THALITHAQUMI

 

REFLEXION

 

----------------------------------------------------------------------------------------Retiro para Epifanía

 

EL CAMINO QUE LLEVA A BELÉN

 

1. Introducción

         Los primeros días del mes de enero, una vez pasada la octava de Navidad, hasta la solemnidad de la Epifanía y antes de reanudar la actividad pastoral al completo tras el período vacacional, suele ser buen momento para dedicar un día, una mañana o una tarde a la oración y alejarse un poco de todo lo que despista en estos días para contemplar más de cerca en nuestro espíritu el rico contenido de los misterios de la Historia de la Salvación que se nos presentan en el tiempo litúrgico de Navidad.

 

         Esta propuesta se fundamenta en el relato de la adoración de los pastores (evangelio de Lucas) y de la adoración de los Magos (evangelio de Mateo). Ellos, los pastores y los Magos, son los únicos que, en realidad, atisban algo del misterio del nacimiento de Jesús y son los únicos que llegan hasta él y le adoran. Y son los únicos por la sola razón de sólo ellos se ponen en camino. Este año, una vez más, Jesús ha nacido para todos, pero sólo los que se ponen en marcha llegan a contemplarle de cerca en su presencia, le adoran y quedan transformados. Si se quiere, se puede quedar uno en casa con lo de todos los días y dejar de la Navidad sea un recuerdo de un acontecimiento pasado que se celebra con un conglomerado de ritos, de tradiciones y de liturgias pesadas y apresuradas. Pero es algo distinto lo que te propongo con esto: Salir de tu casa, irte al campo, al monte, a una ermita, a un monasterio, a un lugar donde puedas estar en silencio, incluso sin el teléfono móvil, buscando que la Navidad se haga en ti. Es decir, recorrer EL CAMINO QUE LLEVA A BELÉN. Si no puedes, si no tienes tiempo, si te encuentras demasiado cansado, puedes guardar esto en algún archivo de tu ordenador para retomarlo cuando te veas en mejores condiciones. Si estás dispuesto a hacerlo ahora, podemos comenzar.

 

 

2. Belén, la casa del pan

         Lo que ha ocurrido en los últimos meses, en las últimas semanas ha creado inquietud en ti. Quizás arrastras algo más viejo o antiguo. Hay en ti algún lastre que te va frenando, que te va parando, que puede bloquearte. Tú sabes de qué se trata y produce en ti diversos pensamientos y diversos sentimientos. Es la preocupación. Pues bien, a la hora de ponerte en este camino, tómalos; no los dejes en casa. Llévalos contigo porque vas a Belén y eso será lo que ofrezcas al Niño Dios. Pero llévalos de forma que no ocupen un primer plano en tu pensamiento o en tu preocupación mientas haces este camino. Simplemente échalos en la mochila (nota que si llevas un libro, por ejemplo, en la mochila, el libro va contigo pero no está dentro de ti; hazlo de la misma manera, como si hoy llevaras su peso sin que estuviera dentro de ti).

 

         En estos días has recibido el anuncio de la Navidad. Ha podido ser por medio de los ángeles, pero también ha podido ser en la oración personal, en la liturgia de las horas, en la celebración litúrgica, en una visita que recibiste, en una llamada telefónica que no esperabas, en el transeúnte que llamó a tu puerta, en una conversación que tuviste con una persona, en un sueño... Dios te ha hecho llegar a su modo el mensaje de la Navidad: Os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y tú te has puesto en camino hacia Belén.

 

         Tú necesitas ser acogido y en Belén vas a encontrar acogida; necesitas ser escuchado y en Belén vas a ser escuchado; necesitas ser comprendido y en Belén vas a encontrar comprensión; llevas tus cadenas (esos lastres de antes) y en Belén vas a ser liberado; llevas tu hambre y en Belén vas a ser saciado... porque Belén es la CASA DEL PAN. Pero para recorrer este camino vas a encontrar dificultades. Piensas, quizás, que estás perdiendo el tiempo, que sería más eficaz para tu trabajo haber dedicado el día a otras actividades de las muchas que tienes pendientes. Puede que no creas en este camino, que realmente no va a solucionarte nada; que todo seguirá igual. Quizás leas estas páginas pero no interiorices nada porque tu pensamiento está en otra cosa. Es posible también que algunas cosas que te encuentras a lo largo del recorrido llamen más tu atención y olvides que tu objetivo es llegar a Belén y te quedes a medio camino. Son los obstáculos. No son nada extraño. Algo o alguien, el enemigo, no querrá que sigas adelante (en palabras de Pedro, anda buscando a quien devorar). El apóstol continúa: resistidle firmes en la fe. Has superado la dificultad de comenzar; supera ahora, pues, con firmeza la dificultad de continuar. Medita en este apartado; el siguiente paso está en el relato de la adoración de los pastores.

 

 

3. Los pastores (Lc 2, 8-20)

      8Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. 9Y se les presentó un ángel del Señor y la gloria del Señor los rodeó de resplandor, y tuvieron gran temor. 10Pero el ángel les dijo:

—No temáis, porque yo os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: 11que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor. 12Esto os servirá de señal: hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.

13Repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios y decían:

          14«¡Gloria a Dios en las alturas

y en la tierra paz,

buena voluntad para con los hombres!».

15Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros:

—Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido y que el Señor nos ha manifestado.

16Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. 17Al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño. 18Todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían. 19Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

20Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho.

 

         Hasta aquí el texto lucano. Lucas presenta a Jesús en todo su evangelio como el Salvador (del pecado y de sus manifestaciones: enfermedades, amarguras, lastres...). Su evangelio es llamado el evangelio de la misericordia. Haz un pequeño estudio de evangelio con este texto. Introdúcete en la escena, contémplala: el lugar, los personajes, la descripción del autor... Observa ahora la dinámica del relato: situación actual-anuncio-viaje-comprobación-regreso. ¿No ves aquí reflejado también tu proceso? Lo hemos visto antes: en tu situación (de problemas, de preocupaciones...) has recibido el anuncio de la Navidad. Ahora que “tu ángel” se ha ido de ti, te has puesto en camino porque quieres contemplar eso que el Señor te ha anunciado. ¿Se te ha dado una señal? ¿La has identificado? La señal que se da a los pastores no puede ser más sencilla: Hallaréis al niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Quizá pueda ser esta también tu señal.

 

         El Dios lejano, remunerador, castigador y reprendedor, el Dios-Juez, el inaccesible e inmarcesible, ese Dios al que no se puede mirar cara a cara sin riesgo de morir, el Dios que tanto miedo infunde ante la idea de que puede echarnos a un fuego eterno... está ahí HECHO UN NIÑO. ¿Qué otra cosa puede inspirar la presencia de un bebé, sino cariño, amor, delicadeza, cercanía, misericordia, fragancia de colonia Nenuco...? Recuerda las palabras del salmo: Contempladlo y quedaréis radiantes; vuestro rostro no se avergonzará. Contempla al Niño. Un poco más. Míralo bien y luego mírate tú. ¿Puede tu rostro avergonzarse ante un niño? La presencia de Dios ante ti es la de un ser muy inferior a ti para que tú no te sientas avergonzado, para que tú no te ruborices. ¿Quién podría ruborizarse ante un niño? Este es tu Dios. Así quiere aparecer ante ti para hacerte a ti más grande. ¿No sientes ahora un inmenso deseo de adorar? Adora entonces. ¿Qué otra cosa sino un inmenso amor por ti puede llevar a Dios a encarnarse, a presentarse ante ti como un niño? Sigue adorando. Seguro que ha comenzado a vibrar tu corazón, que empiezas a sentir una alegría inmensa en tu interior, que está ocurriendo algo dentro de ti que no sabes explicar. Que te sientes muy cerca de Dios o, mejor, que sientes a Dios muy cerca de ti. Que notas que eres importantísimo para Él y que te está llenando de su amor. Que Él te llena. Que ahora no importan tanto tus miserias, tus pecados, cuanto el amor que te da y que te posee. Y que además te lo da incluso con tu miseria y tu pecado; no te ha pedido que despojes de él para manifestarse a ti, para darte su amor. Él está ahí y tú estás con él. Como los pastores, querrías permanecer tiempo y tiempo en esa presencia y a la vez deseas volver para contarlo a los demás. Como a los pastores, esta experiencia hace brotar también en ti la oración de acción de gracias y de alabanza glorificando a Dios por lo que te ha hecho sentir. Permanece un tiempo en esa oración. Pero no regreses aún, pues te falta otra etapa importante antes de llegar al final: la escena de los Magos.

 

 

4. Los Magos de Oriente (Mt 2, 1-12)

      1Cuando Jesús nació, en Belén de Judea, en días del rey Herodes, llegaron del oriente a Jerusalén unos sabios, 2preguntando:

—¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido?, pues su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorarlo.

3Al oír esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. 4Y, habiendo convocado a todos los principales sacerdotes y escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. 5Ellos le respondieron:

—En Belén de Judea, porque así fue escrito por el profeta:

          6»“Y tú, Belén, de la tierra de Judá,

no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá,

porque de ti saldrá un guiador,

que apacentará a mi pueblo Israel”.

7Entonces Herodes llamó en secreto a los sabios y se cercioró del tiempo exacto en que había aparecido la estrella. 8Y enviándolos a Belén, dijo:

—Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño y, cuando lo halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya a adorarlo.

9Ellos, habiendo oído al rey, se fueron. Y la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que, llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. 10Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. 11Al entrar en la casa, vieron al niño con María, su madre, y postrándose lo adoraron. Luego, abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. 12Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

 

         Todo el evangelio de Mateo intenta demostrar el cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento en Jesús. En él abundan las citas veterotestamentarias como es aquí el caso de la cita de Miqueas. Unos Magos –sabios dice el texto de la Biblia Reina-Valera 95- han visto la estrella en sus tierras de Oriente. Es el anuncio. Esta vez llega en forma de luz. Cada cual lo recibe en el mismo lugar donde se encuentra. Tú también has recibido el anuncio de la Natividad en tu lugar de residencia, en tu lugar de trabajo. Quizá también has podido recibirlo en forma de luz. Aunque no, puedes hacer que ese anuncio sea luz para tu vida, pero sobre todo para ti. Los Magos se ponen en camino... Quien se queda en “su casa” no logra contemplar el misterio de la Navidad. Hay que iniciar un viaje interior, un viaje espiritual abierto a la sorpresa. No se sabe muy bien en este caso qué es lo que se va a encontrar; se sabe, eso sí, que se va a ver al rey de los judíos, pero sin más detalles. Hay que estar abiertos a lo desconocido y dejarse sorprender. El miedo a lo desconocido, el temor por no saber de antemano, la comodidad o la pereza de iniciar el viaje espiritual paralizan, impiden la experiencia. Los Magos tienen en común con los pastores que inician ese viaje, que realizan el recorrido, que han marcado el objetivo de llegar hasta el Niño que ha nacido. La diferencia entre ellos es que los pastores conocen detalles de antemano, mientras que los Magos no. No importa. Lo realmente imprescindible es:

-         haber reconocido el anuncio,

-         haberse marcado el objetivo de ir hasta el Niño,

-         haberse puesto en camino.

 

Vuélvete a introducir en esta escena como hiciste en la escena de los pastores. Estás asistiendo a la adoración

de los Magos. Eres el cuarto personaje –por aquello que la tradición ha dicho que son tres- que, con ellos permanece postrado ante quien es la Luz. Contempla y adora. Haz silencio y sólo mira, ve. Luego recuerda y medita en las profecías del Antiguo Testamento: “Mirad, la virgen está encinta y da a luz un hijo... Dios-con-nosotros”. “Brotará un renuevo del tronco de Jesé... que traerá la justicia y la paz a todas las naciones”. “Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado”. Recuerda y medita también en ese versículo: “Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación”. Necesitabas ser liberado de algo, ¿recuerdas? Ha habido situaciones, experiencias que habían producido en ti desánimo, zozobra, desesperanza, ¿recuerdas? Ibas cargando con lastres, con frenos que empezaban a bloquearte, ¿lo recuerdas? Estabas viviendo en una especie de noche, de tinieblas, ¿recuerdas? Ahora estás ante el que es la Luz, TU LUZ; ante el que es el libertador, TU LIBERTADOR. ¿Quieres ser alumbrado por su Luz? ¿Quieres ser liberado por Él? Él ha venido para eso. Estaba pensando en ti cuando ha nacido. Quería transformarte en alguien nuevo, en alguien feliz. Él sabía que su nacimiento podía conseguirlo. Ha nacido para ti. No sólo para darte una vida eterna y una felicidad sin fin en el más allá, sino también –y ahora es eso lo que importa- para que seas feliz aquí. Dios no te dio la vida para que fueras feliz más adelante, sino para tu felicidad permanente. Estás ante la gran ocasión de tu vida. No sabes si volverá a presentarse porque no tienes ninguna garantía de cómo van a ser el resto de tus días. Ahora puedes. Ahora debes aprovechar esta oportunidad.

 

         Sigues en la escena de la adoración de los Magos. Ves a uno entregar ante el Niño-Dios su oro. Ves cómo otro deja a su lado su incienso. Te fijas también en la mirra que deposita el tercero. Es tu turno. ¿Quieres ser liberado? Entrega tu don. ¿Qué dónde está? En tu mochila, ¿recuerdas? Habías puesto en ella tu inquietud y tu preocupación; habías cargado en tu mochila tus pensamientos negativos, tus sentimientos de amargura, tus emociones amargas de lo que has vivido y de lo que venías arrastrando; todo aquello que te frena, que te impide avanzar y que no te deja ser feliz. La realidad de lo que has vivido no puedes cambiarla, por eso la solución no se encuentra fuera en las circunstancias externas; no te engañes pensando que tú no puedes cambiar si no cambia la situación. Tú puedes vivirla existencialmente de otro modo, de forma que te devuelva lo que antes te había hecho perder. Aunque no lo vas a hacer tú solo. Cristo lo va a hacer en ti si te encuentra en la disposición adecuada. Has soportado su peso durante el camino. Pero los habías traído para presentarlos ante Jesús recién nacido. Ese es tu don, tu regalo, tu ofrenda. No importa que no tengas algo mejor. El regalo, en realidad, no se lo haces tú a Él. Él te ha hecho venir para hacerte el regalo a ti. Es tu regalo de Navidad, tu regalo de Reyes: TU LIBERACIÓN. Coloca tu mochila junto al Niño y abandónalo todo junto a Él. Dile que en ella le dejas todo lo que has arrastrado, todo lo que has sufrido. Pídele que la acepte como la ofrenda de tu pobreza. No le prometas nada a cambio; quizás entonces no puedas cumplir tu promesa y no se habrá obrado tu liberación. Esa liberación es pura gracia, puro don. No necesita el Señor lo que le puedas ofrecer. Él te ama por lo que eres, no por lo que haces; porque eres su hijo, no por lo que le das. Libérate también del peso de “tus obligaciones” para con Él. Siente la liberación gratuita que Él nos trae. Actúa con Dios por ser hijo, como actúa un verdadero hijo, no como alguien que cumple sus compromisos. Observa atentamente la mochila al lado del Niño, pero observa también el gesto del Niño. Levántate y haz una oración de acción de gracias por tu liberación.

 

         Los Magos volvieron a su tierra por otro camino. Tú también lo vas a hacer por otro camino. Esta vez no llevas tus frenos y tus lastres. El Señor te ha liberado de ellos. Ya no van contigo, por lo cual ya no te pesan. El camino que he hizo salir no es el mismo que te hace regresar. Esta Navidad ha sido para ti. Dios ha nacido para liberarte y lo has hecho. Dios se te ha manifestado. Eres libre. Disfruta de tu libertad y pasa la página de todo aquello que sucedió y que ahora, por la manifestación de Dios ha quedado superado. Termina tu retiro con un canto, con un salmo de alabanza, con la recitación del GLORIA A DIOS EN EL CIELO Y LA TIERRA PAZ A LOS HOMBRES QUE AMA EL SEÑOR...

 

 

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THALITHAQUMI

Zaragoza, 2003