THALITHAQUMI
PLAZA MAYOR
--------------------------------------------------------------------------------La
novena del Pilar
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Luis
Antonio Gracia Lagarda es canónigo Delegado de Culto en la Basílica-Catedral
de Ntra. Sra. del Pilar y en La
Seo del Salvador, ambas en la ciudad de Zaragoza.
El
presente artículo fue la comunicación que pronunció en el VIº encuentro de
los responsables de Pastoral en los Santuarios Marianos de España,
celebrado en Caravaca, en septiembre de 2003, como ejemplo de Pastoral en
un Santuario Mariano urbano.
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Las 6,45 de cada mañana, durante todo el
año. El Capellán de la Virgen
que está de turno acaba de abrir la puerta blindada que protege durante la
noche la imagen de Nuestra Señora del Pilar. Un empleado de la Basílica abre la puerta
del templo más cercana al edificio del Ayuntamiento –Puerta Baja, en el
lenguaje zaragozano-; tres o cuatro personas esperan junto a la verja, y con
ellas comienza un goteo incesante que no cesará hasta las 21 horas. Los más
tempraneros, con prisa, se acercan hasta la Santa Capilla.
Toman sitio en un lugar en que sea fácil ver, porque a eso han ido: a VER la
imagen, la columna y el manto. Un zaragozano nunca empleará la expresión “ir a
rezar a la Virgen”,
ni siquiera “ir a visitar a la
Virgen”, nosotros la vamos a VER, como vamos a ver a la madre
cuando estamos fuera de casa. Pero lo cierto es que en ambos casos el verbo ver
transciende su propio significado y además de contemplar la imagen, es estar
(si no largo rato como quería Teresa de Jesús) un rato a sus pies, tratando
de nuestras cosas con quien sabemos que nos ama y a quien como hijos
“le adoramos”. (Expresión popular, no de culto, para expresar el amor máximo).
Por eso el Pilar es un santuario en que los
zaragozanos, de forma sencilla y filial, vamos con frecuencia a orar. Muchos,
cada día; algunos, incluso, mañana y tarde, bastantes más, todas las semanas,
casi todos los habitantes de esta vieja ciudad, cuando algo empieza (una vida,
un matrimonio, un viaje, un negocio, un curso, una ilusión), cuando algo
termina (el mismo curso, la vida de algún ser querido, el trabajo por pasar a
engrosar el número de parados o de jubilados, ...), cuando algo se celebra (un
triunfo, un aniversario, un encuentro, un congreso, ...). La vida de la mayoría
de los zaragozanos tiene, todavía, como referencia esta Basílica que es como
“la casa maternal” de todos.
Pero en nuestro templo entra mucha más gente
que nosotros. Y no solamente de nuestra tierra aragonesa, ni siquiera de todos
los rincones de la
Península. Es muy frecuente el encontrarnos en sus naves con
personas de toda Europa –especialmente italianos, franceses y polacos- de Hispanoamérica
y Filipinas, pero no son raros tampoco los grupos de norteamericanos, japoneses
y hasta tailandeses que incluso solicitan un espacio para poder celebrar la Eucaristía. En este
conglomerado, como ocurre en todos los santuarios, ya no es tan fácil homologar
los intereses de cada visitante. No cabe duda de que junto al mero turista que
con su aparato digital quiere captar todo, para verlo no sabemos cuándo, llega
un gran número de visitantes que se detiene con gusto ante la pequeña imagen de
María sobre la columna de jaspe. Probablemente sin tener conciencia de ello, se
sumergen también en la costumbre zaragozana de VER a la Virgen y, desde luego, de
dejarse mirar por ella. Bastantes de éstos participan en alguna celebración
eucarística propia para su grupo o en alguna de las trece misas que cada día se
celebran en el templo. Y no son pocos los que se acercan a la reconciliación
sacramental.
Sí, el santuario
del Pilar puede llamarse “Casa de Oración”. Porque allí se ora, unas veces
litúrgicamente, otras de forma popular comunitariamente (tres veces al día se
reza el Rosario y son incontables los grupos que, por los más diversos motivos,
hacen una ofrenda de flores o un rato de oración en común), y siempre lo que he
llamado la oración filial del Ver y dejarse mirar.
Cada día el momento más fuerte de oración comunitaria y
litúrgica es la Misa
Conventual. Cada año se celebran con especial relieve el 2 de
enero, “Memoria de la Venida
de la Virgen a
Zaragoza”, 20 de mayo, “Aniversario de la Coronación de la imagen en 1905”, Fiestas de la Virgen del calendario
litúrgico, Mes de Mayo, novena de la Inmaculada. Pero,
como es natural, especialísima solemnidad tiene el 12 de octubre, como es
conocido y notorio en toda España.
Siguiendo muy
antigua costumbre, los días anteriores (del 3 al 11) tiene lugar, como especial
oración comunitaria, la “Novena en Honor de Nuestra Señora del Pilar”, que a
través de los tiempos ha ido variando en su forma según las posibilidades y
costumbres de los tiempos.
El rezo del
Rosario, las largas oraciones, comenzadas inevitablemente por aquellos pomposos
“¡Oh!”, el largo sermón desde el púlpito por un “elocuente orador sagrado”, las
primorosas antífonas polifónicas compuestas para la ocasión por los Maestros de
Capilla, han dado paso a algo más sencillo, centrado en la celebración de la Eucaristía.
En la revista “El Pilar” de noviembre de
2001 escribía yo, a guisa de crónica, estas líneas:
Más reluciente que de costumbre aparecía el Altar
Mayor de la Basílica
del Pilar a las ocho de la noche del día tres de octubre. Los bancos, las naves
laterales y el pasillo de delante del coro acogía a una gran cantidad de
fieles. Los Infanticos cantaron los Gozos de la Virgen del Pilar alternando
con el pueblo. En los bancos delanteros una coral zaragozana. Iba a comenzar la Solemne novena en honor de
la Santísima Virgen
del Pilar que prepararía a los asistentes a la gran fiesta del 12 de octubre.
Durante nueve días se vivió la misma
escena.
El tema “Con María del Pilar en el umbral
del tercer milenio” ha centrado la reflexión de las homilías. La Carta apostólica “Novo
millennio ineunte” del Papa Juan Pablo II y el Plan Diocesano de Pastoral
facilitaron la concreción para cada día.
Como de costumbre, en los últimos años,
fueron tres los predicadores. A cada uno de ellos se les habían asignado
materias cercanas a sus especialidades y a su trabajo pastoral concreto.
Mons. Javier Salinas Viñals, Obispo de la
vecina diócesis de Tortosa, Presidente de la Subcomisión de
Catequesis de la
Conferencia Episcopal Española, especialista en catequética,
autor de materiales para la catequesis que se emplean en muchas parroquias de
nuestra diócesis, con palabra fácil y entusiasmante, desarrollo los temas “Remando
hacia dentro, con María”, “Oímos la
Palabra de Dios, con María” y “Anunciamos la Buena Noticia, con
María”.
El Obispo Auxiliar de Zaragoza, Mons.
Alfonso Milián Sorribas, además de hacer una muy bella homilía sobre el tema
central de la Carta
apostólica del Papa: “Contemplamos el rostro de Cristo, con María”, expuso con
detenimiento algunas partes del Plan Pastoral Diocesano: “Oramos, con Maria” y
“Edificamos comunidad, con María”.
La presencia del franciscano P. Iñaki
Beristain ha querido ser una forma de comunión con uno de los santuarios
marianos más importantes de nuestro país: Aranzazu, con ocasión de celebrarse
este año los quinientos años de que los franciscanos se cuidan de la Virgen y de los numerosos
fieles que allí llegan. El P. Beristain es, desde hace más de treinta años, uno
de los principales animadores de la pastoral en ese santuario. Sus dotes de
músico, escritor, comunicador y su inserción en la cultura de aquella tierra
dan una impronta especial al trabajo que allí se desarrolla. Por eso, en la
novena, desarrolló aspectos relacionados con su propia actividad: “Peregrinamos
hacia Dios, con María”, “En el Santuario, espejo de la Jerusalén celeste, con
María” y “Construimos un mundo nuevo, con María”.
Como cada año, el día once, el Claustro
Magno que presidían los Infantes más antiguos, la Salve Solemne de
Hilarión Eslava, el emocionante canto por un gran número de fieles del Himno a la Virgen del Pilar y el beso
al Manto de la Virgen,
en nombre de todos, del Sr. Obispo Auxiliar, ponían el broche de oro a esta
solemne preparación al primer 12 de octubre de un nuevo siglo y milenio.
Algo similar se podría escribir cada
año, pues se dan unas constantes que, de momento, nos parecen las apropiadas:
·
Esplendor externo: creemos que el marco en que celebramos
estos cultos extraordinarios debe situarnos ya en que la situación es especial.
Una joya de la orfebrería, como es la imagen procesional de la Virgen del Pilar en plata
con algún sobre-dorado, en lugar especial; toda la iluminación posible en
altar, nave y coro; alfombras en el presbiterio; discreto adorno floral.
Incluso la asistencia en pleno del Cabildo, en algunos días presidido por el
Sr. Arzobispo o el Obispo Auxiliar, y situado en el balconcillo del coro para
escuchar la homilía, ayuda a expresar la excepcionalidad de estos días.
·
Un gran número de fieles: se mantiene una
buena asistencia de personas a esta Eucaristía. Muchos de ellos fijos los nueve
días. Se amplía el número cuando coincide en sábado o domingo y la víspera. Es
cierto que son personas de edad la mayoría. Suele haber gran recogimiento y se
crea un buen clima, que se desborda cada tarde al cantar el ya casi centenario
Himno a la Virgen
del Pilar.
·
Invitatorio: se comienza con una invocación a la Virgen en que a unas estrofas
leídas, responden la escolanía de Infantes y el pueblo con un estribillo.
Podíamos decir que ésta es la parte más propia de este culto y que sustituye a
las antiguas oraciones.
·
Participación de diversas corales zaragozanas: a la Capilla musical catedralicia
le sustituyen desde 1981 diferentes corales de las que proliferan en los
últimos tiempos en la ciudad y provincia de Zaragoza. Es cierto que su valor
interpretativo es muy desigual, pero dan un tinte de participación y
popularidad muy interesante. No hay que buscarlas, ellas mismas se ofrecen y
todos los años el canónigo Prefecto de Música tiene dificultades, porque el
número de aspirantes supera el de posibilidades.
·
Tema de predicación y oración: prácticamente es
la parte más destacada y singular de los cultos especiales de estos nueve días.
Como ya se apuntaba anteriormente el enfoque ha sufrido variaciones importantes
en los últimos 25 años.
En primer lugar se ha seleccionado un tema general
para cada año que suele estar inspirado en algún acontecimiento o documento
eclesial con orientación mariana:
*
(1979) sin
tema general específico (Congreso Mariano Internacional)
*
(1980) sin tema general específico
*
(1981) sin tema general específico
*
Magisterio y vivencias mariales de Juan Pablo II
(1982) (Preparación de la 1primera visita a España)
*
María en el misterio cristiano de la redención
(1983) (Año Santo de la
Redención)
*
(1984) sin tema general específico
*
(1985) sin tema general específico
*
(1986) sin tema general específico
*
Reflexión sobre la Encíclica “Redemptoris
Mater (1987) (Publicada el 25 de marzo con motivo del Año Mariano)
*
María y las exigencias sociales del Evangelio
(1988) (Comentando la
Encíclica “Sollicitudo rei socialis” de 30 de diciembre de
1987)
*
María y los seglares (Reflexión desde la E. A. “La vida y la misión
de los seglares en la Iglesia”)
(1989)
*
Invocaciones a María Santísima (1990)
*
Que María, Madre del Redentor, acompañe con materna
intercesión a la humanidad hacia el próximo milenio” (Juan Pablo II, Centesimus
annus) (1991)
*
La
Santísima Virgen, la Evangelización y el V Centenario (1992)
*
El Pilar y Santiago en los caminos de la fe de
España (1993) (Año Santo Jacobeo)
*
María en el Catecismo de la Iglesia Católica
(1994) (Publicado el 7 de diciembre de 1992)
*
Magnificat (1995)
*
María en la “Tertio Millennio Adveniente” (1996)
(Publicada el 10 de noviembre de 1994)
*
Caminamos hacia el nuevo milenio (1997)
*
El Espíritu y María (1998) (Año del Espíritu Santo
en la preparación del Jubileo 2000)
*
Dios nuestro Padre, reflexión mariana sobre el
Padre Nuestro (1999) (Año del Padre en la preparación del Jubileo 2000)
*
La
Santísima Trinidad y
María (2000) (Año de la
Santísima Trinidad en el Jubileo 2000)
*
Con María del Pilar en el umbral del III Milenio
(2001) (Inspirada en la “Novo
millennio ineunte” y el Plan Diocesano de Pastoral )
*
María, Madre de la Iglesia (2002)
Por la dificultad que tenía el Cabildo de encontrar
un predicador para los nueve días, a partir del año 1979 se han ido arbitrando diversas fórmulas que
permitiesen pronunciar la homilía de la Eucaristía a varios. Ello ha motivado que en
estos últimos 25 años pasasen por la
Novena del Pilar el Sr. Arzobispo (1980, 1982, 1984 y
1998), sus Obispos Auxiliares (Carmelo Borobia –1990- Juan José Omella
–1997 y 1998-, Alfonso Milián –2001-), los mismos canónigos zaragozanos
(Hombría –1979, 1990 y 1991-, Martínez
-1983, 1990 y 1998-, Aznar –1983 y 1990-, Torra –1990-, Borraz –1990 y
1991-, Mendoza –1990 y 1991-, Domingo –1990 y 1991-, Gracia Gimeno –1990- y
Berna –1991-) Obispos de las Diócesis de Aragón (Damián Iguacen –1979,
1980 y 1982-, José Ángel Belda –1982-, Ambrosio Echebarria –1982 y 1988- Ramón
Búa –1982 y 1988- Javier Osés –1982 y 1988- Rosendo Álvarez –1985- Antonio
Algora –1988 y 1996- José María Conget –1996- ) Obispos aragoneses
(Antonio Javierre –1981- Victorio Oliver –1988- Damián Iguacen [como obispo de
Tenerife] –1988 y 1997- Fernando Sebastián –1988 y 2000-, Jesús Moliné –1997-,
Jesús García Burillo –2000-), en los años Jacobeos Arzobispos de Santiago
(Antonio María Rouco–1993- Julián Barrio –1999-) y canónigos del “camino”
(Celestino Pérez de la Prieta,
de Santiago, –1986- y en 1993: Antonio María Lafuente, de Jaca; Santiago
Francia, de Palencia; José Anta, de Astorga y Daniel Simón, de Burgos), Obispos
de diócesis limítrofes (Navarra:
José María Cirarda –1979- Soria: Teodoro Cardenal –1982- y Francisco Pérez
–1999-, Tortosa: Ricardo Carles –1980 y 1984- Javier Salinas –2001-), otros
Obispos (Gabino Díaz Merchán –1979-,
Emilio Benavent –1979-, Antonio Montero –1979-, José Delicado –1979-,
Ángel Suquía -1979-, José Manuel Estepa -1982-, Francisco Álvarez –1982-.
Antonio Dorado –1984- Luis Quinteiro -2002), Miembros de la Sociedad Mariológica
Española (P. Martínez Sierra –1981 y 1987-, Luis María Esparza –1985-,
Jesús Polo –1987-, Nicolás López Martínez -1987 y 1989-, Gonzalo Aranda –
1994-, P. Gaspar Calvo –1994-, P. Ignacio Bengoechea –1994-, P. Armando Bandera
–1994-, Félix Ochaita –1994-), Responsables misioneros (Vicente Ruiz
Albesa, Ramón Julián, Luis Cuartero y Mons. Gonzalo López Marañón en 1992) Responsables
de Santuarios Marianos (Felipe Castro, de Caldas de Besaya, -1995-, Juan
Mairena como responsable de pastoral de los Santuarios de Huelva, -1995-
Horacio Brito, de Lourdes –1995-, Iñaki Beristain, de Arantzazu –2001-, Diego
Capado, del Rocío –2002-), sacerdotes y religiosos de nuestra tierra o que
ejercen su ministerio en ella (José María Javierre – 1979-, P. Antonio
Roldán, escolapio, -1981-, José Manuel Arenal –1983-, P. Luis Heras, dominico, -1985-, P. Martín
Gelabert, dominico, –1989-, P. Manuel Cortés, marianista, –1989-, Ángel Javier
Pérez, Director General de los Operarios Diocesanos, –1999-, Eduardo Fernández
Moscoso, Provincial de los Marianistas –2000-, Julián Ruiz –2002-)
Estos setenta y cuatro predicadores han sido
seleccionados, o bien en razón del tema propuesto, o por su relación con la Basílica o con nuestra
diócesis. Todos ellos han aceptado con gozo y tomándolo como un honor. Siempre
han colmado las expectativas que el Cabildo había puesto en el momento de su
elección. Al mismo tiempo, tal variedad de personas, con muy diversos estilos y
formas, ha enriquecido cada año la reflexión en torno a la persona de María que
es el objetivo principal. Se constata, fácilmente, que la advocación del Pilar
es familiar y cercana a tan diverso número de clérigos, aunque, quizás, el
único reparo que alguna vez se hace por parte del pueblo es que se concreta
poco en lo que la Virgen
y su tradición pilarista puede suponer todavía a nuestro pueblo. Alguna vez
escuchamos algo así como “de la
Virgen nos han hablado mucho, pero de la del Pilar nada” y no
podemos olvidar que la gente va al Pilar a VER.
De momento seguimos pensando que es una forma válida.
Por eso este año hemos preparado el mismo plan. Con inspiración en algunos
conceptos de la encíclica sobre el Rosario, vamos a desarrollar el tema “Orar
con Santa María del Pilar” que subdividiremos en
*
María,
modelo de mujer orante.
*
Recordar
el misterio de Cristo con María.
*
Configurarse
a Cristo con María.
*
María,
modelo de creyente.
*
María
compendio del Evangelio.
*
Anunciar
a Cristo con María.
*
María,
modelo de contemplación.
*
Contemplar
a Cristo con María.
*
El
Santuario mariano lugar de contemplación.
Como predicadores hemos invitado para el primer
triduo a Joaquín Luis Ortega, periodista, director de la Biblioteca de Autores
Cristianos, vinculado por lazos familiares a Zaragoza; en el segundo bloque
intervendrá Emilio Aznar, joven sacerdote de nuestra diócesis, párroco de
barrio y profesor de teología, de la cual es doctor, en el Centro Regional de
Estudios Teológicos de Aragón; por último, los temas más contemplativos los
desarrollará el Padre Abad de Montserrat para, una vez más, estrechar lazos con
un santuario mariano y testimoniar de esta forma un culto común a la Madre de Dios.
·
El esplendor de la Víspera: la novena termina
el día 11 y lo hace con gran solemnidad. El templo abarrotado de fieles, como
preludio del día más festivo de la Basílica. El predicador que ha presidido la Eucaristía canta
“Bendigamos al Señor”, porque el pueblo no puede irse todavía. Hay que pasar
por la Santa Capilla
para VER a la Virgen
comunitariamente. Su imagen está resplandeciente con la corona de la Coronación canónica,
hecha con las joyas de miles de mujeres españolas hace 98 años, está su Pilar
cubierto con el manto más antiguo de los más de cuatrocientos que se conservan
, el que le obsequió el Cabildo en 1762; hace ya un buen rato que los bancos de
su entorno están ocupados por fieles. Desde el Altar Mayor se trasladarán los
que han participado en la
Eucaristía. Lo hará procesionalmente el Cabildo, con los
concelebrantes y los prelados zaragozanos. Es el Claustro solemne que, por
tradición, presidirán portando grandes cirios en sus manos los Infantes más
veteranos. Al llegar a la
Capilla un conjunto de corales, algunas veces con gran
orquesta, interpretará una de las Salves solemnes que para este acto
compusieron Maestros de gran talla y que ahora se desempolvan de los ricos
archivos catedralicios. La multitud será capaz como nunca, en este templo
ruidoso, de hacer un gran silencio, roto únicamente por algún leve sollozo. Y
llegará, después, el desbordar de ese pueblo que VE a su Virgen y Madre y que
vive “abrazado a su Pilar”. Los primeros compases del Himno interpretados por
el experto y anciano organista, Maestro Broto, invitará a que todos se atrevan
a cantar con emoción el dificilísimo “Virgen santa, Madre mía, luz hermosa,
claro día que la tierra aragonesa te dignaste visitar”. Desde hace unos años,
aunque no sea costumbre autóctona, al final, suena algún “¡Viva la Virgen del Pilar!”.
Enseguida, en nombre de todos, el Sr. Arzobispo sube a besar el manto que viste
la Señora,
luego suele invitar a los predicadores de la novena que están presentes. El
pueblo se une con una salva de aplausos. Poco a poco, muy lentamente, se va
despejando la Basílica,
para poder cerrar sus puertas y asearla para abrir de nuevo a las tres y media
de la madrugada. Pero todos los que llenan el templo al caer la noche de la
víspera no se marchan hasta que consigan VER a la Virgen. Posiblemente
sea ésta la mejor oración de conclusión de estos nueve días.
Al llegar a este
momento de la redacción de esta Comunicación me he parado a leer lo escrito. La
primera impresión es de que me ha salido una crónica apasionada de una vivencia
que cada año repetimos como ritual importante. No hay en lo escrito, ni una
reflexión teológica, ni pastoral, ni siquiera un atisbo de espíritu crítico.
Solamente os he contado, en algunos momentos con pasión y emoción, lo que
hacemos y que nunca he visto escrito en tanta extensión. Recibid de esa misma
forma esta experiencia de nuestra Basílica. Quizás esta recopilación
descriptiva tenga que abrir paso a una reflexión, entre los responsables del
Pilar, más pastoral y crítica. Pero esto es lo que tenemos y lo que hacemos.
La pregunta que me
sugiere todo lo escrito es ¿puede ser modelo do oración de un santuario urbano
la novena del Pilar?
No lo sé. Pero si
que puedo asegurar que en este santuario que se ora VIENDO y estando, cada año
en estos días se presentan unas imágenes de Maria, que siempre muestra “al
fruto bendito de su vientre, Jesús”, que de alguna manera en todos nosotros “fortalece
la fe, da seguridad en la esperanza y constancia en el amor”(Cfr. Colecta
de la Misa de
Nuestra Señora del Pilar).
Creo que debo
terminar haciendo resonar de nuevo las palabras finales de la Comunicación de mi
Deán, D. Antero, en el III Congreso Europeo de Santuarios en Montserrat en
marzo de 2002: Nos sentimos testigos ilusionados de que, aunque nuestros
deseos fallen o experimenten sus límites, seguimos en nuestro trabajo que no
está vinculado al éxito completo, pero tiene apertura a un futuro en que Dios,
que ama a todos los hombres, puede
renovar todas las cosas. (Actas, pág. 166)
LUIS ANTONIO
GRACIA LAGARDA
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thalithaqumi
Zaragoza, octubre 2003