PASTORAL DE LA SALUD

 

---------------------------------------------------------------------- Jornada del Enfermo 2003

 

La Jornada Mundial del Enfermo, que se celebra el día 11 de febrero coincidiendo con la fiesta de la Virgen de Lourdes, tiene este año como lema: “El enfermo en la Parroquia, una prioridad”. El lema es oportuno, porque ¿es verdaderamente una prioridad el enfermo en nuestras parroquias? Es más: ¿lo es en nuestro compromiso como cristianos? En las reflexiones de los equipos de sacerdotes en los arciprestazgos, de los consejos pastorales, ¿ocupan una preocupación prioritaria los enfermos? ¿Qué concepción se tiene del enfermo y de qué modo se le considera?

 

La Iglesia siempre ha trabajado en la atención y asistencia a los enfermos. Lo ha hecho desde tiempo inmemorial y con el mayor acierto que ha sabido; de hecho no pocas comunidades religiosas están ligadas a la atención a los enfermos desde el momento de su fundación y sus casas y hospitales se han extendido por los cinco continentes siglos antes de que los Estados tomaran conciencia de la necesidad de implicarse en el mundo de la salud como la garantía de un derecho fundamental de los ciudadanos. Pero en esta jornada se nos propone la reflexión de la temática del enfermo en relación con la Parroquia. Y volvemos a ello.

 

La idea de Parroquia que se tiene hoy en general responde más a la de una tarea misionera que a la de una pastoral de cristiandad (y esto no sólo por propio convencimiento, sino también porque las circunstancias de nuestra sociedad así se lo requieren). La Parroquia misionera

·        es cristocéntrica,

·        fundamenta su presencia como testimonio,

·        tiene como principal objetivo el anuncio del Mensaje cristiano,

·        entiende su tarea como servicio, según el ejemplo del Maestro.

En efecto, tiene como centro a la persona de Jesucristo: él es origen y la meta de la acción pastoral puesto que de él nace y a él se orienta; su presencia intenta ser presencia profética desde la fe, la esperanza y el amor en la comunidad humana en que se inserta, en la que ofrece permanentemente y mantiene viva la transmisión del Evangelio de Jesús como buena noticia para el hombre de hoy, convencida de que en ese Mensaje se encuentra la salud integral de la persona (salud-salvación); y además todo esto lo propone con firmeza, pero también con una humildad que le hace reconocer que también otras propuestas pueden ser complementarias a su acción y que es capaz de asimilar sin desánimo el rechazo a su quehacer, al mensaje que propone e, incluso, a su propia presencia.

 

Esa Parroquia misionera hace opción por los débiles y los desfavorecidos. Intenta adoptar la parcialidad de Dios hacia los pobres y marginados, la parcialidad de Jesús por integrar en la comunidad a los excluidos. Por eso la acción de la Parroquia tiene que tener una prioridad con los enfermos, porque es una expresión de la opción preferencial de Jesús con los pobres. El enfermo siente su propia limitación y ha de adaptarse a ella, lo cual no resulta fácil ni se hace en un tiempo breve, sino que suele ser un camino lleno de dificultades que él solo debe afrontar; el enfermo de larga duración o crónico puede sufrir una fractura en su personalidad (pérdida de autoestima, de ánimo, de alegría, el sentimiento de “no valer”, desear la muerte como superación del su mal), pero puede sufrir también una fractura social no menos importante (disminución o desaparición de sus relaciones sociales, de la presencia de sus amigos, de sus familiares, abandono del puesto de trabajo... La sociedad tiende a apartar al enfermo al no considerarlo un sujeto productivo; no tiene en cuenta su dignidad personal y su situación no la siente como propia, por lo que tiende a apartarlo, a considerarlo fuera.) Ahí entra en acción la Parroquia. La Iglesia tiene que hacer lo que hizo Cristo: hablar y hacer; predicar y curar enfermos. No debe considerar al enfermo como “apartado” ya sea temporal o definitivamente de la comunidad parroquial (continúa siendo miembro activo de la misma y así hay que hacérselo sentir) o del quehacer pastoral (el enfermo puede y debe ser no sólo objeto, sino también sujeto de la tarea pastoral). En este sentido, es muy ilustrativo el ejemplo del sacerdote francés Jean Lafrance que, al verse víctima de una grave y larga enfermedad, se dedicó a ejercer la oración de intercesión con el ofrecimiento de su enfermedad e, incluso, escribió varios libros bellísimos sobre esa oración. La Iglesiala Parroquia- debe dejarse interpelar por la presencia en ella de sus miembros enfermos; debe evangelizar a los enfermos (llevarles la buena noticia) y dejarse evangelizar por ellos (aceptar con gozo la buena noticia que ellos le traen).

 

Es verdad que en los últimos años se ha tomado mucho más en serio la pastoral de enfermos en las parroquias y se han creado equipos de Pastoral de la Salud, visitadores de enfermos, voluntariado... Sin embargo, en su gran mayoría, no se les concede la importancia que se da, por ejemplo a Cáritas o a la catequesis, por citar algunos ejemplos. Y dentro de estos avances, queda muchísimo por hacer –por no decir que todo- en cuanto a la formación y capacitación de los agentes de Pastoral de la Salud. Es una tarea pendiente que más pronto que tarde será necesario abordar y acometer. En la vicaría II de Zaragoza se tienen unas charlas mensuales por arciprestazgos organizadas por una religiosa, pero sobre temas inconexos relacionados con el mundo de la salud y no abordan la capacitación del agente de pastoral para la tarea que la comunidad cristiana le encomienda con el enfermo. Estando como capellán en el hospital de Alcañiz me ofrecí a todos los arciprestazgos de su demarcación para animar, ayudar, hacer surgir grupos de pastoral de la salud o gente interesada en este campo de la pastoral. En cinco años nadie se interesó ni me reclamó para la tarea.

 

Otro aspecto a enmendar sería el hecho de que esta pastoral queda reducida, en muchos casos, a la acción de sus agentes de pastoral. Dicho de otra forma: se considera demasiado sectorial. Es verdad que se trata de una pastoral especializada, pero es toda la comunidad la que debe ocuparse de los enfermos y tenerlos más presentes en su oración y en sus otras actividades parroquiales. No puede ni debe circunscribirse en exclusiva a los equipos de Pastoral de la Salud.

 

Para ver otros aspectos referentes al tema de “Los enfermos y la Parroquia”, visitar en el índice la ficha de formación nº 2 para agentes de Pastoral de la Salud.

 

 

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THALITHAQUMI

Zaragoza, 2003