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PLAZA MAYOR

 

 

--------------------------------------------------------------------Mi misión en la escuela

 

 

Cuadro de texto: María Pilar Martín González es una profesora de Religión, seglar, que imparte sus clases, desde hace años, en un Centro Rural Asociado (CRA) de la comarca del Campo de Cariñena. Sus alumnos son, por tanto, chicos y chicas que cursan la Enseñanza Primaria.
En un momento en que se suscita nuevamente el debate en la sociedad sobre la enseñanza religiosa escolar, ella nos escribe en este artículo cómo vive su tarea en cuanto enviada para ello por la Iglesia.

Soy una profesora de Religión de Educación Infantil y E. Primaria que imparte sus clases en un colegio público en el medio rural.

 

Para poder llevar a cabo mi trabajo me siento elegida por la gracia del Espíritu Santo, pues no es lo mismo “enseñar” religión que “transmitir” una enseñanza religiosa con un mensaje evangélico y unos valores cristianos, por medio de la fe que tengo y que siempre he tenido.

 

Por eso  como transmisora de esa fe, me siento elegida por el don divino, porque si no a veces no podría seguir dando mis clases, pues no es tarea fácil, sobre todo con los últimos cursos de primaria ( 5º y 6º ), donde cuesta a veces motivarles para que atiendan y entiendan lo que les intento transmitir pues en esa edad ya se nota cierta indiferencia religiosa ( en algunos niños, no en todos ) reflejo de la sociedad actual que vivimos y les va costando más “creer” y eso que a veces se trata la religión ya no sólo de una forma confesional donde el niño despierte su fe y le lleve al camino de Dios, sino la religión como parte de nuestra cultura, ya que nuestro patrimonio cultual tiene profundas raíces cristianas que se manifiestan en el arte, las tradiciones, el folklore y las fiestas de nuestro entorno.

 

Mientras que a los niños más pequeños, en general les gusta la religión, se sienten motivados por aprender, por conocer, preguntan todo lo que no entienden, conforme van creciendo, ese interés por algunos aspectos de la religión lo van perdiendo, creen lo que ellos pueden entender y comprender, algunos a esa edad ya se declaran no creyentes, bien por ellos mismos o bien por el ambiente familiar en el que viven.

 

Por todo esto pienso que si mi fe no fuese sólida, a veces no podría desarrollar mi tarea como enviada de la Iglesia  que es como me siento y que la misión y la responsabilidad que tengo dentro de la escuela es transmitir mi fe a los niños y presentar a Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre y su proyecto de vida y amor para la humanidad (en el marco y con las características propias de la escuela) y también me siento educadora de la persona humana intentando formar a los niños desde dentro, para que vayan creciendo interiormente con unos valores humanos y religiosos para que su formación sea integral como personas humanas que son.

 

Mª PILAR MARTÍN GONZÁLEZ

 

 

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Zaragoza, julio de 2004