LA DISCAPACIDAD EN LA ACTUALIDAD

XVI Curso de Formación de Agentes de Pastoral de la Salud. 1 Febrero 2007

Vivimos en un entorno socio-cultural caracterizado por la subestimación y la sobreprotección al discapacitado, por la marginación, la discriminación y la exclusión. Es el espacio todavía (a pesar de los avances legislativos) prevaleciente.

Cambiar este estado de cosas, donde la dependencia actual se convierta en independencia; la inaccesibilidad física y arquitectónica, y en los servicios, se trueque en accesibilidad general; la desigualdad imperante en igualdad de oportunidades, requiere de una progresiva y profunda transformación de ese entorno socio-cultural. Eso no lo podrán cambiar las leyes, por si solas, por buenas que sean. Muchos factores intervienen e intervendrán en ese cambio; uno de los cuales será el rol de las mismas personas con discapacidad, y la actitud que tengamos para con ellos.

ALGUNOS CONCEPTOS NECESARIOS

Para denominar a las personas con discapacidad, comúnmente, se utilizan una serie de palabras que, más allá de su imprecisión, están cargadas de un pesado fardo de subjetividad subestimativa. Etiquetados de "minusválidos", "discapacitados" ahora, y de "lisiados", “disminuidos”, “anormales”, “mongolos”, "inválidos", etc.,  antes, el lenguaje también ha supuesto una pesada carga peyorativa para estas personas

Con el propósito de lograr una mayor claridad en este aspecto, a renglón seguido, definiremos algunas de ellas, que son importantes en función del desarrollo del presente trabajo.

DISCAPACIDAD: Cualquier restricción o carencia (resultado de una deficiencia) de la capacidad de realizar una actividad de la misma forma o grado que la que se considera normal para un ser humano.

 

DEPENDENCIA: el estado de carácter permanente en que se encuentran las personas que, por razones de edad, enfermedad o discapacidad, y ligadas a la falta o autonomía física, mental, intelectual o sensorial, precisan de la atención de otra o de otras personas o ayudas importantes para realizar actividades básicas de la vida diaria.

 

PERSPECTIVA HISTORICA DE LA DISCAPACIDAD

A lo largo de la historia humana, la discapacidad, en sus diversas manifestaciones ha sido objeto de discriminación. Como bien lo señala, Ramón Puig de la Bellacasa "El problema de las personas con deficiencias podría decirse que no ha sido la falta de integración, sino precisamente el exceso de integración; puesto que siempre tuvieron su sitio marcado, y cuando el individuo e, incluso, los individuos o los grupos fueron consiguiendo mayor grado de autonomía, de autodeterminación y de movilidad social, ellos siguieron conservando el puesto asignado, la plaza permanente entre los atípicos y los pobres, la doble marginación: orgánico-funcional y social."

Tal marginación ha sido una constante para las personas con discapacidad desde la Antigüedad hasta nuestros días. La impronta de la doble marginación ha ubicado siempre a las personas con discapacidad en los estamentos inferiores de las sociedades del Medioevo, del Renacimiento y de las Épocas Moderna y Contemporánea. No había más horizonte que la dependencia y el sometimiento.

En algunas sociedades de la Antigüedad, el destino de las personas con discapacidad era la muerte Era normal el infanticidio cuando se observaban anormalidades en los niños y niñas. En la Esparta de Licurgo, las leyes permitían el despeñamiento de los débiles y los deformes desde el Monte Taigeto. En la Roma Imperial, asimismo, la Roca Tarpeia cumplía igual propósito con los niños y los inválidos congénitos y ancianos. Tal sacrificio selectivo encontró eco, en el siglo XX, en el nazismo y sus cámaras de gas.

Con el advenimiento del cristianismo, el rechazo social que podría llevar a la persona deforme o "lisiada" al despeñadero de la muerte, evoluciona hacia ciertas formas de redención. Se condena el infanticidio y son convertidas en objetos de caridad, en tanto son dolientes y pobres. Consecuentemente, el destino de las personas con deficiencias, que lograban sobrevivir y alcanzaban la adultez, era la mendicidad, el asilo de la Iglesia, cuando no la feria y el círculo de bufones. Aunque a veces se alienta a atribuirles el origen de cualquier suceso sobrenatural y se les denominan “endemoniados o endemoniadas”, personas poseídas por el demonio y otros espíritus infernales, sometiéndoles a prácticas exorcistas.

En la Edad media, los que eran considerados anormales, eran olvidados, rechazados e incluso temidos. Así es como se construye un concepto de la anormalidad y del defecto, que conduce al rechazo social, al temor y hasta a la persecución de estas personas, por parte de los poderes civiles y religiosos; se les confundía con locos, herejes, embrujados, delincuentes, vagos o seres prostituidos.

 

En el Renacimiento surge un trato más humanitario hacia las personas marginadas en general. En el siglo XV se funda la primera institución (asilo u orfanato) para atender a enfermos psíquicos y deficientes mentales.

Después del Renacimiento, durante los siglos XVII y XVIII, a quien tenía una discapacidad psíquica se le consideraba persona trastornada, que debía ser internada en orfanatos, manicomios. ..sin recibir ningún tipo de atención específica. Se les denominaba imbéciles, amentes, débiles mentales, diferentes, locos o locas. Bajo la égida del Absolutismo, los asilos pasan a manos del Estado, surgen hospitales reales y se van creando las condiciones, para que con la llegada de la Ilustración, se le asigne un nuevo puesto a los pobres y a los "inútiles" (como también han sido llamadas las personas con discapacidad): son convertidos en sujetos de asistencia. "En contraposición –como señala Puig de Bellacasa—a aquellos ciudadanos de pleno derecho, que van logrando ser sujetos de derecho, primero y trabajadores útiles con la Revolución Industrial."

En el siglo XIX, el neopositivismo añadirá otro matiz a los enfoques racionalistas de la centuria anterior: el sujeto de asistencia se convierte, en múltiples casos, en sujeto de estudio psico-médico-pedagógico, lo cual llevó a un avance en la comprensión del retraso mental y de otras discapacidades, y al desarrollo de terapias clínicas especializadas. Es en este siglo cuando surge la educación especial propiamente dicha, con la participación de médicos, educadores y psicólogos.

El racionalismo imperante y la dignidad de las ideas liberales, permitieron la supresión tanto de la inhumana práctica de la eliminación física de las personas con deficiencias como el fijar como horizonte único la supervivencia de estas personas por medio de la caridad. El proceso histórico que posibilitó tal cambio, permitió el tránsito del "inválido" como sujeto de protección o tutela hasta convertirse, progresivamente, en sujeto de previsión socio-sanitaria, a partir de la aparición en escena de los sistemas de seguridad social, dentro de los cuales la persona con discapacidad "mantiene su status de menor de edad y, alcance los años que alcance, no ejerce como adulto al no dar la talla socio-productiva que se demanda".

De esta manera, los esquemas asistenciales que se iniciaron en la Edad Media con una asistencia de beneficencia y de caridad, practicada, fundamentalmente por la Iglesia, seguirán con la asistencia como aspecto de orden público (siglos XVI y XVII), la asistencia como derecho legal (siglos XIX y XX) y la asistencia como seguridad social.

A lo largo del siglo XX, las personas con discapacidad todavía son rechazadas. Es conocido que, en la época nazi, fueron otras de las víctimas del holocausto. En Suecia, hasta mediados de los años 70, se esterilizaba a las personas con discapacidad, incluso, sin su consentimiento.

Todo este conjunto de perspectivas en torno a la discapacidad se ubican en lo que se conoce como modelo o paradigma tradicional. Como se puede notar los elementos comunes son la marginación, la discriminación, la dependencia y la subestimación de las personas con discapacidad. Es decir, no son considerados como sujetos con iguales derechos que el resto de las personas que componen estas sociedades.

A excepción de los pocos beneficiados con bienes de fortuna, la inmensa mayoría de personas con discapacidad, a lo largo de todos estos siglos, han estado condenados irremisiblemente a la asunción del rol de marginal, pobre y atípico, o de administrado, asistido, tutelado y hoy en día, rehabilitado. Estos rasgos del pasado aún perduran.

Es necesario aclarar que los diferentes matices y cambios de perspectiva a la hora de enfocar a la discapacidad, no se han dado en sucesión escalonada. Muchos resabios de este modelo tradicional coexisten con componentes de modelos más recientes. Un buen ejemplo de ello lo constituye los telemaratones organizados por las televisiones, en los que se busca obtener a través de la lástima, la conmiseración y la caridad, los recursos que serían utilizables en los programas de rehabilitación de las personas con discapacidad.

EPOCA ACTUAL

El paradigma de la rehabilitación

El paradigma de la rehabilitación se insinúa en el período entre guerras y se consolida después de la Segunda Guerra Mundial.

Este modelo parte de que el problema se localiza en el individuo (la persona con discapacidad), ya que es en su deficiencia (física, mental o sensorial) y en su falta de destreza donde se localiza, principalmente, el origen de sus dificultades. Esto hace que se requiera la intervención profesional de un conjunto de especialistas (el equipo rehabilitador: médico, fisioterapeuta, terapeuta ocupacional, psicólogo, trabajador social, etc.) que va a dar respuesta al problema mediante el proceso de rehabilitación. En este esfuerzo, los resultados se van a medir en términos del grado de destrezas funcionales alcanzadas o recuperadas y por la ubicación de la persona con discapacidad en un empleo remunerado.

Obviamente, dentro de este paradigma que ha dominado el enfoque de la discapacidad, en la segunda mitad del siglo XX, existen variables, que están condicionadas por el pensamiento de quiénes lo aplican y por las realidades particulares dónde se aplica.

No obstante, el paradigma de la rehabilitación ha significado un importante avance en el enfoque de la discapacidad y ha prestado y sigue prestando valiosos servicios a muchas personas. Su aplicación ha significado mejorías relativas en la calidad de vida de muchas personas con discapacidad. Asimismo este modelo ha dejado su positiva huella en los planteamientos de la Clasificación Internacional de Deficiencias, Discapacidades y Minusvalías de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El paradigma de la autonomía personal o Vida Independiente

A inicios de la década de los setenta, surge en Estados Unidos, el movimiento del "independent living". Este movimiento es un producto indirecto de la guerra de Vietnam. A diferencia de otras guerras anteriores, las tropas estadounidenses regresaron a su país derrotadas. Más de cincuenta mil soldados estadounidenses murieron y varias docenas de miles fueron afectados física, sensorial o mentalmente. A su discapacidad se les sumaba el estigma de ser "perdedores", en una sociedad tan marcada por la competencia. Además, el entorno político en el cual surge el mencionado movimiento es el de la lucha de la población negra estadounidense por sus derechos civiles y del auge del feminismo en esa sociedad.

Este enfoque plantea que las propias personas con discapacidad deben construir su propia autonomía", trazar los esquemas y los límites de la integración que desean y obtener una "normalización" no otorgada. De alguna forma los programas que ellos mismos organizan, demandando los servicios profesionales cuando los consideran necesarios, tienen por fin la autodeterminación a todos los niveles; algo así como el entrenamiento para la supervivencia del individuo frente a una sociedad que tiende a recluir y a proteger al adulto con discapacidad como si fuese un niño sin capacidad para decidir".

En este paradigma el enfoque del problema es completamente distinto del modelo de la rehabilitación. No es la deficiencia y la falta de destreza (la discapacidad del sujeto) el núcleo del problema, ni el objetivo final que hay que atacar, sino la situación de dependencia ante los demás. El problema que se debe enfrentar se localiza en el entorno y dentro de tal entorno se incluye al proceso de rehabilitación, pues es aquí, donde, en múltiples ocasiones, se produce o se desarrolla la dependencia.

Adolf D. Ratzka del Instituto de Vida Independiente de Suecia da una definición de este modelo: "Vida Independiente es una filosofía y además un movimiento de personas con discapacidades, que trabaja por la igualdad de oportunidades, el respeto a sí mismo y la autodeterminación. Vida Independiente no significa que no necesitemos a nadie o que queremos vivir aislados. Vida Independiente significa que queremos el mismo control y las mismas oportunidades en la vida diaria que nuestros hermanos y hermanas, vecinos y amigos que no tienen discapacidades y que asumen como un hecho. Queremos crecer en nuestras familias, ir a la escuela que escojamos, usar cualquier autobús, tener trabajos acordes con nuestra educación y nuestras capacidades. Más importante aún, necesitamos estar a cargo de nuestras propias vidas, pensar y hablar por nosotros mismos".

El otro componente que se necesita es la participación cada vez más protagónica de las personas con discapacidad en las luchas, iniciativas y esfuerzos en la defensa y promoción de sus derechos humanos y en el mejoramiento sostenido de la calidad de vida.

Cabe agregar aquí, dentro de los propósitos del presente trabajo, que una de las llaves maestras para la participación social y la igualdad de oportunidades, especialmente, para las personas con discapacidad ubicadas dentro de la población económicamente activa, es tener acceso a un empleo remunerado acorde con su capacitación y formación.

Paradigma psicológico

Se centra en la mejora del proceso de adaptación. La psicología es responsable de los conceptos de normalidad, anormalidad y patología, y unir patología y discapacidad no es procedente.

 

Aunque con excepciones, la psicología suele entrenar para la intervención a nivel personal y no ambiental. Se olvidan otros tipos de intervención diferentes al personal, y hay buenos ejemplos de ello en distintos enfoques psicoterapéuticos, como en el modelo comportamental y cognitivo-comportamental,

 

La psicología de la discapacidad, además de contribuir al conocimiento científico al máximo posible, ha de asumir la responsabilidad de integrar y dar coherencia a los avances hoy dispersos en distintas áreas y campos de la psicología científica. Todo ello sin perder la finalidad de mejorar la calidad de vida de los individuos. Y no perdiendo de vista que, aparte de la ciencia, necesariamente en este caso deben estar los derechos de las personas y su defensa.

 

Paradigma de los  modelos sociales de la discapacidad

Desde inicios de los años noventa  en GB y EEUU surge un  modelo social que defiende que la concepción de la discapacidad es una “construcción social  impuesta”, y plantea una visión de la discapacidad como clase oprimida, con una severa crítica al rol desempeñado por los profesionales y la defensa de una alternativa de carácter político más que científico. Considera sólo las discapacidades mentales leves, y no las discapacidades del desarrollo y retraso mental o la discapacidad visual, que apenas se hacen presentes. Muchos de sus defensores abogan además porque sólo las personas con  discapacidad son quienes están ‘capacitados’ para hablar e investigar el problema.

 

Romper las barreras físicas, sociales y actitudinales existentes contra las personas con discapacidad es tan importante, sino lo es más, como curar las deficiencias físicas o mentales.

 

Los seguidores del modelo social rechazan la investigación objetiva y hablan de investigación emancipadora. La participación activa de las personas con discapacidad en la investigación sobre discapacidad se considera esencial para introducir las variables ambientales, actitudinales y sociales necesarias por analizar.

 

Proponen ‘desde dentro’ de la discapacidad una teoría social de la misma. El significado de discapacidad más que comprendido está distorsionado por las definiciones oficiales derivadas del paradigma de la rehabilitación como son las utilizadas por la Organización Mundial de la Salud. Esas definiciones y concepciones consideran a las personas con discapacidad como objetos pasivos de intervención, tratamiento y rehabilitación, generando consecuencias opresivas para las personas al reducir la discapacidad a un estado estático y violar sus componentes experienciales y situacionales. Las restricciones impuestas a las personas con discapacidad no son una consecuencia directa de su deficiencia sino producto del ambiente social que no los tiene en cuenta. En todo caso, los profesionales son quienes deben ser dependientes de las personas con discapacidad y no al revés

 

Las raíces de los planteamientos hechos desde los modelos sociales hay que buscarlas en planteamientos marxistas de la comprensión de la discapacidad; por ello se alude repetidamente a una clase social oprimida.

 

Una derivación del modelo social es el denominado modelo de “grupo minoritario”. Los seguidores del modelo minoritario piensan que la discapacidad es un constructo social. Las personas con discapacidad deben ser vistas como un grupo minoritario de la misma manera que lo son las personas de color, a quienes se les ha negado sus derechos civiles, igualdad de acceso y protección. Y, al analizarlo así, las respuestas tienden a ser las mismas que en otros grupos minoritarios se han dado, o sea con contenido sociopolítico (Ejemplo: sordo frente al oyente, que le hacen formar parte de una cultura diferente con su propio lenguaje de signos y su propia experiencia visual diferente a otros).

 

El modelo social es todavía una propuesta en desarrollo, con argumentos poco racionales y demasiado apasionados. Representan solamente a un reducidísimo grupo de personas con discapacidad. Sus planteamientos exclusivistas desde perspectivas sociopolíticas de la discapacidad los acercan al terreno del solipsismo científico, y penetran en el terreno de la mera especulación teórica.

 

Las aportaciones de los seguidores de los modelos sociales han servido para cambiar sustancialmente la propuesta clasificatoria de la discapacidad que hizo la OMS en su día por otra que incluye de manera más certera y operativa los aspectos del funcionamiento personal y social de los individuos en la sociedad. La OMS (2001) plantea un entendimiento biopsicosocial de la salud en el que caben distintos modelos concretos, pero que debe tener en cuenta la multidimensionalidad de la discapacidad para generar una comprensión completa y una mejor práctica clínica. Se analizan tanto las deficiencias, como problemas de funciones y estructuras corporales, más emparentadas con el modelo médico, como las actividades y participación del individuo en la comunidad más emparentado con los modelos psicosociales.

 

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Si examinamos las aportaciones de diferentes modelos a la discapacidad acabamos viendo la necesidad de integrar perspectivas tanto médicas como psicológicas y sociales. El modelo más aceptable es el biopsicosocial. Esta perspectiva favorece el planteamiento integrador de distintas áreas de la psicología, de la medicina y de los modelos sociales

Por otra parte, se observa, en las políticas sobre discapacidad, una tendencia a distanciarse de las respuestas tradicionales basadas en estructuras independientes para cubrir las necesidades específicas de las personas con discapacidad -en particular en materia de educación y empleo (escuelas especiales, talleres protegidos, etc.)-, que están siendo sustituidas por iniciativas que promueven en la medida de lo posible la integración en el sistema de enseñanza general y en el empleo abierto o con apoyo. El diseño y el funcionamiento de los programas se orientan cada vez más hacia un planteamiento basado en la persona, que destaca la autodeterminación y reconoce su deseo natural y su derecho a influenciar la forma de tales programas, así como el deseo de vivir en su hogar y en su comunidad.

La exclusión y la discriminación por razón de la discapacidad violan diversos derechos humanos universales, en particular el derecho a la igualdad. El respeto y la promoción de los derechos humanos y la diversidad humana han de ser un valor esencial en nuestras sociedades.

En términos económicos, la exclusión y la discriminación estructurales por motivo de discapacidad minan la eficacia del mercado de trabajo. No se puede considerar eficaz ni mucho menos justo un mercado que excluye una proporción considerable de sus recursos humanos. La sociedad en su conjunto (incluidos los contribuyentes) se ve afectada cuando no se reconoce ni se pone en práctica adecuadamente la capacidad de las personas con discapacidad.

La exclusión y la discriminación por motivo de discapacidad imponen asimismo costes onerosos al Estado de Bienestar. Una gran parte, si no la mayoría, de los diversos programas de apoyo puestos en marcha en el pasado se ha orientado fundamentalmente hacia el mantenimiento de la persona y no hacia su cualificación para participar, en la medida de lo posible, en la vida social. La reducción de la dependencia (y de la mentalidad de dependencia) que aísla a la persona al tiempo que supone una carga para el Estado, sería beneficiosa para todos.

 

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EL FUTURO

LEY : PROMOCION DE LA AUTONOMIA PERSONAL Y ATENCION A LAS PERSONAS EN SITUACION DE DEPENDENCIA (LD)

 

En España, personas en situación de dependencia en 2000:

-         6’6 millones (16,6%) de mayores de 65 años , de los cuales, 32% son discapacitados.

-         9 % de la población tiene discapacidad.

Esta situación de dependencia se refiere, no sólo a discapacitados físicos, psíquicos y sensoriales, sino a ancianos con discapacidad y niños menores de tres años.

 

LD da una perspectiva global del fenómeno de la dependencia, y trata de promocionar de la autonomia personal, tal y como ocurre en las políticas de los países desarrollados: en la U.E. se defienden los criterios de Universalidad, Alta Calidad y Sostenibilidad.

 

Supone la implantación del denominado 4º Pilar del Estado del Bienestar, junto con el sistema educativo, el sanitario y  el sistema de pensiones.

 

Se plantea una financiación “a la nórdica”, dependiente de las aportaciones de la administración pública y de las personas beneficiadas, y no como el modelo anglosajón, que depende de las aportaciones del estado, de las cotizaciones y de las aportaciones de los beneficiarios.                    

 

Se crea el Sistema para la Autonomía Atención a la Dependencia (SAAD). Es un sistema que se configura como una red de utilización pública que integra, de forma coordinada, centros y servicios, públicos y privados. Gestión coordinada y financiación entre Estado y CCAA.

 

Se plantea atención individualizada (Programa Individual de Atención), tanto para evaluar el grado de dependencia de las personas como para, en función de esa valoración previa, plantear los recursos y servicios que precisará; a ello se añadirá el seguimiento posterior. Fundamentalmente, los servicios que se prestarán son los siguientes:

-         de prevención,

-         de teleasistencia,

-         de ayuda a domicilio,

o       atención a las necesidades del hogar

o       cuidados personales

-         centros de día y/o de noche

-         atención residencial

 

Excepcionalmente, puede haber prestación económica para el cuidador (mujeres, fundamentalmente) en el entorno familiar (cuando no sea posible la atención en la Red de servicios sociales, públicos o privados). El apoyo a cuidadores no profesionales incluye programas de formación, información y medidas para periodos de descanso. Esta es una de las grandes novedades de la LD.

 

Por tanto, se trata de favorecer la autonomía personal en el medio familiar cotidiano, pero a la hora de conceder ayudas y servicios se recurrirá a la red de servicios sociales públicos o privados (centros de día, residencias, …).

 

Grados e Dependencia

A determinar a partir de los baremos de valoración aplicados por técnicos y profesionales; estos baremos aún no están precisados, pero sí las categorías de dependencia resultantes:

-         Grado I. Dependencia moderada: cuando la persona necesita ayuda para realizar varias actividades básicas de la vida diaria, al menos una vez al día.

-         Grado II. Dependencia severa: cuando la persona necesita ayuda para realizar varias actividades básicas de la vida diaria dos o tres veces al día, pero no quiere el apoyo permanente de un cuidador.

-         Grado III. Gran dependencia: cuando la persona necesita ayuda para realizar varias actividades básicas de la vida diaria y, por su pérdida total de autonomía física, mental, intelectual o sensorial necesita el apoyo indispensable y continuo de otra persona.

 

Como se ve, son poco precisos estos grados: valoran específicamente la autonomía del individuo, sin tener en cuenta factores funcionales, ayudas técnicas, etc.

 

Otra novedad de esta ley es que los menores de tres años y todas las personas con discapacidad psíquica que lo precisen serán beneficiarios del futuro sistema de Dependencia. Hasta ahora, la norma consideraba dependientes sólo a las personas con discapacidad psíquica que tuvieran problemas físicos para desarrollar sus funciones básicas, algo que ha cambiado, cuando el texto señala que la dependencia puede estar causada, además de por razones psíquicas, por la "pérdida de autonomía física, intelectual, mental o sensorial".

 

Se tienen en cuenta "criterios objetivos" como el número, grado y dispersión geográfica de las personas dependientes de cada comunidad autónoma. Se trata de crear un siostema de atención universal que supere las desigualdades asistenciales que hoy en día existen entre diferentes comunidades y territorios del país La norma no supondrá invasión de competencias autonómicas, como opina algún partido nacionalista, y sí la universalización de un derecho subjetivo y la creación de un sistema público de dependencia en el que se tiene muy en cuenta al llamado tercer sector (organizaciones sin ánimo de lucro que trabajan en favor de las personas dependientes).

 

 

 

LA IGLESIA Y EL MUNDO DE LA DISCAPACIDAD

La discapacidad, así como la enfermedad, colocan al ser humano ante la patente presencia del dolor, el sufrimiento, el límite y la fragilidad. Desde la mirada de fe, el límite y la fragilidad humana no se comprenden como un absurdo de la existencia. La fe nos ofrece un sentido para aquello que, muchas veces, se vive como un sinsentido y un sufrimiento. Tres aspectos importantes a considerar:

  1. Comprender al ser humano de manera integral: el hombre es una unidad multidimensional (física, emocional, mental, social, valórica y espiritual). En la integración armónica de sus dimensiones, el ser humano se siente y está saludable.
  2.  La Palabra de Dios nos ofrece un tesoro de sentido para asumir o enfrentar positivamente el malestar y el sufrimiento (hay que tener en cuenta que en las Escrituras la discapacidad se identifica con la enfermedad).
  3. Motivados por el ser y actuar de Jesús, nace el compromiso cristiano.

 

Muchas veces, ante estas situaciones, surgen inevitables preguntas: ¿Por qué a mí? ¿He hecho algo malo? ¿Qué sentido tiene sufrir? ¿Tengo yo la culpa? ¿Y Dios como puede permitir esto...?

 

La experiencia de crisis es ambigua: puede hundir y destruir a la persona, o ayudarla a crecer y madurar; encerrarla en sí misma o abrirla para entregarse a los demás; alejarla de Dios o acercarla más a El. En uno u otro sentido, marca y moldea siempre la vida del ser humano. Todo depende de la actitud asumida ante la crisis.

 

La paternidad y la misericordia de Dios: claves para la comprensión del sufrimiento humano

Dios Padre conoce del dolor no sólo de oídas. En el dolor de Jesús toma arte y parte, viviendo la pasión de un padre al que los hombres le matan a su único hijo. El mismo Jesús en la cruz ruega a su Padre del cielo que perdone a sus verdugos. Ante el sufrimiento, Jesús:

·        nunca lo permite,

·        ni lo manda,

·        ni castiga con ello,

·        ni lo envía como prueba,

·        ni lo utiliza para corregir, disciplinar o santificar,

 

Jesús supera así la deformante ideología teológica: “pecado–castigo de Dios-enfermedad”, sanando la imagen distorsionada sobre la paternidad de Dios.

 

En el vocabulario del Antiguo Testamento hay una relación de identidad entre el sufrimiento y el mal. Se define como mal todo lo que era sufrimiento. El mal se contrapone al bien. En la concepción del Israel antiguo, la enfermedad es signo y consecuencia vergonzosa del pecado propio o familiar. Hay muchísimos los textos en los que enfermedad y pecado se encuentran en un paralelismo triple:” pecado-ira de Dios-enfermedad". La teología veterotestamentaria clásica, defendía con ardor que Yahvé Dios bendecía a los buenos y castigaba a los malos.

 

La presencia de Jesús ante la enfermedad y el sufrimiento

Uno de los rasgos más significativos de la acción mesiánica de Jesús es su ENCUENTRO con los enfermos y sufrientes.

·        Incorporó al enfermo a la sociedad que lo marginaba y ante ella lo defendió

·        Buscó siempre el encuentro personalizado,

·        Acogió al sufriente, sanando el cuerpo lo escuchó y comprendió. Le infundió aliento y esperanza lo liberó de la soledad de sentirse limitado lo reconstruyó ayudándolo a creer de nuevo en la vida, en la salud, en el perdón, en el amor de Dios, lo incorporó a la sociedad.

·        Estimuló su protagonismo, la misión de anunciar la buena nueva.

·        Acompañó a la persona en crisis.

 

Jesús se hace presente allí donde la vida parece amenazada, malograda, aniquilada, violentada, discriminada: ¿Cómo podría anunciar el Reino de su Padre dando las espaldas al mundo del dolor y sufrimiento?  Jesús muestra una actitud serena, constructiva y solidaria ante el sufrimiento, ajeno y propio. No ama el sufrimiento ni lo busca, en cambio lo acepta, lo asume positivamente para mostrar su amor y confianza total en el Padre, y su amor y solidaridad incondicional a los hombres.

 

No explica el sufrimiento; ni desaparece con él, sino que lo transforma y vence por su amor. La experiencia del sufrimiento no lo endurece ni lo encierra en sí mismo sino que lo hace sensible al dolor ajeno, capaz de auxiliar a los que se ven probados (Heb 2, 18) y de identificarse con todos los que sufren, en especial con los más pequeños ( Mt 25, 35-40).

 

Su actuar y presencia entre los enfermos y los que tenían roto el corazón es signo y modelo de su acción humanizadora . Jesús no actúa:

·        Por interés económico: no reclama regalos, diezmos ni propiedades.

·        Por deber profesional: no es profesional de la medicina ni está vinculado a estructuras sanitarias.

·        Por un deber religioso: no está obligado ni está asociado a santuarios de curación.

·        Por acción benéfica: al contrario, va a la raíz del mal.

·        Por afán proselitista: no tiene espíritu sectario de ganar adeptos para su culto. Pedía, por el contrario, abrir el corazón al don misericordioso del Padre (. Mt 5, 20).

·        Por aumento de prestigio personal: al contrario: "No se lo digas a nadie".

·        Por satisfacción de su "yo altruista". Su motivación es transparente. No busca ni el aplauso ni el aprobado de su "bondad".

·        Para demostrar su verdad. No utiliza al enfermo en favor de disquisiciones antropológicas o teológicas. Su trato con él es ocasión para dar a conocer la mente y el corazón de Dios, su concepción sobre el sufrimiento y pureza....

 

Jesús sí actúa, en cambio:

·        Por amor entrañable a todo hombre, especialmente al desvalido.

·        Para ser signo viviente de la bondad misericordiosa y humanizante del Padre, que muestra la solicitud divina por quien no sabe, no tiene o no puede.

·        Para enseñarnos a ser buenos samaritanos y “misericordiosos como el Padre celestial”.

·        Para educarnos a redimir el sufrimiento, como fuente de comunión, renovación, crecimiento humano y espiritual.

 

La sanación integral que Jesús ofrece

En cada acción sanadora, Jesús cuestiona los mecanismos destructivos de la sociedad. Él siempre reinserta al alienado y rechazado.

 

Jesús corrige y enfrenta una concepción religiosa discriminatoria. La enfermedad, la pobreza y la ignorancia excluían de la comunidad cultual. El templo es tan discriminatorio como la sociedad. Quedan muchos al margen, fuera de él: Ni ciego ni rengo... entren en el templo”. Las leyes de "pureza" impedían tajantemente el contacto con los enfermos. Los evangelistas reiteran que Jesús los tocaba haciéndose "ritualmente impuro":

 

El compromiso cristiano

Juan Pablo II, en la Carta Apostólica Salvifici Doloris, meditando la “Parábola del Buen Samaritano”, nos ofrece las pautas de la acción solidaria de los cristianos ante el sufrimiento ajeno.

 

La parábola del buen Samaritano pertenece al Evangelio del sufrimiento. Indica, en efecto, cuál debe ser la relación de cada uno de nosotros con el prójimo que sufre. No nos está permitido «pasar de largo», con indiferencia, sino que debemos «pararnos» junto a él. Buen Samaritano es todo hombre, que se para junto al sufrimiento de otro hombre de cualquier género que ése sea. Esta parada no significa curiosidad, sino más bien disponibilidad. Es como el abrirse de una determinada disposición interior del corazón, que tiene también su expresión emotiva.

 

Buen Samaritano es todo hombre sensible al sufrimiento ajeno, el hombre que «se conmueve» ante la desgracia del prójimo. Si Cristo, conocedor del interior del hombre, subraya esta conmoción, quiere decir que es importante para toda nuestra actitud frente al sufrimiento ajeno. Por lo tanto, es necesario cultivar en sí mismo esta sensibilidad del corazón, que testimonia la compasión hacia el que sufre. A veces esta compasión es la única o principal manifestación de nuestro amor y de nuestra solidaridad hacia el hombre que sufre.

 

Por consiguiente, es en definitiva buen Samaritano el que ofrece ayuda en el sufrimiento, de cualquier clase que sea. Ayuda, dentro de lo posible, eficaz. En ella pone todo su corazón y no ahorra ni siquiera medios materiales. Se puede afirmar que se da a sí mismo, su propio «yo», abriendo este «yo» al otro. Tocamos aquí uno de los puntos clave de toda la antropología cristiana. El hombre no puede «encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás». Buen Samaritano es el hombre capaz precisamente de ese don de sí mismo. (SD 28).

 

Profesionales de la salud: ministros de la Vida

La actividad de los profesionales de la salud cristianos tiene el alto valor del servicio a la vida. Es la expresión de amor al prójimo.

 

Para el profesional de la salud, el paciente no es solamente un caso clínico –un individuo anónimo sobre el cual aplica el fruto de los propios conocimientos- sino siempre un hombre enfermo, hacia el cual adoptar una actitud sincera de simpatía en el sentido etimológico del término. Lo cual exige amor: disponibilidad, atención, comprensión, compartir, benevolencia, paciencia, diálogo. No basta la pericia científica y profesional, se precisa también la participación personal en las situaciones concretas del paciente individual, o, en el caso que nos ocupa, del discapacitado.

 

Para el profesional de la salud, salvaguardar, recuperar y mejorar el estado de salud de una persona doliente, significa servir a la vida en su totalidad.

 

CONCLUSIÓN

También nosotros, hoy, como Iglesia, estamos llamados a responder con la misma solicitud y solidaridad ante las dificultades y crisis de la situación de discapacidad,

 

Atender con solicitud, amor y eficiencia las necesidades, en todas las dimensiones, de las personas discapacitadas, constituye una tarea impostergable. Rescatémoslos de la marginación, sumemos esfuerzos para reparar el daño, hagamos lo posible, para que en ellos brote una sonrisa.

 

 

Esta clase la impartió el profesor Enrique García Díez, fisioterapeuta, el día 1 de febrero de 2007,

ayudado por un montaje de diapositivas en Power-Point,

en la Escuela Diocesana de Pastoral de la Salud, en Zaragoza.

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