REFLEXION
----------------------------------------------------------El rostro femenino de Dios
Decimos el “ROSTRO” femenino de Dios porque Dios no ES hombre ni mujer. El hombre y la mujer son creación de Dios y son IMAGEN de Dios, pero no son iguales a Dios. Los seres humanos son sexuados, pero Dios es más que un ser humano y no se le pueden atribuir características que son propias de los seres humanos. Es verdad que viendo a los seres humanos estamos viendo la imagen de Dios, pero la realidad de Dios supera toda imagen; los aspectos propios de su imagen no tienen por qué ser necesariamente aspectos de su realidad. Dios, sin embargo, puede manifestarse según las características humanas (la manifestación humana de Dios por excelencia es la persona de su Hijo Jesucristo). Así, puede mostrarnos tanto un rostro PATERNO como MATERNO.
Jesús nos enseña a llamar a Dios
“PADRE”. Él le habla como “ABBÁ”. Seguramente, Jesús tendría que tomar la
elección de manifestarse como varón por la baja consideración en que estaba la
mujer en aquel lugar y en aquella época. Si Dios se hubiera encarnado en una
mujer,
La tradición bíblica no desarrolla la
idea de un Dios femenino, pero tampoco la oculta. De hecho, en el Antiguo
Testamento encontramos citas como estas:
-
Como un niño a quien su madre
consuela, así os consolaré yo.
-
¿Acaso puede una madre
olvidarse de sus hijos? Pues aunque una madre se olvidara de sus hijos, yo no
me olvidaré de ti.
·
Dios engendró al Hijo
(“engendrado, no creado”).
·
Engendró todo lo creado porque
procede de Él, su autor.
·
Engendró y dio a luz al Pueblo
de Israel.
·
Nos ha adoptado (a los
cristianos) en Jesús, haciéndonos hijos suyos por adopción.
·
Nos alimenta cada día con la
leche de su palabra igual que una madre amamanta a su hijo.
Además de su autoridad paterna, Dios
se nos manifiesta también con actitudes más propiamente femeninas: el cariño,
la ternura, la compasión, la piedad, la misericordia y el perdón... En Lc 15,
11-24 se habla de Dios como un padre que cubre de besos a su hijo perdido
cuando lo recupera. En otros pasajes del evangelio, Jesús se conmueve ante el
sufrimiento humano (cuando ve a los discípulos como ovejas sin pastor, o ante
la tumba de Lázaro, por ejemplo) o ante la fe de quien le habla (en el caso de
la mujer cananea).
Si Jesús, la palabra eterna y
creadora, nace varón es para facilitar que su mensaje sea escuchado; pero Jesús
nos muestra también el rostro sensible y femenino de Dios. No negamos que esas
facultades estén ausentes en el género masculino, pero, en cuanto a la
psicología del género, son más claramente pertenecientes al género femenino
porque las desarrolla más que el masculino.
thalithaqumi
Zaragoza, julio 2003