A veces nos sentimos agobiados. Nos falta tiempo
para hacer todo lo que pensamos que tenemos que hacer. No nos permitimos
dedicar un poco de tiempo para nosotros mismos. Hemos de pensar que en nuestro día
a día, son muchas cosas las que nos desgastan: el trabajo, las relaciones, el
ceder de uno para los de alrededor...Es como si se nos fueran acabando las
pilas. Si esto es así, seguramente que habrá formas de cargarlas y para ello
sólo es cuestión de usar el sentido común.
Otras veces, me cuestiono si es sano mantener una
amistad en la que sólo doy yo, en la que no encuentro ningún detalle por la
otra parte y que sólo hace desgastarme,
pero que en realidad es un poco forzada.
También en las relaciones familiares se cometen
muchos abusos. En muchos hogares suele ser la madre la que está para todo, para
limpiar, para educar, para ver qué hay que comprar, para tener siempre ropa
preparada, para comerse lo que otros no quieren, etc... Sin embargo si esta persona no se
permite momentos para sí misma, puede acabar cansada de tanto dar.
Cuando pasan estas cosas, que nos llevan a
agobiarnos, a angustiarnos, a sentirnos desbordados, es cuestión de analizar la
situación que nos preocupa y de buscar soluciones. Eso sería lo más inteligente
que podíamos hacer por nosotros mismos.
Por ejemplo, si un trabajo, una
actividad me va agotando, habrá que encontrar el momento de parar un poco,
reflexionar y pensar por qué me encuentro así. Quizás no he medido bien mis fuerzas
y me he metido en algo que me supera, bien porque me lleva mucho tiempo, bien
porque requiere demasiado esfuerzo, bien porque es complicado o simplemente no
tengo suficientes ganas ni fuerzas para desarrollar esa actividad justo en ese
momento.
Si en un día normal estoy x horas trabajando, x
horas durmiendo o descansando, habrá que encontrar tiempo durante ese día en el
que pueda desarrollar actividades que me hagan estar bien, que me llenen.
Seguramente que esto me va ayudar a afrontar el trabajo con más alegría, mis
relaciones familiares y amistosas también saldrán ganando. Así, puedo quedar
con unos amigos con los que me encuentro muy bien, puedo ir a ver una
exposición, oír una música bonita, oler un aroma que me encanta, puedo hacerme
un regalico, puedo ir de excursión, puedo tomar un baño caliente o termal. Son
ejemplos de recursos que hacen que tome un respiro, de descansar y pasarlo
bien, de cargar pilas para seguir adelante.
La mejora de la autoestima puede parecer un poco
egoísta porque es pensar en nosotros. Sin embargo no lo es: al estar nosotros
bien, ayudamos a que los que están cerca de nosotros también estén bien. Les
vamos a transmitir una sonrisa, una palabra amable, una actitud de
escucha, dejando a un lado los enfados,
las recriminaciones, el mal genio, los agobios.
Deberíamos
ser más amigos nuestros.
Somos capaces de aceptar a nuestro mejor amigo tal
como es con sus defectos y virtudes, con sus manías, soportamos su
irritabilidad, le escuchamos sus problemas, le decimos lo que pensamos si
quiere oír nuestro consejo, intentamos no juzgarle cuando hace algo que no nos
gusta, nos reímos con sus bromas, nos alegramos cuando nos llaman con cualquier
excusa, sin esperar a que tenga que pasar algo malo, le consolamos en sus malos
ratos etc.
Si podemos hacer todo esto por un amigo, ¿qué
problema hay para hacerlo por mí cuando soy yo el que lo necesita? Si
perdonamos a nuestros amigos, ¿por qué no podemos perdonarnos a nosotros mismos?
¿Por qué a veces nos cuesta darnos otra oportunidad para cambiar, para
mejorar?.
Si a nuestros buenos
amigos les sorprendemos con un regalo, con una llamada o e-mail, con unas
palabras de ánimo, ¿por qué no nos permitimos un detalle con nosotros de vez en
cuando?
Debemos ser conscientes de que el tiempo va
transcurriendo, que somos limitados, estamos de paso y queramos o no, tenemos
los días contados.
Los creyentes lo tenemos fácil, tenemos a Dios.
Si dejamos
sitio para Dios en nuestra vida :
·
Vamos a tener un Padre que está dispuesto
siempre a perdonarnos, acogernos, escucharnos, a consolarnos, ...
·
Vamos a descubrir al hermano en nuestra
comunidad de vecinos, en la tienda, en el autobús, en el jefe, ...
·
Vamos a poder sentirnos
protegidos por el Padre en la oración. Como dice el dominico José Fernandez
Moratiel, buscando el silencio para encontrarnos con Él. Así podremos ponernos
en disposición para escucharle, atender sus propuestas y llamadas, agradecerle.
La oración no sólo está para contarle cosas, pedirle, alabarle o enfadarnos con
Él porque no nos salen las cosas como nosotros queremos. Si somos silencio, su
palabra habitará en nuestro corazón porque el silencio extrae y libera lo mejor
de uno mismo, permite que fluya la vida, la energía interior. Es como un
sendero que lleva a la sabiduría original, ocultada y recubierta por mil
contaminaciones. Es la sabiduría de primera mano sin ninguna manipulación. Este
autor nos dice en su librito “Apareció la ternura y el amor de Dios”: Y dijo Dios:
“ (...) si quieres ver mi rostro, mira una flor, una fuente, un niño (...).
¡Cúantas cosas que parecen comunes, diarias, que pasan desapercibidas a
nuestros ojos, nos pueden traer un momento de paz, de alegría, un respiro! Pero
incluso para orar, es bueno estar bien. Estar descansado, hacer ejercicios de
respiración, incluso unos pocos ejercicios de estiramientos que podemos
encontrar en cualquier libro de yoga pueden favorecer antes de empezar un rato
de oración (mejor no estar en la cama).
· Vamos a querer
al prójimo como a nosotros mismos El otro siempre está ahí para poder
echarle una mano y nosotros estamos para también querernos. Si damos lo que
tenemos al otro, nos vaciamos por el otro, descubrimos que cada vez tenemos más
y estamos más llenos. Cuando somos más desprendidos, nos van mejor las cosas,
disfrutamos del favor de Dios, vemos su presencia en todo lo que nos rodea, en
todo momento y con todos, agradecemos todo lo que Dios nos pone delante para
nuestro disfrute, descubrimos que los encuentros con las personas no son
casuales, son causales, El es el que lo prepara todo y nos permite pasar buenos
ratos con los que nos rodean, encontrar nuevos amigos, enamorarnos...El es el
que lo quiere porque simplemente nos quiere. Mejor dicho, Dios me quiere y soy
especial para Él como también es especial para Dios el otro, mi prójimo.
·
Vamos a ser más niños acercándonos a Jesús
espontáneamente en cualquier momento, sabiendo expresar nuestras emociones, llorando,
riendo, sabiendo pedir ayuda en cuanto lo necesitamos y sobre todo vamos a
dejarnos querer.
·
Valoraríamos positivamente lo que tenemos, aprendiendo a cuidar mejor:
Ø La vida
Ø Mi cuerpo y el aspecto persona
Ø La salud
Ø Mi yo interno
Ø La familia
Ø Las relaciones con amigos, compañeros
Ø Los recursos materiales
Ø El trabajo
Ø El descanso
Ø El tiempo para nosotros mismos
Sería entonces fácil buscar el momento
para contemplar un paisaje, dar un paseo, mirar el cielo, leer un libro, quedar
con la amiga para tomar un café y tener una tertulia relajada y agradable,
regalarnos una comida con nuestra pareja o con amigos, asistir a un curso que
me apetece mucho, hacer una excursión...
Sería recomendable leer de vez en cuando el
Eclesiastés para relativizar nuestra existencia y pensar que todo es vana
ilusión. Atrapamos viento cuando queremos saber más y más, porque sufrimos más.
Atrapamos viento cuando nos damos a la buena vida, porque sólo el placer no llena.
Atrapamos viento cuando gozamos trabajando y trabajando, para comprarnos
vivienda, coche, tener vacaciones, invertir , atesorar...y ese gozo es nuestra
recompensa, pues aquí se queda todo cuando morimos y le vendrá bien al que
herede, pues no tendrá que trabajar tanto para poder vivir. En este mundo todo
tiene su momento, hay una hora para todo cuanto ocurre: tiempo de nacer, tiempo
de morir...El fin último del hombre, aquello para lo cual fue creado, es
respetar y obedecer a Dios, el más alto juez que todo lo sabe. Todo en la vida,
como el gozar de los dones de Dios, o el trabajo, o la propia sabiduría, sólo
adquiere valor y sentido cuando se subordina a ese supremo objetivo.
Como dice el sacerdote, filósofo y teólogo, Miguel
Esparza, la autoestima y el cristianismo no son sólo complementarios, sino que
sólo la vida cristiana puede aportar soluciones estables a los problemas de
autoestima. Quien se sabe hijo de Dios, se olvida fácilmente de sí mismo y
aumenta la calidad de su amor a los demás. En cambio, quien desconoce esa
dignidad, se ve impelido a cosechar éxitos que aumenten su autoestima y le
hagan merecedor de la estima ajena. Pero de ese modo nunca alcanza una buena
relación consigo mismo y con los demás, porque el yo está envenenado por el
amor propio y jamás se satisface del todo (...) Pero así nunca se obtiene una
paz duradera, porque la inteligencia engañada siempre protesta. Es aquí donde
el cristianismo ofrece la mejor alternativa. El conocimiento de estas
realidades sería la mejor propaganda para la vida cristiana.
Anthony de Mello nos
dice que lo importante es despojarse de ilusiones y emociones que no valen porque no son reales,
hay que disfrutar de las cosas, conocerlas y elegir lo constructivo, pero sin
apegarse a nada. La espiritualidad intenta solucionar el problema del yo, que
genera los problemas que nos llevan al psicólogo y al psiquiatra. Lo que
hacemos, lo que haces con ellos es observarte, pero eso es lo que debes hacer
tú continuamente. La espiritualidad va directamente a la raíz, a rescatar tu
yo, el auténtico, que está ahogado por barreras que no lo dejan ser libremente.
Para acabar, me voy a
permitir regalarte esto que escribí hace algún tiempo:
ELLOS ESTÁN SIEMPRE
Mis amigos tienen talentos,
saben muchas cosas,
saben que están
a pesar del tiempo, a pesar
del espacio.
Saben que están,
saben todo,
saben de valores,
saben de personas.
Los valores y las personas
están,
están los afectos,
están los saberes,
están los hechos.
El valor de la amistad crece,
es verdadero, es gratuito,
es superior, es bueno,
es valor, no presume de nada.
Las personas están,
están para estar.
Están, aun sin quererlo,
conviven,
están, y esto es lo que
importa, porque Él quiere.
Mari Sol Laborda Perún
Psicóloga
elcantarodesicar.com
Zaragoza, abril 2006