thalithaqumi
PASTORAL DE
-----------------------------------------------------------------------------Los
beneficios del abrazo
Mientras que en España la vieja costumbre del abrazo está decayendo,
los americanos vienen a decirnos ahora que ese abrazo caluroso y amigable tiene
múltiples y beneficiosas funciones. Por ejemplo, puede reducir el estrés y
sobre todo ayuda a combatir los sentimientos de soledad o aislamiento. Abrazar
o ser abrazado simboliza algo más que un gesto. El que abraza de verdad
comparte la alegría de un encuentro. El que se ve abrazado se siente acogido,
compartido, con mayor relación humana. Quizá por eso los políticos en campaña
no sólo dan la mano, sino que abrazan. Porque ese abrazo reduce la tensión y
disipa los sentimientos de aislamiento y soledad.
Es bueno abrazarse. Hay un lenguaje del
gesto en el que el tacto ocupa un lugar privilegiado. Tocar y sentirse tocado
forma parte de la relación humana.
Por otra parte -no hay más que fijarse-
nuestro clásico abrazo ha ido cambiando. Nosotros nos abrazábamos y dábamos
una palmada en la espalda. Ahora no; ahora se abraza y la mano de la espalda se
frota contra ella, haciendo un breve recorrido, como buscando un mayor espacio
para sentir.
La caricia, por otra parte, predispone a
la ternura. Y está demostrado que reduce la violencia. Un grupo de psicólogos
norteamericanos ha estudiado los comportamientos violentos de un buen número de
escolares. Tras comparar los que manifestaban actitudes violentas con los que
no, un dato sobresalía entre todos los demás: los que habían recibido de sus
padres mayor ternura eran los menos violentos, mientras que los que habían recibido
un trato desigual o lejano, acumulaban mayor dosis de violencia en su trato.
Hasta tal punto están convencidos los psicólogos de esta relación, que quieren
poner en marcha una campaña diciendo a los padres: ¿Ha abrazado usted hoy a su
hijo? Y hay muchos estudios que avalan las ventajas del contacto físico. En
Si rodeamos a un compañero con el brazo
y apoyamos ese brazo en su espalda, le estamos llamando amigo sin palabras. A
las madres de prematuros les recomiendan que vayan a la incubadora donde el
niño recupera el tiempo perdido, sólo a acariciarlo.
¿Hay palabras que puedan expresar el
sentimiento que fluye entre el enfermo y el médico que coge su mano, sentado
junto a él? La caricia y el tacto nos recuerdan el aspecto más humano de
nosotros mismos, en medio de esta civilización que, como si buscara la asepsia
en la distancia, siempre lleva guantes de algún nuevo material. Recuerdo a un
ilustre médico que recibía en la consulta siempre con sus guantes de látex. El
creía que te daba la mano muy cordial. Pero quien la recibía tenía la extraña
sensación de estar saludando a un plástico.
thalithaqumi
Zaragoza,
agosto 2004