THALITHAQUMI
TEMAS - BÍBLICOS
------------------------------------------Los
testimonios evangélicos sobre Jesús
El Nuevo Testamento
(NT), que es la segunda gran parte de las dos que tiene la Biblia, recoge por escrito
los testimonios de los dichos y hechos de Jesús de Nazaret. Se compone de los
cuatro evangelios, el libro de los Hechos de los Apóstoles, las cartas
apostólicas y el libro del Apocalipsis. La parte más importante es la que se
refiere a la vida de Jesús y está contenida en los cuatro evangelios (Mateo,
Marcos, Lucas y Juan), aunque también los otros libros aportan datos
interesantes unas veces sobre Jesús, otras sobre las primeras comunidades
cristianas. Son fuentes históricas porque en su fondo hay una historia que
ocurrió, aunque lo que se puso por escrito se hizo después de una reflexión
que interpretó los datos históricos desde una lectura de fe y se
plasmaron por escrito según unos géneros literarios concretos que
utilizan un lenguaje concreto, traslucen una mentalidad concreta
(los propios de la época y del lugar geográfico en el que se enmarcan, así como
de la cultura donde surgen) y tienen también una finalidad definida. Por
eso, a la hora de considerar los escritos neotestamentarios hay que distinguir
entre el fondo (lo que transmiten) y la forma (el cómo lo transmiten). El
fondo es invariable, pero la forma podía haber sido distinta. En el fondo se
encuentran datos históricos, pero no todo lo que aparece en la forma es
histórico. Por eso el trabajo de los biblistas ha consistido y consiste en
separar lo uno de lo otro mediante la crítica literaria, el estudio comparativo
de datos, el estudio de la lengua y el lenguaje usados, el estudio de los
géneros literarios, el estudio de otras fuentes históricas...
Los
evangelios son cuatro versiones de un solo Evangelio. Esta palabra se
compone de dos términos griegos: “eu-angelion” y significa “Buena Noticia”.
La Buena Noticia
es el mensaje que Jesús nos trae: la salvación, la liberación, su muerte y
resurrección; la propia persona de Jesús es la Buena Noticia de
parte de Dios para quien le escucha. Los hechos y dichos de Jesús tardan unos
años en ponerse por escrito; hasta entonces circularon mediante tradición
oral, de modo que muchos relatos de los evangelios son puestos por escrito
cuando ya estaban elaborados oralmente. El hecho de ponerlos por escrito
responde a una doble necesidad: la de leerlos en las reuniones litúrgicas (a
semejanza de como se leen la ley y los profetas en el culto judío) y la de la
catequesis (para poder instruir mejor a quienes comienzan un proceso de
conversión antes de su bautismo). En algunos casos, los evangelistas incorporan
en sus obras otros relatos sueltos que ya habían sido escritos por separado.
Conocer los hechos y dichos de Jesús es conocer al propio Jesús; y ser
cristiano no es otra cosa que prestar adhesión personal a Jesús como el
enviado, el ungido (Mesías), el Hijo de Dios. Así, el evangelio más
antiguo es el de Marcos (hacia el año 60); luego el de Mateo (hacia el año 70);
más tarde el de Lucas (hacia el año 80); y el más tardío, el de Juan, pertenece
ya a los comienzos del siglo segundo. No obstante, algunas cartas de San Pablo
son más antiguas que el primer evangelio. Así, la primera carta a los
Corintios, que está escrita desde Éfeso el año 56. En ella encontramos el
siguiente texto: Yo os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí:
que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; que fue sepultado y
resucitó al tercer día según las Escrituras; que se apareció a Pedro y luego a
los doce. Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los que
la mayor parte viven todavía si bien algunos han muerto. Luego se apareció a
Santiago, y más tarde a todos los apóstoles. Y después de todos se me apareció
a mí... (1Cor 15, 3-8). Éste es un texto importantísimo, pues es, con toda
probabilidad, el primer credo formulado por las primeras comunidades. Su
contenido es primordial: la transmisión de la fe de unos a otros por medio de
la predicación; la muerte, sepultura y resurrección de Jesús; la interpretación
de Jesús como “Cristo” y que fue muerto “por nuestros pecados” y la aparición
después de su resurrección a testigos directos (personales, colectivos y, en
primera persona, al propio Pablo).
Los
críticos han llegado a la certeza absoluta de que esta carta es auténtica de
San Pablo, lo mismo que otras muchas que aparecen bajo su nombre, aunque no así
la autoría de los cuatro evangelios. Se cree que los evangelistas que
escribieron esas cuatro obras fueron discípulos que escucharon la predicación
de los apóstoles y que la pusieron por escrito con la autoría de sus maestros
aunque fueron ellos (discípulos anónimos) quienes dieron forma literaria a esa
predicación. Esto no fue necesario en el caso de Marcos, pues él era discípulo
de Pedro y era suficientemente conocido; por eso le puso su propio nombre a su
evangelio. El que escribió bajo el nombre de Lucas es también el autor del
libro de los Hechos de los Apóstoles (es el que sigue a los cuatro evangelios)
y narra la predicación de Pedro y Pablo y las fundaciones de las primeras
comunidades. El que escribió bajo el nombre de Juan (no se descarta que pudiera
ser el propio apóstol) es también el autor de tres breves cartas apostólicas y
del libro del Apocalipsis (significa “revelación” y es el libro que cierra la Biblia).
La
idea central del evangelio de Marcos es transmitir que “JESÚS ES EL HIJO DE
DIOS”. La del evangelio de Mateo es que EN JESÚS SE CUMPLEN LAS PROFECÍAS DEL
ANTIGUO TESTAMENTO. La de Lucas es que EL PERDON Y LA MISERICORDIA DE
DIOS LLEGA A TODOS LOS PUEBLOS. El evangelio de Juan tiene una teología muy
elaborada y muy compleja, pero no faltamos a la verdad si decimos que su idea
central es QUE LA CRUZ
es el sentido de lo que Jesús hace y dice, el sentido de su existencia en la
tierra y que el gran triunfo de Jesús es LA CRUZ. Entre los cuatro
hay muchas coincidencias y muchas divergencias. Cada uno acentúa lo que cree
conveniente y donde más coinciden es en los relatos de la pasión. El de Marcos
tiene el valor añadido de ser el más antiguo y cercano a Jesús y el más
conciso y que recoge más tradiciones orales (se puede decir que es él quien
“inventa” el género evangelio).
Es
interesante subrayar, pues, que el fondo es el mismo en los cuatro
evangelios, pero que las formas difieren. Un mismo hecho que hemos visto tú
y yo lo expresaríamos de distinta manera si lo contáramos los dos por separado;
pero los dos estaríamos diciendo la verdad. Pues algo así sucede con los
evangelios. Es importante saber que no son libros de historia tal y como
nosotros la entendemos; no nos cuentan la película de lo que pasó, sino la interpretación
que sus autores han hecho de lo que pasó (con su manera de expresarse, con
sus conocimientos personales y sociales, teniendo en cuenta para quién lo
dirigen...). Pero sí nos cuentan una historia real y verdadera: lo que
Jesús vino a decir y a hacer de parte de Dios para que el hombre se vea
liberado, reconciliado y pueda ser así más feliz. La Iglesia ha defendido
siempre y ha creído que estos hombres escribieron inspirados por Dios;
Dios no les dictó el texto, pero sí les inspiró la interpretación de los
acontecimientos que ellos pusieron por escrito. Es, pues, una historia
religiosa –y no una historia científica- la que contienen los libros del
NT.
A su vez, el
NT no se entiende por separado del Antiguo Testamento (AT). En el tiempo
anterior a Jesús (AT) encontramos los comienzos de la manifestación de Dios de
a los hombres y la historia que jalona esa manifestación. Dios se ha dado a
conocer mediante la Creación;
luego habló por personas que Él escogió, como Abrahán, Moisés...; más tarde lo
hizo por medio de los profetas. Por fín, nos ha hablado por su Hijo, Jesús.
El NT da un paso nuevo y definitivo: En Jesús se cumplen todas las expectativas
y todas las profecías del AT. Esto es lo que separa el cristianismo del
judaísmo. El judaísmo no ha reconocido en Jesús al enviado de Dios prometido
por los profetas. El cristianismo hunde sus raíces en el judaísmo pero se
separa de él desde el reconocimiento personal de Jesús como Hijo de Dios.
Además
de los libros que contiene el NT, se escribieron también otros con la
titularidad de otros testigos directos. Son textos más tardíos y más
fantásticos; se llaman los “libros apócrifos”. Éstos no fueron
reconocidos por la Iglesia,
que no los incluyó dentro del canon (por eso los reconocidos se llaman “canónicos”),
aunque la tradición conserva alguno de los datos tomados de esos textos
apócrifos.
Es
en los evangelios donde los cristianos reconocemos encontrar la Palabra de Dios, que
sigue hablando a través de ellos al hombre de hoy (no son unos textos recuerdo
del pasado, sino unos textos vivos desde los que Dios sigue hablando a quien
quiera escucharle) para que el mensaje de Jesús cale en su corazón y pueda
sentirse más libre, más querido, más reconciliado, y más persona en el amor que
se ofrece al entregarse como se entregó Jesús.
Decimos,
pues, que la fe cristiana es una fe apostólica porque procede de la
reflexión y de la transmisión que la fe de los apóstoles hizo de la predicación
y la actuación de Jesús, de quienes fueron sus testigos directos. Ellos
“bebieron” de la enseñanza directa de Jesús; los demás “bebemos” de otros que
nos lo han transmitido y que, a su vez lo recibieron de su generación anterior;
así durante dos mil años... por el momento.
thalithaqumi
Zaragoza, julio de
2003