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PLAZA MAYOR
A propósito de la
película "Lutero"
Los cines españoles exhiben estos días el filme
"Lutero", dirigido en 2003 por Eric Tiill y protagonizado por Joseph
Fiennes, conocido por su actuación en la laureada película "Shakespeare in
love", y con el papel también estelar del gran Peter Ustinov, ya fallecido.
"Lutero" es
una reconstrucción histórica y militante de los veinte años cruciales -entre
1510 y 1530- que marcaron la vida y la obra de Martín Lutero, uno de los personajes
más decisivos en la historia moderna y contemporánea. Sin entrar en una
valoración estrictamente cinematográfica -vaya por delante el reconocimiento a
su buena puesta escena y ambientación, magnífica interpretación y espléndida
banda sonora-, estas líneas, desde una perspectiva confesionalmente católica,
buscan situar en su texto y en su contexto al personaje objeto del filme, a su
obra y a su tan destacado influjo.
¿Quién fue Martín Lutero?
Nacido en Eisleben, en
la Alemania profunda de Sajonia, el 10 de noviembre de 1483, Martín Lutero
creció en un ambiente familiar espartano y agrio. Estudió Teología con los
Hermanos de la Vida Común en Eisenach y Filosofía con los Agustinos en Erfurt,
en una cátedra saturada del llamado pensamiento nominalista, que estaba cargado
de relativismo.
En 1505 se hace fraile
agustino y recibe poco después –el 2 de mayo de aquel mismo año-.la ordenación
sacerdotal. Aquí comienza la película tras una escena previa de la pavorosa
tormenta del día de Santa Marta, que casi ocasiona la muerte de Lutero y que
marcará su vida.
Su carácter, reflejado
desigualmente en la película, ofrecía inequívocos rasgos de melancolía y
tristeza y una fuerte y, a veces, contradictoria personalidad. De sincera y
voluntarista religiosidad, vivía obsesionado por los escrúpulos, se estremecía
sobremanera por la cruz, percibía a veces a Jesucristo como verdugo y le
obsesionaba la idea de la predestinación y de la salvación eternas.
Entre 1510 y 1511 marcha
a Roma comisionado por su Orden Religiosa para la reforma de la misma. Sus
primeras impresiones -reales, pero demasiado exageradas en el filme- no fueron
muy distintas a las de cualquier otro peregrino y será con el paso de los años
y también en aras a la leyenda cuando el propio Lutero y sus seguidores las
extremen.
En 1511 regresa a
Alemania y es enviado como profesor a la Universidad de Wittemberg, que era la
Universidad del Príncipe de Sajonia. Pronto se hace popular por su radicalismo
y por sus ansias de autenticidad. Llega entonces a esta ciudad el fraile
dominico Juan Tetzel a predicar las indulgencias y las ideas y los sentimientos
de Lutero se exacerban.
El 31 de octubre de 1517
publicaba sus célebres 95 tesis de protesta en la puerta de la Universidad de
Wittermberg –los historiadores dudan de la veracidad concreta de esta escena,
no de su contenido- y comienza, ya de modo irreversible, el proceso que
desembocará no sólo en la llamada comúnmente reforma luterana o protestante,
sino una verdadera revolución o ruptura con la Iglesia Romana.
Las causas de la reforma protestante
La historiografía
moderna más contrastada ha abandonado ya las tesis o soluciones monistas de la
reforma protestante o luterana para hablar de una multiplicad o conjunto de
causas. La película "Lutero" parece, no obstante, abonarse más a las
primeras tesis.
Entre estas soluciones
monistas o aisladas los historiadores habla de seis: su viaje a Roma de 1510,
la construcción de la nueva Basílica de San Pedro de Roma y la consiguiente
predicación de las indulgencias para sufragar sus gastos, el abusivo culto a las reliquias, una toma de
conciencia por parte de las masas populares de la opresión religiosa -es la
tesis de Karl Marx- con consecuencias económicas de pobreza para el pueblo, la
necesaria renovación del cristianismo y el efecto de unas sucesivas crisis
personales de Lutero, acentuadas por su compleja personalidad.
En el filme que nos
ocupa abunda en las dos primeras razones, refleja la tercera y apunta ligeramente
hacia la cuarta, sin un desarrollo fílmico y argumental al respecto
convincente.
Sin descartar como
"sumandos" ninguna de estas causas menores, los historiadores
convergen hoy día en presentar el luteranismo como un complejo conjunto y
entramado de factores. Unos son de carácter religioso como la debilitación
progresiva de la autoridad moral papal y la mundanización de la jerarquía
-excesivamente mostrada en la película-, los fallidos intentos de reforma desde
el interior de la Iglesia y la decadencia de la Filosofía y de la Teología.
Más importantes todavía
fueron las razones políticas y sociales, que la película no ignora, pero que,
al mostrarlas sin argumento fílmico propio, impide al espectador no versado en
estos temas captar su verdadero alcance. Estas razones políticas eran el
nacionalismo alemán antiromano y antipontificio, el rechazo en Alemania a la
dinastía de los Ausburgos, encarnada entonces por un jovencísimo Carlos V de
Alemania y I de España, la estructura social feudal alemana que acentuaba la
división clasista en la sociedad y ahogaba las justas reivindicaciones del
proletariado agrario y de la pequeña burguesía y unos años de malas cosechas
que hicieron cundir el hambre, lo cual fue hábilmente instrumentalizado por los
Príncipes alemanes en su intento de robustecer su poder autónomo y
nacionalista.
La imprenta y la
equidistancia
Al desarrollo del
Luteranismo contribuyó de manera decisiva la imprenta, descubierta, en lares
alemanes precisamente, setenta años antes. La imprenta otorgó a las tesis y a
los escritos de Lutero una difusión hasta entonces inaudita. La película
refleja correctamente esta realidad.
Por último y lejos de
planteamientos maniqueos acerca de Lutero como mito de excelencia y de libertad
o mito de perversión e inmoralidad, su compleja personalidad y psicología, sus
"filias" y sus célebres "fobias" -el demonio, los judíos,
los turcos y el Papa-, el factor humano de Martín Lutero, añadió a todo este
cúmulo de causas la gota que colmó el vaso, la chispa que prendió el cañaveral.
Principios y consecuencias de Lutero
La Teología luterana se
hizo fuerte -escribimos esquemáticamente en aras a la sencillez y a la mejor
compresión de las cosas- en cuatro grandes ideas o principios excluyentes: Su
sí a “solo” Cristo conllevaba la negación de la Iglesia como sacramento de
mediación, del ministerio del primado petrino así como la supresión práctica
del culto a María y a los santos; su sí a la “sola“ fe -la llamada fe fiducial-
negaba en la práctica el valor de las obras o de los méritos, escudándose en
que sólo salvan los méritos de Cristo; su sí a la “sola” Escritura sola suponía
un rechazo a la Tradición y al ministerio de la Iglesia para interpretarlo
válida y universalmente; su sí a la “sola” gracia rechazaba en el fondo la
libertad y se sumergía en la predestinación.
Lutero quiso una Iglesia
más libre y cayó en las manos del poder civil de los Príncipes. Su "libre
examen" abría inexorablemente las puertas del subjetivismo y del
relativismo. Lutero quería una Iglesia más pura y más auténtica y la hizo
puritana, gélida y desangelada. Lutero pretendía una religiosidad más verdadera
y cundió el indiferentismo religioso. Lutero rehúsa el culto a los santos y él
mismo fue y es tomado después por santo y héroe. El Luteranismo fragmentó la
Iglesia, se fragmentó a sí mismo en varios cientos de confesiones actuales que
siguen "por libre" y "por separado" el credo de Lutero y
fragmentó el pensamiento.
La verdadera reforma de la Iglesia
Roma no estuvo lo
suficientemente atenta y provista de reflejos para captar lo que con los años
vendría. Quizás estaba demasiado mundanizada y ensimismada. Cuando a partir de
1546 comenzaba azaroso el Concilio de Trento, era ya demasiado tarde para
evitar la ruptura.
Sin embargo, cuando Trento
concluía su quehacer en 1564, la Iglesia aprendió la lección y surgió un
extraordinario "corpus" doctrinal, quizás, eso sí, un tanto herido y
condolido y, por ello, defensivo y apologético.
Y de Trento y de su entorno anterior y
posterior brotaría una extraordinaria pléyade de santos - Juan de Dios, Camilo
de Lelis, Ignacio de Loyola, Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, Juan de Avila,
Francisco Javier, Francisco de Borja, Carlos Borromeo, Felipe Neri, Pedro
Canisio, José de Calasanz, Vicente de Paúl, Francisco de Sales María Ward,
Juana María Lestonac, Angela de Merici, Roberto Berlamino...- que sanaron
heridas y, sobre todo, fortalecieron a la Iglesia y la reformaron desde dentro
y como la Iglesia debía ser reformada.
Y ahora, casi cinco
siglos después, los cristianos protestantes y los cristianos católicos, lejos
ya de discusiones y conflictos, están llamados a caminar fraternalmente en pos
de una reconciliación y de una unidad que entonces no fue posible, pero que
sigue siendo un mandato categórico y inexcusable de fidelidad a Jesucristo, el
único Señor de la Iglesia.
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Zaragoza, enero
2006