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Plaza Mayor

 

EL LIBRO DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES

1.    INTRODUCCIÓN

 

Para Lucas no basta un Apéndice para describir los acontecimientos que tuvo que pasar la misión inicial hasta alcanzar su objetivo, es decir la universalidad.  Hace saltar los moldes demasiado rígidos del género “evangelio” en los que había aparecido la figura de Jesús como protagonista principal, creando una obra doble en forma de díptico. El segundo libro viene a ser una continuación del primero (se puede comparar Lc 1,1-4 con Hch 1,1).  Para crear esta unión entre los dos libros, repite los mismos temas al final del primer libro y al principio del segundo (comparar Lc 24 con Hch 1,2-14).

 

Para dar remate a la obra de Jesús, Lucas se sirve de un tema muy conocido en la tradición judía, el arrebatamiento de Henoc (Sir 49,10 y Gn 5,24) y sobre todo el de Elías (2Re 2,9), pero con nuevas connotaciones, como son la muerte violenta de Jesús (Lc 9,51) y su ascensión al cielo (Hch 1,2.22).

 

Lc 24,50-53 es la conclusión del ministerio terrestre de Jesús.  Hch 1,6-8 es el punto de partida de una nueva historia, los comienzos de la Iglesia impulsada por el E.S.

 

Para Lucas la venida de Jesús desencadena un conjunto de acontecimientos históricos irrepetibles.  La historia queda marcada por unos hechos y unos sucesos concretos.  La conclusión de este historia viene dada por la Ascensión, precedida por las últimas instrucciones de Jesús a los apóstoles.  Hechos viene a ser la continuación de un comienzo, un segundo período de la actividad de Jesús.

 

Para Lucas, la importancia de los doce apóstoles se debe al hecho de que representan la continuidad entre el tiempo de la actividad de Jesús y el tiempo de la Iglesia.  Son a la vez testigos y transmisores.

 

Según Hch 1,6-7, en la determinación de Jesús no hay una “planificación apocalíptica” del curso de la historia.  La Pascua no es el final.  Aún queda cierto tiempo hasta que llegue la consumación.  De momento lo que se da es una preparación para la venida del E.S. (1,13-14).  La oración en común y la preparación de los discípulos para esta venida son dos rasgos importantes en Lucas.

 

Según J. Dupont[1], Lucas ha colocado en sus dos libros la definición de la misión universal dada por Jesús (Lc 24, 47 “en su nombre se anunciará a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén, la conversión y el perdón de los pecados”; Hch 1,8 “Vosotros recibiréis la fuerza del E.S. que vendrá sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines de la tierra”).  Incluso esta misión también se puede ver en otra parte del libro: Hch 26,22-23, donde el Mesías anunciaría la luz a los judíos y al pueblo pagano.  Afirma también Dupont que Lc 24 sigue el esquema de los discursos de Hechos.  Asocia la mención del “testimonio” de Lc 24,48 con la afirmación de la resurrección en Hch 2,32; 3,15; 5,30.  Encuentra el paralelo de Lc 24,47 en la promesa de remisión de los pecados en Hch 2,38 y 3,19.  La garantía de la Escritura de Lc 24, 46-47 aparece en Hch 10, 43

 

Vista la conexión entre estos dos libros, Evangelio de Lucas y Hechos de los Apóstoles, se puede comprobar también la relación  entre el Espíritu y la Historia en el segundo de ellos.

 

1.    HISTORIA Y ESPÍRITU SANTO EN EL LIBRO DE LOS HECHOS

 

1.1   Los Hechos de los Apóstoles, anclados en la historia

 

Esta obra lucana, junto con el resto de los escritos neotestamentarios, no está flotando en el vacío, sino que está sólidamente anclada en una serie de experiencias y situaciones eclesiales concretas que incluyen antagonismos y profundas divergencias.

 

Podemos afirmar que Lucas es historiador, aunque prestando mucha atención a esta afirmación.  Lucas no fue sólo un cuenta-historias o un teólogo que usa la historia como adorno, sino que fue un teólogo en cuanto historiador.  La historiografía fue para él una tarea teológica.  Esta pretensión ya la formula como programa en el prólogo a su evangelio (Lc 1,1 ss), y vale también para los Hechos.  Lucas está muy bien informado sobre acontecimientos políticos y cuestiones jurídicas, por ejemplo con ocasión del proceso de Pablo.

 

Si bien en el siglo XIX F. Chr. Baur, teólogo de Tubinga, negó la objetividad histórica de los Hechos, sin embargo con el tiempo se ha ido cambiando de opinión.  Los Hechos quieren presentarse como una historia, una exposición histórica del crecimiento y difusión de la primitiva Iglesia cristiana y de la carrera triunfal del Evangelio a través de los países del Imperio romano, por encima de las persecuciones y oposición de los enemigos.

 

Las informaciones históricas son de gran valor.  Aún teniendo las cartas de Pablo, sin este libro, mucho de lo relacionado con el desarrollo histórico del cristianismo primitivo sería desconocido para nosotros.  Lucas no quiere ni puede medirse con los grandes historiadores antiguos (Tucídides, Polibio, Tácito).  El libro no es una exposición exhaustiva de los acontecimientos, ni se ciñe a una cronología precisa y completa.  Persigue un fin religioso práctico y quiere, ante todo, mostrar la expansión geográfica del cristianismo.

 

A la primera mitad del libro le faltan indicaciones cronológicas y la precisión de la segunda parte.  La única excepción es la noticia de que la actividad de Bernabé y Pablo en Antioquía duró un año (11,26).  Lo narrado en los primeros quince capítulos, en conjunto, llena unos veinte años[2].  Se puede levantar una cronología aproximada porque gracias a la historia se conoce la época del reinado de Herodes Agripa I (Hch 12,1ss).  En la segunda mitad del libro se encuentran datos cronológicos de gran valor (18,11: año y medio en Corinto; 28,30 dos años en Roma), que hacen posible una cronología mucho más segura a partir del concilio apostólico.

 

También se puede controlar la fidelidad histórica de los Hechos por las noticias extrabíblicas sobre personas, acontecimientos, organizaciones, aspectos de la historia religiosa y cultural de su tiempo.  En el libro figuran personas, acontecimientos de la historia judía, instituciones religiosas de judaísmo; intervienen funcionarios romanos y de varias ciudades; se habla de procedimientos judiciales.  Aparecen nombres de ciudades, provincias y países.  Así, es posible controlar una gran cantidad de datos concretos de todo género, mediante testimonios profanos.  En la gran mayoría de los casos, los datos de Hechos encuentran en esos testimonios la confirmación.  Sólo en unos pocos casos se presentan divergencias, pero no se ha podido demostrar que sean erróneos.

Los Hechos, además de contener datos que demuestran estar conectados con la historia, en sí mismo es un libro dinámico.  Se puede dividir el libro en tres partes con una clara orientación y progreso hacia el futuro[3]:

 

Introducción (Hch 1,1-11)

 

1. La Iglesia en Jerusalén (Hch 1,12-5,42)

    a) La primera comunidad (Hch 1,12-2,47)

    b) Pedro y Juan (Hch 3,1-5,11)

    c) Los apóstoles (Hch 5,12-42)

 

2. De Jerusalén a Antioquía (Hch 6,1-12,25)

    a) El grupo de los helenistas (Hch 6,1-8,3)

    b) Evangelización de Samaría (Hch 8,4-9,31)

    c) Pedro confirma la misión a los paganos (Hch 9,32-11,18)

    d) Evangelización de Antioquía (Hch 11,19-12,25)

 

3. De Antioquía a Roma (Hch 13,1-28,31)

    a) Evangelización de Chipre y Asia Menor (Hch 13,1-15,35)

    b) Evangelización de Grecia (Hch 15,36-21,14)

    c) El camino hasta Roma (Hch 21,15-28,31)

 

La progresión histórica del mensaje se ve con claridad en este esquema de Hechos.  Partiendo de Jerusalén y por circunstancias históricas (la persecución), se llega a Antioquía expandiendo el mensaje entre los paganos.  De Antioquía y a través de toda la geografía de Asia Menor y parte del Mediterráneo, acabará el libro en la ciudad de Roma.  Todo esto supone un progreso geográfico (se rompen las fronteras físicas) y teológico (se rompen las fronteras ideológicas).

 

1.2   Presencia del Espíritu Santo en los Hechos de los Apóstoles

 

El tema de Hechos, de principio a final, es la Iglesia.  La partida de Jesús (Hch 1,3-8), la venida del Espíritu Santo (Hch 2, 1-16), la constante asistencia de Dios, todo está orientado hacia la Iglesia.  Y esta Iglesia es la comunidad de discípulos guiados por el Espíritu Santo, para que den testimonio de Jesús desde la experiencia de la fraternidad.

 

Lo primero que determina a esta comunidad de discípulos es la presencia del Espíritu..  No son un grupo de personas movidas por su propia fuerza o iniciativa, sino por la fuerza de Espíritu Santo, que Dios había prometido (Hch 2, 16-21).  Esta fuerza que había acompañado a Jesús durante toda su vida y que él había prometido a sus discípulos antes de subir al cielo, se hace presente en el comienzo mismo de la Iglesia, el día de Pentecostés (Hch 2,1-13).  Pedro declara entonces expresamente en su discurso que el hablar en lenguas, de lo cual son testigos los oyentes, significa que Cristo glorificado ha recibido del Padre y enviado a los discípulos el don que consiste en el Espíritu Santo.  También recuerda Pedro en su discurso que el don del Espíritu Santo lo recibirán los que le escuchan a condición de que crean y se hagan bautizar.

 

En realidad, el Espíritu es el verdadero protagonista del libro y de la extensión del evangelio hasta los confines del mundo.  Los personajes (Pedro, Esteban, Pablo) aparecen y desaparecen, pero el Espíritu está siempre alentando a la Iglesia.

 

El Espíritu es quien mueve a los discípulos a dar testimonio de Jesús.  La Iglesia que nos presenta el libro de los Hechos es, ante todo, una Iglesia misionera, en la que los discípulos no dicen su propia palabra, sino que dan testimonio del acontecimiento central de la historia: la salvación de Jesús.  Los doce con Pedro a la cabeza, los siete capitaneados por Esteban, los doctores y profetas de la Iglesia de Antioquía, cuyo principal representante será Pablo, todos ellos hombres llenos del Espíritu Santo, forman una cadena que va llevando el testimonio de Jesús desde Jerusalén (apóstoles) hasta Antioquía (helenistas) y hasta los confines del mundo (Pablo), cumpliendo así el encargo que les dejó Jesús antes de marchar (Hch 1,8).

 

En algunos casos particulares se pone expresamente de relieve la presencia del Espíritu Santo; así, por ejemplo, los doce dan a toda la comunidad el encargo de seleccionar siete hombres “llenos de Espíritu y sabiduría”, para colocarlos al frente del servicio de las mesas (6,3).  De Esteban, como elogio, se dice que estaba lleno de fe y del Espíritu Santo.  Ananías anuncia a Saulo que se verá colmado del Espíritu Santo.  De Bernabé se hace un elogio igual al que antes se hizo de Esteban.  En casa de Cornelio, el Espíritu Santo desciende durante el discurso de Pedro. 

 

Los efectos del Espíritu son diversos.  Los que más saltaba la vista del lector de Hechos son los llamados “carismas”, tales como el hablar en lenguas y el don de la profecía.  Estos dos carismas se conocen también en las cartas paulinas y gozaban de más aprecio entre los primeros cristianos.

Importante y significativa es la acción que el Espíritu Santo despliega para proveer de fuerza sobrenatural, dirigir y guiar a los encargados de evangelizar y dirigir la Iglesia.  Pedro da testimonio de Jesús como Mesías enviado de Dios ante la multitud de judíos y prosélitos en Pentescostés como delante del sanedrín.  Esteban está dotado de sabiduría y de Espíritu, por eso sus adversarios no pueden nada contra él.

 

El Espíritu también guía en su acción a los mensajeros de la fe.  Él pide a Felipe que se ponga en contacto con el etíope (8,29).  Pedro se beneficia de la dirección del Espíritu Santo cuando se trata de solucionar el difícil problema de la aceptación del pagano Cornelio en la iglesia cristiana (10,19-11,12).  El Espíritu Santo escoge a Bernabé y Pablo para la primera empresa misionera y exige a la iglesia antioquena que los envíe (13,2-4).  El Espíritu Santo cambia los planes de la misión de Pablo (16,6-7).  El concilio apostólico tiene la conciencia de obrar guiado por el Espíritu Santo (15,28).  La promoción de los jefes de la comunidad no se hace sin la cooperación del Espíritu Santo (20,28).  Engañar a los apóstoles es lo mismo que engañar al Espíritu Santo porque él es quien obra a través de ellos (5,3.9).

 

Acerca del modo como se comunica o se recibe el Espíritu Santo, los Hechos no dan sino escasas noticias.  La venida del Espíritu sobe los discípulos en Pentecostés y sobre la casa de Cornelio son casos excepcionales.  De ordinario, los que reciben el Espíritu Santo son los bautizados en el nombre del Señor Jesucristo.  Habría que aclarar si esto sucede por el bautismo o por la imposición de manos, unida o separada del bautismo.  Los samaritanos bautizados por Felipe sólo reciben el Espíritu santo cuando los apóstoles Pedro y Juan les imponen las manos (8,15-16), y los discípulos de Juan en Éfeso, mediante la imposición de manos de Pablo.

 

 

1.3   Marco geográfico del libro de los Hechos

 

Situándonos delante de un mapa podemos comprobar que la zona donde se desarrollan los acontecimientos de este libro es geográficamente bastante extensa.  Abarca Palestina, Siria, Asia Menor, parte de Grecia y varias islas del Mediterráneo hasta llegar a Roma.  El libro está escrito en progresión, como un viaje que empieza en Jerusalén con la Ascensión y las instrucciones de Jesús hasta dejar a Pablo en el último capítulo en Roma anunciando el evangelio.  Vamos a seguir el proceso.

 

Durante los siete primeros capítulos la acción transcurre en Jerusalén hasta la muerte violenta de Esteban.  A partir de esta muerte se desencadena una persecución contra la iglesia en Jerusalén y todos, excepto los apóstoles, se dispensan por Judea y Samaría (8,1-2).  Comienza el camino que va a llevar en una primera etapa hasta Antioquía.

 

Se amplía el campo con la conversión de Pablo y su predicación en Damasco (célebre y rico centro comercial, situado al este del Antilíbano, que contaba con una gran colonia judía).  Mientras tanto la iglesia se va consolidando en toda Judea, Galilea y Samaría (9,31).  Pedro visita a los creyentes de Lida (actual Lod, situada a unos 40 km. al nordeste de Jerusalén, justo en el límite entre la región montañosa y la fértil llanura de Sarón, que se extiende por la costa en dirección norte, hasta el Carmelo).  Más tarde, de Jafa (15 km. al noroeste de Lida, en las costa, antigua ciudad portuaria filistea), sube a Cesarea, a casa de Cornelio.

 

Los que se habían dispersado a causa de la persecución por el caso de Esteban, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, pero predicando sólo la palabra a los judíos (11,19).  “Fenicia” en aquella época designaba la franja costera, de unos 120 km. de largo, que se extendía desde el Carmelo, en el sur, hasta el río Eleúteros, en el norte.  La isla de Chipre se había convertido desde el año 22 a.C. en una provincia senatorial del Imperio romano.  Antioquía estaba situada a 25 km. de la costa, tierra adentro, a orillas del río Orontes Con la ocupación romana quedó como capital de esta provincia y experimentó un enorme desarrollo hasta convertirse en una de las grandes ciudades del Imperio.  Sólo era superada en habitantes y esplendor externo por Roma y Alejandría.  En el aspecto cultural y religioso era la gran encrucijada entre Oriente y Occidente.

 

Pero la misión sigue avanzando, y Pablo y Bernabé evangelizan Chipre (13,4-12), hablando posteriormente en la sinagoga de Antioquía de Pisidia, ciudad fundada por Antíoco el Grande y convertida en colonia romana por Augusto, por lo que pasó a formar parte de la región meridional de la provincia de Galacia, habitando en ella una numerosa comunidad judía.  Expulsados de este territorio (13,50), se dirigen a Iconio, ciudad situada al sudeste de Antioquía que formaba parte de la provincia de Frigia.  Había recibido de Claudio el título de colonia romana.  De allí escapan a Listra (14,5-6), a seis horas de camino al sur de Iconio.  Desde fines del año 6 a.C. era una colonia militar.  Unas ocho horas hacia el sudeste se encontraba Derbe, no  lejos de las gargantas del monte Tauro. Desde el 41 d.C. era ciudad fronteriza de la provincia romana de Galacia.  En Listra y Derbe no había sinagoga.

 

Pablo y Silas recogen a Timoteo en Listra para llevarlo consigo en la misión (16,1-3).  Partiendo de Derbe recorren Listra, Iconio, atraviesan Frigia y Galacia, bajan a Tróade y pasan a Macedonia cruzando el mar Egeo.  Recalan en Filipos (16,11-12), ciudad de carácter especial por su condición de colonia romana que constituía una entidad aparte, con su ambiente social y un sistema jurídico totalmente particulares. El paso de Pablo a Europa no comienza con una marcha triunfal sino con un enfrentamiento con las autoridades romanas.

Pablo y sus compañeros pasan por Anfípolis y Apolonia para llegar a Tesalónica, segunda comunidad creada en territorio europeo (17,1).  Tesalónica era la capital de Macedonia, fundada en el año 315 a.C.  Durante la dominación romana fue la sede del procónsul de Macedonia y gozaba de los privilegios de una ciudad independiente, con su propio consejo directivo y representación popular.  Las tareas administrativas corrían a cargo de cinco o seis concejales.  Su puerto natural le daba una floreciente economía.  Pablo había previsto proclamar el evangelio aquí porque establecer una comunidad cristiana en una ciudad como ésta abría muchas posibilidades para extenderse por toda la provincia.  Había una numerosa población judía. Tienen que salir de allí porque los judíos de Tesalónica llegan para agitar a la población (17,13).

 

Pablo llega a Atenas (17,16).  En aquella época no tendría mucho más de cinco mil habitantes, y vivía de su glorioso pasado.  En cuanto a población y a importancia económica, había quedado ampliamente superada por Corinto, la próspera capital de la provincia de Acaya.  Pero el turismo cultural buscaba todavía en aquella época de decadencia política las huellas de Sócrates y de Platón.  Pablo se presenta a los paganos debido al reducido número de judíos. Su discurso tiene éxito hasta que habla de la resurrección.

 

De Atenas pasa a Corinto, cambiando su predicación de los judíos a los paganos (18,6).  Corinto era una ciudad nueva y sin tradición.  La antigua Corinto, famosa por su esplendor, había sido destruida en el 140 a.C., pero su privilegiada situación geográfica, en un extremo del istmo que unía el Ática y el Peloponeso creaba condiciones óptimas para el florecimiento de una ciudad portuaria con gran movimiento comercial.  Cesar fundó la nueva Corinto intentando borrar las huellas de la antigua tradición griega, convirtiendo la ciudad en colonia romana, poblada de libertos romanos.  La clase dirigente y la administración eran romanas.  Con el tiempo se hizo una ciudad de población cosmopolita por la afluencia de emigración debido al desarrollo económico.  Aquí del cristianismo podía extenderse pero con el peligro, también, de ser confundido con otras doctrinas religiosas.  De Corinto, Pablo pasa a Antioquía y acaba lo que se denomina su segundo viaje misionero.

 

Pablo vuelve a recorrer Galacia y Frigia fortaleciendo a todos los discípulos en la fe (18,23).  Llega a Éfeso (19,1), situada en la desembocadura del río Cayster, era una de las ciudades más grandes del Imperio romano.  En el año 133 a.C. se convirtió en capital de la provincia romana de Asia y sede del procónsul.  Tenía una floreciente economía debido a su emporio comercial entre Oriente y Occidente.  Poseía un gran puerto y renombre como centro religioso.   El culto de Artemisa se había difundido ampliamente, rebasando los límites de la ciudad.  La estatua de la diosa se erguía en su magnífico templo, que era una de las siete maravillas del mundo antiguo.  Pablo tiene nuevos problemas con los judíos, predica dos años allí y provoca un tumulto con los orfebres porque su predicación daña el negocio de éstos. 

 

Pasado el tumulto de los orfebres, se dirige a Macedonia y Grecia.  De Tróade pasa a Mileto, se despide de los responsables de Éfeso (20,17-38) y viaja hacia Jerusalén. 

 

Desde su vuelta a Jerusalén es encarcelado y comienza su proceso que le llevará desde Jerusalén hasta Roma (21-28) pasando por Cesarea, Creta, Malta, Sicilia, hasta llegar por fin a la capital del Imperio Romano.

 

 

 

 

2.    EXPANSIÓN DE LA IGLESIA Y AYUDA DEL ESPÍRITU SANTO

 

2.1   Textos en los que se cita al Espíritu Santo

û  Hch 1,2  Instrucciones bajo la acción del E.S.

û  1,5  Bautizados con E.S.

û  1,8  Los discípulos reciben la fuerza del E.S.

û  1,16  Tenía que cumplirse la Escritura que había anunciado el E.S. por boca de David

     acerca   de Judas.

û  2,4  Pentecostés:  todos quedaron llenos del E.S.

û  2,17  Discurso de Pedro:  En los últimos días, dice Dios, derramaré mi Espíritu...

û  2,18  Lucas por el profeta Joel anuncia que Dios derramará su Espíritu.

û  2,33  Jesús ha recibido del Padre el E.S.

û  2,38  Recibiréis el E.S. si os arrepentís y bautizáis, dice Pedro en su discurso.

û  4,8  Pedro, lleno del E.S.

û  4,25  El E.S. habló por boca de David.

û  4,31  Los discípulos, llenos del E.S.

û  5,3.9  Ananías y Safira: pecado contra el E.S.

û  5,32  Exclamación de los apóstoles:  Nosotros y el E.S. que Dios ha dado a los que

      le  obedecen somos testigos de todo esto.

û  6,3  Elección de los siete:  llenos del E.

û  6,5  Esteban lleno del E.S.

û  7,51  Discurso de Esteban a los israelitas:  os habéis resistido al E.S.

û  7,55  Esteban lleno del E.S.

û  8,15.17  Por la oración de Pedro y Juan los samaritanos reciben el E.S.

û  8,29  El E. conduce a Felipe.

û  8,39  El E. del Señor arrebata a Felipe de la presencia del eunuco.

û  9,17  Ananías va a Pablo para que quede lleno del E.S.

û  9,31  La Iglesia se extendía impulsada por el E.S.

û  10,19  El E. explica a Pedro el sentido de la visión en Jafa.

û  10,44.45.47   El E.S. desciende sobre los paganos.

û  11,12.15.16  Explicación de lo anterior.

û  11,21  Bernabé era un hombre bueno y lleno del E.S. y de fe.

û  11,28  Agabo, profeta, movido por el E.

û  13,2  El E.S. habla a Bernabé y Pablo.

û  13,4  Bernabé y Saulo movidos por el E.S.

û  13,9  Saulo, lleno del E.S.

û  13,52  Los discípulos estaban llenos de gozo y de E.S.

û  15,8  Dios ha otorgado el E.S. a los paganos.

û  15,28  Asamblea de Jerusalén:  Hemos decidido el E.S. y nosotros...

û  16,6.7  Pablo y Timoteo:  El E.S. les impide anunciar la palabra.

û  19,2.6  Los de Éfeso reciben el E.S. por medio de la imposición de manos de Pablo.

û  20,22.23  Pablo, forzado por el E.S. va a Jerusalén.

û  20,28  Pablo a los responsables de Éfeso:  El E.S. os ha constituido pastores vigilantes de

      la Iglesia de Dios.

û  21,4  En Tiro:  movidos por el E. decían a Pablo que no subiera a Jerusalén.

û  21,11  Agabo: “Esto dice el E.S.”.  Anuncio del martirio de Pablo.

û  28,25  Hablando Pablo a los judíos de Roma:  “Con razón dijo el E.S. a vuestros

      antepasados por medio del profeta Isaías...”

 

2.2   Consideración general de los textos

 

A primera vista se puede comprobar cómo la acción del Espíritu Santo está presente en prácticamente todos los capítulos del libro de los Hechos y con un papel importante.  Su actuación es esencial para entender el desarrollo de este libro, que es el desarrollo de la Iglesia en sus orígenes.  Desde el primer capítulo del libro (1,2) hasta el último (28,25), no deja de nombrarse.  Aparece dando instrucciones a los apóstoles (1,2), infundiendo fuerza y valentía (1,8), de testigo junto a los apóstoles (5,32), tomando decisiones junto a los apóstoles (15,28).  Su papel es muy variado, incluso negativo para quien se opone a él (5,1-11 Ananías y Safira, 7,51 resistencia de los israelitas, 28,25 reproche a los israelitas).

 

En el comienzo del libro se presenta a Jesús dando instrucciones a los apóstoles bajo la acción del E.S.  Les ordena a que no salgan de Jerusalén porque allí serán bautizados con el E.S.  Así, con las instrucciones y el bautismo, todo queda preparado para andar el camino.  Y por si faltara algo más, Jesús mismo les había prometido la fuerza del E.S. (1,8).

 

El E.S. también tiene que ver en la elección de un nuevo apóstol ocupando el sitio dejado por Judas (1,16) ya que anuncia el cumplimiento de la Escritura.

 

Después de estos prolegómenos llega el gran momento, Pentecostés (2,4).  Todos los reunidos quedan llenos del E.S., y de unos ciento veinte que eran anteriormente, después del discurso de Pedro pasan a agregarse unos tres mil (2,41).  El E.S. favorece claramente a la comunidad cristiana, que aumenta en número y en prestigio.  Esta comunidad está asentada en el mundo, no es algo irreal, por lo que debe desarrollarse y expandirse.  Pedro afirma también en su discurso que Jesús, habiendo recibido del Padre el Espíritu Santo, lo ha derramado (2,33), por lo que invita a los que lo escuchan a bautizarse para que se les perdonen los pecados y puedan recibir el E.S. (2,38).

 

La vida en comunidad se va desarrollando, aunque quizá lo cuenta Lucas de una forma muy idealizada.  Pedro y Juan por su actuación son perseguidos por el sanedrín, pero consiguen que  por sus palabras, se sumen otras cinco mil personas a la comunidad.  Pedro, lleno del E.S. se atreve a hablar contra los dirigentes (4,8).  Éstos les amenazan, pero no saben qué hacer.  La comunidad se reúne para orar y dar gracias, aprobando el E.S. esta forma de actuar (4,31).

 

Esta vida en comunidad continúa, siendo descrita, como antes, de una forma idealizada.  Pero nos interesa comprobar cómo el E.S. la asiste.  El ejemplo de Ananías y Safira es esclarecedor: no se puede engañar a quien es artífice y sostén de la comunidad cristiana, el E.S.  El castigo es la muerte (5,1-11).

 

Este camino no se puede parar.  Los apóstoles realizan signos y prodigios.  El pueblo los tiene en gran estima.  Los dirigentes (el sumo sacerdote y su partido) “llenos de rabia” los meten en la cárcel.  De la cárcel vuelven otra vez a enseñar al templo justificándose: “Nosotros y el E.S. que Dios ha dado a los que le obedecen somos testigos de todo esto (5,32).  Mientras tanto, nuevas incorporaciones se han ido realizando:  “Una gran multitud de hombres y mujeres se incorporó al número de los que creían en Jesús" (5,14).

 

Durante toda esta primera parte se puede destacar el enfrentamiento entre los apóstoles, que han recibido la tarea de ser testigos (1,8) y la oposición de las autoridades, que les niegan ese derecho.  Así, nos encontramos el discurso de Pedro (3,12-26) y su consecuencia: la persecución por parte de las autoridades (4,1-21).  Como respuesta a los prodigios de los apóstoles (5,12-16), nueva persecución y azotes (5,17-42).

 

Hasta aquí hemos comprobado el crecimiento espiritual y material de la comunidad pero dentro de los límites geográficos de Jerusalén.  A partir de ahora, y debido a las nuevas circunstancias, la Iglesia experimentará una expansión en la que no había pensado, pero que será asistida en todo momento por el E.S. (de Jerusalén a Antioquía).

 

Se necesita organizar la comunidad porque ha crecido en número. Son elegidos para asistirla hombres de buena reputación, llenos del E.S. y de sabiduría (6,3).  Uno de ellos va a destacar a continuación, Esteban.  De él se dice que estaba lleno de fe y del E.S. (6,5).  La historia va siguiendo su curso, pero orientada a favor de la comunidad: la palabra de Dios se extendía, el número de discípulos aumentaba en Jerusalén e incluso muchos sacerdotes se adherían a la fe (6,7).

 

Figura especial es Esteban, de quien se dice que además de E.S., estaba lleno de gracia y de poder (6,8).  Su enfrentamiento con las autoridades es a muerte y su discurso de condena, el más largo del libro.  Les acusa de haberse resistido al E.S.: “Vosotros, hombres testarudos, obstinados y sordos, siempre os habéis resistido al E.S.” (7,51).

 

A continuación, la iglesia en Jerusalén es perseguida.  Pero la consecuencia es más positiva que negativa.  Esto da pie a que esta iglesia se pueda extender.  A que el mensaje de Jesús no quede constreñido a un determinado territorio y a unas determinadas personas.  Los dispersados llegan hasta Samaría, en concreto Felipe.  Felipe también es guiado en todo momento por el E.S. (8,29.39).

 

En el capítulo noveno aparece el personaje que más juego va a dar a la expansión del mensaje cristiano: Saulo, más tarde Pablo. De perseguidor pasa a ser anunciador, pero antes debe recibir de manos de Ananías el E.S.  Después de esto nos dice Hechos que Saulo “tomó alimento y recobró las fuerzas” (9,19).  El E.S, es indispensable para ejercer la misión.  Pablo había tenido una visión, pero no era suficiente.  El E.S. sigue conduciendo la misión.

 

La iglesia sigue extendiéndose impulsada por el E.S. (9,31).  Se abren nuevos campos, y Pedro se adentra en el campo de los paganos, derramándose también sobre estos el E.S. (10,45).  La iglesia de Jerusalén recibe el informe de Pedro y todos callan y alaban a Dios.

 

Sigue la imparable expansión de la iglesia:  los que se había dispersado a causa de la persecución provocada por el caso de Esteban llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, aunque en un principio sólo predican a los judíos (11,19).  A pesar de las dificultades y de una nueva persecución iniciada por el rey Herodes, la palabra de Dios crecía y se multiplicaba (12,24).

 

Después de salir de Jerusalén y de llagar a Antioquía, se puede considerar una tercera fase progresiva en el desarrollo del libro de los Hechos.  De Antioquía se comenzará un camino que va a conducir a Pablo hasta Roma, capital del Imperio y término de su viaje.  Esta parte va a estar prácticamente monopolizada por Pablo y sus viajes.

 

Comienza esta parte, como es habitual en Hechos, haciendo referencia al E.S. (13,2.4).  Bernabé y Saulo  son enviados por el E.S. De Esteban, como de Pablo, se dice que está lleno del E.S. (13,9). Continúa la expansión por Chipre y por Antioquía de Pisidia, donde los judíos sublevaron a las mujeres distinguidas y a los principales de la ciudad, promoviendo una persecución contra Pablo y Bernabé, que acabaron expulsados del territorio.  En Iconio tampoco aceptaron su palabra.  En Listra los judíos también les impiden ejercer su misión.

 

En el capítulo quince se va a tratar un problema clave para la iglesia de entonces: la circuncisión de los paganos para poder ser cristianos. Era una cuestión muy delicada porque podía derivar hacia una judaización de la iglesia naciente.  Había partidarios y detractores.  En Jerusalén se reúne una asamblea para aclarar el tema  Pablo y Bernabé defienden que los paganos han recibido el E.S. y que no es necesario imponerles cargas como la circuncisión (15,8).  En el otro extremo están Santiago y los suyos, observadores más estrictos de la ley.  El E.S. de nuevo ayuda frente a una situación difícil.  Se llega a un acuerdo imponiendo unas condiciones mínimas (15,28).

 

El E.S. ayuda aconsejando pero también prohibiendo.  A Pablo y Timoteo les prohíbe anunciar la palabra en la provincia de Asia.  Él les conduce hacia otro destino: Macedonia (16,6-10).  En los capítulos diecisiete y dieciocho no se hace referencia al E.S. y curiosamente la misión de Pablo tiene poco éxito. De Tesalónica y Berea tiene que huir.  En Atenas se burlan de él cuando habla de la resurrección aunque algunos creen y se unen a él.  En Corinto después de estar un año y seis meses algunos llegan a creer, pero tiene de nuevo problemas con los judíos que lo llevan ante el tribunal del procónsul Galión.  En Éfeso parece tener más éxito, pues algunos discípulos reciben el E.S. por la imposición de manos (19,6).  No puede evitar tampoco los problemas, esta vez por cuestión económica.  Los orfebres, temiendo por su negocio, organizan un tumulto contra Pablo.

 

Pablo, por segunda vez, se ve forzado a actuar según le manda el E. y no según su propia voluntad. (20,22).  Se despide de los responsables de Éfeso y se dirige a Jerusalén.  Antes de marcharse les dice que el E.S. les ha constituido pastores vigilantes de la Iglesia de Dios (20,28).  Así, en este capítulo, el E.S. ordena a Pablo y constituye pastores, dos de las muchas funciones que cumple en Hechos.

 

Del capítulo veintidós al veintisiete, el viaje de Pablo desde Jerusalén hasta Roma, no aparece el E.S.  Sólo será ya al final, en el capítulo veintiocho cuando haga referencia a él Pablo dirigiéndose a los judíos (28,25).  El libro queda con un final abierto que responde a la intención teológica de Lucas.  Con la predicación y enseñanza de Pablo en Roma se completa el programa misionero trazado por Jesús (1,8).  El final de la vida de Pablo interesa muy poco; tampoco se dieron muchos detalles sobre el final de la vida de Pedro (12,17).  No son los mensajeros lo que cuenta, sino el mensaje que ha llegado hasta Roma gracias a la acción del E.S.  Desde allí se hará oír en el mundo entero.

 

El final ha quedado abierto dejando a Pablo impartir doctrina libremente aunque se nos dice que estaba preso.  Aunque de Pablo ya no sabemos nada más, podría haber dos posibles finales incluidos en Hechos y que hacen referencia a su martirio: 20,17-38 despedida de los responsables de Éfeso; 21,10-24 predicción de Ágabo sobre el martirio de Pablo.

 

2.3   Distintas funciones del E.S. en Hechos

 

Es difícil crear unos moldes para incluir la actuación del E.S. en Hechos.  Su actuación sirve prácticamente para todo, incluso con aspectos positivos y negativos, desde ayudar hasta castigar, desde aconsejar hasta prohibir. 

 

Comienza el libro con el E.S. dando instrucciones (1,2).  Función parecida puede verse en 10,19 cuando Pedro recibe la explicación de su visión.  En 11,28 mueve a Agabo para que realice una profecía.  En 13,2 manda separar a Pablo y Bernabé para una misión, mientras que en 21,11 Agabo anuncia el martirio de Pablo.  Se puede ver cómo el E.S. está siempre al tanto para dar la explicación o el sentido correcto en su momento.

 

Se da el E.S. en el bautismo, así en 1,5 se les promete “dentro de pocos días”. En 2,38 Pedro promete este bautismo pero precedido del arrepentimiento.  En 19,2.6 el bautismo de Juan parece no valer, por lo que Pablo vuelve a bautizar e impone las manos.

 

También otra función del E.S. es dar fuerza.  Se recibe su fuerza para ser testigos (1,8).  Pentecostés supone el gran impulso para los discípulos (2,4).  Jesús mismo recibió este E.S. del Padre (2,33).  La iglesia llega a consolidarse y extenderse gracias al E.S. (9,31).

 

Está en conexión con la Escritura.  “Tenía que cumplirse la Escritura que había anunciado el E.S...” (1,16).  En 4,25 habla por boca “de nuestro antepasado David”.  El E.S. habló a los antepasados de los israelitas por boca del profeta Isaías, según Pablo en su discurso a los judíos (28,25).

 

Aparecen también personajes llenos del E.S.  Éste es, curiosamente, el punto donde más citas se pueden encontrar.  Pedro, lleno del E.S. habla a los jefes del pueblo y ancianos de Israel (4,8).  Todos quedan llenos del E.S. después del discurso anterior (4,31).  Siete hombres de buena reputación, llenos del E.S. y de sabiduría son elegidos para el servicio de la mesa (6,3).  Esteban es hombre de fe y lleno del E.S. (6,5).  Durante su martirio, Esteban estaba lleno del E.S. (7,55).  Ananías impone las manos a Saulo para que quede lleno del E.S. (9,17).  Se dice de Pablo en su enfrentamiento con el mago Barjesús, que estaba lleno del E.S. (13,52).

 

Contrariamente a llenarse, el E.S. también ejerce una función de control o negativa, que puede llegar al reproche e incluso a la muerte cuando se atenta contra él.  Ananías y Safira caen fulminados cuando le engañan (5,3.9).  Esteban reprocha a los judíos haberse resistido al E.S. y los llama testarudos, obstinados y sordos (7,51).  En 16,7 impide a Pablo y Timoteo anunciar la palabra en la provincia de Asia.

 

Otra de sus funciones es conducir a las personas.  Felipe es llevado junto al carro del eunuco (8,29) y luego, cuando acaba su trabajo, es arrebatado (8,39).  Pablo, forzado por el E.S. va a Jerusalén (20,22-23).

 

El E.S. no es exclusivo de pocos, sino que desciende también sobre los paganos, produciendo gran sorpresa y un informe de Pedro a la iglesia de Jerusalén (10,44.45.47 y 11,12.15.16).  También se hace referencia a este caso en 15,8.

 

El E.S. decide junto con la comunidad en la Asamblea de Jerusalén (15,28) y constituye pastores vigilantes de la Iglesia de Dios (20,28). 

 

Finalmente, por la oración y la imposición de manos se puede recibir el E.S. (8,15.17)

 

 

3.    PERSONAJES Y DISCURSOS

 

3.1   Personajes de la historia profana en Hechos[4]

 

Otra forma de conectar la historia religiosa con la profana viene dada por la aparición en la primera de personajes que están atestiguados por la segunda y que, por tanto, no son una creación del autor religioso.  En el libro de los Hechos tenemos varios ejemplos.

 

1.  Anás, Caifás, Juan  (4,6)

 

Los apóstoles son perseguidos por el sanedrín, reuniéndose los jefes de los sacerdotes, los ancianos y los maestros de la ley.

 

Un error de Lucas es la mención de Anás como sumo sacerdote.  En aquellos años, el sumo sacerdote era Caifás, yerno de Anás.  Posiblemente en vez de Juan haya que leer Jonatán, hijo de Anás y sucesor de Caifás.

 

2.  Teudas y Judas el Galileo (5,36-37)

 

Después de ser apresados los apóstoles, Gamaliel, doctor de la ley, impide que sean ajusticiados y alega a su favor dos ejemplos históricos: el fracaso de dos figuras mesiánicas (Teudas y Judas el Galileo).

 

 Teudas se presentó en tiempos del procurador Cuspio Fado (desde el 44 d.C, diez años después de la fecha que Lucas atribuye al discurso de Gamaliel), pretendiendo ser el profeta anunciado por Moisés en Dt 18,15.  Prometió a sus seguidores que les haría atravesar el Jordán como lo hizo Moisés a través del Mar Rojo.  Mientras se dirigía a la región del Jordán, lo alcanzaron sus perseguidores, lo decapitaron y llevaron su cabeza a Jerusalén como trofeo de guerra (Josefo, Ant XX 541).

 

Judas el Galileo fue el fundador y el primer organizador del movimiento zelota, enemigo de Roma.  Entró en acción hacia el 6 d.C., en tiempos de la deposición de Arquelao, cuando Judea se convirtió en protectorado romano.  Por tanto la datación de Lucas es exacta al presentarlo “cuando el censo”, el empadronamiento llevado a cabo por el legado imperial Quirino.  Josefo cuenta la historia de Judas (Ant XVIII 4,23; XX 102).

 

 

3. Agripa I  (12,1)

 

El capítulo 12 pone en sintonía la historia de la comunidad cristiana y la historia universal.  La base de esta correspondencia es la persecución desencadenada por el rey Agripa I, al que Lucas, siguiendo el uso popular, llama “Herodes”, que era el nombre de la dinastía.

 

Agripa fue una de las figuras más versátiles en el juego de intereses políticos que se desató por entonces en las provincias orientales del Imperio romano.  Nieto de Herodes el Grande e hijo de Aristóbulo, nació el año 10 d.C.  Educado en Roma, amigo de Calígula y Claudio, llevó una vida disipada.  En el año 37, Calígula le hizo virrey de la tetrarquía de Filipo. Claudio le hizo rey de Judea en el 41.  En política exterior fue partidario del emperador y en la interior se vinculó a las corrientes más tradicionales del judaísmo.

 

4.  Galión  (18,12)

 

Bajo el proconsulado de Galión en Acaya, los judíos se confabulan contra Pablo y lo llevan ante el tribunal.

 

Galión era hijo de M. Anneo Séneca e hijo adoptivo de un acomodado patricio romano, L. Junio Galión.  El hermano más pequeño de Galión era Séneca, el famoso filósofo.  Galión ejerció el cargo de procónsul en Corinto durante el reinado de Claudio y durante un período perfectamente datable gracias a un afortunado descubrimiento arqueológico.  Una inscripción descubierta en Delfos contiene un decreto de Claudio concerniente a aquella ciudad, en el que se menciona a Galión, en su calidad de procónsul de Acaya.  El decreto fue promulgado a principios del año 52, pero posiblemente llevara de procónsul desde inicios del verano del 51.

 

5.  Gamaliel  (22,3)

 

Pablo afirma haber sido educado por Gamaliel, instruido en la fiel observancia de la ley de los antepasados.  No se puede excluir, sin más, que el maestro de Pablo fuera Gamaliel, el nieto del famoso Hillel.

 

6.  Antonio Félix  (23,24.26)

 

Pablo es remitido al gobernador Félix para evitar que sea asesinado.

 

Antonio Félix fue procurador. De origen advenedizo y liberto, había llegado a ocupar un cargo importante por ser hermano de un valido del emperador Claudio.  A base de matrimonios amañados logró prosperar en su carrera.  Se casó, siendo procurador, con Drusila (24,24), una princesa judía hermana de Agripa II, lo que le facilitó sus relaciones con los judíos.  Posiblemente tomara posesión de su cargo hacia el 52/53, siendo sustituido por Festo en el 58.

 

7.  Porcio Festo  (25,1)

 

Proceso de Pablo.  Prácticamente no sabemos nada de Festo.  El historiador Josefo no cuenta nada de este procurador, lo que hace suponer que desempeñó su cargo con seriedad y competencia.

 

8.  Agripa II y Berenice  (25,13)

 

Pablo, detenido, apela al emperador.  Festo comenta el asunto con  Agripa II aprovechando su paso por allí.

 

Agripa II era hijo de Agripa I.  El emperador Claudio no creyó oportuno nombrarlo rey de Judea, dándole el título de rey con dominio sobre la región nororiental de Palestina.  Su hermana Berenice, con la que Agripa vivía incestuosamente, estuvo casada con su tío Herodes II, rey de Calcis.  Posteriormente fue querida del emperador Tito, que no llegó a casarse con ella por consideración a la opinión pública.  Agripa fue el último rey judío.

 

3.2   Sentido histórico y valor de los discursos

 

Los discursos ocupan un lugar importante en el libro de los Hechos.  En cada discurso se crea un todo unitario.  Se trata de discursos muy compactos, aunque su viveza y autenticidad de situaciones no nos autoriza a sacar conclusiones sobre la historicidad real.  Si tenemos en cuenta que los discursos de Hch, menos el de Esteban, reproducen el estilo y la teología típicas de Lucas, hay que admitir que son obra suya.  Estos discursos en Hch son recursos narrativos para describir con toda viveza situaciones determinadas[5].

 

Dejando a un lado el discurso de Pablo en Atenas (17, 16-34) porque tiene un carácter más filosófico al tratar con griegos e intentar ganárselos presentando a un Dios creador pero intemporal y dejando también otros dos dicursos de Pablo donde más bien cuenta su historia personal, uno en Jerusalén (22,1-21 – aunque podría haber un dato histórico: la mención de Gamaliel, posible nieto de Hillel-) y otro ante Agripa en Cesarea (26,1-32), voy a centrarme en cuatro de ellos.  Los cuatro están dirigidos a los judíos y en casi todos hay una doble mención: la referencia a la historia de Israel y el cumplimiento con la llegada del Mesías y la cita del E.S.

 

1.  Pentecostés  (2,14-41)

 

Pedro en su discurso después de a efusión del Espíritu el día de Pentecostés, describe el momento pasado y el presente de la fe.  Se ha llegado al cumplimiento final:  “En los últimos días derramaré mi espíritu sobre todo hombre ...” (Hch 2,17).  Pedro cita al profeta Joel para interpretar el presente.  Cita también a David como testigo de que Dios arrancó a Jesús de las ataduras de la muerte.  Este mismo Jesús, dice Pedro, ha recibido de Dios el Espíritu Santo.  Del anuncio en el Antiguo Testamento, al cumplimiento en el Nuevo Testamento.

 

2.  Pedro en el templo  (3, 12-26)

 

Después de la curación del paralítico en el templo, Pedro en su discurso comienza citando a los patriarcas: “El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el dios de nuestros antepasados...” (3,13).  Los profetas como anunciadores de la pasión del Mesías (3, 18).  Moisés ya anunció que Dios suscitaría un gran profeta como él (3,22).  Todos los profetas, de Samuel en adelante, anunciaron los días actuales.  Poco después, el E.S. da fuerza a Pedro para defenderse de los jefes del pueblo y ancianos de Israel (4,8).

 

3.  Discurso de Esteban  (7,1-53)

 

Es el discurso más largo de todo el libro de los Hechos. Frente a los actos y predicación de Esteban, los judíos se amotinan.  Esteban, frente al sumo sacerdote, lanza un discurso haciendo un repaso por toda la historia de Israel.  Desde Abrahán, pasando por los patriarcas, José y el faraón de Egipto, la historia de Moisés (detallada), la salida de Egipto, Josué y la conquista de la tierra, David y Salomón, la mención de los profetas, para acabar este discurso con una crítica a los oyentes: “Vosotros, hombres testarudos, obstinados, sordos, siempre os habéis resistido al E.S.” (7,51).  Las grandes figuras de la historia sagrada se convierten en anticipo profético de lo que le ha sucedido al Justo, es decir, a Jesús, En él ha llegado al colmo la persecución sufrida por los profetas y la rebelión del pueblo contra Dios.  El E.S. ratifica esta situación.

 

 

3.  Pedro en casa de Cornelio  (10,34-48)

 

Nada menos que cuatro veces aparece citado el E.S. en este texto ( 10,38.44.45.47)  Pedro expone brevemente la historia de Jesús recordando que de él dan testimonio los mismos profetas. Los apóstoles son los testigos privilegiados.

 

4.  Pablo en Roma  (28,23-28)

 

Pablo expone el reino de Dios a los judíos de Roma, pero convenciéndoles parcialmente.  Utiliza argumentos tomados de la ley de Moisés y de los profetas.  Enfadado por no tener éxito, pone en boca del E.S. palabras del profeta Isaías claramente negativas por la forma en que han reaccionado los judíos frente al anuncio de Pablo.

 

¿Por qué los discursos en este punto?  Porque dentro de la historia general hay que situar la historia de Israel como algo progresivo según estos discursos.  Una historia que tiene su cumplimiento en Jesús a pesar de las resistencias de sus opositores.  La función del E.S. es esencial porque participa para dar el cumplimiento final.

 

4.    EL ACOMPAÑAMIENTO DEL ESPÍRITU EN LA MISIÓN

 

4.1   El comienzo de la misión (Hch 1-12)[6]

 

1.  Apariciones del Señor

 

La Ascensión es el punto culminante de las apariciones del Resucitado.  Comienza a partir de entonces una nueva época, el tiempo de la Iglesia con la efusión del E.S. en Pentecostés. Las apariciones de Jesús no han acabado completamente, pues ahí tenemos la de Saulo.

 

 En primer lugar se presenta la escena de Pentecostés.  Con un lenguaje propio de las teofanías veterotestamentarias, se describe la acción purificadora de Dios sobre la comunidad apostólica.  Rius-Camp en su artículo citado, piensa que vendavales y terremotos son una forma negativa de liberación, que los apóstoles no han entendido todavía.  El mismo caso es el de la liberación de Pedro y Juan (4,31), cuando retiembla el lugar.

 

Son encarcelados de nuevo los apóstoles, pero el ángel del Señor les abre las puertas de la cárcel (5,19).  El ángel del Señor en este caso seguramente es Jesús en su calidad de Señor y Salvador.  No sólo interviene el Espíritu, sino que Jesús no abandona a los suyos.  Lucas va distinguiendo los papeles de Jesús y el E.S. en los comienzos de la misión.

 

Esteban, además de estar lleno del E.S., ve la gloria de Dios y a Jesús de pie a la derecha de Dios (7,56).  El Señor y su Espíritu reconducen a Felipe en su misión (8,26).  Jesús se aparece a Saulo, a sus acompañantes y a Ananías (9,1-18).  El diálogo entre Jesús y Saulo se limita a lo mínimo imprescindible.  A Ananías, sin embargo, se le manifiesta el propio Señor resucitado.  Pablo tendrá una nueva visión en el templo de Jerusalén, donde se le aparecerá el Señor (22,17-21).

 

Cornelio tiene una visión, se le aparece un ángel de Dios en respuesta a sus oraciones y limosnas y le insta a que envíe hombres para buscar a Pedro (10,3-6).  A continuación, Pedro sube a la terraza de la casa de Simón a orar y tiene una visión en la que escucha la voz del Señor (10,9-16).

 

La última aparición de Jesús a Pedro narrada en los Hechos tiene lugar en Jerusalén.  El ángel de Señor libera Pedro de la cárcel (12,7).

 

2.  Asistencia del E.S.

 

Rius-Camps, después de una explicación filológica distingue entre estar “lleno” y “llenarse” de E.S.  En el evangelio sólo se dice de Jesús que está lleno del E.S. (Lc 4,1).  En Hch, Lucas recalca el estado de plenitud de varios personajes. La elección de los siete helenistas, donde Pedro pone la condición de que estén llenos de E.S. y sabiduría (6,3).  Es a propósito de Esteban, portavoz y máximo representante de ese nuevo grupo misionero, de quien se comprobará por triplicado su plenitud de E.S. (6,5) de gracia y poder (6,8) o simplemente de E.S. (7,55). 

 

El último de quien Lucas predicará este atributo, según la recensión alejandrina, será Bernabé.  Anima a todos a seguir unidos al Señor, siendo determinante para la misión.  Por esto el evangelista precisa:  “porque era un hombre de bien, lleno de E.S. y de fe” (11,24).

 

Según la recensión occidental, Judas y Silas son los últimos que tienen esta cualidad.  Ya no se predicará de ningún otro personaje según este libro.

 

Pero también hay personajes de quienes se dice que “se han llenado” de E.S., sin que ello signifique un estado de plenitud.  De la Iglesia de Jerusalén se dice en dos ocasiones que “se llenaron todos” de E.S.  Primero en la fiesta de Pentecostés, considerada como el día señalado para la efusión del Espíritu sobre la primera comunidad.  La segunda efusión del Espíritu sobre la entera iglesia de Jerusalén tiene lugar después de que las autoridades del templo arremetieran contra la comunidad apostólica representada por Pedro y Juan (4,31).  Esta efusión ha afectado a todos los miembros de la iglesia judeocreyente.  También incluye esta apreciación a Pedro, máximo representante y portavoz del grupo apostólico. Y con Saulo también parece que Lucas emplea este procedimiento: “Saulo, hermano, Jesús el Señor, el que se te ha aparecido cuando venías por el camino, me ha enviado para que recobres la vista y quedes lleno del E.S.”, dice Ananías (9,17).

 

3.  Ayuda de Jesús y su Espíritu en los momentos críticos de la misión

 

El ángel del Señor y el E.S. se turnan señalando el camino que debe seguir Felipe.  Felipe va a Samaría a predicar a Cristo (8,5), pero el ángel del Señor lo conducirá hacia el sur, por el camino desde Jerusalén a Gaza, por el desierto (8,26).  El mismo E.S. conduce a Felipe hasta el carro del etíope, y después de cumplir su misión, arrebata a Felipe y lo conduce hacia un nuevo destino, Asdod, desde donde va anunciando la buena noticia por todas las ciudades donde pasa hasta llegar a Cesarea (8,40).

 

La voz del Señor y el E.S. hacen que Pedro enfoque su misión.  Es en casa de Simón, en Jafa, donde Pedro va a tener la visión de los animales puros e impuros (10,12) y donde va a comenzar el proceso de su conversión[7]. En primer lugar es la voz del Señor la que le ordena no hacer distinción entre lo puro y lo impuro según su concepción y luego entra en escena el E.S. poniendo en marcha a Pedro.  Como ratificación de todo lo anterior, cuando ya está en casa de Cornelio hablando, el E.S. desciende sobre todos los que escuchan su mensaje (10,44).  El camino de Pedro le ha llevado a la conclusión de que también los paganos estaban llamados a integrarse en la comunidad del reino sin necesidad de hacerse judíos.  Gracias a Jesús y al E.S., Pedro se ha convertido a la causa de los paganos.

 

Pablo también se resiste en un principio a aceptar su misión entre los paganos.  Comienza predicando a los judíos por todos sitios que pasa.  Será en la segunda aparición que tiene, después de regresar a Jerusalén, cuando Jesús lo invite de nuevo a marcharse hacia el paganismo (22,17-21).

 

4.2   La misión hacia el paganismo[8]

 

El E.S. toma la iniciativa de la misión.  Bernabé y Saulo son elegidos por el E.S. en representación de la iglesia de Antioquía para la misión al paganismo.  Estamos en un contexto de misión y de envío.  Esta misión hacia el paganismo no había sido llevada a cabo por los Apóstoles según el encargo de Jesús por lo que es encomendada por el E.S. a una comunidad misionera constituida por dos personajes clave en la formación y construcción de la primera iglesia cristiana, Bernabé y Saulo (11,2-3).

 

Esta misión es llevada desde el principio por el propio E.S., al igual que la de Jesús:  “Jesús, lleno del E.S., regresó del Jordán y era llevado por el Espíritu al desierto... (Lc 4,1-2).  A pesar de que el E.S. dirige la misión, los misioneros en vez de ser universales, contactan de nuevo con los judíos (13,5).  Surge la tentación de encerrarse de nuevo en el mundo judío.

 

En la sinagoga de Antioquía de Pisidia, Pablo y Bernabé hacen una solemne declaración de intenciones por parte de los misioneros.  Sólo después de haber experimentado su fracaso ante la actitud recelosa de los judíos, al darse cuenta que la mayoría pagana había acudido para escuchar el mensaje de Dios, los misioneros tomarán conciencia de que deben dirigirse a los paganos (13,44-47).  Después del discurso en la sinagoga de Antioquía de Pisidia, Pablo y Bernabé se fueron a Iconio. Sin embargo, a pesar de haber proclamado que se volvían hacia los paganos, por haber rechazado los judíos el mensaje de Dios, apenas llegados a Iconio vuelven a dirigirse a los judíos.

 

Pero la misión a los paganos va a sufrir un golpe cuando los misioneros judaizantes llegados de Jerusalén a Antioquía pongan en entredicho esta misión sosteniendo que no hay salvación posible fuera del judaísmo y que los paganocreyentes deben someterse a la circuncisión de acuerdo con la ley mosaica (15,1).

 

Pedro asume la defensa de los paganos inspirado (según el Texto Occidental) por el E.S., comparando la venida del E.S. en Pentecostés sobre los judíos con la irrupción sobre los paganos en casa de Cornelio y relativizar el papel salvífico de la Ley por el hecho de haber sido salvados unos y otros por la gracia del Señor Jesús (15,7-11).

 

La decisión de la Asamblea Conciliar resulta ser un compromiso entre dos posturas distintas: la profética de Pedro y la legalista de Santiago.  La misión a los paganos va abriéndose paso con notables contradicciones entre las diversas iglesias.

 

A partir del capítulo 16 la aparición del E.S. no se hace tan abundante.  La misión ya ha sido lanzada.  Después de la Asamblea de Jerusalén, Pablo comienza a extender sus viajes y anunciar el evangelio en lugares donde no había llegado todavía.  Curiosamente, desde comienzos del capítulo 16 hasta comienzos del 19 no se menciona al E.S. Y en estos capítulos Pablo no tiene éxito en su predicación, teniendo que huir de los judíos de estas ciudades.

 

En Éfeso ya consigue predicar durante dos años, pero de nuevo debe salir de la ciudad por un tumulto, esta vez organizado por los orfebres a los que Pablo casi arruina su negocio (20,1).  En Éfeso ya reciben algunos discípulos el E.S. por la imposición de manos, pues sólo habían recibido el bautismo de Juan (19,6).

 

En los capítulos 20 y 21 el E.S. vuelve a aparecer realizando diversas funciones: fuerza a Pablo a ir a Jerusalén (20,22.23), les dice a los responsables de Éfeso que el E.S. les ha constituido vigilantes de la Iglesia de Dios (20,28), los discípulos aconsejan a Pablo que no suba a Jerusalén (21,4) y Agabo anuncia el martirio de Pablo inspirado por el E.S. (21,11).

 

Del capítulo 22 al 27 desaparece toda referencia al E.S.  Quizá por relatar el viaje de Pablo desde Jerusalén a Roma para ser juzgado no se haga ninguna mención.  Será en el último capítulo del libro, el 28, cuando se nombre por última vez al E.S. cuando Pablo habla a los judíos de Roma citando al profeta Isaías (28,25).

 

5.    CONCLUSIONES

 

1.      El libro de los Hechos de los Apóstoles está situado dentro de la historia.  La vida y hechos de los primeros cristianos tiene un marco real. En ocasiones el autor idealiza la situación de la comunidad, como en los sumarios (2,42-47; 4,32-35; 5,12-16).  Los apóstoles, y los primeros cristianos en general, se mezclan con otros personajes que aparecen en la historia profana y que ya hemos descrito en un punto de este trabajo.

 

2.      Durante toda la obra aparece un recorrido geográfico muy detallado.  Parece costar el arranque en los primeros capítulos hasta salir de Jerusalén, pero una vez dejados los obstáculos, la expansión se presenta como imparable.  Relata una historia geográficamente expansiva hasta llegar a las ciudades más importantes del Imperio romano, acabando en Roma.  Palestina, Asia Menor, Macedonia, Grecia son recorridas anunciando el evangelio.  También se da detalle de bastantes ciudades, muchas de ellas conocidas en la antigüedad por su gran importancia política y económica.

 

3.      Un dato muy importante dentro de la obra y que afecta a este trabajo es la presencia constante del E.S en todo el libro.  De los 28 capítulos, no es citado en diez de ellos (3, 14, 17, 18, 22, 23, 24, 25, 26 y 27).  En la primera parte, hasta el capítulo 15, su aparición es constante.  Da la sensación de que está ayudando en esos primeros pasos de la Iglesia de una forma comtinuada.

 

4.      Se comprueba el desarrollo imparable de esta Iglesia.  El libro presenta una Iglesia misionera, expansiva.  Nada puede parar su actividad.  Los apóstoles son encarcelados por su predicación, pero milagrosamente salen del cautiverio, la gente se va agregando (unos ciento veinte al principio –1,15-; tres mil después del discurso de Pentecostés –2,41-; después del discurso de Pedro aumentó en cinco mil el número de creyentes –4,4-; viendo los prodigios de los apóstoles una gran multitud de hombres y mujeres se incorporó –5,14-). 

 

5.      Este desarrollo inicial de la Iglesia parece tener dos puntos.  Hasta el capítulo 15, la Iglesia es constantemente asistida por el E.S. y se desarrolla a gran velocidad pasando por encima de todas dificultades.  Cuando ya comienzan los viajes de Pablo, el autor parece volverse más realista y la expansión no es tan lineal.  Pablo fracasa en Antioquía de Pisidia (13), en Listra e Iconio (14), Filipos (16).  Tiene relativo éxito en Tesalónica y Berea, aunque tiene que huir (17).  En Atenas se burlan de él, aunque unos pocos creen (17,32-34).  En Corinto después de un año y seis meses algunos creen pero tiene problemas con los judíos (18). 

 

6.      De todas formas, las dificultades principales se solucionan con la presencia del E.S.  La Asamblea de Jerusalén se encuentra con el gran problema: ¿qué hacer con los paganos?, ¿hacia dónde dirigir el mensaje?.  Las posturas son encontradas (Pablo, Pedro y Santiago).  Una vez más viene en ayuda de la comunidad el E.S. con la tan conocida fórmula: “Hemos decidido el E.S. y nosotros...” (15,28).  Pedro ya había tenido experiencia de esto antes de la Asamblea.  En el encuentro con Cornelio ve cómo los paganos también reciben el E.S.

 

7.      Esta Iglesia naciente no está sólo ayudada por el E.S.  Aparecen en el libro de los Hechos otras situaciones de ayuda a través de las apariciones del Señor (liberación de Pedro y Juan en 4,31; el ángel del Señor que abre las puertas de la cárcel a los apóstoles –5,19-; un ángel del Señor arrebata a Felipe –8,9-; el Señor se aparece a Saulo –9,4-5-; el Señor habla a Ananías en una misión –9,10-; un ángel de Dios se aparece a Cornelio –10,3-6-; el ángel del Señor que libera a Pedro de las cadenas –12,7-).

 

8.      Dentro de la ayuda que E.S. presta, sus funciones son variadas, pudiendo ir desde ayudar hasta castigar.  Da instrucciones (1,2), da fuerza (2,4), castiga (5,3.9), conduce (8, 29.39), decide (15, 28).  Abarca todas las facetas dentro del desarrollo de la primera Iglesia.

 

9.      El libro de los Hechos presenta el desarrollo de la Iglesia como algo positivo e incluso Lucas idealiza en algunos momentos la situación inicial a través de los sumarios y de la gente que constante y progresivamente se va sumando.  Pero también aparecen en el libro momentos negativos, difíciles, no ocultados por el autor.  Los problemas entre hebreos y helenistas no son ignorados (6,1).  Los problemas entre Pablo y Bernabé tampoco son dejados de lado (15,39).  Queda constancia del poco éxito de Pablo en sus predicaciones por las diversas ciudades.

 

10.  Resumiendo en pocas palabras el objeto de este trabajo:  Por una parte, el libro de los Hechos se sitúa dentro de la historia y de un proceso dinámico de expansión y por otra este desarrollo de la iglesia en sus primeros pasos está plenamente asistido por el E.S.

 

 

Rafael Antonio Fleta Soriano

 

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Zaragoza, abril 2006

 

 



[1] Jacques Dupont,  Nuovi studi sugli Atti degli Apostoli  (Milano, Edizione Paoline 1985) 33-52

[2] Puede consultarse el cuadro cronológico en A. Wikenhauser, Los Hechos de los Apóstoles, (Barcelona, Herder 1967) 423