PASTORAL DE
---------------------------------------------------------Las misas de los enfermos
A
lo largo del año hay diversas ocasiones en que se pueden celebrar misas con
enfermos o por los enfermos, sobre todo cuando se administra de forma
comunitaria el sacramento de
MISA POR LOS ENFERMOS
(misa 32 “Por diversas
necesidades”)
Misericordia, Señor, que desfallezco, cura, Señor, mis huesos
A
la hora de elegir una misa para celebrarla con enfermos, creo que habría
que responder o mejor que equilibrar
dos cuestiones: Creo
que los textos de esta misa presentan tres ideas fundamentalmente: 1: la
debilidad de quien se ve enfermo; 2: también el Señor sufrió; 3: el deseo
de la curación. La primera idea la descubrimos en la primera opción de la
antífona de entrada y en la primera opción de la oración colecta, que añade
el concepto de debilidad psíquica (“aflicción”) a la del plano meramente
físico. La segunda idea está explicitada en la segunda opción de la
antífona de entrada y en la primera fórmula de la oración colecta. El deseo
de la curación es casi omnipresente en esta misa: segunda colecta, ofrendas
y oración de postcomunión. Una cuarta idea, aunque en referencia a la
segunda, la contienen la colecta primera y la antífona de comunión: el
propio dolor, unido al dolor redentor de Cristo. Estas ideas conviene
tenerlas claras a la hora de elegir estas oraciones para una celebración
con enfermos. Tampoco
podemos pasar por alto una observación que es un grave error de contenido:
la oración de postcomunión pide para que los enfermos “vuelvan sanos y
salvos a tu santa Iglesia”. En realidad, el enfermo, por el hecho de estar
enfermo, no se ha marchado de
dislocados; tengo el alma en delirio. (Sal 6, 3-4)
o bien
El Señor soportó nuestros sufrimientos y aguantó
nuestros dolores (Is 53, 4)
Tú quisiste, Señor,
que tu Hijo unigénito
soportara nuestras debilidades,
para poner de manifiesto
el valor de la enfermedad y la paciencia;
escucha ahora las plegarias que te dirigimos
por nuestros hermanos enfermos,
y concede a cuantos se hallan sometidos al dolor,
la aflicción o la enfermedad,
la gracia de sentirse elegidos
entre aquellos que tu Hijo ha llamado dichosos,
y de saberse unidos a la pasión de Cristo
para la redención del mundo.
Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien
Dios y Señor nuestro,
salvación eterna de cuantos creen en ti,
escucha las oraciones que te dirigimos
por tus hijos enfermos;
alívialos con el auxilio de tu misericordia
para que, recuperada la salud,
puedan darte gracias en tu Iglesia.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Oh Dios,
bajo cuya providencia transcurre cada instante de la vida,
recibe las súplicas y oblaciones que te ofrecemos
por nuestros hermanos enfermos,
para que, superado todo peligro,
nos alegremos de verles recobrar la salud.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo
por su cuerpo, que es
Oh Dios, singular protector en las enfermedades,
muestra el poder de tu auxilio con tus hijos enfermos,
para que, aliviados por tu misericordia,
vuelvan sanos y salvos a tu santa Iglesia.
Por Jesucristo nuestro Señor.
(misa 33 “por diversas
necesidades”)
Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno
muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el
Señor; si morimos, morimos para el Señor. En la
vida y en la muerte somos del Señor. (Rm 14, 7-8)
La
elección de esta misa tendrá que ser, necesariamente, en el caso que se
prevea una muerte inminente o muy próxima sobrevenida por una larga y
manifiesta enfermedad terminal que haya ido minando poco a poco el estado
del paciente. En cualquier otro caso, su elección puede resultar
tremendamente peligrosa: los textos presuponen no que el paciente va a
restablecerse, sino que va a morir. Los que hemos trabajado en el ambiente
hospitalario lo hemos visto muchas veces: pacientes al borde de la muerte
–esperándola para cualquier instante- han experimentado repentinamente una
mejoría milagrosa que los médicos no han logrado explicarse, y ha salido
del hospital con una calidad de vida envidiable para muchos. Algunos de
estos casos –por qué no decirlo- los he presenciado después de haber
celebrado La segunda fórmula de la oración
colecta habla en abstracto de “los que hoy van a morir”. Esa oración puede
dirigirse a Dios cualquier día y en cualquier ocasión. Es distinto el caso
de todas las demás, en que se pide por un enfermo en concreto. Desde mi
experiencia, yo no me arriesgaría a celebrar esta misa con presencia de
fieles. Allá cada cual.
O bien
El Señor soportó nuestros sufrimientos y aguantó
nuestros dolores (Is 53, 4)
Oh Dios, lleno de poder y de amor,
que, al decretar la muerte,
le abriste al hombre con tu misericordia
las puertas de la vida eterna;
mira con piedad a tu hijo
que lucha en agonía,
para que, asociado a la pasión de Cristo
y sellado con su sangre,
pueda llegar a tu presencia
limpio de todo pecado.
Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien, para los que van a morir
hoy:
Dios todopoderoso y lleno de misericordia,
que manifiestas siempre tu amor
a todas las criaturas,
escucha con bondad las súplicas que te hacemos
por los que hoy van a morir,
para que, redimidos por la preciosa sangre de tu Hijo,
puedan salir de este mundo sin mancha de pecado
y descansar para siempre en el regazo de tu misericordia.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Recibe, Señor,
la ofrenda que te presentamos por tu hijo moribundo;
concédele por ella el perdón de sus pecados,
y ya que soportó en esta vida,
porque así lo has querido,
los dolores de la enfermedad,
dale el descanso eterno en la vida futura.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Completo en mi carne los dolores de Cristo,
sufriendo por su cuerpo que es
(Col 1, 24)
O bien
El que come mi carne y bebe mi sangre,
tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el
último día –dice el Señor. (Jn 6, 54)
Dígnate, Señor, confortar piadosamente a tu hijo
por la eficacia de este sacramento,
para que, en la hora de la muerte,
pueda vencer al enemigo
y entrar con tus ángeles en la vida eterna.
Por Jesucristo nuestro Señor.
MISA EN
DEL VIÁTICO (“Misas
rituales”)
El
propio ritual de Sólo hay que ver cómo
terminan cada una de estas tres oraciones para ver la dificultad que
entrañan: “llegue en paz a tu reino” (colecta); “introduzca por tu gracia a
tu siervo en el reino eterno” (ofrendas) y “llegue seguro a tu reino de luz
y de vida”. Serían aplicables aquí
también muchas de las cosas que he dejado dichas en el cuadro anterior.
Sería preferible en el caso de celebrar
Dios todopoderoso
cuyo Hijo es para nosotros
el camino, la verdad y la vida,
mira con piedad a tu siervo N.,
y concédele que, confiando en tus promesas
y fortalecido con el Cuerpo y
llegue en paz a tu reino.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Padre santo, mira con bondad esta ofrenda:
que ella haga presente de nuevo ante tus ojos
al Cordero pascual,
cuya pasión abrió las puertas del paraíso,
e introduzca por tu gracia a tu siervo N.
en el reino eterno.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la comunión.
Señor, tú que eres la salvación eterna de los que
creen en ti, concede a tu hijo N.
que, fortalecido con el pan y el vino del viático,
llegue seguro a tu reino de luz y de vida.
Por Jesucristo nuestro Señor.
PREFACIO DE
DE LOS ENFERMOS
Bellísimo el texto de este
prefacio, no sólo en su forma, sino, sobre todo en su contenido. Conecta
excelentemente con la pastoral del sacramento de
En
verdad es justo darte gracias,
Dios
de misericordia,
Señor
todopoderoso,
por
Jesucristo, Señor y Redentor nuestro.
Porque
has querido que tu único Hijo,
autor
de la vida,
médico de los cuerpos y de las almas,
tomase
sobre sí nuestras debilidades,
para
socorrernos en los momentos de prueba
y
santificarnos en la experiencia del dolor.
En
el signo sacramental de
por
la oración de
nos
libras del pecado,
nos
confortas con la gracia del Espíritu Santo
y
nos haces partícipes de la victoria pascual.
Por
este signo de tu benevolencia,
unidos
a los ángeles y a los santos,
cantamos,
a una voz, el himno de tu gloria.
El
prefacio del Viático no es otro que el prefacio III de
PREFACIO DEL VIÁTICO
En
verdad es justo darte gracias,
es
bueno bendecir tu nombre,
Padre
santo,
Dios
de misericordia y de paz.
Porque
has querido que tu Hijo
obediente
hasta la muerte de cruz,
nos
precediera en el camino de retorno a ti,
término
de toda esperanza humana.
En
él
se hace comida y bebida espiritual
para
alimentarnos en nuestro viaje
a
Con
esta prenda de la resurrección futura,
en
la esperanza participamos ya
de
la mesa gloriosa de tu reino
y,
unidos a los ángeles y a los santos,
proclamamos
el himno de tu gloria.
Para misas con enfermos,
resulta maravilloso el texto de la versión “c” de
sobre todo el
prefacio y la glosa que introduce en el memento de los Pastores de
thalithaqumi
Zaragoza, mayo 2003