pastoral de la salud

 

--------------------------------------------Ficha 3: la enfermedad y el sufrimiento

 

1.    El sufrimiento: una realidad

Antes de nada, conviene tener claro que el sufrimiento, en sí mismo, no es un bien, sino un mal. Y que, por tanto, no se puede atribuir a Dios, ya que de él no proceden las cosas malas. Por lo mismo, debemos luchar con todos los medios a nuestro alcance para erradicar de la tierra el sufrimiento. Sin embargo, el sufrimiento existe; y, puesto que es una realidad, existen formas de llevarlo, de asumirlo, que consiguen mitigarlo en la persona que lo padece. Este es el verdadero reto que nos plantea el sufrimiento: que no consiga suprimir la capacidad de realización y de felicidad de la persona. De ahí que sea necesario orientarlo y situarlo.

La Biblia sitúa el origen del sufrimiento en el pecado del hombre, de modo que queda grabado en todo hombre o mujer que viene a este mundo. Sin embargo, el sufrimiento no es algo definitivo:  Cualquier persona, llevándolo con amor, puede sacar de él grandes beneficios desde que Cristo lo tomó sobre sí y lo redimió, convirtiéndolo en instrumento de redención, en sacramento de gracia y de santificación individual y eclesial.

 

 

2.    Experimentar el sufrimiento

La enfermedad es una perturbación del funcionamiento normal del cuerpo, manifestada por síntomas que siguen un curso previsible. Hay enfermedades físicas y mentales de muchas clases y sus causas son muy variadas.

El dolor es la sensación molesta y aflictiva de una parte del cuerpo, producida por causa interna o externa. Los dolores pueden clasificarse según la región del cuerpo en que se localicen (dolor de cabeza, dolor abdominal...) o según la intensidad con que se manifiesten (dolor leve, dolor agudo).

El sufrimiento puede identificarse con el dolor cuando su causa es física, y se distingue de él cuando su causa es psíquica o moral. Pero, tanto las causas físicas como las morales producen sufrimiento si lo entendemos como el sentimiento que perturba nuestra capacidad de vivir a gusto o de ser felices.

No sólo las enfermedades causan dolor y sufrimiento. También éste puede ser producido por la envidia, el odio, los fracasos, las calumnias, la violencia, las injusticias, las miserias, la guerra, las catástrofes naturales, la xenofobia, etc.

Hay que constatar que la enfermedad y el sufrimiento constituyen, en sí, un gran misterio. Según nuestra razón, nos resulta difícil conciliar estas realidades con un Dios Padre. No podemos comprender que Dios sea nuestro Padre y nos deje sufrir. Es más: para muchos constituye un absurdo, un escándalo.

 

 

3.    Iluminación cristiana

A la luz de la Biblia, el misterio del sufrimiento ha quedado iluminado por la postura de Cristo ante él. El sufrimiento tiene su origen en el pecado. Y la postura de Dios tanto ante el pecado como ante el sufrimiento, es redimirlos. Dios quiere redimir el pecado valiéndose de las consecuencias mismas del pecado, es decir, del sufrimiento, para que de esta manera, sea más patente la derrota del diablo que lo instigó. Por eso Jesús, que vino a cumplir los planes y deseos de Dios Padre, asumió el sufrimiento como medio de redención de los hombres, como instrumentos para librarlos del pecado y de la opresión. Cristo unió su sufrimiento o su pasión al amor y, desde entonces, el sufrimiento humano tiene una nueva dimensión: ser instrumento certero de redención y de gracia, puesto que en la Cruz, no sólo se ha cumplido la redención mediante el sufrimiento, sino que el mismo sufrimiento ha quedado redimido. Por tanto, el sufrimiento humano, sufrido con amor, aplica hoy a la sociedad la redención de Jesús.

 

En los evangelios vemos que Jesús ama con predilección a los enfermos. Se entrega a ellos, los defiende frente a la sociedad, los incorpora a una convivencia personalizada y busca la curación total de la persona. La mayor parte de los milagros que nos relatan los evangelios, Jesús los hace en favor de los enfermos.

 

Una pregunta puede asaltar a quien está enfermo o tiene postrado a un familiar cercano y querido: Si Jesús es hoy el mismo de los evangelios, ¿por qué no obra hoy en los enfermos esos mismos milagros? Pues bien, por una parte, Jesús hacía esas curaciones para significar la llegada del Reino de Dios (que lleva en sí la superación de todo dolor y de todo sufrimiento), un Reinado, el de Dios, que ya ha comenzado pero que todavía no ha llegado a su plenitud. Por otra parte, sus planes de amigo son otros: Suele valerse ahora de las enfermedades del cuerpo para sanar las enfermedades del espíritu. Hoy, como ayer, Jesús sigue imponiendo con cariño sus manos a cada uno de los enfermos que lo viven con amor, no quitando, la mayoría de las veces, nuestros males temporales, pero sí transformándolos en bienes eternos. A cada uno lo consuela y alivia. Podríamos decir que nuestra enfermedad son las manos cariñosas de Jesús que se posan sobre cada uno de nosotros para cristificar nuestras vidas. A nosotros, sólo nos queda decir con confianza: Padre, me pongo en tus manos.

Los apóstoles son conscientes de la existencia del sufrimiento. Miles de personas a su alrededor eran víctimas de la lepra, la ceguera, la parálisis, la tristeza, la angustia y toda clase de afecciones. Ellos no se inventaron una filosofía barata para conciliar a Dios y el sufrimiento. También en esto conocían perfectamente la actitud de Jesús. Sabían que el propio Maestro había descendido al mundo para tomar parte en este sufrimiento, incluída la muerte. Eran conscientes de que Cristo, haciéndose "varón de dolores" en su pasión, no había suprimido, ni explicado, ni justificado el sufrimiento. Más bien lo había transformado, haciéndolo sagrado y, por lo mismo, instrumento de redención. Los apóstoles, más que por la filosofía, se muestran preocupados por la participación con sus sufrimientos en la redención de los hombres.

 

San Pablo resalta que el sufrimiento de los cristianos prolonga y aplica en el tiempo los méritos de la pasión de Cristo (Col 1, 24). Pablo sabe que la santificación es un proceso de cristificación. Y para cristificarse no hay otro camino posible que negarse a sí mismo, tomar cada día la cruz para poder seguir a Cristo  (Mt 16, 24). Cargar con la cruz del sufrimiento y seguir a Jesús hasta la cumbre del Calvario y dejarse crucificar a su lado.

 

El apóstol Santiago insiste en la eterna recompensa que seguirá a todo sufrimiento o prueba incorporada a Cristo: "Bienaventurado el varón que soporta la prueba, porque acrisolado con ella, recibirá la corona de la vida, que el Señor prometió a los que le aman" (St 1, 12).

 

San Juan en el Apocalipsis expresa: "Conozco tu tribulación y pobreza... Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida" (Ap 2, 9-10).

 

Con este concepto del sufrimiento, no resulta extraño que San Pablo se gloriase en las tribulaciones (Rm 5, 3-5) y se complaciese en las enfermedades (2Cor 12, 10), e incluso tuviera el sufrimiento como una gran gracia del Cielo (Flp 1, 29).

 

Jesús nos enseña que el sufrimiento no es un castigo por los pecados personales o los de los padres; afirma que el sufrimiento con amor es la puerta para entrar en la gloria; muriendo, Jesús mató a la muerte, pues ya no será jamás el final del camino, sino la puerta de la Resurrección.

 

 

4.    Actitudes de compromiso

* Luchar para erradicar la enfermedad, el dolor o el sufrimiento, pues son un mal y no podemos atribuírlos a Dios, ya que de Él sólo puede proceder lo que es bueno.

* Potenciar una medicina preventiva que evite enfermedades, que son fuente de dolor y de sufrimiento.

* Apoyar en la búsqueda de los remedios médicos y terapéuticos para todas las enfermedades, incluso el cáncer, el sida, etc.

* Estar al lado de los que trabajan por eliminar las causas de las enfermedades y del sufrimiento: las guerras, el odio, el racismo, la xenofobia, la violación de los derechos humanos, el hambre, la llamada "cultura de la muerte", las drogodependencias...

* Considerar el sufrimiento (cuando no se puede erradicar) como acertado instrumento de redención y santificación individual y eclesial.

* Descubrir el sufrimiento con amor como "sacramento de gracia", como medio para evangelizar a los sanos.

* Conocer las ventajas del sufrimiento con amor, que son estas: expía nuestros pecados, nos santifica, lo alcanza todo de Dios, desprende de las cosas de la tierra, madura a la persona, nos asemeja a Jesús y a María, es llave segura para entrar en la gloria, eleva a la contemplación, ayuda a recuperar los valores fundamentales del evangelio: la gratuidad, la fuerza del amor, el fiarse de Dios.

 

 

5.    Frases para interiorizar y vivir

* Cristo asumió el sufrimiento como medio de redención de los hombres y como vía para restituírlos a la plena amistad con Dios.

* El papel que Dios ha asignado al sufrimiento después que su Hijo predilecto lo "tomó sobre sí" es ser instrumento certero de redención y santificación individual y eclesial.

* El enfermo es hermano del Señor paciente, camino de amor, imagen transparente de Cristo y corredentor con él.

* Dios no sabe negar nada a cuantos acuden a Él con un alma bregada por el sufrimiento.

* El sufrimiento con amor ayuda a recuperar los valores fundamentales del evangelio: la gratuidad, la fuerza del amor, la esperanza, la ilusión y la fidelidad en la hora de la prueba.

* También desde tu Getsemaní, a ejemplo de tu amigo jesús, debes perseverar en llamar a Dios "Padre mío".

* Ten presente que, cuando llevas tu sufrimiento con amor, eres un gran bienhechor de la humanidad y corredentor del mundo.

* Tu sufrimiento, aceptado con amor, puede ser tu gran obra apostólica.

*  El sufrimiento, aceptado con amor y por Cristo, nos constituye en los preferidos del Reino de Dios.

* En la Cruz del Señor no sólo se ha cumplido la redención mediante su sufrimiento, sino que el mismo sufrimiento humano ha quedado redimido.

* Muchas personas maduran más en sus días de enfermedad que en sus largos años de salud.

* No hay cruz que no tenga santo, ni santo sin cruz alguna.

 

 

6.    Ficha de trabajo

1. ¿Qué te ha aportado este tema?

 

2. Define con tus palabras en qué consiste el sufrimiento.

 

3. Explica qué es sufir con amor.

 

4. ¿Por qué consiente Dios el mal en el mundo?

 

5. ¿En qué cambió el sentido del sufrimiento, con la muerte de Cristo?

 

6. Enumera los valores evangélicos que ayuda a recuperar el sufrimiento con amor.

 

7. ¿Qué quiere decir que el sufrimiento del hombre puede ser corredentor?

 

8. Cuenta algún caso práctico que conozcas de sufrimiento con amor, o de todo lo contrario y trata de averiguar qué sentimientos hay en esa persona.

 

 

7.    Para hacer oración

 

·        Cristo nos reconcilió muriendo en la cruz. Lectura de Col 1, 20-26.

 

ORACIÓN DEL ENFERMO

POR SU COMUNIDAD

 

Señor,

gracias por mi comunidad.

Me siento unido a ella.

Gracias por sus servicios.

Gracias porque cuenta conmigo

y hace que me sienta útil y querido.

Haz, Señor, que cada comunidad

conozca a sus enfermos como tú les conoces.

Les ame como tú les amas.

Les escuche como tú les escuchas.

Que perciba lo que tú quieres decirle

a través de ellos.

Que les ofrezca tu Palabra y tu perdón

y les haga sentir tu presencia.

Cura, Señor, a mi comunidad

y haz que sea fuente de salud para todos.

Amén.

 

 

BIBLIOGRAFÍA  empleada para la elaboración de este tema:

               

-          CUADRADO TAPIA, Ricardo: Los enfermos nos evangelizan.. Ed. San Pablo. Madrid, 1993..

 

 

               

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