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LA DECEPCION DEL PILDORAZO

 

            Recuerdo cuando, no hace mucho, los defensores de la polémica píldora del día después defendían su uso como método eficaz para la prevención de embarazos no deseados, en aquellos casos en los que se hubieren mantenido relaciones sexuales sin haber empleado métodos anticonceptivos o cuando se hubiera producido algún fallo en su utilización.

         Recuerdo cuánto nos costó convencer, no por que no fuera así, sino por la “obtusa” mentalidad de sus defensores, digo, defender la tesis de que dicha píldora tenía, tiene un efecto ABORTIVO en muchos de los casos ya que, entre sus efectos de acción, se encuentra, entre otros, un efecto antiimplantatorio del óvulo fecundado o, lo que es lo mismo, de una vida de 7 días. Y para aquellos que pensamos que con la fecundación empieza una vida, no cabe duda alguna de que, tal, es un EFECTO ABORTIVO. Los otros dos efectos son el anovulatorio y el antifecundatorio y actuará uno u otro en función de la premura en la toma de la píldora y del estado del propio ciclo de la mujer. Pero en cualquier caso, cuando se toma, se desconoce con exactitud cuál de ellos actuará, por lo que podemos concluir que:

 "aunque no siempre tiene un efecto abortivo, siempre puede llegar a tenerlo".

 

Hace sólo unos días, se ha conocido un estudio de la Escuela de Medicina de la Universidad de Utah (Estados Unidos) publicado en la web LifeNews.com, que cuestiona el elevado porcentaje de efectividad que, según sus productores, tiene este medicamento; con la correspondiente consecuencia, que no es otra que el siguiente titular dado por distinta prensa internacional: el "alarmante" aumento del uso de la píldora postcoital o 'del día después' no ha reducido los abortos en Europa, China y Estados Unidos como muchos preveían.

Pero esta noticia no hace más que confirmar lo que ya se sabía, porque diversos estudios realizados en países como Inglaterra, con una gran perspectiva en el tiempo (desde el año 1992) sobre la utilización de estos mal llamados métodos “anticonceptivos”, ya nos decían que la estrategia había fracasado, y que disponibilidad de anticonceptivos a adolescentes provocaba no sólo un aumento de la promiscuidad y un aumento de las enfermedades de transmisión sexual, sino que tampoco había hecho descender las cifras relativas tanto al número de abortos como al de embarazos no deseados.

Y el caso más cercano lo tenemos aquí, en España, en el que las cifras dadas por el Ministerio de Sanidad, relativas al número de abortos en el último año, superan un 6-7% al anterior.

 

Merece la pena recordar otro reciente estudio sobre esta píldora —publicado en la revista del Colegio de Obstetras y Ginecólogos de EEUU— el cual demostraba que la prescripción indiscriminada de la píldora y el acceso fácil al fármaco, no reduce la tasa de embarazos no deseados ni el número de abortos. Este fracaso también ha sido recientemente destacado por el departamento de Salud de Gran Bretaña, al dar a conocer un llamativo aumento del 3,9% de los abortos en adolescentes y mujeres jóvenes en 2006. Una cuestión que el Independent Advisory Group on Sexual Health and HIV ha relacionado con la crisis de valores sobre la cuestión sexual en los adolescentes, incentivada por los mensajes de los medios a ellos dirigidos.

 

 

Pero el asunto no acaba ahí, la dispensación de esta píldora, además,
permite que menores de edad dispongan de tal manera sobre una decisión tan importante como es la vida de un ser humano y, sin el consentimiento de los padres, con las consecuencias que de tal hecho se pueden derivar. Consecuencias tales como el peligro psicológico que se puede generar de sufrir el denominado Síndrome Postaborto; así como el privar a los padres de la información necesaria sobre su hija, que perjudicará gravemente la posibilidad de prevención por parte de estos de situaciones similares futuras.
Pero no, sus defensores siguen sin querer verlo, a pesar de los números y las cifras. Cifras que me permito recordar.


         Sólo en la Comunidad de Madrid, - en el confuso tramo de las mujeres de 15 a 19 años- lo que las estadísticas afloran es que, pese al incremento de su consumo entre adolescentes, el aborto en este tramo de edad se había incrementado en 2005 un 10 % respecto a 2004; y el número de abortos se elevaba por entonces a 1.876, más los 53 declarados en menores de 15 años, en total no menos de 2.000 casos, o quizás más si se consideran los no declarados.

 

     En Cataluña, los datos facilitados por el Salud constatan que las principales usuarias de la píldora son las chicas de 22 años, seguidas de adolescentes entre 13 y 17. El 51 % de las mujeres pidieron la píldora por primera vez, un 31% repitieron en una ocasión y hasta un 8% hasta tres veces. El resto, es decir un 10% la tomaron más de tres veces, algunas hasta ocho o nueve veces. Dos de cada tres mujeres no se habían asesorado antes en ningún sitio; el 12% lo había hecho en la farmacia y el resto en el teléfono de la salud, centros de salud o Internet.

 

En cualquier caso, el análisis de Obstetrics & Gynecology es demoledor y admirable por la honestidad de sus autores, hasta ahora favorables al uso de esta píldora. Sus conclusiones son claras: las estrategias para favorecer el acceso a la píldora postcoital por parte de las jóvenes han fracasado, ni se reducen los embarazos no deseados ni las tasas de aborto.

 

 

 

El hallazgo es definitivo y viene a contradecir la pretensión de los lobbies de la contracepción de emergencia (incluida la OMS) de difundir masivamente esta píldora con la pretensión de reducir los embarazos no deseados y el aborto.

 

 

                                                    

 

                                                                            Zaragoza a 31 de agosto de 2007

Alvaro Vázquez Prat

                                                                       Provida-Aragon

Médicos por la Vida – Aragón –

Miembro del Observatorio de Bioética de la Universidad Católica de Valencia.

 

 

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