TEMAS
------------------------------------------------------------------------------El evangelio de Lucas
3. Fuentes
/ 4. Composición / 5.
Estructura / 6. Teología
Sigo en este trabajo a J. A. Fitzmyer en el volumen I de su obra “El Evangelio según Lucas”, que está editado en Cristiandad y que se compone de cuatro volúmenes, aunque el cuarto, que abarca el comentario entre 19, 28 y 24, 53, se encuentra aún a la espera de ser publicado en español.
Lo primero que hay que tener en cuenta
al acercase al tercer evangelio es que éste es la primera parte de la obra de
un autor cuya segunda mitad lo constituye el libro de los Hechos de los
Apóstoles. Así, las dos partes están interrelacionadas y habrá que tener en
cuenta las dos al mismo tiempo para entender las claves del autor.
De su propia obra se deduce que el
autor no fue testigo directo de lo que Jesús hizo y dijo, sino que depende de
los que fueron testigos oculares (Lc 1, 2). De los escritos neotestamentarios
se puede deducir que Lucas fue compañero de Pablo, que era médico, que escribió
su obra para los paganos convertidos al cristianismo, después que se habían
escrito los de Marcos y Mateo y que posee un estilo literario griego excelente.
Estos datos ha venido transmitiendo la tradición durante siglos, aunque la
aceptación de estos datos no está exenta de ciertos problemas y dudas que
plantea. A Lucas no se le puede considerar originario de Palestina porque
demuestra escasos conocimientos tanto de la geografía como de las costumbres
locales. Es una persona culta, buen escritor, familiarizado con las tradiciones
del Antiguo Testamento, sobre todo con la traducción de los LXX y con las
técnicas literarias del helenismo. Entre sus principales objetivos destaca el
de armonizar la vida de Jesús con la historia y la cultura contemporáneas y con
el desarrollo expansivo de
La referencia que nos da en 1, 1del
conocimiento que tiene de otros que han intentado poner por escrito los
acontecimientos vividos en torno a Cristo, lo sitúan ya con posterioridad al de
Marcos, como así lo corroborará el análisis de los textos. Por otra parte, en
Lc 21, 20 se anuncia una situación futura para Jerusalén “sitiada por
ejércitos”, lo cual supone no sólo el conocimiento del anuncio de la
destrucción del templo en Mc 13, 14, sino también la destrucción de la ciudad
acaecida en el año 70. Lo que Marcos dice del templo, Lucas lo extiende a toda
la ciudad. Según muchos autores, este pasaje es una “profecía después del
acontecimiento”, lo cual sitúa la composición de la obra lucana más tarde de
esa fecha. Las cartas de Pablo no dan pistas para datar el evangelio de Lucas,
pues no hay constancia alguna de que Lucas llegase a tener conocimiento de esos
documentos epistolares. Al final, Fitzmyer concluye, con la mayoría de autores,
que lo correcto es situar la fecha de composición Lucas-Hechos entre los años
80 y 85.
En cuanto al lugar de composición, hay
diversas teorías que indican otras tantas propuestas. Lo único que es seguro,
atendiendo a las referencias geográficas que nos da el autor es que su obra no
se escribió en Palestina.
El interés del autor por abrir la
salvación al mundo de los paganos, el hecho de que las dos obras vayan
dirigidas a un nombre griego (Teófilo), el gusto literario por las tradiciones literarias
grecorromanas... han llevado a concluir que los destinatarios de la obra de
Lucas son paganocristianos en su mayoría. Además, el sus escritos, los nombres
o títulos judíos se sustituyen por sus correspondientes griegos (kyrios
por “señor” o epistates por “maestro”, por ejemplo); tradiciones de
Palestina son acomodadas a situaciones helenísticas no judías (Lc 5, 19 con
respecto a Mc 2, 4, por ejemplo); la mayorías de las citas del AT están tomadas
de la traducción griega de los LXX; en Lucas el término “Judea” abarca toda
Palestina y el término “Israel” no abarca a la comunidad cristiana formada por
judíos y paganos, sino que se refiere siempre al “pueblo judío”. Por fin,
Fitzmyer concluye que los destinatarios de la obra de Lucas no eran paganocristianos
que vivieran en un ambiente judío dominante, sino más bien que vivían en un
mundo pagano dominante, y que Teófilo es uno de ellos.
Este apartado resulta un tanto lioso, pero
resumiendo, Fitzmyer reconoce en el evangelio de Lucas tres fuentes
principales:
-
el evangelio de Marcos,
-
la fuente “Q”, que son materiales (230 versículos) comunes a Mt
y LC que no están en Mc,
-
“L”; con esta letra, se designan los materiales de tradición
oral que maneja Lc y que son ajenos a Mt y Mc.
En todos estos materiales, al incorporarlos en su evangelio,
Lucas habría hecho adaptaciones, modificaciones o extensiones que
se denominarían elementos “redaccionales”. De 661 versículos que tiene el evangelio de Marcos, 350 son sustancialmente iguales en el de Lucas, y de las 8.485 palabras del evangelio de Marcos, Lucas reproduce 7.036; también el ordenamiento de los episodios en Lc coincide relativamente con el de Mc. Cuando Lc utiliza materiales de Q coincidentes con Mateo, lleva, sin embargo, un orden diverso. En el evangelio de Lucas el material procedente de Mc y de Q supone los dos tercios del evangelio; el tercio restante son tradiciones de L y composiciones del propio Lucas.
Existe la teoría del “Proto-Lucas”,
según la cual, Lucas habría empezado por combinar los materiales de Q y L cuyo
resultado sería el Proto-Lucas, un relato que comenzaría en lo que actualmente
es Lc 3, 1. Más tarde conocería el evangelio de Marcos y habría añadido a su
primer texto una serie de episodios de Marcos. Más tarde, le habría añadido las
narraciones de la infancia (1, 5-2, 52). En último lugar, habría puesto un
prólogo a toda la obra (Lc 1, 1-4). No es, sin embargo, más que una teoría o
una hipótesis de trabajo.
La similar composición de los evangelios
de Mateo y Lucas denotan un interés de las primitivas comunidades cristianas
del siglo primero en conseguir un relato de los hechos y dichos de Jesús más
sistemático que el de Marcos. Ambos (Mt y Lc) comienzan con los relatos de la
infancia, en los que incluyen una genealogía de Jesús, introducen un material
idéntico en la estructura de su fuente común (Mc) y terminan la narración de
los acontecimientos con las apariciones del Resucitado, en los que Él envía a
sus discípulos a proclamar su mensaje y su persona a todos los pueblos de la
tierra. Sin embargo, Mt y Lc son totalmente independientes en su reelaboración
de los materiales comunes (Mc y Q).
Lucas hace un verdadero trabajo
literario que se aparta de lo que pudiera ser una simple compilación de las
tradiciones de sus fuentes; esto se percibe en varios aspectos. Por ejemplo,
Lucas mejora notablemente las construcciones lingüísticas y el estilo griego de
Mc y Q. En el caso de los textos de Marcos, Lucas suele intervenir en ellos
para abreviarlos. Lucas omite también textos de Marcos bien porque los
considera duplicados de unos materiales ya incorporados, bien porque su
temática no resulta relevante para los destinatarios de su obra (los
pagano-cristianos). También Lucas elimina de los materiales de que dispone de
todo aquello que no sirva para la organización literaria que él quiere dar de
la actividad de Jesús, por ejemplo, las referencias geográficas en Cesarea de
Filipos (Lc 9, 18-20) o en Galilea como escenario de las apariciones del
Resucitado (Lc 24, 26), que se ha convertido sólo en un recuerdo. Además, Lucas
suprime de los materiales que conoce cualquier referencia las emociones humanas
de violencia, apasionamiento, emoción afectiva, compasión o ternura que
aparecen en la persona de Jesús.
Otro tema de estudio referente a la
composición de la obra de Lucas lo constituyen los posibles paralelismos: la
infancia de Juan Bautista y la infancia de Jesús, las dos partes en que se
divide cada uno de los dos volúmenes de la obra de Lucas (Lc 1, 5-9.50 y 9,
51-24, 53 en el caso del evangelio, y Hch 1, 1-15, 35 y 15, 36-28, 31 en el
caso del libro de los Hechos), la semejanza entre la actividad de Pedro y la
actividad de Pablo en el libro de los Hechos, la muerte de Jesús en Lc y la
muerte de Esteban en Hch, etc.
En cuanto al lenguaje que utiliza
Lucas, es de un estilo griego elegante y culto que se acerca al griego clásico,
aunque deja traslucir interferencias provenientes de
Casi todos los comentaristas actuales coinciden
en descubrir ocho grandes partes en el Evangelio según Lucas:
1.
Lc 1, 1-4. Declaración de intenciones: un relato
fidedigno; dedicatoria a Teófilo.
2.
Lc 1, 5-2, 52. Relatos de la infancia. Nacimiento
e infancia de Juan Bautista y de Jesús en paralelismo.
3.
Lc 3,1 –4, 13. Preparación del ministerio público de Jesús.
Presentación y detención de Juan como preludio del ministerio público de Jesús.
4.
Lc 4, 14-9, 50. Ministerio de Jesús en Galilea.
Entrenamiento de los discípulos; punto de partida del gran “éxodo” de Jesús.
5.
Lc 9, 51-19, 27. Relato del viaje de Jesús a Jerusalén.
Ocupa la sección central del evangelio; típica presentación lucana del “éxodo”
de Jesús como un gran relato de viaje.
6.
Lc 19, 28-21, 38. Ministerio de Jesús en Jerusalén.
Majestuosa entrada en la ciudad que inaugura su ministerio en el templo antes
de los acontecimientos que van a poner fin a su vida terrena.
7.
Lc 22, 1-23,
8.
Lc 23, 56b-24, 53. Relatos
de resurrección. Exaltación y glorificación de Jesús; envío de los
discípulos como testigos de su persona y de su carácter de Salvador, mientras
sube hacia el Padre.
El estilo del prólogo marca las diferencias con todo el resto
del relato; aunque muchos episodios lucanos siguen el orden
establecido
por Marcos, a partir de Lc 9, 51 (comienzo del viaje a Jerusalén) se acentúan
las diferencias; el bloque narrativo lucano se extiende hasta Lc 18, 14: de ahí
en adelante, el orden de los episodios vuelve a reproducir la sucesión de
Marcos.
Atendiendo a su contenido, se descubre
en la estructura del evangelio de Lucas:
-
Los evangelios de
-
La transposición lucana de ciertos episodios de Marcos no se
queda en simple alteración del orden narrativo, sino que adquiere
deliberadamente un significado simbólico y apologético peculiares. La escena en
la sinagoga de Nazaret tiene carácter programático para el subsiguiente
ministerio público, simboliza el rechazo de Jesús por su propio pueblo, y
prepara la aceptación de su mensaje y su persona por Pedro y los demás
discípulos.
-
El capítulo 9 es fundamental para el equilibrio de la
composición evangélica. En él se inserta el gran viaje de Jesús a Jerusalén y
la pregunta de Herodes: “Quién es éste, de quien oigo semejantes cosas?” (Lc
9,9); el resto del capítulo no hace más que responder a esta pregunta desde los
más variados puntos de vista y que contienen diversos títulos cristológicos.
-
La narración del viaje a Jerusalén es de corte lucano y de
intención teológica, pero pone de manifiesto el interés del autor por orientar
irrevocablemente los pasos de Jesús hacia Jerusalén, ciudad en la que va a
consumar su destino.
-
El relieve que da Lucas a la actividad docente de Jesús en el
templo de Jerusalén manifiesta una perspectiva teológica clara y definida: la
sustitución del templo como lugar de la habitación de Dios por Jesús.
-
El momento culminante de la narración evangélica es el capítulo
24, el encuentro con los de Emaús. En él se contienen la referencia a los
sufrimientos y muerte del Mesías, el testimonio de
-
Un buen número de elementos sembrados a lo largo de la narración
evangélica se desarrollarán en la segunda parte de la obra de Lucas.
Las características de la concepción teológica de
Lucas se pueden descubrir en una serie de rasgos específicos de su presentación
literaria:
-
La forma típicamente lucana del kerigma. Siempre está presente
en toda la obra lucana (evangelio y Hechos). Aparece en toda proclamación: la
de Jesús, la de los discípulos y la del propio Lucas, y anuncia la totalidad
salvífica realizada en el acontecimiento Cristo. 1: Jesús proclama la
salvación escatológica como una actuación de Dios, como un acontecimiento que
significa la decisiva intervención de Dios en la historia humana al ofrecer a
Israel una salvación radicalmente nueva. Lucas presenta a Jesús como el
mensajero, el profeta, el portavoz de la salvación. Lc 4, 16ss. presenta a
Jesús iniciando el amanecer de una nueva era: proclama “el año de gracia del
Señor”. La buena noticia es libertad, vista, liberación. Más adelante, Jesús
irá “caminando de pueblo en pueblo y de aldea en aldea proclamando la buena
noticia del reino de Dios” (Lc 8, 1). El “hoy” de Lucas se refiere al tiempo de
la decisión: hay que tomar partido frente a la libertad, la luz (=vista), la
liberación. El desafío kerigmático que Jesús lanza en el evangelio de Lucas
está vinculado al “hoy” presente, porque significa el comienzo de una
proclamación que es “escatológica”, aunque sin quedar limitada al período
histórico de Jesús. El kerigma es un desafío de compromiso existencial, pues en
el reino sólo se puede entrar mediante una acuciante e ineludible solicitación
a tomar partido y a decidirse existencialmente por esa realidad. La acogida del
mensaje es. en Lucas, una escucha abierta a la proclamación. De hecho, Lucas es
el único evangelista que presenta a Jesús en su labor de iniciación y
entrenamiento de los discípulos para que propaguen y sigan difundiendo el
mensaje que él mismo proclama. 2. Los discípulos. Un aspecto particular
de la obra de Lucas es la presencia de los discípulos como portadores de la
palabra del Maestro; y no sólo de los Doce, enviados expresamente a “proclamar
el reinado de Dios”, sino también de otros setenta y dos discípulos (Lc 10,
1-16). La seriedad de la misión de estos últimos y las exigencias de la palabra
que tienen que transmitir quedan reflejadas en los detalles del discurso del
envío: ligeros de equipaje, sin pararse a saludar a la gente... El final de la
narración evangélica presenta a Cristo resucitado dando las últimas
instrucciones a los discípulos sobre la misión que han de llevar a término.
Hechos 4, 10. 12 es una muestra clara de la incisividad provocativa del estilo
del lenguaje lucano. 3: Lucas ha presentado en su narración evangélica
la persona de Jesús en su actividad de proclamación y enseñanza, y en libro de
los Hechos describe la proclamación del acontecimiento Cristo, es decir, la
actividad apostólica centrada en la predicación del significado salvífico de la
persona de Jesús. La obra de Lucas es un mensaje en el que se pregona la gran
actuación de Dios, que realiza la salvación escatológica. Su relato de la
actividad de Jesús, el Mesías, y de la proclamación de sus discípulos revela el
compromiso personal de Lucas, que supera cualitativamente la actitud neutra del
historiador profano o la del mero apologeta.
-
La estructura del evangelio y la disposición de los materiales
en Lucas responden a una intencionalidad teológica (ver en el apartado anterior
lo referente a la estructura según su contenido).
-
La perspectiva geográfica de Lucas fija la realización del
acontecimiento salvífico en la ciudad de Jerusalén, desde donde arranca la
proclamación que llegará hasta “los últimos confines de la tierra”. El tercer
evangelio comienza y termina en Jerusalén. El eje central que estructura el
evangelio es el movimiento desde Galilea, Samaría, Judea y Jerusalén. Jesús
inicia su ministerio en Galilea y todo él será un recorrido hacia Jerusalén, es
decir, hacia el cumplimiento de su destino, que es muerte y ascensión o
asunción (según la referencia que nos da en 9, 51); su éxodo o partida
comprende, pues, el conjunto de su muerte y glorificación. La gran omisión que
Lucas hace con respecto a Marcos es toda la actividad que Jesús realiza según
el segundo evangelio en Fenicia, Tiro o Sidón (Mc 6, 45-8, 26); en Lucas, la
actividad de Jesús se da desde Galilea hacia Jerusalén. El hecho de que omita
también las apariciones del resucitado en Galilea favorece que el libro de los
Hechos comience también en donde ha terminado el evangelio: en Jerusalén. Esta
segunda parte de la obra lucana será el comienzo de la irradiación del mensaje
de Jesús desde Jerusalén hasta “los últimos confines de la tierra”, en una obra
continuadora de la suya y cuyos agentes serán los discípulos galileos.
-
Junto con la geográfica, la perspectiva histórica de Lucas
configura la concepción universalista del autor en una clara intencionalidad
teológica. En Lucas, el acontecimiento Cristo hunde sus raíces en la historia
humana. No se trata de cualificar la historia como salvación, sino de concebir
la salvación como una magnitud que entra en la historia y la configura desde
dentro. Lucas centra su interés en esa invasión de la historia por parte de la
actividad salvífica de Dios, que tuvo lugar en la venida de Jesús de Nazaret
como individuo de la raza humana. Lucas se propone presentarnos el verdadero
objetivo del plan de Dios: un designio salvífico que se realiza en la historia
humana por medio de la actividad de Jesús. En toda la tradición sinóptica,
Lucas es el único que da a Jesús el título de “Salvador”. La presencia de Jesús
lleva consigo el cumplimiento de este plan del Padre. En Lucas se descubren
tres etapas en la historia o fases en que se desarrolla esta salvación: 1:
Tiempo de Israel; desde la creación del mundo hasta el nacimiento de Juan
Bautista (la fase en que la salvación es una promesa); 2: Tiempo de Jesús;
desde su bautismo hasta su ascensión (fase del cumplimiento en Jesús) y 3:
Tiempo de
-
-
El acento que pone Lucas en la actividad del Espíritu como
impulsor de la historia salvífica. Los rasgos fundamentales del Espíritu en la
obra de Lucas denotan las presencia activa, creadora y profética de Dios en el
mundo de la naturaleza o en el ámbito de la comunidad. El Espíritu aparece
sobre todo en los momentos fundamentales de la vida de Jesús, pero su presencia
es arrolladora en el libro de los Hechos, que lo presenta como sustituto de
Cristo resucitado, ausente en la comunidad y que es la fuerza que guía a los
discípulos de Cristo en su misión de dar testimonio del Resucitado. El Espíritu
es el principio de crecimiento de la comunidad y la garantía de la proclamación
del kerigma. Como prueba de la importancia del Espíritu en los escritos
lucanos, reseñar que éste aparece 17 ó 18 veces en el tercer evangelio y 57
veces en Hechos de los Apóstoles.
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La escatología lucana se centra en el retraso de la parusía con
mucha mayor intensidad que en los otros evangelios. En el libro de los Hechos,
Lucas afirma expresamente la segunda venida de Cristo. Lucas se ha encontrado
con una doble tradición que afirma por una parte la inminencia del retorno de
Cristo pero que por otra parte la retrasa sine die. Lucas suprime o suaviza los
materiales que incorpora de esa primera tradición. De hecho, el que escriba su
obra con carácter tardío ya acabado el período fundacional, es un signo claro
de que nuestro autor no consideraba el hecho de la parusía como algo inminente,
pues quiso dar a conocer el valor de la palabra escrita y proclamada hasta la
vuelta de Cristo a través de su evangelio y del libro de los Hechos de los
Apóstoles.
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La imagen del discípulo que acepta la palabra y el mensaje de
Jesús se manifestará según Lucas en tres estadios o actitudes: fe,
arrepentimiento-conversión y bautismo. Se trata de la respuesta al kerigma
cristiano y de la exigencia de ser discípulo de Cristo. Ser discípulo de Jesús es
acompañarle en su camino hacia Jerusalén, donde va a cumplirse su destino de
muerte, su éxodo al Padre; una identificación con su estilo de vida y con su
destino. Además, todo discípulo debe dar testimonio de Cristo resucitado.
Especial importancia reviste para el discípulo la oración, como clima en el que
se desarrolla la vida cristiana. La moderación en la posesión y el uso de los
bienes materiales es otra característica propia del discípulo según Lucas,
quien tiene una inclinación preferencial hacia los pobres y hacia aquellos que
han renunciado a sus bienes. Lucas nos aporta también ciertos aspectos de las
primitivas comunidades cristianas, como su aspecto corporativo, su compartir de
los bienes, su oración común y su estructura según ministerios.
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Por último, la imagen que Lucas nos da de Jesús se aleja de la
rudeza con que lo presentan los otros evangelistas. Además de todo lo dicho en
la parte de la cristología, Lucas nos dibuja a un Jesús humano con unas
cualidades altamente valoradas como son misericordia, amor, atractivo, alegría,
delicadeza y una extraordinaria sensibilidad.
Nota: En
la obra de J. A. Fitzmyer se recoge una amplísima bibliografía de cada uno de
los apartados y de la obra de Lucas en general.
thalithaqumi
Zaragoza,
2003