THALITHAQUMI

REFLEXION

FIESTA DE LA VENDIMIA. CARIÑENA

8 DE SEPTIEMBRE DE  2002

HOMILÍA DE JUAN SEGURA

 

 

1. Querido Ángel, párroco de Cariñena, autoridades regionales, provinciales, comarcales y locales, Reinas de las fiestas de las distintas localidades que conforman la Denominación de Origen, representantes del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Cariñena, y hermanos todos en Jesucristo, nuestro Señor y Salvador.

 

2. Es hoy para nosotros un día solemne. Es el día en que nos juntamos para pasar juntos una jornada de convivencia con motivo de la ya próxima campaña de la vendimia de este año 2002, motivo éste por el que damos gracias a Dios por la nueva cosecha que pone en nuestras manos. Lo hacemos mediante esta celebración de la Eucaristía y mediante la ofrenda del primer mosto del año que la Reina de la Vendimia presentará ante el Santo Cristo de Santiago dentro de un rato en la Plaza de la Mora. Ya en siglos remotos –así lo recoge la tradición bíblica- los hombres organizaban grandes jornadas festivas para dar gracias a Dios por las cosechas y ofrecerle las primicias. Con este sentido se introdujeron estos actos religiosos desde el origen mismo de la Fiesta de la Vendimia del Campo de Cariñena, que este año llega a su trigésimo sexta edición.

 

3. Esto ocurre así porque desde nuestra fe entendemos que no todo es fruto de nuestro esfuerzo. Lógicamente, si el viticultor no pusiera esmero y sacrificio en el cuidado de la vid, si no estuviera pendiente de ella durante todo el año, si no vigilara cuidadosamente el estado de sus uvas durante todo el verano, el fruto no sería el deseado. Pero el trabajo del viñador tampoco asegura al cien por cien una cosecha óptima. Depende también de otros factores como la climatología. Cuántas veces hemos vivido de forma no deseada los perjuicios de las heladas tardías de marzo y abril, las consecuencias de la sequía que ha llegado a durar varios años, el destrozo de una tormenta de granizo... Pero esto tampoco lo es todo. Detrás del esfuerzo de los hombres y de la climatología favorable está sobre todo la Providencia divina que se manifiesta también en la salud de los hombres que trabajan la viña o en los recursos necesarios para el trabajo y la obtención de la nueva cosecha, que Dios pone en nuestras manos. Así que el cultivo de la tierra pone de manifiesto como pocas otras cosas la dependencia tanto del trabajo humano como de la acción de Dios.

 

4. Pero lo que Dios pone en nuestras manos no lo pone para hacernos superiores a nadie, ni para que nos volvamos más vanidosos, ni para que seamos más insolidarios, ni para que confiemos sólo en nuestro esfuerzo y nuestra capacidad. La lectura del profeta Isaías hablaba de la imagen de un Dios viticultor que, tras poner todo el cariño y el trabajo en su viña preferida, no obtuvo de ella buenas uvas sino agraces amargos que no sirven ni para el ganado. Cuando el profeta va a dictar sentencia sobre la viña, que será abandonada a su suerte por el dueño, consigue que sea su auditorio quien dicte sentencia condenatoria sobre ella por desagradecida. Entonces Isaías explica la metáfora: Pues la viña del Señor sois vosotros; ha puesto en vosotros toda su confianza, su cariño y su cuidado y le habéis dado como fruto asesinatos y lamentos, cuando esperó de vosotros justicia y derecho. Esta denuncia del profeta es un clamor de Dios. Lo que Él pone en manos de sus hijos, los recursos que genera la actividad económica, el fruto que la tierra nos da, ha de estar al servicio de la justicia y el derecho. ¿Y esto qué significa? Que debe humanizarnos más que deshumanizarnos. El trabajo, el fruto de la tierra, la riqueza que obtenemos de ellos nos humanizan cuando sabemos usarlos en bien del ser humano, cuando sirven para hacernos más justos, más solidarios, más abiertos y tolerantes, cuando los ponemos al servicio de actividades que nos dignifican como personas, cuando ellos nos hacen crecer en fe, esperanza y caridad... y cuando reconocemos la dignidad de todo ser humano, de cualquier ser humano sea de la nación que sea, de la raza que sea, del credo que sea, de la ideología, la filiación política o de cualquier otra circunstancia que sea. Nos deshumanizamos, sin embargo, si nos creemos siempre cargados de razón contra los demás, si los bienes sirven más para separarnos que para unirnos, si nos consideramos superiores a cualquier otra persona en razón de haber nacido aquí o allí, de ser de este o de otro país, de pertenecer a tal o cual religión, a tal o cual raza, a tal o cual partido político, a tal o cual ideología... Entonces Dios clamará también contra nosotros, porque para Él todos sus hijos son iguales y no hay ni uno solo que posea mayor dignidad que otro. Todo ser humano posee la misma dignidad y el cristiano sólo puede reconocerla, aceptarla y proclamarla como tal.

 

5. La viña y el vino sirvieron con frecuencia a los autores sagrados como inspiración a la hora de poner por escrito los relatos bíblicos. Otro buen ejemplo de ello lo encontramos en el texto de las Bodas de Caná que hemos escuchado en la proclamación del evangelio de san Juan. Aunque en él se habla de una sola boda, sin embargo siempre nos referimos a este pasaje evangélico en plural porque en él se dan en realidad dos relatos que van a la par: prescindiendo de lo anecdótico de convertir el agua en vino, Jesús está dándonos a entender la nueva alianza que Dios va a hacer con su pueblo a través de su entrega y de su sangre. En el relato se da una bella simbología entre el agua de las purificaciones (que es el pasado ya superado) y el vino nuevo que Jesús obtiene a partir de ella (ese vino es signo de su donación y de su entrega). Y el vino es el color, el aroma, el sabor, la alegría, la fiesta... frente al agua sucia y putrefacta de las abluciones del Antiguo Testamento. La nueva “boda” que Dios celebrará con su pueblo mediante la entrega de Jesús, va a estar fundamentada en todo lo que el vino representa; Dios va a cambiar su forma de tratarse con los hombres. Y esto es motivo de alegría, de fiesta y de celebración.

 

6. Quiero dirigirme, por último, a Nati, la Reina de las fiestas de Tosos que este año ha sido designada según el mecanismo propio que tiene el Consejo Regulador, como Reina de la Vendimia de esta campaña 2002. Esta designación que ha recaído sobre ti, no es una responsabilidad realmente; me gustaría pedirte que lo vivas más bien como un privilegio. Dentro de unos minutos veremos pisar las uvas a los compases de nuestra jota y tú obtendrás el primer mosto de este año que ofrecerás con la bella oración que compuso el profesor Antonio Beltrán en 1960 al Santo Cristo de Santiago. Y lo vas a hacer en nombre de todos nosotros. Ese mosto representa mucho más de lo que aparenta en su simpleza. El mosto que vas a ofrecer contiene los esfuerzos, los sacrificios y, sobre todo, las ilusiones (fíjate si son importantes las ilusiones para las personas, y cómo nos quedamos cuando nos echan por tierra una ilusión) no sólo de todos los agricultores del Campo de Cariñena, sino también las de todos los vinateros, las bodegas, empresas y cooperativas vinícolas, las de los comerciales, las de los exportadores... Sé consciente de todo esto cuando hagas tu ofrenda y hazla en nombre de todos. Vívelo con alegría y con ilusión. Nosotros asistiremos al acto y escucharemos emocionados tu oración.

 

7. Por lo demás, desearos a todos una feliz Fiesta de la Vendimia y la jornada de hoy transcurra rica en alegría y posibilidades de encuentro de unos con otros. Que Dios bendiga el Campo de Cariñena, sus gentes, sus actividades y proyectos, nuestras familias y cada corazón abierto a acogerle y a escucharle.

 

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