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PLAZA MAYOR

 

 

 

-----------------------------------------------------------------------------------Mi primera comunión

Cuadro de texto: Julio-Wladimir Trujillo es un inmigrante ecuatoriano con más de tres años de residencia en España. Vino de forma legal pero la adaptación a nuestro país fue para él lenta y costosa. Poco a poco ha ido mejorando sus condiciones de vida personal, laboral, familiar. En este tiempo, las circunstancias de su vida le han impuesto unos cambios muy sustanciales y que han tambaleado su forma de pensar, de sentir, de comportarse. En esas convulsiones ha descubierto la fe cristiana y, en ella, a un Dios misericordioso que a coge y perdona, lejos del Dios castigador y vengativo que él conocía. Es padre de dos hijos y nos relata aquí la experiencia de su primer contacto con la Eucaristía.

Tengo 29 años y mi primera comunión fue al cumplirlos en agosto de 2004. Todo para mí ha transcurrido tan deprisa... Mi infancia, en Ecuador, no fue la que hubiera deseado, pero sé que, por lo menos, gracias al sacrificio de mi madre, estoy ahora contando esta pequeña historia. Esa infancia mía fue algo triste por la falta de recursos económicos. Puesto que las primeras comuniones y confirmaciones en mi país tienen que ser siempre con una fiesta, esto implicaba gastos como para dar de comer a familiares y en mi casa no se disponía como para eso. Esa fue una de las grandes frustraciones para mi madre, que afrontaba sola la educación y manutención de tres hijos pequeños con muchas necesidades.

 

Mi vida transcurría; y así, hasta venir a España. Tuve suerte al poder obtener mis papeles desde allá de forma legal. Llegó la hora de viajar sin sospechar que mi vida iba a cambiar desde una forma cristiana pasiva a otra forma cristiana activa. Los problemas han sido muchos también aquí; es un cambio de una cultura a otra aunque no exista mucha diferencia. En principio me consideraba cristiano, pero no iba nunca a participar de la Eucaristía. Tenía ese temor de que los errores que había cometido en mi vida eran castigados por Dios y me creía condenado para toda la eternidad. Estaba totalmente confundido. Estuve perdido. Mis errores, los cambios que había dado a mi vida, mi situación actual... Todos esos problemas fueron desembocando poco a poco en un problema mayor; y, al final, toqué fondo. Ahí me hubiese quedado si no hubiera sido por la ayuda de un ser humano que jamás pensé que pudiera surgir en mi vida y que pudiera entender la gravedad de mi problema.  Los días transcurrían y los encuentros con esa persona seguían. Desde el primer día que toqué fondo, me hice muchas promesas, un nuevo programa de vida. Sin que nadie me lo pidiera, entre esas promesas, estaba la de que en el día de mi cumpleaños haría mi primera comunión. Esa persona es un sacerdote y cuando se lo propuse lo aceptó muy emocionado; me preguntó entonces que si es que lo hacía porque él me estaba ayudando a guiar mi vida. Le dije que no; que era lo que quería haber hecho hacía mucho tiempo. Los momentos tristes tenían mi corazón tan destrozado... pero sentía que, día a día, se iba reconstruyendo mi mente y mi autoestima. De todo esto, lo más bonito que puedo agradecer es la experiencia de haber encontrado un Dios de perdón y esperanza. Es lo que más cerca me llegó en esos momentos de mi vida. Poder entrar a la iglesia y poder comulgar por primera vez a mis 29 años... una fecha que no olvidaré nunca, porque he cambiado, he sido perdonado y vuelvo a tener a mi familia; y a dos personas más que se han integrado también a ella, para mí muy especiales. Aunque muchos decían que nunca cambiaría, ellos confiaron mucho en mí; también Dios lo ha hecho.

 

Mi agradecimiento muy especial y profundo esas dos personas: a este sacerdote del que he hablado y a una religiosa, a los que me siento muy reconocido y unido. Ahora mi vida tiene un camino espiritual, un Amigo (Jesús), un hermano (ese sacerdote) y una hermana (esa religiosa).

 

Para mí, la comunión ha sido y es una experiencia muy bonita. Me hace sentir más cerca de Dios y de todo lo que Él es. Y lo que más admiro es que me ha dado el perdón de todos los pecados; saber que camino gracias a Él y para Él.

 

JULIO-WLADIDMIR TRUJILLO FERNÁNDEZ

 

 

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Zaragoza, febrero de 2005