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PPLAZA MAYOR

 

 

---------------------------------------------------------------------------------Un cura en los pueblos

 

Cuadro de texto: Esteban Sabater Bayod es un sacerdote alcañizano de nacimiento. Tras cursar los estudios teológicos en el Centro Regional de Estudios de Aragón y su paso por el Seminario de Zaragoza, hizo su etapa pastoral en la parroquia de La Almunia, tras la cual y, después de recibir la ordenación presbiteral, pasó a formar parte del equipo sacerdotal que atiende pastoralmente varios municipios de los meandros del Ebro en la diócesis de Zaragoza. Después de varios años tras haber formado equipo con distintos compañeros, siempre en el mismo lugar pastoral, continúa con ilusión sirviendo allí al Pueblo de Dios. 
Hace más de siete años que partí desde La Almunia de Doña Godina con una vieja furgoneta cargada de muebles, libros e ilusión para llegar a Sástago y vivir la experiencia de trabajar “in solidum” en los seis pueblos de esta zona. Yo era un diácono de veinticuatro años, recién ordenado, que llegaba con la experiencia de vivir arropado en una parroquia grande donde, para mí, todo había resultado sencillo. Tras ordenarme D. Elías, comencé a experimentar aquella frase que me dijo un compañero pocos días antes de mi ordenación: “prepárate para sufrir y prepárate para gozar”.

 

Ha sido un sufrimiento el ver que mucha gente está sola, triste, sin esperanza. Hay muchas personas que no ven a Dios presente en sus vidas ni ven futuro para los pueblos pensando que, en pocos años, todo desaparecerá.

Resulta frustrante tener la sensación de que algunos no quieren escuchar la Buena Noticia de Jesús y que el ambiente no siempre es receptivo para lo que tenga que ver con la fe, la Iglesia y con los curas.

También resulta complicado adaptarte al funcionamiento y costumbres de seis comunidades distintas: Sástago, Escatrón, Alforque, Alborge, la Zaida y Cinco Olivas.

Resulta duro trabajar muchas horas, con continuos desplazamientos y ver que el trabajo no te cunde y que, al cabo del día, ves que has hecho la mitad de lo que te habías propuesto o incluso menos.

Tampoco es fácil tener siempre la sonrisa en los labios, la palabra oportuna en el momento oportuno o  ser firme cuando hay que serlo.

 

Sin embargo, ha sido un gozo la labor de estos años al comprobar cómo el sacerdote todavía es importante para mucha gente y puedes ayudar a niños, jóvenes, adultos y ancianos en sus inquietudes, luchas, en su búsqueda de Dios.

Es impresionante como la gente sencilla te puede dar auténticas lecciones de fe, como Alicia, aquella señora mayor que, en el sufrimiento del lecho, me enseñó a orar por aquellos que sufrían más que ella.

El calor humano de la gente de los pueblos te ayuda a sentirte como en casa, te hace sentir vivo: da gusto ir por la calle saludando a todos y preguntarles por su vida. Es una gozada ver la paciencia que tienen contigo y cómo valoran tu trabajo. Incluso está muy bien que tengan la confianza de decirte a la cara lo que no les gusta, aunque en determinados momentos pases un poco de apuro o sientas que te ponen en un compromiso. También la relación con la gente te ayuda a dar contenido a tu oración: pedir por los necesitados, con nombres y apellidos, y dar gracias a Dios por los acontecimientos felices, que también han sido muchos.

Ha sido una gozada compartir este camino con los compañeros: Víctor, Javier, José Luís, Marek, Sergio y José Antonio que, en distintos momentos han compartido vida y trabajo conmigo.

 

En fin, para mí ser cura de pueblo es vivir la fe en unas pequeñas comunidades a las que, de manera humilde, tratas de aportar lo poquito que sabes y puedes para intentarles hacer ver a Dios presente entre ellos y es descubrir también que, sin saber teología, ellos te hablan de Dios con su fe sencilla.

 

Un fuerte abrazo.

 

ESTEBAN SABATER BAYOD

 

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Zaragoza, abril de 2005