THALITHAQUMI
----------------------------------------------------------------------------------------Retiro
para Epifanía
1. Introducción
Los primeros días del
mes de enero, una vez pasada la octava de Navidad, hasta la solemnidad de
Esta
propuesta se fundamenta en el relato de la adoración de los pastores (evangelio
de Lucas) y de la adoración de los Magos (evangelio de Mateo). Ellos, los
pastores y los Magos, son los únicos que, en realidad, atisban algo del
misterio del nacimiento de Jesús y son los únicos que llegan hasta él y le
adoran. Y son los únicos por la sola razón de sólo ellos se ponen en camino.
Este año, una vez más, Jesús ha nacido para todos, pero sólo los que se ponen
en marcha llegan a contemplarle de cerca en su presencia, le adoran y quedan
transformados. Si se quiere, se puede quedar uno en casa con lo de todos los
días y dejar de
2. Belén, la casa del pan
Lo que ha ocurrido en los últimos meses, en las últimas semanas ha creado inquietud en ti. Quizás arrastras algo más viejo o antiguo. Hay en ti algún lastre que te va frenando, que te va parando, que puede bloquearte. Tú sabes de qué se trata y produce en ti diversos pensamientos y diversos sentimientos. Es la preocupación. Pues bien, a la hora de ponerte en este camino, tómalos; no los dejes en casa. Llévalos contigo porque vas a Belén y eso será lo que ofrezcas al Niño Dios. Pero llévalos de forma que no ocupen un primer plano en tu pensamiento o en tu preocupación mientas haces este camino. Simplemente échalos en la mochila (nota que si llevas un libro, por ejemplo, en la mochila, el libro va contigo pero no está dentro de ti; hazlo de la misma manera, como si hoy llevaras su peso sin que estuviera dentro de ti).
En estos
días has recibido el anuncio de
Tú
necesitas ser acogido y en Belén vas a encontrar acogida; necesitas ser
escuchado y en Belén vas a ser escuchado; necesitas ser comprendido y en Belén
vas a encontrar comprensión; llevas tus cadenas (esos lastres de antes) y en
Belén vas a ser liberado; llevas tu hambre y en Belén vas a ser saciado...
porque Belén es
3. Los pastores (Lc 2, 8-20)
8Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las
vigilias de la noche sobre su rebaño. 9Y se les presentó un ángel
del Señor y la gloria del Señor los rodeó de resplandor, y tuvieron gran temor.
10Pero el ángel les dijo:
—No temáis, porque yo os doy
nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: 11que os ha
nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor. 12Esto
os servirá de señal: hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un
pesebre.
13Repentinamente apareció con el ángel una multitud de
las huestes celestiales, que alababan a Dios y decían:
14«¡Gloria a Dios en las
alturas
y en la
tierra paz,
buena voluntad para con los hombres!».
15Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al
cielo, los pastores se dijeron unos a otros:
—Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos
esto que ha sucedido y que el Señor nos ha manifestado.
16Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María
y a José, y al niño acostado en el pesebre. 17Al verlo, dieron a
conocer lo que se les había dicho acerca del niño. 18Todos los que
oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían. 19Pero
María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
20Los pastores se
volvieron glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y
visto, como se les había dicho.
Hasta aquí el texto lucano. Lucas
presenta a Jesús en todo su evangelio como el Salvador (del pecado y de sus
manifestaciones: enfermedades, amarguras, lastres...). Su evangelio es llamado
el evangelio de la misericordia. Haz un pequeño estudio de evangelio con este
texto. Introdúcete en la escena, contémplala: el lugar, los personajes, la
descripción del autor... Observa ahora la dinámica del relato: situación
actual-anuncio-viaje-comprobación-regreso. ¿No ves aquí reflejado también tu
proceso? Lo hemos visto antes: en tu situación (de problemas, de
preocupaciones...) has recibido el anuncio de
El Dios lejano, remunerador, castigador
y reprendedor, el Dios-Juez, el inaccesible e inmarcesible, ese Dios al que no
se puede mirar cara a cara sin riesgo de morir, el Dios que tanto miedo infunde
ante la idea de que puede echarnos a un fuego eterno... está ahí HECHO UN NIÑO.
¿Qué otra cosa puede inspirar la presencia de un bebé, sino cariño, amor,
delicadeza, cercanía, misericordia, fragancia de colonia Nenuco...? Recuerda
las palabras del salmo: Contempladlo y quedaréis radiantes; vuestro rostro
no se avergonzará. Contempla al Niño. Un poco más. Míralo bien y luego
mírate tú. ¿Puede tu rostro avergonzarse ante un niño? La presencia de Dios
ante ti es la de un ser muy inferior a ti para que tú no te sientas
avergonzado, para que tú no te ruborices. ¿Quién podría ruborizarse ante un
niño? Este es tu Dios. Así quiere aparecer ante ti para hacerte a ti más
grande. ¿No sientes ahora un inmenso deseo de adorar? Adora entonces. ¿Qué otra
cosa sino un inmenso amor por ti puede llevar a Dios a encarnarse, a
presentarse ante ti como un niño? Sigue adorando. Seguro que ha comenzado a vibrar
tu corazón, que empiezas a sentir una alegría inmensa en tu interior, que está
ocurriendo algo dentro de ti que no sabes explicar. Que te sientes muy cerca de
Dios o, mejor, que sientes a Dios muy cerca de ti. Que notas que eres
importantísimo para Él y que te está llenando de su amor. Que Él te llena. Que
ahora no importan tanto tus miserias, tus pecados, cuanto el amor que te da y
que te posee. Y que además te lo da incluso con tu miseria y tu pecado; no te
ha pedido que despojes de él para manifestarse a ti, para darte su amor. Él
está ahí y tú estás con él. Como los pastores, querrías permanecer tiempo y
tiempo en esa presencia y a la vez deseas volver para contarlo a los demás.
Como a los pastores, esta experiencia hace brotar también en ti la oración de
acción de gracias y de alabanza glorificando a Dios por lo que te ha hecho
sentir. Permanece un tiempo en esa oración. Pero no regreses aún, pues te falta
otra etapa importante antes de llegar al final: la escena de los Magos.
4.
Los Magos de Oriente (Mt 2, 1-12)
1Cuando Jesús
nació, en Belén de Judea, en días del rey Herodes, llegaron del oriente a
Jerusalén unos sabios, 2preguntando:
—¿Dónde está el rey de los
judíos que ha nacido?, pues su estrella hemos visto en el oriente y venimos a
adorarlo.
3Al oír esto, el rey Herodes se turbó, y toda
Jerusalén con él. 4Y, habiendo convocado a todos los principales
sacerdotes y escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo.
5Ellos le respondieron:
—En Belén de
Judea, porque así fue escrito por el profeta:
6»“Y tú, Belén, de la
tierra de Judá,
no eres la
más pequeña entre los príncipes de Judá,
porque de ti
saldrá un guiador,
que apacentará a mi pueblo Israel”.
7Entonces Herodes llamó en secreto a los sabios y se cercioró
del tiempo exacto en que había aparecido la estrella. 8Y enviándolos
a Belén, dijo:
—Id allá y averiguad con
diligencia acerca del niño y, cuando lo halléis, hacédmelo saber, para que yo
también vaya a adorarlo.
9Ellos, habiendo
oído al rey, se fueron. Y la estrella que habían visto en el oriente iba
delante de ellos, hasta que, llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño.
10Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. 11Al
entrar en la casa, vieron al niño con María, su madre, y postrándose lo
adoraron. Luego, abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y
mirra. 12Pero siendo avisados por revelación en sueños que no
volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.
Todo el evangelio de Mateo intenta demostrar
el cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento en Jesús. En él abundan
las citas veterotestamentarias como es aquí el caso de la cita de Miqueas. Unos
Magos –sabios dice el texto de
-
haber reconocido el anuncio,
-
haberse marcado el objetivo de ir hasta el Niño,
-
haberse puesto en camino.
Vuélvete a introducir en esta escena como
hiciste en la escena de los pastores. Estás asistiendo a la adoración
de
los Magos. Eres el cuarto personaje –por aquello que la tradición ha dicho que
son tres- que, con ellos permanece postrado ante quien es
Sigues en la escena de la adoración de
los Magos. Ves a uno entregar ante el Niño-Dios su oro. Ves cómo otro deja a su
lado su incienso. Te fijas también en la mirra que deposita el tercero. Es tu
turno. ¿Quieres ser liberado? Entrega tu don. ¿Qué dónde está? En tu mochila,
¿recuerdas? Habías puesto en ella tu inquietud y tu preocupación; habías
cargado en tu mochila tus pensamientos negativos, tus sentimientos de amargura,
tus emociones amargas de lo que has vivido y de lo que venías arrastrando; todo
aquello que te frena, que te impide avanzar y que no te deja ser feliz. La
realidad de lo que has vivido no puedes cambiarla, por eso la solución no se
encuentra fuera en las circunstancias externas; no te engañes pensando que tú no
puedes cambiar si no cambia la situación. Tú puedes vivirla existencialmente de
otro modo, de forma que te devuelva lo que antes te había hecho perder. Aunque
no lo vas a hacer tú solo. Cristo lo va a hacer en ti si te encuentra en la
disposición adecuada. Has soportado su peso durante el camino. Pero los habías
traído para presentarlos ante Jesús recién nacido. Ese es tu don, tu regalo, tu
ofrenda. No importa que no tengas algo mejor. El regalo, en realidad, no se lo
haces tú a Él. Él te ha hecho venir para hacerte el regalo a ti. Es tu regalo
de Navidad, tu regalo de Reyes: TU LIBERACIÓN. Coloca tu mochila junto al Niño
y abandónalo todo junto a Él. Dile que en ella le dejas todo lo que has
arrastrado, todo lo que has sufrido. Pídele que la acepte como la ofrenda de tu
pobreza. No le prometas nada a cambio; quizás entonces no puedas cumplir tu
promesa y no se habrá obrado tu liberación. Esa liberación es pura gracia, puro
don. No necesita el Señor lo que le puedas ofrecer. Él te ama por lo que eres,
no por lo que haces; porque eres su hijo, no por lo que le das. Libérate
también del peso de “tus obligaciones” para con Él. Siente la liberación
gratuita que Él nos trae. Actúa con Dios por ser hijo, como actúa un verdadero
hijo, no como alguien que cumple sus compromisos. Observa atentamente la
mochila al lado del Niño, pero observa también el gesto del Niño. Levántate y
haz una oración de acción de gracias por tu liberación.
Los Magos volvieron a su tierra por
otro camino. Tú también lo vas a hacer por otro camino. Esta vez no llevas tus
frenos y tus lastres. El Señor te ha liberado de ellos. Ya no van contigo, por
lo cual ya no te pesan. El camino que he hizo salir no es el mismo que te hace
regresar. Esta Navidad ha sido para ti. Dios ha nacido para liberarte y lo has
hecho. Dios se te ha manifestado. Eres libre. Disfruta de tu libertad y pasa la
página de todo aquello que sucedió y que ahora, por la manifestación de Dios ha
quedado superado. Termina tu retiro con un canto, con un salmo de alabanza, con
la recitación del GLORIA A DIOS EN EL CIELO Y
THALITHAQUMI
Zaragoza, 2003