THALITHAQUMI
PASTORAL DE LA SALUD
------------------------------------------------------Ficha
6: Los sacramentos de los enfermos
1. Fe y Sacramento
La Iglesia fundada por
Jesucristo tiene en sí una estructura sacramental. Ella misma es Sacramento de
Salvación. Ella misma es Sacramento de la presencia de Cristo en el mundo. En
efecto, la Iglesia
está permanentemente llamada a actualizar la Salvación obrada por el
Señor en cada momento de la
Historia. Está llamada a ser presencia permanente y actual de
Jesús en el momento histórico concreto. Y, como tal, ha recibido del Señor la
misión de evangelizar, de llevar la Buena Noticia a todos los pueblos, siendo
fermento en la masa y no encerrándose en sí misma. Por eso, la Iglesia debe sentir una
especial preocupación por los alejados allí donde ejerce su misión, y ofrecer
el Evangelio como fuerza transformadora y vivificadora a todos los hombres, sin
distinción.
Sin embargo,
además de su misión con los alejados, la Iglesia es Madre y Maestra para todos aquellos
hijos que tiene en su seno. Dentro de éstos, encontramos quienes se declaran
creyentes y no practicantes, quienes practican sólo ocasionalmente, quienes no
han pasado en su formación cristiana del catecismo de la primera comunión,
quienes poseen una formación sólida y seria, quienes son cristianos
comprometidos en su vida y en su realidad social, quienes tienen un mayor nivel
de exigencia religiosa y quienes tienen un nivel menor, quienes son
verdaderamente sensibles a la fe y la acción de la Iglesia y quienes no lo
son tanto. Es obvio que la
Iglesia no puede tratar indiscriminadamente a unos y a otros.
Deberá más bien adaptarse a la persona concreta, a su situación y a sus
necesidades, pues de éstas dependerá lo que ella pueda demandar y a lo que haya
que responder.
Las acciones
por excelencia que la Iglesia
realiza actualizando la presencia del Señor y la Salvación en el seno de la Comunidad Cristiana
son los siete Sacramentos. Pero la primera condición para celebrarlos es la fe
de la persona. El Sacramento, celebrado sin una fe previa, no tiene ningún
efecto, pues no supone un verdadero encuentro con el Señor. Por otra parte, si
una persona no está habituada a participar en los Sacramentos, no podemos
pretender que se "empache" de ellos sólo porque está enferma. El
sacramentalismo es esa tendencia que hay que evitar y que pretende dar los
Sacramentos indiscriminadamente, sólo porque éstos actúan por su propia fuerza,
sin tener en cuenta la disposición de la persona, de modo que cuantos más se
reciban, mejor. Los Sacramentos están al servicio de la persona, y no al revés,
de ahí que no haya que imponerlos y convenga saber cuándo ofrecerlos.
Penitencia, Eucaristía y Unción son los
sacramentos más frecuentes para los enfermos.
2. La penitencia
El Sacramento de la Penitencia es el sacramento de la Reconciliación.
Efectivamente, nos reconcilia con Dios y con la Iglesia. Pero, a
menudo, es capaz también de reconciliar a la persona consigo misma y con su
entorno. No es infrecuente que un enfermo en situación grave busque esa
reconciliación. La misericordia de Dios ha de quedar manifiesta y clara de modo
que el enfermo pueda quedar "descargado" y sereno, al sentirse
perdonado y reconciliado.
Por ser
la enfermedad un momento crítico en la vida humana, puede ser una ocasión
propicia para escuchar la llamada de Dios a la conversión, aunque eso no quiere
decir que sea un cambio fácil ni cuestión de un momento. Puede exigir un
proceso largo. Así, el sacramento de la Penitencia es, en otro sentido, un sacramento de
curación.
Conviene
tener en cuenta que el sacramento de la Penitencia presupone una conciencia clara
del propio pecado y de sus consecuencias
negativas en las relaciones con Dios, consigo mismo y con los demás y comporta
la firme voluntad de replantearse la propia vida de manera diferente, más fiel
a las exigencias del Evangelio. Por eso, es preferible que sea en enfermo quien
lo pida y no el agente pastoral quien lo ofrezca, de lo contrario, puede
tocarle al enfermo "sufrir" el sacramento o dejar que se convierta en
un rito absolutorio, más para tranquilizar a la familia o al agente pastoral
que al propio enfermo.
Lo más importante
de este Sacramento no es la recitación de la lista completa de pecados, sino el
reconocimiento del propio pecado y del deseo de reconciliación y de conversión,
por eso, la Comisión
de Pastoral de la
Conferencia Episcopal Española recomienda no insistir en la
integridad de la confesión cuando el enfermo está débil o ha de confesarse en
un lugar en el que es imposible la salvaguarda del secreto del Sacramento y la
intimidad del enfermo.
El agente
del equipo de Pastoral de la
Salud servirá de contacto entre el sacerdote y el enfermo
cuando éste exprese su deseo de recibir el Sacramento de la Penitencia, de modo que
el presbítero vaya a visitarle lo antes posible.
Todo tiempo
es bueno para buscar la reconciliación y conversión, pero los tiempos de
Adviento y, sobre todo el de Cuaresma, tienen especial carácter penitencial.
3. La Eucaristía y el Viático
Si la
Eucaristía es el alimento espiritual de la Comunión en el Cuerpo
entregado y la Sangre
derramada de Cristo, cuánto más lo es para los enfermos, que se encuentran
participando en su Pasión.
"No
se olvide que el fín primario y principal de la reserva eucarística consiste en
la posibilidad de llevar la comunión a los enfermos que no han podido
participar en la Misa"
(RU 64b).
Algunos
enfermos, por su estado, no pueden recibir el Cuerpo del Señor. Si se puede, se
le da a beber la Sangre
del Señor, asimismo reservada y convenientemente tapada en el sagrario. Pero
cuando esto tampoco fuera posible, se puede invitar al enfermo a hacer la
comunión espiritual y a escuchar algunos versículos eucarísticos del Evangelio.
La Comisión Episcopal
de Pastoral dice en su número 83: El agente de pastoral dará la comunión a
quienes la soliciten personalmente o por medio de sus familiares, pero no
ofrecerá la comunión a las personas que, por diversos motivos, no parecen
convenientemente dispuestas para recibirla. Y en el número 84: Se ha de favorecer la
colaboración bien organizada de ministros extraordinarios de la comunión para
lograr una mejor y más personalizada celebración. Debe darse dentro de una
celebración.
Parece
que en la práctica pastoral de los últimos años se ha diluido y casi perdido la
celebración del Viático. El Viático es el Sacramento específico para los
enfermos que viven la última fase de su existencia; marca la última etapa de la
peregrinación del cristiano iniciada en su bautismo. Es el sacramento del
tránsito, del paso de la muerte a la vida; es la espera iluminada por la
presencia privilegiada de Cristo, del cumplimiento del misterio de la muerte y
resurrección en cada uno de nosotros. No se trata de la última comunión
recibida por el enfermo antes de morir, sino más bien de una comunión en que el
enfermo, asumiendo en la fe su camino hacia la muerte como paso con Cristo
hacia la vida, se pone en las manos del Padre. Por ello, "debe recibirlo
en plena lucidez" (RU 79). También por eso, sólo puede darse cuando el
enfermo es consciente de que está al final de su vida en la tierra. El rito del
Viático aparece en el Ritual de la
Unción e incluye la bendición papal y la indulgencia
plenaria. Dedicaremos una ficha más adelante dedicada sólo al Viático, su
fundamentación, significado y praxis recomendable.
4. El Sacramento de la
Unción
Ya dedicamos la ficha número 5 en su totalidad a este
Sacramento y explicamos ampliamente que no se trata de un sacramento para
moribundos, sino para enfermos, pues es un encuentro con Cristo y éste es bien
preferible que se realice conscientemente.
Valga,
sin embargo, como sacramento específico de los enfermos, resaltar aquí sus
efectos:
* La
unión del enfermo a la Pasión
de Cristo, para su bien y el de toda la Iglesia.
* El
consuelo, la paz y el ánimo para soportar cristianamente los sufrimientos de la
enfermedad o de la vejez.
* El
perdón de los pecados si el enfermo no ha podido obtenerlo por el sacramento de
la Penitencia.
* El
restablecimiento de la salud corporal, si conviene a la salud espiritual.
* La
preparación para el paso a la
Vida Eterna.
Además,
la celebración del Sacramento de la
Unción, es un don particular del Espíritu Santo, que renueva
la confianza y la fe en Dios y fortalece contra las tentaciones del maligno,
especialmente la tentación del desaliento y de la angustia ante la muerte.
5. El rito continuo
Así como los sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y de la Eucaristía constituyen
una unidad llamada "los sacramentos de la iniciación cristiana", se
puede decir que la
Penitencia, la Santa Unción y la Eucaristía, en cuanto
Viático, constituyen, cuando la vida toca a su fin, los sacramentos que
preparan para entrar en la
Patria, o los sacramentos que cierran la peregrinación.
En los
casos de peligro de muerte inminente, el fiel puede recibir estos sacramentos
en una sola celebración. Es lo que se llama el rito continuo. El primero en
orden es el de la
Penitencia, que se hará genéricamente siempre que sea
necesario; a continuación, el Viático; y, si hay tiempo, la Santa Unción. Si no
puede comulgar, se administra sólo la Santa Unción.
En
peligro de muerte y siempre que el obispo no pueda venir, puede conferir el
sacramento de la
Confirmación cualquier sacerdote que no haya incurrido en
censura o pena canónica; el sacerdote capellán en un hospital tiene además esa
facultad en cuanto a la función que desempeña. En este caso, si se puede,
conviene evitar introducirlo dentro del rito continuo, pues al contener una
unción, podrían confundirse dos sacramentos que son distintos. Si, a pesar de
todo fuera necesario, conviene:
* Hacer
distinguir a los fieles presentes cada uno de los sacramentos.
*
Conferir la Confirmación
antes de bendecir el óleo de los enfermos.
* Omitir
en el rito de la Unción
la imposición de manos.
También
conviene recordar aquí que cualquier fiel cristiano puede conferir el
sacramento del Bautismo cuando el sujeto a ser bautizado se encuentra en
peligro de muerte inminente y no está presente un ministro ordenado. Aunque, en
ningún caso debe hacerse con adultos que están inconscientes y que antes no han
manifestado su deseo de bautizarse.
6. Ficha de trabajo
1. ¿Qué te ha aportado este tema?
2. ¿Por qué los sacramentos suponen previamente la fe?
3. ¿Qué es lo más importante en el Sacramento de la Penitencia?
4. ¿En qué consiste el Viático?
5. Explica el orden del rito continuo.
6. ¿Conoces algún caso en que alguna persona haya
recibido en peligro
de muerte el Bautismo o la Confirmación? Explica
cómo fue.
7. Para hacer oración
PLEGARIAS DESDE LA
ENFERMEDAD:
- Jesús, hermano nuestro, que
sufriste el dolor y la tristeza hasta el extremo, ayúdame en mi enfermedad.
-
Jesús, hermano nuestro, que aceptaste la voluntad del Padre, enséñame a aceptarla
también a mí.
-
Jesús, hermano nuestro, que empezaste el camino de la pasión lleno de amor para
con todos, enséñame a amar de verdad a todos los que me rodean.
-
Jesús, hermano nuestro, que lo diste todo al servicio de los demás, haz que yo
sepa ser también atento y servicial.
-
Jesús, hermano nuestro, que mantuviste siempre una firme confianza en el amor
del Padre, enséñame a rezar, a tener esperanza, a ponerme confiadamente en sus
manos.
Padre nuestro...
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thalithaqumi
Zaragoza, 2003