1. Querido
Ángel, párroco de Cariñena, autoridades regionales, provinciales, comarcales y
locales, Reinas de las fiestas de las distintas localidades que conforman
2. Es hoy para
nosotros un día solemne. Es el día en que nos juntamos para pasar juntos una
jornada de convivencia con motivo de la ya próxima campaña de la vendimia de
este año 2002, motivo éste por el que damos gracias a Dios por la nueva cosecha
que pone en nuestras manos. Lo hacemos mediante esta celebración de
3. Esto ocurre
así porque desde nuestra fe entendemos que no todo es fruto de nuestro
esfuerzo. Lógicamente, si el viticultor no pusiera esmero y sacrificio en el
cuidado de la vid, si no estuviera pendiente de ella durante todo el año, si no
vigilara cuidadosamente el estado de sus uvas durante todo el verano, el fruto
no sería el deseado. Pero el trabajo del viñador tampoco asegura al cien por
cien una cosecha óptima. Depende también de otros factores como la
climatología. Cuántas veces hemos vivido de forma no deseada los perjuicios de
las heladas tardías de marzo y abril, las consecuencias de la sequía que ha
llegado a durar varios años, el destrozo de una tormenta de granizo... Pero
esto tampoco lo es todo. Detrás del esfuerzo de los hombres y de la
climatología favorable está sobre todo
4. Pero lo que
Dios pone en nuestras manos no lo pone para hacernos superiores a nadie, ni
para que nos volvamos más vanidosos, ni para que seamos más insolidarios, ni
para que confiemos sólo en nuestro esfuerzo y nuestra capacidad. La lectura del
profeta Isaías hablaba de la imagen de un Dios viticultor que, tras poner todo el
cariño y el trabajo en su viña preferida, no obtuvo de ella buenas uvas sino
agraces amargos que no sirven ni para el ganado. Cuando el profeta va a dictar
sentencia sobre la viña, que será abandonada a su suerte por el dueño, consigue
que sea su auditorio quien dicte sentencia condenatoria sobre ella por
desagradecida. Entonces Isaías explica la metáfora: Pues la viña del Señor sois
vosotros; ha puesto en vosotros toda su confianza, su cariño y su cuidado y le
habéis dado como fruto asesinatos y lamentos, cuando esperó de vosotros
justicia y derecho. Esta denuncia del profeta es un clamor de Dios. Lo que Él
pone en manos de sus hijos, los recursos que genera la actividad económica, el
fruto que la tierra nos da, ha de estar al servicio de la justicia y el
derecho. ¿Y esto qué significa? Que debe humanizarnos más que deshumanizarnos.
El trabajo, el fruto de la tierra, la riqueza que obtenemos de ellos nos
humanizan cuando sabemos usarlos en bien del ser humano, cuando sirven para
hacernos más justos, más solidarios, más abiertos y tolerantes, cuando los
ponemos al servicio de actividades que nos dignifican como personas, cuando
ellos nos hacen crecer en fe, esperanza y caridad... y cuando reconocemos la
dignidad de todo ser humano, de cualquier ser humano sea de la nación que sea,
de la raza que sea, del credo que sea, de la ideología, la filiación política o
de cualquier otra circunstancia que sea. Nos deshumanizamos, sin embargo, si
nos creemos siempre cargados de razón contra los demás, si los bienes sirven
más para separarnos que para unirnos, si nos consideramos superiores a
cualquier otra persona en razón de haber nacido aquí o allí, de ser de este o
de otro país, de pertenecer a tal o cual religión, a tal o cual raza, a tal o
cual partido político, a tal o cual ideología... Entonces Dios clamará también
contra nosotros, porque para Él todos sus hijos son iguales y no hay ni uno
solo que posea mayor dignidad que otro. Todo ser humano posee la misma dignidad
y el cristiano sólo puede reconocerla, aceptarla y proclamarla como tal.
5. La viña y el
vino sirvieron con frecuencia a los autores sagrados como inspiración a la hora
de poner por escrito los relatos bíblicos. Otro buen ejemplo de ello lo
encontramos en el texto de las Bodas de Caná que hemos escuchado en la
proclamación del evangelio de san Juan. Aunque en él se habla de una sola boda,
sin embargo siempre nos referimos a este pasaje evangélico en plural porque en
él se dan en realidad dos relatos que van a la par: prescindiendo de lo
anecdótico de convertir el agua en vino, Jesús está dándonos a entender la
nueva alianza que Dios va a hacer con su pueblo a través de su entrega y de su
sangre. En el relato se da una bella simbología entre el agua de las
purificaciones (que es el pasado ya superado) y el vino nuevo que Jesús obtiene
a partir de ella (ese vino es signo de su donación y de su entrega). Y el vino
es el color, el aroma, el sabor, la alegría, la fiesta... frente al agua sucia
y putrefacta de las abluciones del Antiguo Testamento. La nueva “boda”
que Dios celebrará con su pueblo mediante la entrega de Jesús, va a estar
fundamentada en todo lo que el vino representa; Dios va a cambiar su forma de
tratarse con los hombres. Y esto es motivo de alegría, de fiesta y de
celebración.
6. Quiero dirigirme,
por último, a Nati,
7. Por lo
demás, desearos a todos una feliz Fiesta de
----------------THALITHAQUMI--------------