PPLAZA MAYOR
Hace más de siete años que partí desde
Ha sido un
sufrimiento el ver que mucha gente está sola, triste, sin esperanza. Hay muchas
personas que no ven a Dios presente en sus vidas ni ven futuro para los pueblos
pensando que, en pocos años, todo desaparecerá.
Resulta
frustrante tener la sensación de que algunos no quieren escuchar
También resulta
complicado adaptarte al funcionamiento y costumbres de seis comunidades
distintas: Sástago, Escatrón, Alforque, Alborge,
Resulta duro
trabajar muchas horas, con continuos desplazamientos y ver que el trabajo no te
cunde y que, al cabo del día, ves que has hecho la mitad de lo que te habías
propuesto o incluso menos.
Tampoco es fácil
tener siempre la sonrisa en los labios, la palabra oportuna en el momento
oportuno o ser firme cuando hay que
serlo.
Sin embargo, ha
sido un gozo la labor de estos años al comprobar cómo el sacerdote todavía es
importante para mucha gente y puedes ayudar a niños, jóvenes, adultos y
ancianos en sus inquietudes, luchas, en su búsqueda de Dios.
Es impresionante
como la gente sencilla te puede dar auténticas lecciones de fe, como Alicia,
aquella señora mayor que, en el sufrimiento del lecho, me enseñó a orar por
aquellos que sufrían más que ella.
El calor humano
de la gente de los pueblos te ayuda a sentirte como en casa, te hace sentir
vivo: da gusto ir por la calle saludando a todos y preguntarles por su vida. Es
una gozada ver la paciencia que tienen contigo y cómo valoran tu trabajo.
Incluso está muy bien que tengan la confianza de decirte a la cara lo que no
les gusta, aunque en determinados momentos pases un poco de apuro o sientas que
te ponen en un compromiso. También la relación con la gente te ayuda a dar
contenido a tu oración: pedir por los necesitados, con nombres y apellidos, y
dar gracias a Dios por los acontecimientos felices, que también han sido muchos.
Ha sido una
gozada compartir este camino con los compañeros: Víctor, Javier, José Luís,
Marek, Sergio y José Antonio que, en distintos momentos han compartido vida y
trabajo conmigo.
En fin, para mí
ser cura de pueblo es vivir la fe en unas pequeñas comunidades a las que, de
manera humilde, tratas de aportar lo poquito que sabes y puedes para
intentarles hacer ver a Dios presente entre ellos y es descubrir también que,
sin saber teología, ellos te hablan de Dios con su fe sencilla.
Un fuerte abrazo.
ESTEBAN
SABATER BAYOD
thalithaqumi
Zaragoza,
abril de 2005