la misma época. Mientras
que el de 2 Re pertenece al siglo VIII a. C., el libro de Jonás se puede
fechar, probablemente, en el siglo V a. C.
Por su contenido y lenguaje se puede situar después del exilio (
Así, el Jonás profeta del siglo VIII a.
C. es sólo la ocasión para usar su nombre en este libro. El Jonás del libro es, más bien, el
representante de un grupo, el símbolo de un ambiente, el que habla en nombre de
una comunidad que se enfrenta con un gran problema. Seguramente la comunidad reflejada es
3. ¿Es histórico el libro de Jonás?
Desde la antigüedad, los autores judíos
y cristianos consideraron histórico el relato.
Sin embargo, los autores modernos ven en Jonás un cuento religioso. El héroe salió de 2 Re 14, 25, donde se
nombra aun tal "Jonás, hijo de Amitay", sin decir nada de su vida. Resultaba fácil atribuir a este nombre
aventuras ficticias destinadas a ilustrar
una teología. El libro quiere proponer
una doctrina, la de la universalidad de la salvación.
Las fuentes de la ficción en este libro
son muchas. Puede haber un fondo
mitológico presente en diversos pueblos: un individuo tragado por un monstruo y
devuelto otra vez. La repetición del
tema bíblico del profeta desobediente respecto a Dios, que ilustran Balaam (Nm
22-24), Elías, cuya historia a veces resulta paralela con la de Jonás, y que
habla como éste (1Re 19, 4 y Jon 4, 3), Moisés (Ex 4, 10-14) y Jeremías (Jr 1,
6). También recoge el libro de Jonás
varios desarrollos contenidos en los libros de Jeremías y Ezequiel.
El libro de Jonás, partiendo de algunos
datos de
Aunque en el libro haya nombres
históricos, el interés histórico y biográfico no es el principal, ya que no se
dice nada sobre la patria del profeta, el tiempo en el que tuvo lugar la
misión, o el nombre del rey de Nínive.
El autor no está preocupado por la coherencia del relato, sino por su
lección moral. Los personajes tienen un
carácter típico: los marineros y los ninivitas representan a los paganos, como
modelo de religiosidad y obediencia, mientras que Jonás personifica a los
judíos nacionalistas, celosos de sus privilegios.
El relato está lleno de afirmaciones
inverosímiles y de prodigios en cadena. Que un profeta hebreo, en este caso
Jonás, sea enviado a una gran nación pagana a predicar la penitencia, es tan
sorprendente y extraordinario que supera la misión de Elías en Fenicia, la de
Eliseo en Siria e incluso la de Jeremías como profeta de las naciones (Jr 1,
5). La tempestad se desencadena en el
momento justo, para que Jonás no pueda huir.
Engullido por el pez, allí permanece tres días y tres noches hasta que
es devuelto a la playa. En Nínive, la
gran ciudad pagana, no encuentra resistencia a su predicación, es más, todos se
arrepienten. Este éxito, superaría con
creces los resultados de los grandes profetas que predicaron en Israel. El ricino crece en una noche, resguarda a
Jonás que se encuentra ya protegido, y tras unas horas, el ricino se seca.
Pero también hay que tener en cuenta el
sentido en el que es histórico el libro.
Aún admitiendo que no es histórico (según lo que nosotros entendemos por
historia) el libro de Jonás y que éste no ha existido nunca, la ficción no
resta historicidad al texto porque éste se sitúa en una historia muy concreta de Israel que
vive su fe de manera muy contradictoria.
Mientras que los profetas han proclamado un Dios clemente y
misericordioso, el judaísmo de esa época parece cerrarse y rechazar esa concepción.
Respecto a la existencia del libro, el
primer testimonio seguro es el texto de Eclo 49, 10, que habla de los doce
profetas y, ya que este libro se remonta aproximadamente al
4.
Jonás, un profeta distinto
"El Señor dirigió su palabra a
Jonás" (Jon 1, 1). Con este
encabezamiento suelen comenzar el envío de los profetas a la misión. No es muy distinto en Oseas ("Palabra
que el Señor dirigió a Oseas... " Os 1, 1), Joel ("Palabra del Señor
que dirigió a Joel..." Jl 1, 1) y Elías ("Luego el Señor le dirigió
su palabra..." 1Re 17, 2). Pero los
profetas son enviados exclusivamente a Israel para denunciar el pecado y, a
través de la conversión, llegar a la salvación.
Sólo Jonás es enviado a una nación extranjera con un mensaje de Dios
para ella. Y vaya mensaje: si no se convierte, será destruida. Ni siquiera Elías, que había sido enviado a
Damasco, a donde se dirigió por medio de otra persona, tuvo misión semejante.
Jonás es un profeta y es
Podríamos calificar a Jonás como el
profeta de la huída. Huye de Dios y a
nosotros parece que también se nos escapa porque es difícil situarle. Siempre está en constante movimiento. Se embarca en dirección contraria a donde
debía dirigirse, se esconde de todos en el fondo de la nave. Mientras todos rezan, él ni se entera, pues
permanece durmiendo profundamente. En el
mar, dentro de la ballena, en tierra, en la ciudad de Nínive, fuera de la
ciudad, Jonás parece estar en todos los lugares.
Y por si fueran pocas sus rarezas,
invoca en varias ocasiones a la muerte.
Es un empeño raro de Jonás. ¿Será
porque sus planes no coinciden con los de Dios y quiere quitarse de en medio
drásticamente? En las pocas páginas de
su libro, en cuatro ocasiones habla de muerte:
En medio de la tempestad, se ofrece para ser arrojado al mar y aplacar
en enfado de Dios (Jon 1, 12); después de la conversión de Nínive se enfada y
quiere morir (!porque ha tenido éxito!) (Jon 4, 3); la sequía del ricino, que
le servía de sombra, le lleva a pedir la muerte en dos ocasiones (Jon 4, 8.9) y
la segunda de ellas, incluso con resolución, ya que le dice a Dios "Sí, me
parece bien enfadarme hasta la muerte".
5.
Contra el particularismo de Israel
En el siglo V a. C. ya no existía el
reino de Judá. En su lugar, había una
pequeña provincia que pertenecía al imperio persa. La comunidad judía, poco numerosa, era muy
integrista y nacionalista, replegada en sí misma y muy preocupada por la pureza
de sangre. Sufre la obsesión por el
pecado y el odio al paganismo. Las
liturgias penitenciales son numerosas en recuerdo por el pecado que, según los
profetas, llevó a la destrucción del templo, el final de la monarquía davídica
y el castigo del destierro.
El Dios de los patriarcas y profetas
pasa a ser de provecho exclusivo de los judíos, ya que ellos son los
privilegiados ante Él. El Dios que han
dado a conocer los profetas, es sólo el Dios de la comunidad judía encerrada en
sí misma. Esta es la época en la que se escribió el libro de Jonás. Corresponde
a la reconstrucción del segundo Templo y a la revitalización de la religión
judía con Esdras y Nehemías.
Se tomaron medidas para purificar la
religión de influencias exteriores. Este
particularismo fue más allá al ser anulados los matrimonio mixtos: se consideró
una traición a Dios haberse casado con mujeres extranjeras, aumentando así la
culpa de Israel, por lo que exclamaba Esdras que se separaran de la población
del país y de las mujeres extranjeras (Esd 9-10). También los jefes, levitas y
sacerdotes se comprometieron a no casar a sus hijas con gentes del país ni a
los hijos con extranjeras (Neh 8, 31).
Tampoco se permitió a las poblaciones vecinas, especialmente a los
samaritanos, que ayudasen en la reconstrucción del Templo. La respuesta de los judíos era clara:
"No edificaremos juntos un templo a nuestro Dios..., lo edificaremos
nosotros solos en honor del Señor, Dios de Israel" (Esd 4, 2-3)
Esta restauración después del exilio
había llevado a límites extremos la separación y el odio casi sagrado a todos
aquellos que no pertenecían a Israel.
Los judíos esperaban con impaciencia
el cumplimiento de las profecías contra los pueblos paganos hechas por
los antiguos profetas. Pero Tiro
resistió a Nabucodonosor, pese a que Ez
26-28 hablaba de "pasar a cuchillo a sus poblados de tierra adentro,
destruir sus murallas y saquear sus riquezas"; Ciro perdonaba a Babilonia,
en contra de Jer 50-51 que anunciaba su conquista y destrucción, invitando a
huir a todos sus habitantes para no morir; Amón, Moab, Edom y Filistea aún se
mantenían, a pesar del exterminio y la desaparición que anunciaba Ez 25,
1-14.
Estos israelitas esperaban con fervor el
día en que finalmente el castigo anunciado tendría lugar. Estaban convencidos de gozar personalmente de
la misericordia divina, y no se les ocurría, en absoluto, que otras naciones
pudieran ser beneficiarias de la misma, por lo que el retraso en este
cumplimiento provocaba el escándalo y la exasperación del sentimiento
nacionalista.
Toda esta política postexílica también
tuvo una oposición y una literatura en contra.
Rut y Jonás contra el particularismo, Job y Qohélet contra la
interpretación rigorista de la enseñanza sapiencial en aquel tiempo. Concretamente, el mensaje del libro de Jonás
es una reacción frente a ese excesivo particularismo y frente a una
concepción justiciera de Dios. En este sentido, la elección de Nínive no es
casualidad. Cuando se escribe el libro de
Jonás, Nínive pertenece ya al pasado, pero se la recuerda como la gran ciudad
cruel y opresora, símbolo de máxima hostilidad contra el pueblo de Dios.
No se puede pasar por alto lo que la
historia, la arqueología y
Así, dos son los aspectos del mensaje
del libro de Jonás: la posibilidad de conversión de los enemigos opresores, y
la aceptación por parte de Israel de que Dios sea misericordioso con
ellos. Estos aspectos son muy
importantes, pero difíciles de aceptan para un Israel acostumbrado al
aniquilamiento del opresor como única vía de salida. Y todavía más difícil en el caso del libro de
Jonás, ya que éste, distanciándose de otros textos universalistas del Antiguo
Testamento no concibe la conversión de los pueblos paganos pasando por la
incorporación al pueblo de la alianza, sino simplemente a través de un cambio
de conducta desde la situación religiosa en la que se encuentran. Es tan novedoso este mensaje, que no extraña
ver reflejada en el recalcitrante Jonás la actitud reticente de un pueblo que,
desde su conciencia de elección, intenta poner límites al amor misericordioso
de Dios.
Con Jonás, el profetismo acoge un
sentido de Dios original (Jon 4, 2), al que trata de clemente, compasivo,
paciente y misericordioso. Este sentido
proviene de la liturgia, en especial de la alianza, donde se dice que
"Dios es clemente y compasivo, lleno de amor y fiel, que mantiene su amor
eternamente", además de "paciente y misericordioso, que perdona la
maldad y la rebeldía" (Ex 34,6; Nm 14,18).
También aparece esta concepción en los ambientes sapienciales, siempre
abiertos a lo universal. Israel descubre
como una novedad todas las implicaciones, sobre todo universalistas, de un
determinado sentido de Dios que había recibido de su tradición.
El autor hace del profeta,
deliberadamente, un representante típico del ridículo particularismo de algunos
hebreos, escandalizados porque no se veía todavía el cumplimiento de los
oráculos proféticos contra las naciones vecinas. Pero el mensaje del libro se levanta por
encima de los más grandes representantes de la religión del antiguo Israel. Amós había insistido en la igualdad de los
pueblos ante la justicia de Dios, pero el autor de Jonás proclama la igualdad
ante el amor de Dios. Es también más
profundo y generoso que el autor de Rut y el del capitulo 56 de Is, quienes
exigen a los paganos convertidos el derecho a que se conviertan en hebreos, ya
que admite que los extranjeros, aun siguiendo tales, pueden convertirse en
adoradores del verdadero Dios.
6.
Y todo, llevado con humor.
Leído por primera vez, el libro de Jonás
parece un cuento, una historia divertida e, incluso, disparatada. Ya, el nombre, después de haber leído la
historia, causa sonrisa. No podía estar
elegido más a idea este nombre. Jonás
significa en hebreo "paloma".
No es precisamente una paloma inocente Jonás, sino un ave de presa. Su presa es Nínive, a la que quiere ver
condenada. Y el apellido, también choca
con lo leído. "Hijo de Amitay"
significa hijo del veraz, del verdadero.
Causa sorpresa que la verdad de Jonás, la exclusividad de la salvación
para los judíos y el castigo a los paganos, no coincide con la verdad de Dios,
que es la contraria, la salvación para todo el que se arrepiente, sea judío o
pagano.
Y con este estilo continúa el
libro. Un hombre que marcha justo al
lado contrario de donde le manda Dios.
La tempestad en el mar, de la que se enteran todos, menos él que está
durmiendo, le impide huir. Un pez que se lo traga y, ya dentro de él, entona un
salmo de acción de gracias cuando todavía no ha salido del peligro. Tres días dentro del pez y sigue su camino hacia
Nínive. Los ninivitas que se convierten
apenas oyen unas palabras del Jonás. La
irritación de éste porque un gusano le seca el ricino que le servía de
protección frente al sol abrasador. Todo
ello hace sonreir por su aparente ingenuidad, y, sin embargo, el relato seduce
al lector.
El libro está lleno de paradojas
cómicas. Ya hemos dicho que desde el
comienzo, el libro está lleno del humor de Dios y del autor por escoger el
nombre de Jonás para el relato. Jonás,
el hijo de Amitay, que había anunciado que Israel reconquistaría los territorios
perdidos en guerras anteriores, es el enviado, unos siglos después, a llevar la
conversión y la misericordia de Dios, no la destrucción, a los enemigos.
Un profeta desobediente, estrecho de
miras frente a unos paganos con sus dioses, simpáticos y religiosos, muy
respetuosos con Jonás el judío, al que se resisten a tirar por la borda y
salvarse ellos, para no manchar sus manos de sangre. Una gran ciudad pecadora convertida al
instante por una predicación de apenas unas palabras y perdonada al instante
por Dios. Un Dios que tiene una gran
paciencia con su profeta rebelde y protestón.
Un Dios de Israel que se convierte en universal para salvar a unos
paganos y cambiar la mentalidad de su profeta.
A través de las paradojas se va descubriendo un Dios que tiene una
imagen distinta a la del Dios tradicional.
El relato tiene, en el fondo, un alcance
religioso y una enseñanza que va dirigida a un grupo en particular: los
nacionalistas judíos, que se creen los únicos elegidos y piden la exclusividad
de Dios para con ellos, no están en lo cierto.
Son más religiosos los paganos, y más sensibles a la palabra de
Dios. Esta opinión supone un
atrevimiento teológico para la época en que se escribe, pero puede expresarla a
través de un cuento teológico. El relato
es ficticio, pero tiene un claro alcance religioso.
El autor ha conseguido escribir un
cuento interesante, pero sólo como excusa, ya que a través de él ha sido capaz
de introducir ciertas verdades esenciales, pero difíciles de digerir para su entorno
religioso y nacionalista. Seguramente si
se hubiera escrito el libro con claridad, no hubiera sido aceptado, sino
criticado y rebatido. Pero el libro de
Jonás logra su objetivo, ya que no llega a irritar a nadie. ¿Quién se va a enfadar por un relato
divertido e inofensivo? Y, sin embargo,
el autor, indirectamente, nos dice su verdad: los paganos resultan simpáticos y
Jonás el judío, ridículo. ¿Y si los
paganos están más cerca de Dios que los judíos?
Y el autor acaba el libro con la gran pregunta con la que el lector
cierra su lectura: ¿Y yo no voy a tener compasión de Nínive, la gran ciudad? (
Jon 4, 10-11). Así, el lector judío de
aquel tiempo queda confuso y es obligado a reflexionar porque parece imposible
que Dios pueda perdonar a unos paganos que habían, prácticamente, destruido a
Israel.
RAFAEL ANTONIO FLETA SORIANO
elcantarodesicar
Zaragoza, agosto 2005