REFLEXIÓN
1Cuando el Señor cambió la suerte
de Sión,
nos parecía soñar:
2la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.
Hasta los gentiles decían: “El Señor
ha estado grande con ellos”.
3-El Señor ha estado grande con
nosotros,
y estamos alegres.
4Que el Señor cambie nuestra
suerte
como los torrentes del Negueb.
5Los que sembraban con lágrimas,
cosechan entre cantares.
6Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas.
El salmo 125 es una oración que recuerda la vuelta del destierro de Babilonia a través del desierto y contiene tanto la acción de gracias como la súplica. Encontramos dos partes diferenciadas: el enunciado del recordatorio (versículos 1-3) y la imagen agrícola en alegoría (versículos 5-6); el versículo 4 es una súplica enigmática.
1-3.
La suerte de Sión no es sólo la suerte de Jerusalén; es la suerte del pueblo de
Israel como pueblo escogido por Dios. El salmista recuerda que la penosa situación
del destierro cambió un día inesperadamente, por sorpresa. El Señor fue el
protagonista de la acción; Él fue el que lo realizó, el que hizo con su brazo
poderoso que esa suerte cambiara. Aquello parecía un sueño; costaba creerlo;
era tan bello, tan hermoso, había tan pocas probabilidades de que ocurriera,
que parecía no ser real. Era algo demasiado deseado para verlo hecho realidad
sin más. Esta vez la risa acompañaba a los que regresaban y su lengua
pronunciaba cantares de júbilo, lejos de aquellos cantares amargos junto a los
canales de Babilonia con los que expresaban su nostalgia de Sión y con los que
sus dominadores se burlaban y se divertían. Esta vez no; esta vez, incluso
ellos, los paganos, reconocían la suerte de Israel, la grandeza de su Dios, que
los devuelve a su patria. El recuerdo del reconocimiento de los gentiles
provoca la acción de gracias que ratifica la verdad de lo que han escuchado: el
Señor ha estado grande y eso es lo que causa la alegría, las risas y los
cánticos de los que regresan.
4.
Este verso es enigmático. No concuerda con el resto de la oración. Sin embargo,
puede ser el punto de partida que haga surgir tan grato recuerdo. Quizás quien
compone la oración se encuentra atravesando un momento difícil y delicado y por
eso recuerda la intervención histórica del Señor y por eso suplica Que el
Señor cambie nuestra suerte... Sería esa situación, de la que nada se
especifica, la que daría origen a toda la composición tratando de sacar ánimo de
la experiencia vivida que aliente la experiencia o la situación actual. La
comparación de los torrentes del Negueb se refiere a los barrancos esteparios
que, al recibir una lluvia fuerte, de vez en cuando, dejan correr sus aguas
produciendo algo de verde en medio del desierto. Sin embargo, “cambiar nuestra
suerte” puede referirse también solamente al regreso del cautiverio.
5-6.
La imagen de la vida agrícola sirve de alegoría para la experiencia vivida
históricamente. “Lágrimas” y “llorar” se relacionan con la dureza de la
siembra. En efecto, el sembrador pone con esfuerzo una semilla que confía por
completo a la bonanza de la tierra y del clima sin saber qué pasará con ella;
es más, en la acción de la siembra ni siquiera se percibe su trabajo y su esfuerzo;
ésa será su colaboración, pero el resto de lo que ocurra no dependerá de él.
“Entre cantares” y “vuelve cantando” se relaciona con la alegría de la cosecha,
de la recolección. Las gavillas son los fardos de mies atados por la mata antes
de deshacer la espiga en el trillo. La recolección da alegría porque es el
fruto del trabajo y de la providencia. El esfuerzo primero mereció la pena,
pero sólo dio su resultado tras largos e inciertos meses de paciente espera. El
autor compara la amarga experiencia del destierro con la época de la siembra, y
la alegría del regreso con el tiempo de la recolección. Dios es providente en
lo uno como en lo otro.
Los salmos son la oración de los hombres santos que se dirigen a
Dios. Recogen una experiencia concreta y la composición responde a esa
situación, por eso el salmo puede ser penitencial, de acción de gracias, de
súplica... dependiendo de la experiencia a la que responda. Esa experiencia no
es tan distinta de la nuestra; por eso los salmos pueden ser nuestra propia
oración si nuestra experiencia responde a una similar a la que provoca la
oración del salmista. “Cuando el Señor cambió la suerte de Sión...” Un paso
importante en la búsqueda de solución de conflictos es el de la experiencia
contrastada; es decir, aprender de la experiencia cómo se han resuelto
conflictos similares en situaciones similares. Es eso precisamente lo que hace
el autor del salmo 125: echar la vista atrás y ver cómo el Señor cambió la
suerte de su pueblo cuando menos lo esperaba. Por analogía, el cristiano que
reza este salmo hará lo mismo que a quien le fue inspirado: ante una situación
adversa, ante un momento difícil, ante una experiencia amarga echará la vista
atrás y, tanto en la historia bíblica como en la suya personal, descubrirá al
Dios providente que ha actuado en su favor. Eso no sólo le estimulará para no
perder el ánimo necesario sino que también puede inspirarle una solución
oportuna al contrastar la experiencia actual con la resolución de otras
similares que se produjeron con anterioridad. Así, desde la reflexión y la
súplica confiada, la oración se hace fuente de luz para la vida cotidiana del
que la practica. La oración, entonces, se hace vida cuando la vida se hace
oración.
thalithaqumi
Zaragoza, 2004